Ver contexto
y Jacob engendró a José, el esposo de María,
de la que nació Jesús, llamado Cristo. (Mateo 1, 16) © Nueva Biblia de Jerusalén (Desclee, 1998)

Comentario al Nuevo Testamento (Serafín de Ausejo, 1975)



CAPÍTULO 01

La palabra «Evangelio», que nos resulta tan familiar, etimológicamente significa buena noticia, buena nueva. En primer lugar es el mensaje de Dios, transmitido por Jesucristo. Pero eso también se podría decir de los hombres de Dios de la antigua alianza, especialmente de los profetas. Se trata, sin embargo, de algo más: Dios habla de manera única, porque por medio de Jesús dice su última palabra, a la que ya no ha de añadir ninguna más. Este mensaje sobre todo es incomparable, porque Jesús es el Hijo de Dios. Jesús es la palabra viviente del Padre, hecha carne, y que éste no solamente pronuncia con los labios, sino con toda su existencia, con su vida y su actuación. Por tanto el Evangelio es simultáneamente buena nueva de Dios y de Jesucristo.

La antigua alianza, la historia del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, se mueve en sucesivas oleadas hacia la salvación de Dios. Como el flujo y el reflujo, esta historia es movida misteriosamente por el Dios invisible y que, sin embargo, actúa con tanto poder. Pero esta historia no es una mera repetición constante de lo mismo, con el ritmo monótono de apostasía y conversión, ira y gracia, sino que con fuerza interior, como con dolores de parto, exige la plena revelación, la salvación perfecta, la unión de Dios y el pueblo: «Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios» (Eze_36:28). Todos los anhelos se acumulan (tanto más cuanto más cerca está su venida) en el único Salvador prometido, en el ungido por antonomasia, en el Mesías. El debe llevar a cabo la última obra, unir a su pueblo con Dios, en beneficio de Israel y de todas las naciones.

San Mateo muestra mejor que los otros Evangelios que la historia del pueblo desemboca en la obra de Jesús, y que este Jesús de Nazaret es, de hecho, el esperado. El acontecer de Dios, en sus distintas secciones, se había depositado en los libros del Antiguo Testamento. Estos muestran imágenes reflejadas y descubren su significado divino. Las Sagradas Escrituras patentizan casi en cada página la pujanza interna del acontecer, que se dirige hacia un fin radical. En estos escritos, sobre todo, la figura del Mesías toma perfiles cada vez más claros. La fe en que Jesús era el Mesías hace verlo todo de forma nueva y transparente. Se mira y considera a Jesús con los ojos del Antiguo Testamento. Entramos en un mundo inmensamente rico. No es una árida enumeración de hechos acontecidos, no es la descripción de la vida de un grande hombre, sino todo el acontecer de que Dios ha sido causa desde el principio del mundo, y al que Dios ha dicho «sí» y «amén» en Cristo (cf. 2Co_1:19 s). Así hay que ver los muchos pasajes en que el evangelista señala el cumplimiento de una palabra particular del Antiguo Testamento, o en general se refiere a una palabra o acontecimiento del Antiguo Testamento. Se traza una rica imagen del mesías Jesús. Jesús es el profeta, como los antiguos profetas, es el último de los profetas. Su mensaje es un llamamiento de Dios, una llamada a la conversión y una promesa de la misericordia de Dios (2Co_4:17). Jesús también experimenta el destino de los antiguos profetas: es mal interpretado, perseguido, combatido e incluso matado. Jesús es el maestro del pueblo. No solamente pronuncia palabras decisivas, adaptadas a una hora y a una situación determinadas, sino que enseña el verdadero camino de la justicia (2Co_5:20). Se sienta como los maestros de la ley para hacer una exposición instructiva (2Co_5:1), utiliza la manera de hablar de un maestro de la sabiduría, reúne alrededor de sí un grupo de discípulos. Forman armazón del Evangelio de san Mateo los grandes discursos del Señor, a los que se puede designar como piezas maestras. En estos discursos se recopilan los temas de la doctrina de Dios con una sucesión ordenada y con una estructura fácil de comprender.

Jesús es el siervo de Dios, en quien Dios ha puesto su Espíritu, para que proclame el derecho de Dios y lo conduzca a la victoria. Cumple dócilmente la voluntad del Padre celestial y obra el bien con sosiego y humildad: cura a los que tienen el corazón quebrantado, y a los enfermos y desgraciados en el cuerpo. Jesús no quiebra la caña cascada ni apaga la mecha humeante (cf. 12,18-21). Es manso y humilde de corazón (11,29); lleno de mansedumbre entra en la ciudad santa montado en un asna (21,5). Mediante la humillación sigue su camino hacia el ensalzamiento. Jesús es el Hijo de Dios en un sentido único. Antes ya se llamó así ocasionalmente al rey o incluso a todo el pueblo. Pero nunca pudo decirse: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo» (11,27).

Dios ha levantado a la más alta dignidad a Jesús, que sufrió la más grave ignominia: Dios le ha dado «todo poder en el cielo y en la tierra» (28,18). En la obra de Jesús no solamente se manifiesta de forma definitiva el tiempo pasado, también llega a su objetivo la historia de Israel. En la obra de Jesús también se contiene una novedad: el verdadero pueblo de Dios está formado por todos los pueblos. El alumbramiento de un tiempo nuevo es un nacimiento para todo el mundo. La salvación de todos los pueblos y tiempos está resuelta en Jesucristo. El portador de la salvación es el pueblo del Mesías, la Iglesia. Este pueblo, que tiene su origen en una insignificante semilla, el grupo de los discípulos, ahora sostiene el destino del mundo: la buena nueva, las fuentes de la gracia y el poder del Señor ensalzado. «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizadlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñadles a observar todo cuanto yo os he mandado» (28,19s). Por tanto esta «historia de Jesús» da al mismo tiempo la llave de la antigua y de la nueva alianza. Esta historia muestra la fuerte unidad que forman Cristo y la Iglesia, el verdadero pueblo de Dios y la Iglesia.

No se puede leer el Evangelio como un libro de narraciones referentes a algunos acontecimientos del tiempo pasado. La palabra no es menester que la «traduzcamos» del tiempo pretérito al tiempo presente, ni es preciso que hagamos una aplicación artificiosa a nuestra propia vida. La palabra se dirige a nosotros, porque es la palabra de la Iglesia, que hoy día también está dotada de vida; en el fondo, porque el mismo Jesucristo pronuncia esta palabra por medio de la Iglesia. Esta palabra no quiere contar, sino dar voces. «La palabra de Dios es viva y operante, y más tajante que una espada de dos filos: penetra hasta la división de alma y espíritu, de articulaciones y tuétanos, y discierne las intenciones y pensamientos del corazón» (/Hb/04/12). La palabra de Jesús quiere infiltrarse en lo más profundo de nuestro corazón y de nuestra alma como rocío restaurador, quiere hacer fecundas y activas nuestras mejores fuerzas, y sobre todo quiere nacer de nosotros en la acción. Por tanto la palabra del Evangelio es palabra de vida en un doble sentido: engendra vida en nosotros, porque es la palabra de Dios, santa y santificadora y nace de nuevo para la vida mediante nuestra actividad en pos de esta palabra, para gloria del Padre celestial y testimonio en favor de los hombres.

Parte primera

LOS ANTECEDENTES DEL MESÍAS Capítulos 1-2 San Mateo empieza su Evangelio con unos antecedentes, como también hace san Lucas, sin embargo, los dos escritos son muy distintos entre sí, por el estilo y por los acontecimientos que refieren. En san Lucas, encontramos narraciones amplias y extensas, en cambio en san Mateo encontramos fragmentos redactados de forma más escueta y muy arrebañados desde un punto de vista teológico. Al principio está el árbol genealógico de Jesucristo (1,1-17), la primera demostración de la mesianidad. Siguen a continuación una serie de secciones más breves (1,18-2,23), entre las cuales se describe más detenidamente la adoración de unos sabios de Oriente (2,1-12). Todas las partes reunidas forman un conjunto narrativo continuado hasta el establecimiento en Nazaret. Sorprende que el estilo sea tan sobrio, casi como si fuera una crónica. Es característico de todas las partes que se indique el cumplimiento de los vaticinios del Antiguo Testamento. Estas citas del cumplimiento son, en cierto modo, el hilo rojo que se ha hecho pasar por la tela y que solamente tiene una finalidad. Los primeros acontecimientos de la vida del Mesías también están dispuestos maravillosamente por Dios y corresponden a la expectación del Antiguo Testamento.

I. ÁRBOL GENEALÓGICO DE JESUCRISTO (Mt/01/01-17). Par: Lc/03/23-38

J/GENEALOGIA San Mateo construye el portal de su obra con imponentes sillares. Una genealogía, un árbol genealógico, conduce a través de los siglos hasta la plenitud del tiempo. Desde la vuelta del destierro de Babilonia tales genealogías eran muy apreciadas entre los judíos. En medio de la mezcla de pueblos de estos siglos el judaísmo se mantuvo firme con tenacidad. Para tomar posesión de cargos públicos y de dignidades superiores, el aspirante tenía que demostrar que su árbol genealógico era intachable. Lo mismo se exigía a los sacerdotes. Es natural que fuera un honor singular pertenecer a una de las antiguas y apreciadas estirpes o estar enlazado con la ramificada familia real, que tiene su origen en David. Porque en esta familia se había de cumplir la promesa, de esta familia se esperaba el vástago real, que no solamente estaba ungido, como lo estaban antes los reyes, sino que se llamaba el Ungido por antonomasia, el Mesías.

1 Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. 2 Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. 3 Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará. Farés engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, 4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, 5 Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Jobed, Jobed engendró a Jesé, 6 y Jesé engendró al rey David. David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, 7 Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, 8 Asaf engendró a Josafat, Josatat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, 9 Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz. Acaz engendró a Ezequías, 10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós. Amós engendró a Josías, 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos cuando la deportación de Babilonia. 12 y después de la deportación de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, 13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquim, Eliaquim engendró a Azor, 14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, 15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, 16 Jacob engendró a José, esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. 17 Por consiguiente, todas estas generaciones suman: de Abraham hasta David, catorce; de David hasta la deportación de Babilonia, catorce, y de la deportación de Babilonia hasta Cristo, catorce.

Mediante un milagro único en su género tuvo lugar la concepción y el nacimiento de Jesús, como se lee en la próxima sección. ¿Hizo este milagro que Jesús careciera por completo de los vínculos naturales de la familia y del pueblo, y en cierto modo fuera solamente un enviado por Dios a nuestra historia y a nuestro mundo, como un cometa, que corta el espacio aéreo de la tierra? De ninguna manera. Por medio de José, que ante la ley es su padre, Jesús entra en la sucesión de las generaciones. De este modo la Sagrada Escritura atestigua en primer lugar que Jesús es un verdadero hombre; no uno de aquellos seres celestiales (de los que hablan los mitos), que descienden de las esferas del cielo, se hacen visibles aquí en la tierra, para regresar al mundo inmaterial y celeste. Jesús es realmente «nacido de mujer» (Gal_4:4).

Pero hay todavía algo más: la familia en que Jesús aparece en un lugar determinado, es una regia familia, la familia de David, en la que ha de cumplirse la promesa mesiánica. Y así la primera aposición de Jesucristo es: hijo de David. Es una expresión atrevida. Jesús es en sentido pleno y con validez jurídica descendiente de David, miembro de la familia real y heredero del trono de David (cf. 2Sa_7:1-16; Luk_1:32). ¿Habría podido Jesús ser también Mesías sin este parentesco? No podemos dar la respuesta, ya que Dios dispuso los acontecimientos de tal forma que su Hijo eterno fuese «nacido del linaje de David según la carne» (Rom_1:3). Una cosa es segura: si no se hubiese podido demostrar el origen davídico, se habría dificultado mucho a los judíos la fe en que este Jesús era el Mesías. La segunda aposición todavía llega más lejos: hijo de Abraham. No solamente concluye en Jesús la línea real, no solamente se cumplen en él las promesas del trono y del reino permanente. Se hace remontar la sucesión de antepasados nada menos que hasta Abraham, que es el fundador de todo un pueblo, no solamente de una estirpe. A Abraham es a quien se hizo sobre todo la promesa todavía más antigua y amplia: «Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan, y serán benditas en ti todas las naciones de la tierra» (Gen_12:3). El pueblo formado por sus descendientes debe ser fuente de bendiciones para todo el género humano. Este pueblo transmite la bendición a través de los siglos como un don valioso, hasta que la bendición se pose en el único vástago del linaje que trae la bendición para todo el mundo: «Las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia». La Escritura no dice «y a sus descendencias», como si fueran muchas; sino como si fuere una sola: «Y a tu descendencia. es decir, a Cristo» (Gal_3:16).

La expresión «hijo de David» nos resulta familiar y estamos habituados a oírla. ¿Podemos decir lo mismo de la expresión «hijo de Abraham»? La historia del género humano, que Dios empezó de nuevo con Abraham, avanza hacia su fin. El arco de la historia se extiende desde el patriarca de Israel hasta el fundador de un nuevo Israel... No es perfecto el árbol genealógico del evangelista desde Abraham hasta José. Faltan muchos miembros intermedios. Sólo en parte conocemos las fuentes de que se forma el árbol genealógico. Las dos primeras secciones hasta la cautividad de Babilonia, podrían estar tomadas de los textos bíblicos 3. Desconocemos por completo las fuentes de los nombres de la tercera sección. Tampoco es posible examinar la exactitud del árbol genealógico. Finalmente es raro que el árbol no termine en María, que era la madre corporal de Jesús, sino en José, que sólo era su marido según la ley. Todo esto nos ayuda a entender este texto como conviene. Si Jesús era el hijo de José según la ley, se le podía clasificar con pleno sentido en la descendencia de los antepasados de José y, por tanto, en la sucesión davídica.

San Mateo no da tanta importancia a la exactitud científica como a la disposición y a la lógica internas. Esta disposición está claramente indicada en el versículo final, que es el 17: siempre son catorce generaciones las que llenan los tres lapsos de tiempo transcurridos entre Abraham. David. el cautiverio de Babilonia y Cristo. Catorce es el doble de siete, número sagrado4. En los mismos números se revela a la inteligencia creyente algo de la ordenación del plan de Dios en la historia. El nacimiento de Jesús es una parte de los planes divinos, y a través de siglos y generaciones Dios ha dirigido los acontecimientos hacia este nacimiento, que ha tenido lugar exactamente en el tiempo predeterminado. Para san Mateo y para los que leemos su Evangelio este descubrimiento es una indicación de la sabiduría con que Dios conduce la historia. Este último pensamiento también se expresa con otra peculiaridad del árbol genealógico, a saber en la mención de cuatro mujeres. Siendo así que sólo se tiene en cuenta la línea masculina, sorprende que se mencionen mujeres, y aún sorprende más, si tenemos en cuenta que las mujeres no son ilustres y célebres esposas de los patriarcas, como Sara y Rebeca, Lía y Raquel, sino cuatro que permanecen en la sombra. Una de ellas es Tamar (v. 3), a quien Judá rehúsa el derecho a la descendencia, pero ella con insolente astucia consigue su derecho (cf. Gen_38:1-30). Otra es Rahab (v. 5), que engendra a Booz; es una prostituta cananea, que prestó gran ayuda al pueblo elegido (Jos 2; Gen_6:15 ss). Luego se nombra a Rut,(v. 5), que no tiene ninguna mancha moral, pero que era gentil, una moabita, y que fue bisabuela del rey David (cf. Rth_4:12 ss). No se designa a la cuarta mujer con su nombre, sino como mujer de Urías. También ella, una extranjera, llamada Betsabé, esposa de un heteo, está relacionada de modo inusitado con el pueblo de la promesa: David cometió adulterio con ella, del cual procedió su hijo y sucesor Salomón (2Sam 11s). Lo desacostumbrado y extraordinario es común a todas estas mujeres. A pesar de su sangre extranjera o de su indignidad se ha llevado a término el plan de Dios. Nada podía hacer que se rompiera la línea de la bendición, todos los caminos laterales y todos los rodeos fueron aprovechados y dirigidos hacia el único objetivo, hasta que del pueblo «viniera la descendencia a la que se hizo la promesa» (Gal_3:19).

El nombre y el destino de estas mujeres muestra una sola cosa: el camino de Dios con frecuencia es el rodeo, pero no por ello decae su fidelidad. Su voluntad firme e inflexible de salvar siempre se abre paso. También eso debe considerarse cuando se oigan contar las inusitadas circunstancias del nacimiento de Jesús. Ninguna sombra recae sobre María, pero el camino de Dios está lleno de misterios, y en el tiempo pasado y en el presente siempre es muy distinto de los caminos de los hombres. En los últimos versículos se habla por dos veces del Mesías. De María nació Jesús, «llamado Cristo» y «de la deportación de Babilonia hasta Cristo, catorce» generaciones. La finalidad propia de la genealogía es demostrar la verdadera mesianidad de Jesús. En el primer fragmento del Evangelio se expresa lo que enseña todo el libro: Jesús es verdaderamente el Mesías prometido. Por otra parte se hace llegar el árbol genealógico hasta Abraham. ¿No se indica ya de este modo que el Mesías no debe ser considerado sólo como vástago real e hijo de David, y menos como figura política? Jesús reúne en sí todas las promesas, no sólo las que se refieren a una dinastía escogida, sino también las que van dirigidas a todo un pueblo consagrado a Dios. Desde un principio el concepto del Mesías es mayor que el concepto que se diluyó en la sucesión real. Aquí se trata de la vocación de Israel, del encargo que se le ha confiado, de la bendición o maldición para todo el mundo. Para quien sabe que este Jesús es el Mesías, la historia de todo el mundo hasta la llegada de Jesús se deshoja y queda al descubierto como un plan inteligente y prometedor de Dios 5.

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3. Versículos 2-6: 1Ch_2:1-15; cf. Rth_4:18-22; versículos 7-12: 1Ch_3:5-16.

4. En realidad en el último período solamente hay trece miembros. Esto precisamente demuestra que el texto es estructurado, así como la fuerza probatoria de la lista, que descansa sobre esta estructura.

5. Sólo san Lucas tiene un árbol genealógico semejante (1Ch_3:23-38), pero con una sucesión invertida. La novedad de san Lucas es que sobrepasa el limite de Abraham y llega hasta Adán y, por tanto, ve a Jesús como fundador no sólo del nuevo pueblo, sino también de una nueva humanidad.

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II. NACIMIENTO E INFANCIA DE JESÚS (,23).

1. EL NACIMIENTO DE JESÚS (Mt/01/18-25).

18 El nacimiento de Jesucristo fue así. Su madre María estaba desposada con José y, antes de vivir juntos. resultó que ella había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. 19 Pero José, su esposo, como era justo y no quería denunciarla, determinó repudiarla en secreto.

Este fragmento informa sobre el nacimiento del niño Mesías. Es notable en muchos respectos la manera como tiene lugar el nacimiento. Sorprende la sobriedad y la concisión de este relato, si se compara con la narración del nacimiento que conocemos familiarmente por san Lucas y que se lee en las misas de Navidad. Casi no se exponen las circunstancias más próximas, la preparación del acontecimiento y el mismo suceso. San Mateo dirige la mirada a hechos muy distintos. Supone que nos son conocidos los pormenores de la concepción milagrosa y del nacimiento, que ahora se recuerdan con breves palabras. ¿Qué quiere sobre todo enseñar el evangelista? En primer lugar está la figura de José, que se presenta en primer plano, así como en los relatos de san Lucas se presenta a María. Todo se contempla desde la posición que ocupa José, que al final del árbol genealógico fue mencionado como «esposo de María». Con esta mención se enlaza el relato del nacimiento. María estaba desposada con José. por eso según el derecho judío era considerada como su esposa legitima. Sin embargo aún no habían vivido juntos. Esto significa que José aún no había introducido en su casa a su desposada ni había empezado la vida comunitaria del matrimonio. El relato ahora dice de forma muy concisa que en este tiempo resultó que María estaba encinta. José lo había notado claramente. Lo que él no sabe, nos lo dice en seguida el evangelista interpretando y explicando de antemano: lo que vive en ella, procede del Espíritu Santo.

Nada se dice de la turbación, de la pesadumbre, de las cavilaciones, dudas y titubeos del esposo. No se nos cuenta lo que pasa en su alma y lo que hace madurar la decisión. Solamente nos enteramos del resultado: José resuelve separarse de su desposada con gran sosiego. La deshonra en que José cree que se encuentra María, no debe ofenderla ante todo el pueblo. Se califica de justo a José, en cuya conducta se manifiestan la consideración y los sentimientos. Justo es el hombre que busca a Dios y que sujeta su vida a la voluntad de Dios. Justo es el hombre que cumple la ley con todo su corazón y con intensa alegría, como el devoto autor del salmo 118. Pero también es justo el hombre prudente y bondadoso, en cuya vida se han mezclado y esclarecido de una forma singular la propia madurez humana y la experiencia en la ley de Dios. Así es como el Antiguo Testamento ve al justo. El justo es la figura ideal del hombre en quien Dios se complace. La justicia es la más noble corona con que puede adornarse un hombre. Lo mismo puede decirse de José. Su vista todavía está retenida, y él no comprende el enigma desconcertante. Pero José tampoco lo escudriña ni procura examinarlo a fondo. Lo que hace, en todo caso es indulgente y juicioso. Así logra que se le tribute la alta distinción de elogiarle como justo.

20 y mientras andaba cavilando en ello, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas llevarte a casa a María tu esposa, porque lo engendrado en ella es obra del Espíritu Santo.

Cuando José ya ha tomado la decisión de separarse de María, Dios interviene. Un ángel, santo mensajero de Dios, le descorre el velo del misterio. Le dirige la palabra con solemnidad: «José, hijo de David». Fuera de este caso, solamente a Jesús se concede este título honorífico (Mat_1:1; Mat_9:27; Mat_20:30 s). En este tratamiento resuenan las esperanzas que inspira esta expresión desde el vaticinio de Natán al rey: «Yo seré su padre, y él será mi hijo, y si en algo obra mal, yo le corregiré con vara de hombres y con castigo de hijos de hombres. Mas no apartaré de él mi misericordia, como la aparté de Saúl, a quien arrojé de mi presencia. Antes tu casa será estable, y verás permanecer eternamente tu reino, y tu trono será firme para siempre» (2Sa_7:14-16).

Con este tratamiento el sencillo José es intercalado en el gran contexto de la historia divina. Es descendiente del linaje de David, uno de sus «hijos». Lo que José oye decir al ángel, debe oírlo como hijo de David, entonces comprenderá. Al final de este relato leemos que en realidad sucede así: después del mensaje nocturno, José, con sencillez y docilidad, procede como le había encargado el ángel (1,24). José está en primer término, pero ahora también se ilumina con mayor intensidad la madre del Mesías. José no debe temer llevarse a casa a María, acogerla en su casa como su mujer, porque en ella ha tenido lugar un milagro de Dios: el fruto de su vientre no procede de un encuentro terrenal. Con profundo respeto y con delicadeza se indica el misterio. Son cosas divinas, que no pueden ser profanadas por la indiscreta curiosidad del hombre ni por el lenguaje que todo lo abarca. Sólo se nombra un hecho que puede servir de explicación: la actuación del Espíritu Santo. A él se atribuye como última causa el milagro que ha tenido lugar en el seno de María. Es el espíritu que expresa el poder y la grandeza de la actuación divina; es el espíritu que llena a los profetas y a los héroes; pero también es el espíritu que obra en silencio y que actúa ocultamente y sin ruido. Aquí se evitan cuidadosamente todos los pormenores. Ante la mirada de José y la nuestra sólo debe estar esta figura: la virgen, un vaso de elección, expuesto al soplo del Espíritu de Dios...

21 Dará a luz un hijo, a quien le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Ahora el mensajero habla más claramente. María dará a luz un hijo, y José le debe poner el nombre de Jesús. Era un privilegio de la dignidad paterna otorgar el nombre al hijo. Esto en cierto modo es un acto creador, porque para los antiguos el nombre designa la manera de ser y la vocación. Sin embargo en el caso de José se limita el derecho: No solamente no tiene ninguna parte en la procreación del hijo, sino que tampoco tiene derecho a determinar el nombre. éste le es dado de arriba, se anuncia de antemano: un nombre, que ya fue usado con frecuencia en la historia del pueblo, pero que nunca proclamó la razón de ser con tanta precisión como aquí.

¿Qué significa el nombre de Jesús? Traducido del hebreo, significa: Dios es la salvación, Dios ayuda y libera, Dios es salvador. Así se llamó Josué, quien como sucesor de Moisés condujo al pueblo por el Jordán a la vida sedentaria y a la paz del país. Este nombre lo tuvo un sumo sacerdote, que después del regreso de la cautividad de Babilonia participó como dirigente en la restauración del culto y en el servicio del templo (Esd 2-5). Así también se llamaba un maestro de la sabiduría, que pudo alabar el camino de la justicia y de la vida con sentencias bien redactadas, Jesús, el hijo de Eleazar y nieto de Sirac, autor del libro de Jesús Sirac o Eclesiástico (Sir_50:29). Todos ellos fueron, de diferentes maneras, medianeros de la salvación de Dios. Pero Jesús traerá esta bendición con mayor amplitud que ninguno de los que le precedieron. Así lo indica la interpretación de su nombre, que añade san Mateo: «él salvará a su pueblo de sus pecados». No se trata simplemente de la salvación de un país fértil, de una oblación de sacrificios agradable a Dios o de un conocimiento adecuado, sino la liberación de una esclavitud más grave de la que representan el desierto, el culto idolátrico y una doctrina errónea: la esclavitud del pecado.

Con la palabra «pecado» se dice todo aquello, de lo que debe ser liberado el hombre y la humanidad. Esta palabra designa la oposición más viva a Dios y a su salvación. La expresión un poco ambigua: su pueblo, indica a quién liberará Jesús de esta servidumbre. El judío solamente conoce a un pueblo, que tiene legítimamente este nombre en el sentido más profundo, es decir, Israel, el pueblo de la elección. El judío diría: «nuestro pueblo» o en labios del ángel: «vuestro pueblo», el pueblo mediante el cual el israelita es lo que es. O se podría esperar que se dijera: el pueblo de Dios. Pero aquí se lee «su pueblo». Desde el primer momento a este niño se le promete un pueblo propio, y queda por completo en suspenso si este pueblo se identifica con el Israel contemporáneo. También podría ser un nuevo pueblo para el cual ya no tengan vigencia las fronteras de aquel tiempo y que crezca más allá de las fronteras de Israel, un nuevo pueblo de Dios, perteneciente a Jesús de una forma especial, y cuyo nombre ostente...

22 Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que había dicho el Señor por el profeta. 23 He aquí que la virgen concebirá en su seno y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emmanuel, que significa «Dios con nosotros».

Lo que el ángel ha anunciado hasta ahora es significativo y asombroso. En parte dice claramente lo que sucederá, en parte indica grandes conexiones que conocen o adivinan los que están bien informados como José. Mateo concluye las palabras del ángel indicando el cumplimiento de una profecía. Finalmente ahora se hace patente que no se trata de un acontecimiento de un día; al contrario: como en una lente se concentran los rayos de luz, así también en la llegada de este niño es como si se reuniesen los hilos de una obra tejida por Dios. El hecho es significativo para el tiempo presente, en el que tiene lugar el milagro del Espíritu Santo; para el tiempo futuro, en que este niño debe llevar a cabo la liberación de su pueblo; y para el tiempo pasado, que aparece con una nueva luz. En una situación apurada el profeta Isaías había anunciado al rey Acaz una señal divina que le debía notificar la desgracia. Ahora estas palabras del profeta se convierten en mensaje de alegría: «He aquí que la virgen concebirá...»

Las misteriosas circunstancias que habían perturbado a José, no son tan sensacionalmente nuevas; el profeta ya las había indicado hablando de una «virgen», que dará a luz un hijo. El nacimiento virginal del Mesías, por obra del Espíritu, ya está indicado en el Antiguo Testamento. El creyente conoce la actuación de Dios en los siglos y entiende las promesas a la luz de su cumplimiento. Un segundo dato se da también en el profeta: un nombre que es tan profundo y rico como el nombre de Jesús: Dios con nosotros (Isa_7:10-16). Estaba arraigado en la fe de Israel el conocimiento de que Yahveh siempre está con su pueblo. Esta es la distinción y la gloria de Israel. Como sucedió en el tiempo pasado, así sucederá también en el tiempo futuro, que los profetas anuncian: «No temas, pues yo te redimí, y te llamé por tu nombre: tú eres mío. Cuando pasares por medio de las aguas. estaré yo contigo, y no te anegarán sus corrientes; cuando anduvieres por medio del fuego, no te quemarás, ni la llama tendrá ardor para ti» (1Sa_43:1 s).

Dios siempre estuvo con su pueblo en las guerras de los antepasados, en las asambleas reunidas en los sitios de culto en tiempo de los jueces, luego especialmente en la santa montaña de Sión y en el templo, en las unciones de sus reyes y en la misión confiada a sus profetas, en su fidelidad y en el otorgamiento de su salvación, también en la dispersión entre las naciones, en el cautiverio. Sin embargo, se mantenía viva la esperanza de que Dios estaría con su pueblo en el tiempo futuro. Era un hecho y al mismo tiempo una promesa, se podía experimentar felizmente la presencia de Dios, y con todo tenía que esperarse. Es evidente que debía ser un modo enteramente nuevo de la presencia, que ya se estaba acercando. Ahora parece que esta nueva presencia está a punto de realizarse. El niño que ha de nacer tiene el nombre que implica esta esperanza: «Dios con nosotros». Esta proximidad de Dios no debe realizarse en una reunión especial, en un lugar, en una casa, sino en una persona humana, a cuya manera de ser pertenece que Dios esté con nosotros. En él y por medio de él Dios está presente y cercano, más próximo y activo que hasta ahora...

24 José, cuando se despertó, hizo como le había ordenado el ángel del Señor y se llevó su esposa a casa. 25 Y hasta el momento en que ella dio a luz un hijo él no la había tocado, y él puso al niño el nombre de Jesús.

José, con sencillez y naturalidad, hace lo que se le había encargado. Con profundo y medroso respeto no se acerca a María, que exteriormente pasa por ser su esposa. Ella da a luz al niño, y José le designa con el nombre de Jesús. De este modo, el niño es su hijo según la ley, que es incorporado a la línea de los padres, que va desde David hasta José. No solamente conocemos el nombre que debe tener el niño, y que se unió con el título de Mesías, formando el nombre doble: Jesucristo, esto es, Jesús el Mesías. Sabemos que el nombre se complementa con un segundo nombre que Jesús no usó: «Dios con nosotros». La última frase del Evangelio echa una mirada retrospectiva al principio del mismo: la proximidad de Dios en Cristo está plenamente garantizada, y nunca más quedará en lejanía, hasta el fin del tiempo: «Y mirad: yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos» (/Mt/28/20). Dios está cerca de nosotros en Jesucristo, siempre está presente, nunca más estaremos solos ni perdidos, lanzados a una existencia sin sentido...

Biblia Comentada, Profesores de Salamanca (BAC, 1965)



Capitulo 1.

La
genealogía de Cristo, 1:1-17.
1 Genealogía de Jesucristo; hijo de David, hijo de Abraham: 2 Abraham engendró a Isac, Isac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; 3Judá engendró a Fares y a Zara de Tamar; Fares engendró a Esrom, Esrom a Aram; 4 Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, 5 Salmón a Booz de Rahab; Booz engendró a Obed de Rut, Obed engendró a Jesé, 6 Jesé engendró al rey David, David a Salomón de la mujer de Urías; 7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asa, 8 Asa a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, 9 Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, 10 Ezequías a Manases, Manases a Amón, Amón a Josías, Josías a Jeconías y a sus hermanos en la época de la cautividad de Babilonia. 12 Después de la cautividad de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, 13 Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliacim, Eliacim a Azor, 14 Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, 18 Eliud a Eleazar, Eleazar a Matan, Matan a Jacob, 16 y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. 17 Son, pues, catorce las generaciones desde Abraham hasta David, catorce desde David hasta la cautividad de Babilonia y catorce desde la cautividad de Babilonia hasta Cristo.

Mateo limita la genealogía de Cristo a los antecesores del pueblo elegido: a las dos series que derivan de Abraham y David, en un orden descendente. Recoge así la gran promesa mesiánica hecha a Abraham y fijada en la estirpe de David: Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Este evangelio es, pues, el de Jesucristo Mesías. En la época neotestamentaria, la expresión hijo de David era usual para denominar al Mesías 1.
La conservación y uso de las genealogías es algo muy característico del mundo semita. La Biblia conserva muchas (Gen c.4-11; 1 Crón c.1-9; Esd_2:61-63; Neh_7:63-65). Josefo recuerda el esmero con que se conservaban por escrito las de los sumos sacerdotes desde dos mil años, con sus nombres y los de sus padres. 2 Y él mismo sacó de estas listas públicas su doble genealogía, regia y sacerdotal 3. San Pablo citará con orgullo su propia genealogía (Rom_11:1; Flp_3:5). Y, al decir de Julio el Africano (170-240 d.C.), Herodes, de baja estirpe, hizo quemar las listas genealógicas de los hebreos para que nadie se pudiera gloriar de su origen. Algunas, sin embargo, se salvaron, entre las cuales cita a las de los parientes de Cristo 4. Así, pues, es históricamente cierta la gran solicitud de los orientales y judíos por conservar sus genealogías.5
Esta genealogía de Cristo en Mateo es, en su contenido, histórica; pero en su redacción literaria, artificiosa. La reduce a tres grupos de catorce generaciones cada una, cuando son más, y omite a veces nombres de personajes conocidos. Así, omite los tres reyes que existieron entre Jorán y Ozías (1Re_8:24; 1Cr_3:11; 1Cr_3:4 Rev_14:1), y entre Fares y Naasón, sólo cita a tres personas - Esrom, Aram y Aminadab -, cuando la permanencia en Egipto sería de cuatrocientos treinta años (Exo_13:40); entre Salomón e Isaí, padre de David, pasaron unos tres siglos, y sólo cita dos generaciones; y también hubo más entre Zorobabel, de la cautividad, y San José, y sólo cita nueve. Lucas mismo, en este espacio de tiempo, cita dieciocho.
Sin embargo, Mateo, al reducirlas a tres grupos de catorce cada una, tenía un propósito particular al que subordinó estos problemas. El mismo dice explícitamente: van catorce generaciones de Abraham a David, y catorce de David a la Cautividad, y catorce de ésta a Cristo.
Dos son las razones que pudieran explicar su propósito. La primera, la simetría. El contener la primera serie, de Abraham a David, oficialmente en la Biblia, catorce generaciones, pudo inclinar al autor a caracterizar las otras épocas por el mismo número, dada la división tripartita de fondo, Abraham-David-Cristo 6.
La segunda, el gusto oriental por los acrósticos. Las tres radicales que componen el nombre de David tienen el valor numérico 4 + 6 + 4 = 14. Así el número 14 viene a ser, en acróstico, el nombre de David. Tendría así una intención mesiánica, que terminaba en Cristo, al que se llamaba, por antonomasia, el Hijo de David. 7
Esta solución fue propuesta por Chrz. Fr. Ammon (1849), G. Surenhusio (s.XVII-XVIII), A. Gr. Gfrorer (1838) y, más recientemente, por A. Bisping 8.
Así, pues, Mateo es el autor de esta genealogía. Le bastaba para su fin citar, como anillos de la cadena, el que estos antepasados lo fuesen en un sentido natural o legal. La palabra padre puede tener entre los orientales un sentido muy amplio.
Es extraño, sin embargo, que cite en ella cuatro nombres de mujeres: Tamar (Gen_38:14-24), Rahab (Jue_2:1), Rut (Rut_1:4) y la mujer de Urías (1Sa_1:11-31), cuando los derechos mesiánicos legales se hacían por línea paterna y, además, aparecen algunas de ellas como desfavorables en su conducta moral. San Jerónimo pensó acusar con ello la universalidad salvadora mesiánica; sin embargo, la opinión común es que las incluyó porque eran extranjeras a Israel. Esto sugeriría que en la línea del Mesías había también influencias extranjeras e, indirectamente, podría verse un cierto sentido de universalidad en la obra mesiánica. Sin embargo, en 1 Crónicas (1Sa_1:33; 1Sa_2:3.4.16.17, etc) se citan mujeres de condición diversa y sin intención especial. Acaso, hipotéticamente, hayan podido ser en Mt anotaciones marginales al texto primitivo que después pasasen al Mtg. Hasta se piensa que algunas hayan sido prosélitas 8. Alguna tradición rabínica considera a Tamar en la línea mesiánica. En los nueve primeros capítulos del libro I de las Crónicas las divergencias son cosa corriente 9.
Mateo termina su genealogía con estas palabras: Y Jacob engendró a José, el varón de María, de la cual nació Jesús, el llamado Cristo (Mcsías). Pero la expresión varón de María debió de parecer algo fuerte a algunos lectores, como si ello supusiese alguna relación matrimonial entre José y María, lo cual dio origen a otras dos lecturas en algunos códices 10. Sin embargo, esta primera lectura es la genuina, con lo que se acusa la generación legal de José. Al explicitar que Jesús nació de María, el evangelista prepara el tema de la segunda parte: la concepción virginal de Cristo.

El
modo sobrenatural de la concepción de Cristo,1Sa_1:18-25.
18 La concepción de Jesucristo fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes de que conviviesen, se halló haber concebido María del Espíritu Santo. 19José, su esposo, siendo justo, no quiso denunciarla y resolvió repudiarla en secreto. 20 Mientras reflexionaba sobre esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta que dice: 23 He aquí que la virgen concebirá y parirá un hijo, Y le pondrá por nombre Emmanuel, Que quiere decir Dios con nosotros. 24 Al despertar José de su sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, recibiendo a su esposa. 25 Y sin haberla conocido dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

Angustias de san José,1Sa_1:18-21.
Al regreso de su visita a Isabel, María volvió a su casa, la de sus padres, familiares, o la de su esposo. Depende de si habían celebrado las bodas o sólo los desposorios.
Se plantea a este propósito un problema clásico: Cuando se descubre la concepción virginal milagrosa de Jesús, ¿María estaba sólo desposada con José o era ya su verdadera esposa? ¿Qué valor tienen las expresiones que se usan aquí para narrar esto?
Tres términos entran aquí en juego: son los siguientes:
El verbo ìíçóôåýù: casar o desposar; el verbo óõíÝñ÷ïìáé: cohabitar, vivir juntos en una casa, o también, aunque raramente, relaciones conyugales; el tercer verbo es ðáñáëáìâÜíù, que significa recibir, y, según algunos, retener.
Ante todo, conviene destacar que la tradición cristiana se divide al precisar el estado de María a la hora de la concepción virginal de su Hijo. Así, se encuentran representantes que interpretan el verbo convenir del uso matrimonial, y que, en este caso, sería la afirmación por el evangelista de no haber mediado en esta concepción ni antes del nacimiento relación conyugal alguna. Tales San Juan Crisóstomo 11, San Ambrosio 12 y San Jerónimo 13.
No habiendo unanimidad en la tradición sobre este punto, parece lo más probable concluir, por la lectura del texto, que se trata del desposorio, por las razones siguientes:
a) El sentido normal del verbo ðáñáëáìâÜíù es el de recibir. En la lengua griega profana se usa también para expresar el matrimonio. Si se quiere suponer que María ya estaba casada, el verbo debiera entenderse en el sentido de retener, conservar, mantener; pero tal sentido no lo tiene este verbo. 14
b) En Mateo, el verbo ðáñáëáìâÜíù siempre se usa en el sentido de tomar a uno por socio; no de retener.
c) El verbo ìíçóôåýù, tanto en el griego clásico como en el de la koine, puede significar indistintamente casar o desposar. Es el contexto el que ha de decidir.
d) El verbo óõíÝñ÷ïìáé no parece que pueda significar, en este pasaje de Mt, relaciones matrimoniales, pues Mt mismo, o el traductor, expresa éstas en el mismo pasaje por el conocido eufemismo matrimonial hebreo de conocer. Así dice, probando la virginidad de María en la concepción y parto: Y (José) no la conoció hasta que dio a luz su hijo. ¿Por qué suponer que lo que es un término técnico hebreo, conocer, para indicar las relaciones conyugales, es expresado en el v.18 por un verbo que no es normal, cuando unos versículos después, y hablando del mismo tema, lo expresa por la traducción material del eufemismo hebreo (yada') (yoda') = conocer) técnico por relaciones conyugales? Ni en contra de eso estaría el que se llame a José varón de María si estuviese desposada. Ya que los desposorios (qiddushín) en Israel tenían casi el valor jurídico de matrimonio, por lo que varón puede traducir indistintamente a marido o desposado 15. Ni tampoco, por lo mismo, es objeción el que José piensa repudiar a María. Pues este término, si bien es técnico para indicar la disolución de un matrimonio; como el desposorio tenía unas características tan especiales en Israel, no se podía repudiar a una desposada si no era mediante el libelo de repudio.
Así, pues, antes de que José llevase a María a su casa - el matrimonio se solía celebrar al año siguiente del desposorio 16 -, antes de que conviviesen, en cuyo acto consistía el acto jurídico matrimonial (nissuín), se halló que María había concebido por obra del Espíritu Santo, expresión que evoca el A.T. y donde se indica la acción ad extra de Dios. Expresión post factum; acaso pudiese aludir por apropiación al E. S. persona.
Este hecho produjo un desconcierto en José, pues su desposorio era ya un cuasi contrato formal de matrimonio. ¿Qué hacer?
Podría denunciarla ante un tribunal para que anulase legalmente el desposorio; retenerla, celebrando el matrimonio y llevarla a su casa; repudiarla, bien en público, excusándola y sin pedir castigo, o privadamente, mediante libelo de repudio ante dos testigos y sin alegar motivo 17. Y por fin, dejarla ocultamente marchándose de Nazaret y dejando que las cosas se olvidasen.
José, porque era justo (äßêáéïò), es decir, porque era recto en su conducta ante Dios y ante los nombres - aunque en este término caben muchos matices 18 -, determina repudiarla en secreto, darle el libelo de repudio secretamente y sin fecha para que ella pudiese salvar mejor su honor. José ante los hechos cree en el honor de María; si no, hubiese obrado de otra manera.
Sin embargo, por un sentido de honor, socialmente redundante en su Hijo, se pensaría que el matrimonio, jurídicamente, ya se hubiese celebrado.
Cuando pensaba realizarlo, después de fuertes dudas y reflexiones, llegó la intervención divina a través de un ángel del Señor. Fue en sueños. En Mt estas manifestaciones son, como en el documento elohísta del A.T., en sueños; en Lucas, con apariciones. En él se le revela el misterio que se ha realizado en María. No debe temer en tomarla por esposa, pues no es ningún mal, sino un gran privilegio para él la obra de la acción divina. Y se le ordena que le ponga por nombre Jesús. María dará a luz un hijo, pero tú le llamarás Jesús. Es José quien va a transmitir al niño legalmente los derechos mesiánicos, pues es de la casa de David (v.20). Jesús, que es su nombre propio y el que contiene la misión que viene a realizar, transcripción del arameo Yeshuá, es decir, Dios salva, porque salvará a su pueblo de sus pecados. Interpretación del evangelista o su fuente. Obra eminentemente espiritual, frente al mesianismo político y nacionalista esperado. La fórmula con que Mateo transmite esta obra del Mesías es la misma con la que se habla de Yahvé en los Salmos: El (Dios) redimirá a Israel de todos sus pecados (Sal_130:8). Jesús, el Mesías, realizará lo que se esperaba en el A.T. que haría el mismo Dios. Sugerencia muy fuerte, ya en el comienzo del evangelio, de que ese niño era Dios.

La Profecía del Emmanuel,Sal_1:22-23.
Mateo ve en este hecho de la concepción de Jesús el cumplimiento del vaticinio de Isaías sobre el Emmanuel (Isa_7:10-16). Precisamente sucede para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta. Mateo da aquí una interpretación de esta profecía, bastante olvidada en la tradición judía, pues sobre el origen del Mesías, unos sostenían una cierta preexistencia divina en Dios, con una aparición gloriosa, y otros un Mesías puramente humano aunque de origen oculto. Sin embargo, es una profecía mesiánica19. El mismo Mateo, al citar esta profecía, pone en lugar de la 'Almah, que significa de suyo mujer casada, virgen, por depender en su versión de los LXX, que ya usan esta palabra y porque es exigida por el contexto y paralelos verbales del A.T. 19

José Acepta la Paternidad
Legal de Jesús,Isa_1:24-25.
Resueltas todas las dudas, José recibe a María por esposa, llevándola oficialmente a su casa, y acepta la paternidad legal de Jesús. Y añade el evangelista que no la conoció hasta que dio a luz a su hijo. El verbo conocer (yada') es usado normalmente por las relaciones conyugales, y también es de sobra conocido el hebraísmo hasta que ('ad-ki), con el que sólo se significa la relación que se establece a un momento determinado, pero prescindiendo de lo que después de él suceda. Así, Micol, mujer de David, no tuvo más hijos hasta el día de su muerte (2Sa_6:23; Gen_6:7; 2Re_15:5). Cuando la expresión intenta sugerir un cambio posterior, se explícita en el contexto (Gen_24:33; Hec_23:12.14.21). A veces, la frase, perdiendo su sentido subordinado, introduce un nuevo e imprevisto suceso (Dan_2:34; Dan_7:4.11). Así interpretado el texto de Mt no intentaría tanto expresar la inviolabilidad de María - sobrentendida su fecundación sobrenatural -, cuanto subrayar la paternidad legal de José. Además es conocido el uso frecuente de esta fórmula para indicar una exclusión. Entonces su sentido sería: María dio a luz sin relación conyugal con José. 20

1 Strack-Billerbeck, Kommentar. I p.640. - 2 Contra Ap. I 7. - 3 Vita I. - 4 Epist. ad Arist.: Mg 20,96ss. - 5 Strack-B., Kommentar. I p.1-6; Vosté, De duplici geneahgia Domini (1933) p.110; Obernhumer, Die menschliche Abstammung Jesu: Theol. Prakt. Qschr (1938) ? 524-527; A. Vógtle,Di Genealogie Mat_1:2-16 und die matthaische Kindheitsgeschichte (I Teil), en Bibl. Zeitschrift (1964) p.45-58; ibíd. (1965) p.32-48. - 6 Para otro grupo de problemas de esta genealogía, cf. M. De Tuya, Biblia Comentada c.5 (BAC, 1.a edic.) p.21-25. - 7 Lagrange, évang. s. St. Matth. (1927) p.2-3. - 8 strack-b., o.c., i p.640. - 8 Bonnard, L'évang. s. St. Matth. (1963) p.16; R. Bloch, en Melanges Roben p.381-389; Troadec, Com. a los evang. sinópt. (1972) p.32-34. - 9 Erklarung des Evang. nach Matth. (1864). - 10 Nestlé, N.T. graece et latine (1928) ap. crít. a Mat_1:16; R. T. Hoqod, The Genealogies of Jesús, en Early Christian Origins (1961); J. Dupont, La genealogía di Gesü secando Matteo 1:1-17, en Biblia e Oriente (1962) p.3-6. - 11 MG 57:42-44. - 12 ML 15:16-35. - 13 ML 26:25. - 14 A. Fern. truyols, Vid. Jes. (1954) p.36. Ni los tres pasajes que se citan del N.T. (Flp_4:9; 1Co_1:3; Jua_1:11) tienen en el contexto este sentido. - 15 Zorell, Lexicón col. 114-115. - 16 Strack-B., o.c., II p.303-398; Bonsirven, Textes. n.1250 p.731, índice sistemático, palabra fiancailles. - 17 strack-b., o.c., i p.805. - 18 Zorell, Lexicón col.315-316; C. Spicq, Joseph, son mari etant juste (Mat_1:19): Rev. Bibl. (1964) p.206-214, contra León-Dufour, L'annonce bjosrph, en Mélanges A. Robert (1957) p.390-397, en que sostiene quejóse, por modestia, no quería pasar por el padre del Niño divino, cuyo origen sabía por María. Temía engañar a la gente haciéndolo pasar por su hijo. Por eso el ángel le dice que lo acepte. Esto tiene en contra el contexto y el porqué del v.20. Por eso hace torturas en la traducción. - 19 Strack-B., o.c., I p.74; Ceuppens, De proph. messian. in A.T. (1935) p.188- - 19 ceuppens, o.c., p.192-196. - 20 Joüon, L'évang. compte tenu du subst. semit. (1930) p.4-5; W. Vischer, Com-ment arriva la naissance de Jesus-Christ: Eludes Théolog. et Relig. (1962) p.365-370; F. Sottocornola, Tradition and the Doubt of St.Joseph concerning Mary's Virginity: Ma-rianum (1957) p.127-141; M. De Tuya, María en la Biblia: Enciclopedia mariana posconciliar (1975) p.303-304.


Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo. Nuevo Testamento (Verbo Divino, 2004)



9 (I) Nacimiento y comienzos (1,1-4,22).
(A) La genealogía de Jesús (1,1-17). 1.libro. Al llamar libro a su obra, Mateo puede sugerir que su escrito es un libro de texto o un manual para los dirigentes de la Iglesia (con un marco narrativo). Contrasta con el título «evangelio» (una forma de predicación) que da Marcos a su obra y la presentación que hace Lucas de la suya como «relato» (en los versícu(-)los iniciales). El paralelo más cercano de Ma(-)teo es Jn 20,30, biblion. genealogía: La palabra griega genesis podría traducirse por «naci(-)miento», «comienzo» y «genealogía», además de que pueda aludir al libro veterotestamentario de la creación. Es difícil decidir dónde se encuentra el matiz específico. La palabra apa(-)rece una vez en el v. 18 con el significado de «nacimiento»; en este contexto introduce la ge(-)nealogía de los w. 2-16. Jesús, Cristo: Se pre(-)senta al personaje central del libro; según la etimología popular, Jesús, forma griega de Joshua, significa «salvador» o «Dios salva» (origi(-)naria y más correctamente significa «¡Yahvé! ¡Ayúdanos!»). Cristo, la traducción griega de mesías significa «el ungido». En tiempos de Je(-)sús se esperaba a varios personajes que lleva(-)rían a cabo la salvación y que recibirían la unción: reyes, sacerdotes y profetas (1 QS 9,10-11). En griego tiene también la connotación de «afable», porque suena como otra palabra que tiene este significado, el hijo de David: El tér(-)mino significa, en este contexto, el último su(-)cesor del rey David y el restaurador de Israel como pueblo de Dios, libre y soberano. Sólo Mateo subraya el carácter de Jesús como el Cristo regio, no obstante el hecho de que Jesús sea llamado hijo de David en todos los escritos principales del NT excepto en la carta a los He(-)breos. El título podría perfectamente remitir a una tradición familiar. Es un término restricti(-)vo, que, rápidamente, se matiza mediante el tí(-)tulo más inclusivo de «hijo de Abrahán», pues(-)to que Abrahán era el «padre de todos los creyentes» (Rom 4,11), incluyendo a los genti(-)les (Gál 3,7-9). Este versículo condensa dos ele(-)mentos importantes. Forma un paréntesis con el v. 17 en tomo a la genealogía. Este parénte(-)sis o inclusio contiene un quiasmo o composi(-)ción anular y la estmctura de los w. 2-16 en or(-)den inverso: Cristo, David, Abrahán, mientras que en el v. 17 el orden es: Abrahán, David, Cristo. Pero también forma un paréntesis (im(-)plícitamente) con 28,19 sobre el libro entero, en el que la fe en Cristo se ofrece en primer lu(-)gar a Israel (10,6; 15,24) y después a los genti(-)les o las naciones (28,19).

10 2-16. La genealogía de Jesús, desde Abrahán a José (cf. Lc 3,23-38).
Raras veces ha comenzado un libro tan importante de mo(-)do tan repelente. Es una forma de comenzar típica del Próximo Oriente (cf. Números, Jo(-)sué, Crónicas, o las Memorias del rey Abdullah de Jordania, que comienza la lista de sus antepasados hasta remontarse a Mahoma). Aunque difícil de entender para el lector mo(-)derno, la genealogía enseña una lección im(-)portante. De forma breve, incorpora toda la historia y el pensamiento del AT en el Evange(-)lio como el antecedente próximo de Jesús. En efecto, lo que dice es que, si se quiere conocer y comprender a Jesús, debe leerse el AT (y la literatura intertestamentaria). Esto explica su alta densidad.
La genealogía se divide en tres partes, y ca(-)da parte consta de 14 generaciones (v. 17). Es(-)ta disposición sugiere que se trata de una ela(-)boración esquemática que no es totalmente histórica, al menos en cuanto que en la segun(-)da parte se han omitido cinco nombres para poder llegar al v. 14. Las fuentes de la primera parte son Rut 4,18-22 y 1 Cr 1,34-2,15, a las que se han añadido los nombres de dos muje(-)res, Rajab y Rut (Tamar se encuentra en 1 Cr); la fuente de la segunda parte es 1 Cr 3,1-16; para la frase sobre el exilio (w. 11-12); cf. 2 Re 24,14; Jr 27,20; y para los primeros tres nom(-)bres de la tercera parte, cf. Esd 3,2; Ag 2,2; 1 Cr 3,16-19. Los nombres que siguen pueden proceder de la tradición oral. Todos aparecen en la Biblia pero no están relacionados genea(-)lógicamente. La monotonía de la genealogía se rompe por la mención del título de David, la referencia al exilio y, especialmente, por la mención de cinco mujeres: Tamar (cf. Gn 38), Rajab (cf. Jos 2), Rut, Betsabé, la mujer de Urías (cf. 2 Sm 11,1-27) y María. ¿Por qué se nombra a estas mujeres? Las respuestas más antiguas decían que, aparte de María, todas eran pecadoras (¿pero y Rut?), o que todas eran gentiles o prosélitas (así Lutero, pero es(-)to está poco claro). Hoy se piensa que (a) ha(-)bía algo extraordinario o irregular en su unión conyugal; y (b) mostraron tener iniciativa y desarrollaron una importante función en el plan de Dios. Puesto que Mateo no tiene espe(-)cial predilección por las mujeres, su presencia es totalmente sorprendente (para más infor(-)mación, MNT 77-83). 16. Este versículo se construye con gran cuidado para evitar decir que Jesús era hijo de José. Resulta ciertamen(-)te paradójico presentar una genealogía a tra(-)vés de José únicamente para romper el mode(-)lo al final. Pero la ruptura de modelos es una característica de todo el evangelio. 17. El mo(-)delo numérico que se impone a las fuentes re(-)fleja una técnica exegética rabínica llamada gematria (corrupción del término «geome(-)tría»). El simbolismo numérico podría supo(-)ner el valor númerico de las consonantes del nombre hebreo de David dwd (d = 4; w = 6; 4 + 6 + 4 = 14). Así, toda la lista sería davídica. Hay también 14 nombres en la cadena rabíni(-)ca de la tradición en Abot y Abot R. Nat., pe(-)ro desde Moisés hasta Hillel. No se trata de una lista de descendientes de sangre sino de sucesión en el magisterio, y quizá estaba mo(-)delada según las listas de los titulares de las escuelas filosóficas griegas. Otro problema afecta a la tercera serie de nombres, en la que encontramos 13 en lugar de 14. Se han pro(-)puestos varias soluciones: ¿Es Cristo el deci(-)mocuarto? ¿Está reservado el lugar decimo(-)cuarto para el Hijo del hombre? ¿Supone Mateo una generación entre la segunda y ter(-)cera sección, dado que Joaquín era el padre de Jeconías? El problema no está resuelto.

11 (B) El nacimiento de Jesús (1,18-25).
La unión de la genealogía a esta sección, la combinación de dos episodios (aparición angé(-)lica en sueños; anunciación del nacimiento), que pueden haber tenido orígenes indepen(-)dientes, y la incorporación de una cita de cum(-)plimiento, hacen de ésta la sección más com(-)plicada de todo el relato de la infancia. Muestra parecidos estructurales con 21,1-7. 18. el naci(-)miento de Jesús el Cristo: En Judea, los despo(-)sorios incluían el derecho de cohabitación. Los tratados de la Misná mYebam 2,4 y mNid 5,6.7 establecen la edad normal para los desposorios de las chicas a los doce años y medio, pero es(-)tas normas podrían no haber estado vigentes en Galilea. El texto enseña la concepción virgi(-)nal de Jesús, pero permanece en silencio sobre la virginidad perpetua de María, aunque no la excluye. La intervención divina en el nacimien(-)to del elegido por Dios era tradicional en la fe de Israel (Isaac, Gn 18,11-14; Jacob, Gn 25,21; Samuel, 1 Sm 1,4-20), pero Mateo va más allá al sustituir la función del varón, el Espíritu San(-)to: Es una expresión tardía del AT que se refie(-)re a lo que normalmente se denominaba «el es(-)píritu de Dios». Aparece sólo tres veces en el TM (Sal 61,13; Is 63,10-11). El espíritu de Dios es el origen de la vida humana en Ez 37,1-14; Job 27,3; Is 42,5, y está activo en la creación se(-)gún Gn 1,2. Aquí nos encontramos con un caso particular, concreto y especial de esa actividad creadora. (A menudo se citan paralelos extrabíblicos: Plutarco, Vida de Numa Pompilius 4,4; Filón, De Cher. 40-52; 2 Hen 23 [71], pero tie(-)nen poco en común). La concepción virginal puede interpretarse como signo físico externo de una realidad invisible y más profunda, el na(-)cimiento del Hijo de Dios. 19. un hombre justo: La justicia de José consiste en ser obediente a la ley (Dt 22,20.21), pero ésta está mitigada por su compasión, lo que le evita imponer la pena completa de la ley, la lapidación, en secreto: En contraposición con el proceso por ordalía me(-)diante las aguas de la vaquilla roja (Nm 5,11-
31) . 20. he aquí que: Es una partícula introduc(-)toria favorita de Mateo, en sueños: El término griego onar se encuentra en la Biblia solamen(-)te en Mateo, y únicamente en los caps. 1-2 y en 27,19. ángel del Señor: Explica a José por qué María no es adúltera, algo que el lector ya sabe desde el v. 18. 21. ¿fe sus pecados: El evangelis(-)ta explota la etimología popular del nombre de Jesús (cf. comentario sobre v. 1). Se usa «salva(-)ción de pecados» porque la opresión, el exilio y el dominio extranjero eran considerados como castigo por los pecados; la opresión también implicaba una separación de Dios, la esencia del pecado, puesto que impedía la obediencia a los mandamientos. Jesús logrará esta «salva(-)ción» a través de su muerte (26,28), pero tam(-)bién mediante la proclamación del reino de Dios (4,17). El conflicto con un rey cruel en el cap. 2 apoya esta interpretación. 22. Este ver(-)sículo contiene una fórmula que introduce una cita del AT. La fórmula de cumplimiento apare(-)ce 10 veces en Mateo (? 7 supra). Muestra un interés por el cumplimiento de la Escritura, en general de forma plena, y los dos verbos en voz pasiva, «se cumpliera» y «anunciado», presu(-)ponen a Dios como agente, acentuando así la iniciativa divina. Las citas funcionan como re(-)flexión del evangelista sobre el significado de los acontecimientos de la vida de Jesús y ac(-)túan como vehículos de continuidad en medio de la discontinuidad impuesta por la nueva ac(-)ción de Dios en Cristo. 23. una virgen concebi(-)rá: Se piensa que el tipo textual utilizado para las diez citas de las fórmulas de cumplimiento es, en general, resultado de un solapamiento realizado por el evangelista sobre la base de su estudio del AT en versión hebrea, griega y aramea. Puesto que esto no podría realizarse sin una biblioteca, se ha postulado que el evange(-)lio es el producto de una escuela cristiana pri(-)mitiva de altos estudios bíblicos. Aquí se cita a Is 7,14, que presenta el término hebreo alma, «doncella», donde el griego 1 ee parthenos, «vir(-)gen». Muy probablemente, Mateo conocía am(-)bas lecturas y eligió conscientemente la última. El hijo es un príncipe. Emmanuel... Dios con nosotros: Este título presenta una perspectiva fuertemente cristológica, aunque está expresa(-)do más en términos bíblicos de tipo funcional que en términos helenistas de tipo ontológico. Tras él hallamos dos temas veterotestamentarios. En su forma más clásica, la fórmula de la alianza se expresa en los siguientes términos: «Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo». Aquí aparece de forma más breve: Dios con noso(-)tros. Esta fórmula se evoca en 18,20 y se repite de forma imponente en 28,20, es decir, al final del evangelio. Conectado con 1,23, este ver(-)sículo forma un gran paréntesis que subraya fuertemente la idea de alianza. El segundo te(-)ma es el de la gloria o presencia (sékiná) de Dios, concebida normalmente como luminosi(-)dad resplandeciente que se cierne sobre indivi(-)duos y grupos. Antes del NT no se discutían ni se analizaban las cuestiones relativas a la ma(-)terialidad, corporeidad o personalidad de la shekinah como una realidad distinta de Dios. Los autores del NT, Mateo en particular, pare(-)cen ser los primeros en identificar la shekinah con una persona. Pero la identificación encon(-)traba ya un punto de apoyo en Is 8,8.10. A la pregunta que hacía Salomón en 1 Re 8,27 se le da una nueva respuesta. 24. hizo: Como los pa(-)triarcas en el libro del Génesis, José obedece el mandato divino. 25. hasta: La expresión idiomática por sí misma no afirma ni niega la vir(-)ginidad perpetua de María. Al dar nombre al niño, José actúa como padre legal. Pero resul(-)ta paradójico que le ponga por nombre Jesús y no Emmanuel. El contexto sugiere que Jesús es quien cumple la profecía del Emmanuel.

Catena Aurea (S.Tomás de Aquino ,1269. Tr. Dr. D. Ramón Ezenarro, 1889)



Y Jacob engendró a José, esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado el Cristo. (v. 16)

La glosa
Después de todas las generaciones, el evangelista pone la generación de José, por virtud de la cual se insertan todas las otras, diciendo: "Y Jacob engendró a José".

San Jerónimo
Juliano Augusto 1 nos objeta la discordancia de los evangelistas sobre este punto, porque San Mateo llama a José hijo de Jacob, y San Lucas hijo de Helí. Ignora, sin duda, que la Escritura suele llamar padre al que lo es por naturaleza y al que lo es según la ley. Dios ordena por Moisés en el Deuteronomio (Dt 25), que si un hermano o pariente muere sin hijos, otro hermano o pariente tome a la viuda del difunto para darle descendencia. Este punto ha sido cumplidamente debatido por el historiador Africano, y Eusebio de Cesarea, en su libro De la discordancia de los Evangelios.

Eusebio de Cesarea, historia ecclesiastica, 1,7
Matán y Melkí tuvieron cada uno, en distintos tiempos, un hijo de una misma mujer, llamada Jesca. Matán, descendiente de David por Salomón, la había tomado primero por mujer y dejando un hijo llamado Jacob, murió. Como la ley permitía a la viuda casarse con otro, Melkí, del mismo origen que Matán, de la misma tribu, aunque no de la misma familia, tomó por mujer a la viuda de Matán, de la que tuvo otro hijo llamado Helí. Y así Jacob y Helí, de distintos padres, resultan hermanos del mismo vientre. El primero de éstos, Jacob, tomando conforme a la ley a la viuda de su hermano, muerto sin hijos, engendró a José, hijo suyo según la naturaleza. Por eso leemos: "Y Jacob engendró a José". Pero, según la ley, José resulta hijo también de Helí, cuya mujer había tomado su hermano Jacob para darle descendencia. Así encontramos recta y completa la genealogía que enumera San Mateo y la que describe San Lucas, quien con la expresión más adecuada designó la sucesión legal establecida en favor del difunto, como por cierta especie de adopción, teniendo buen cuidado de no nombrar siquiera la palabra generación en esta clase de sucesiones.

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,2
La palabra hijo cuadra mejor al que solamente lo es por adopción que la de engendrado, puesto que José no había nacido de Helí. Así, cuando San Mateo dijo al empezar la genealogía: "Y Abraham engendró a Isaac", y al terminarla en José: "Jacob engendró a José", expresó claramente que a éste lo había producido su padre según el orden de las generaciones, y que José no había sido adoptado sino engendrado por él. Aunque también San Lucas pudiera haber dicho que José había sido engendrado por Helí, tal expresión no debe confundirnos, porque nadie en absoluto dice del adoptado que ha sido engendrado según la carne, sino por el afecto.

Eusebio de Cesarea, historia ecclesiastica, 1,7
Mas no se crea que nosotros hemos inventado esta opinión a nuestro antojo o por una ligereza, sin estar abonada por testimonio de ningún autor. Los mismos parientes de nuestro Salvador según la carne, la trasmitieron por tradición, ya por deseo de hacer ver tan importante nacimiento, ya para testificar la verdad de los hechos.

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,4
Con razón San Lucas, exponiendo la generación de Jesucristo -no desde el principio del Evangelio, sino desde el bautismo de éste- y presentándonoslo como el sacerdote en la expiación de nuestros pecados, se encargó de narrar su origen por la adopción legal, porque por la adopción nos convertimos en hijos de Dios, creyendo en el Hijo de Dios. Mas por la generación carnal que San Mateo refiere, el Hijo de Dios se nos muestra más bien como hecho hombre por nosotros. Por lo demás, bastante da a entender San Lucas al llamar a José hijo de Helí por adopción, como llama a Adán hijo de Dios, en el sentido de que por la gracia que después pecando perdió, Dios lo había constituido como hijo en el paraíso.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 4
Después de consignar todos los antepasados de Cristo terminando por José, dice el evangelista: "Esposo de María", indicando que por María ha puesto en la genealogía también a José.

San Jerónimo
Al oír "esposo", no te ocurra la sospecha de unión marital alguna, recordando la costumbre de la Escritura que a las esposas las llama mujeres casadas y a los esposos maridos.

Genadio, de ecclesiasticis dogmatibus, 10,2
El Hijo de Dios nació del hombre -es decir, de María-, pero no por hombre -esto es, por obra de varón-, como Ebión afirma. Por eso el evangelista añade con marcada intención: "De la que nació Jesús".

San Agustín, de haeresibus, 2
Esto es contrario a la afirmación de Valentino, quien dijo que Cristo no había asumido nada de la Virgen, sino que había pasado por ella como por un arroyo o un canal.

San Agustín, contra Faustum, 26,7
Por qué quiso Dios tomar carne en el vientre de una mujer, queda en sus sublimes designios: tal vez para dignificar de este modo los dos sexos, asumiendo la forma de varón y naciendo de mujer, o por otra causa que no me atrevería a decir.

Ambrosiaster, quaestiones Novi et Veteri Testamenti, q. 49
Lo que por el don sagrado concedía Dios a los que eran ungidos para ser reyes y sacerdotes, lo ha realizado el Espíritu Santo en el Hombre Cristo añadiendo una purificación, pues el Espíritu Santo purificó lo que de la Virgen María se formara para ser cuerpo del Salvador. Esta es la unción del cuerpo del Salvador, por esto se ha llamado Cristo.

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,1
No era lícito, sin embargo, que José creyese que debía separarse por eso de la compañía de María, porque Ella no dio a luz a Jesucristo por haber cohabitado con él, sino permaneciendo siempre Virgen. Este ejemplo dice con gran elocuencia a los casados, que aun cuando por común consentimiento guarden continencia, puede permanecer el vínculo del matrimonio, no por la mezcla corporal de los sexos, sino por la unión de los corazones, tanto más cuanto que a José y a María pudo nacerles un hijo sin relación carnal.

San Agustín, de nuptiis et concupiscentia, 1,11
Todos los bienes del matrimonio se cumplen en los padres de Cristo: la fe, la prole y el sacramento. La prole es nuestro Señor Jesucristo, la fe porque no ha habido adulterio, y el sacramento porque no ha habido separación.

S. Jerónimo
Pero preguntará el lector diligente: No siendo José padre del Salvador, ¿qué puede interesar la genealogía continuada hasta José? Responderé a este reparo, que no es costumbre de la Escritura insertar la sucesión de las mujeres en las genealogías. Además, José y María fueron de la misma tribu, por lo que según la ley estaba obligado a tomarla como parienta, y ambos son empadronados juntos en Belén, como descendientes que eran de una misma estirpe.

San Agustín, de nuptiis et concupiscentia, 1,11
La genealogía tuvo que ser continuada hasta José para que en aquel singular matrimonio no quedase rebajada la preeminencia de su sexo, sin perjudicar por eso a la verdad, puesto que tanto José como María eran de la estirpe de David.

San Agustín, contra Faustum, 13,9
Nosotros, pues, creemos que también María fue de la estirpe de David, porque creemos a las Escrituras, que dicen que Cristo es del linaje de David según la carne (Rom_1:3), así como que María que fue su Madre, no por cohabitación con varón, sino permaneciendo siempre virgen (Mat_1:18; Luc_1:34-35).

Concilio de Efeso, c. 6
Hay que precaverse aquí contra el error de Nestorio, que dice: cuando la Escritura divina tiene que hablar acerca del nacimiento de Cristo, que es de la Virgen María, o acerca de su muerte, nunca le da el nombre de Dios, sino los de Cristo, Hijo o Señor, tres términos significativos de las dos naturalezas, que unas veces se refieren a la divina, otras a la humana, y algunas a ambas a la vez. He aquí una prueba: "Jacob engendró a José, esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado el Cristo". Dios el Verbo no ha necesitado de un segundo nacimiento de mujer para existir.

San Agustín, contra Felicianum, 11 y 12
Pero no fue una persona el Hijo de Dios y otra el Hijo del hombre, sino una misma persona, Cristo, Hijo a la vez de Dios y del hombre. Así como en un mismo individuo una cosa es el alma y otra cosa es el cuerpo, en el mediador entre Dios y los hombres una cosa fue el Hijo de Dios y otra el Hijo del hombre. Pero Cristo Señor, que era lo uno y lo otro, fue un solo individuo, con distinción de naturalezas en unidad de personas. Mas objeta el hereje: "No sé cómo enseñáis que ha nacido en el tiempo el mismo que decís coeterno con el Padre, puesto que el nacer es como cierto movimiento de un ser que no existe antes de nacer y al cual el nacer lo trae al acto de existir, de donde se infiere que el que ya existía no ha podido nacer, y si pudo nacer no existía antes". A lo que contesta Agustín: Supongamos -como muchos quieren- que hay en el mundo un alma general que de tal suerte vivifica todos los gérmenes por cierta operación inefable, que queda siempre distinta de las sustancias engendradas. Indudablemente esta alma, cuando haya llegado al útero -para formar la materia pasiva según las funciones que haya después de ejercer-, hace que sea con ella una misma persona aquel ser que sabemos no tiene la misma naturaleza que ella, resultando entonces, por la acción del alma en la materia pasiva, de dos diversas sustancias -el alma y el cuerpo- un solo hombre. En tal sentido decimos que nace del útero la misma alma que al venir al útero decimos que ha dado vida al ser concebido.

Notas
1. En su De dissonantia evangelistarum. Juliano es un emperador romano conocido como el Apóstata (331-363 d.C.).

King James Version (KJVO) (1611)



Chapter I.

[The generation of Christ.]

1 The genealogie of Christ from Abraham to Ioseph. 18 Hee was conceiued by the holy Ghost, and borne of the Virgin Mary when she was espoused to Ioseph. 19 The Angel satisfieth the misdeeming thoughts of Ioseph, and interpreteth the names of Christ.
1 The booke of the [ Luk_3:23 .] generation of Iesus Christ, the sonne of Dauid, the sonne of Abraham.
2 [ Gen_21:3 .] Abraham begate Isaac, and [ Gen_25:26 .] Isaac begate Iacob, and [ Gen_29:35 .] Iacob begate Iudas and his brethren.
3 And [ Gen_38:27 .] Iudas begate Phares and Zara of Thamar, and [ 1Ch_2:5 ; Rth_4:18 .] Phares begate Esrom, and Esrom begate Aram.
4 And Aram begate Aminadab, and Aminadab begate Naasson, and Naasson begate Salmon.
5 And Salmon begat Boos of Rachab, and Boos begate Obed of Ruth, and Obed begate Iesse.
6 And [ 1Sa_16:1 ; 1Sa_17:12 .] Iesse begate Dauid the King, & [ 2Sa_12:24 .] Dauid the King begat Solomon of her that had bin the wife of Urias.
7 And [ 1Ch_3:10 .] Solomon begat Roboam, and Roboam begate Abia, and Abia begate Asa.
8 And Asa begate Iosaphat, and Iosaphat begate Ioram, and Ioram begate Ozias.
9 And Ozias begat Ioatham, and Ioatham begate Achas, and Achas begate Ezekias.
10 And [ 2Ki_20:21 ; 1Ch_3:13 .] Ezekias begate Manasses,

[The generation of Christ.]

and Manasses begate Amon, and Amon begate Iosias.
11 And [ Some read, Iosias begate Iakim, and Iakim begat Iechonias.] Iosias begate Iechonias and his brethren, about the time they were caried away to Babylon.
12 And after they were brought to Babylon, [ 1Ch_3:16-17 .] Iechonias begat Salathiel, and Salathiel begate Zorobabel.
13 And Zorobabel begat Abiud, and Abiud begat Eliakim, and Eliakim begate Azor.
14 And Azor begat Sadoc, & Sadoc begat Achim, and Achim begat Eliud.
15 And Eliud begate Eleazar, and Eleazar begate Matthan, and Matthan begate Iacob.
16 And Iacob begate Ioseph the husband of Mary, of whom was borne Iesus, who is called Christ.
17 So all the generations from Abraham to Dauid, are fourteene generations: and from Dauid vntill the carying away into Babylon, are foureteene generations: and from the carying away into Babylon vnto Christ, are fourteene generations.
18 Now the [ Luk_1:27 .] birth of Iesus Christ was on this wise: When as his mother Mary was espoused to Ioseph (before they came together) shee was found with childe of the holy Ghost.
19 Then Ioseph her husband being a iust man, and not willing to make her a publique example, was minded to put her away priuily.
20 But while hee thought on these things, behold, the Angel of the Lord appeared vnto him in a dreame, saying, Ioseph thou sonne of Dauid, feare not to take vnto thee Mary thy wife: for that which is conceiued in her, is of the holy Ghost.

[The Wisemen.]

21 And she shall bring forth a sonne, [ Luk_1:31 .] and thou shalt call his Name Iesus: for hee shall saue his people from their sinnes.
22 (Now all this was done, that it might be fulfilled which was spoken of the Lord by the Prophet, saying,
23 [ Isa_7:14 .] Behold, a Uirgin shall be with childe, and shall bring foorth a sonne, and [ Or, his name shall be called.] they shall call his name Emmanuel, which being interpreted, is, God with vs.)
24 Then Ioseph, being raised from sleepe, did as the Angel of the Lord had bidden him, & tooke vnto him his wife:
25 And knewe her not, till shee had brought forth her first borne sonne, and he called his name Iesus.

Nuevo Comentario Bíblico Siglo XXI (Editorial Mundo Hispano, 2019)



Los antepasados de Jesús el Mesías (cf. Luc. 3:23-38)

Al lector moderno le parece pesado encontrarse con una lista de nombres para empezar un libro. Para Mateo y sus lectores, sin embargo, de ninguna manera era pe sado: trataba del cumplimiento de la historia de Israel con la llegada de su verdadero rey. Registro de la genealogía es, en gr., el título del libro de Gén., lo que hace que el lector piense en un nuevo comienzo. La lista empieza con Abraham (el héroe del libro de Gén. y el patriarca de donde Israel trazaba sus orígenes), conduce hacia David (el verdadero primer rey de Israel), y continúa por la línea real de Judá hasta el momento donde dicha monarquía fue destruida con la deportación a Babilonia. La división en tres juegos de catorce generaciones (17) remarca estos puntos de partida (y ¡posiblemente para el lector judío la idea cobra fuerza por el hecho de que las tres letras heb. que forman el nombre David, al ser usadas como numerales suman catorce!).

La repetición prominente del título Cristo o Jesucristo (1, 16, 17, 18) extrae las implicaciones teoló gicas de esta lista. Para los lectores modernos Cristo no es más que un apellido de Jesús, pero Mateo claramente lo usa aquí con el pleno impacto de un título, Mesías, el verdadero rey de Israel en la línea de David, cuya llegada todos esperaban con anhelo.

Los nombres desde Abraham hasta el exilio son bien conocidos en el AT, pero la mayoría de los que aparecen en la tercera sección son, generalmente, desconocidos. La lista presentada por Lucas de los antepasados de José (que también incluye a su propio padre) es diferente. Probablemente, Lucas nos ofrece un árbol genealógico físico, mientras que Mateo da la lista oficial de la sucesión al trono (la que no necesariamente pasaría de padre a hijo, sino que quedaría en la familia). Su interés es mostrar el derecho que Jesús tiene (a través de José) al título de Rey de los judíos.

El v. 16 indica sin ambigüedades que Jesús no fue el hijo físico de José (de la cual, femenino). La relevancia de la genealogía de Jesús tendrá que ser establecida en la sección que sigue.

Notas. 3-6 La mención de cuatro madres no es usual. Todas probablemente eran no judías, y en cada caso había alguna irregularidad o aun algún escándalo. Posiblemente, Mateo haya pensado que el nacimiento de Jesús de una madre soltera y socialmente insignificante requería mayor apoyo de las Escrituras. 8 Tres de los reyes de Judá (Ocozías, Joás, Amazías) se omiten (al igual que Eliaquim en el v. 11) para mantener el número de generaciones en 14. La lista, en todo caso, es selectiva, ya que las trece generaciones después del exilio abarcan 600 años.

Libro del Pueblo de Dios (San Pablo, 1990)



1. "Hijo de David": este es el título por excelencia que los judíos daban al futuro Mesías, de quien se esperaba la restauración del reino de David. Por eso la Iglesia primitiva aplicó este título a Cristo. Ver 9. 27; 12. 23; 20. 30-31; 21. 9; 22. 41-45; Luc_1:32; Jua_7:42; Rom_1:3; 2Ti_2:8; Apo_5:5; Apo_22:16.

16. "Cristo" significa "Ungido", o sea, "consagrado por la unción", y es la traducción griega de la palabra hebrea "Mesías".

18. Los prometidos no cohabitaban, pero el vínculo que los unía era tan estrecho que se los llamaba con el nombre de "esposo" y "esposa", y para romper ese vínculo era necesaria un acta de divorcio ( Deu_22:23-24). El matrimonio se hacía efectivo el día en que la prometida era conducida con una gran ceremonia a la casa del esposo. Ver nota 25. 1.

21. "Jesús" significa en hebreo "Dios salva".

23. Isa_7:14.

La Biblia de Nuestro Pueblo (Liturgical Press, 2006),

Genealogía de Jesús. La genealogía nos ayuda a conocer nuestros orígenes, nuestras raíces. Para los judíos era muy importante conservar viva la memoria de sus antepasados. De esta manera, el nacimiento de Jesús queda vinculado a la historia de un pueblo, Israel; una historia cargada de promesas y esperanzas, pero también de fragilidad y de pecado. Una pequeña historia, en definitiva, que representa y de la que dependerá toda la historia humana.
Así lo ve Mateo al comenzar su evangelio con la genealogía de Jesús, elaborando artificiosamente la cadena de generaciones hasta llegar a su punto culminante: un hombre concreto, «Jesús, llamado el Mesías» (16). En Él confluyen la historia de la humanidad y la historia de las promesas de Dios, representadas por David y por Abrahán.
Pero Mateo no nos está hablando de una historia en abstracto, sino de una real y concreta, una historia de hombres y mujeres que evocan todo lo que de bueno, de frágil, de éxito y de fracaso, de dolor y de sufrimiento existe en la familia humana: patriarcas, sabios y profetas; buenos y malos gobernantes; trabajadores, campesinos, desterrados, esclavos, nativos, emigrantes y prostitutas...
¿Quién, al leer esta primera página del evangelio, se sentirá excluido de la familia de Jesús? ¿Quién no se sentirá llamado a participar de la plenitud de las promesas de Dios que se han hecho carne en un miembro de nuestra familia humana?
Al poner fin a la serie de nombres, Mateo intencionadamente no llama a María esposa de José, sino todo lo contrario: José, esposo de María.

Comentario al Nuevo Testamento (EUNSA, 2008)

Con la genealogía de Jesús hasta Abrahán, Mateo quiere mostrar que Jesús procede del pueblo de Israel, al que Dios hizo las promesas (cfr Gn 12,2-3). Lucas, por su parte, remontará la genealogía del Señor hasta Adán, para subrayar que Jesús pertenece a la humanidad entera (cfr Lc 3,23-38).

San Mateo construye la genealogía señalando tres etapas de la historia de la salvación (cfr v. 17), y asignando a cada una de ellas catorce generaciones, aunque su duración no sea la misma. Juega, por tanto, con los números catorce y tres. En hebreo, el valor numérico de las consonantes de la palabra David suman catorce, por lo que Mateo está enseñando que Jesús es el verdadero hijo de David (cfr 2 S 7,14).

El evangelista emplea una misma forma -«engendró»- para enlazar cada eslabón de la genealogía. Pero en el v. 16 utiliza una fórmula distinta -«nació» (literalmente, «fue engendrado»-, señalando de esa manera la acción de Dios en la concepción virginal de Jesús.


Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:27

[2] Mat_27:17

NOTAS

1:16 Varios testigos griegos y latinos precisan: «José, con quien se desposó la Virgen María que engendró a Jesús»; de esta lectura mal entendida procede sin duda la sir. sin.: «José, con quien estaba desposada la Virgen María, engendró a Jesús. »

Nueva Biblia de Jerusalén (Desclée, 1998)


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:27

[2] Mat_27:17

NOTAS

1:16 Varios testigos griegos y latinos precisan: «José, con quien se desposó la Virgen María que engendró a Jesús»; de esta lectura mal entendida procede sin duda la sir. sin.: «José, con quien estaba desposada la Virgen María, engendró a Jesús. »

Nuevo Testamento México (Centro Bíblico Hispano Americano, 1992)

Los semitas dan gran importancia a las genealogías. San Mateo demuestra que Jesús desciende de Abraham, y que es hijo de David. José, padre legal de Jesús, es quien le transmite el título de hijo de David. Entre los progenitores remotos de Jesús, vemos algunas mujeres. Tres de ellas pecadoras y una gentil. Así resalta que Jesús vino a salvar a todos. Pero la santidad absoluta de Jesús exigía que su madre fuese, como fue, santa e inmaculada desde el primer momento de su ser.

Sagrada Biblia (Bover-Cantera, 1957)



La estructura de este versículo es diferente de la de los versículos anteriores. José, por tanto, no fue padre natural de Jesús. Lo fue, con todo, legal o jurídicamente. El matrimonio de José con María, si bien contraído, con la condición de no consumarse, fue, con todo, verdadero matrimonio. En virtud de él podía José transmitir a Jesús los derechos dinásticos recibidos de los patriarcas sus progenitores.

Dios Habla Hoy (Sociedades Bíblicas Unidas, 1996)



Dios Habla Hoy 1996 Notes:



[1] 1.3-6 1 Cr 1.34; 2.1-15; cf. también Rt 4.18-22.

[2] 1.7-12 1 Cr 3.10-19.

[3] 1.18 Lc 1.26-27.

[4] 1.18 Lc 1.35.

[5] 1.23 Is 7.14.

[6] 1.23 El texto hebreo de Is 7.14 habla de la joven, palabra que fue traducida al griego como la virgen.

[7] 1.25 Lc 2.21.

Biblia Textual IV (Sociedad Bíblica Iberoamericana, 1999)

el marido... Algunas versiones arameas tratando de conciliar el recurso nemotécnico (→ nota v. Mat 1:17) registran el padre → §292.

Biblia Hispano Americana (Sociedad Bíblica Española, 2014)

— el Mesías: Vocablo hebreo que significa ungido, consagrado. El equivalente en griego es Cristo. En el pueblo israelita la unción sagrada era prerrogativa del rey y del sumo sacerdote.

Torres Amat (1825)



[19] Se puede traduciry no queriendo exponerla a la infamia. O y no queriendo delatarla. Esta última traducción alude a la obligación del marido de delatar a su mujer adúltera.

[22] Is 7, 14.

Biblia Peshitta en Español (Holman, 2015)

a Luc 2:11

iNT-CEVALLOS+ Interlineal Académico Del Nuevo Testamento Por Cevallos, Juan Carlos

[I ἐγεννήθη I] nació.