II Samuel  22 Biblia Jerusalén (1998) | 51 versitos |
1 David dijo a Yahvé las palabras de este cántico el día que lo salvó Yahvé de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl.
2 Dijo: Yahvé, mi roca y mi baluarte, mi libertador,
3 mi Dios, la roca en que me amparo, mi escudo y fuerza salvadora, mi ciudadela y mi refugio, mi salvador que me salva de la violencia.
4 Invoco a Yahvé, digno de alabanza, y me veo libre de mis enemigos.
5 Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban los torrentes destructores,
6 los lazos del Seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la muerte.
7 En mi angustia grité a Yahvé, pedí socorro a mi Dios; desde su templo escuchó mi voz, resonó mi socorro en sus oídos.
8 La tierra rugió, retembló, las bases de los cielos retemblaron. Vacilaron bajo su furor.
9 De su nariz salía una humareda, de su boca un fuego abrasador (y lanzaba carbones encendidos).
10 Inclinó los cielos y bajó, con espeso nublado a sus pies;
11 volaba a lomos de un querubín, sostenido por las alas del viento.
12 Se puso como tienda un cerco de tinieblas, de aguas oscuras y espesos nubarrones;
13 el brillo de su presencia despedía granizo y ascuas de fuego.
14 Tronó Yahvé desde los cielos, lanzó el Altísimo su voz;
15 disparó sus saetas y los dispersó, la cantidad de rayos los desbarató.
16 El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron a causa de tu bramido, Yahvé, al resollar el aliento en sus narices.
17 Lanzó su mano de lo alto y me agarró para sacarme de las aguas caudalosas;
18 me libró de un enemigo poderoso, de adversarios más fuertes que yo.
19 Me aguardaban el día de mi ruina. Mas Yahvé fue un apoyo para mí;
20 me sacó a campo abierto, me quería y me salvó.
21 Mi rectitud recompensa Yahvé, retribuye la pureza de mis manos,
22 pues guardé los caminos de Yahvé y no me rebelé contra mi Dios.
23 Pues tengo presentes sus normas, sus preceptos no aparto de mi lado;
24 he sido irreprochable con él, y de incurrir en culpa me he guardado.
25 Yahvé retribuye mi rectitud, según mi pureza que está ante sus ojos.
26 Con el leal te muestras leal, intachable con el hombre sin tacha;
27 con el puro eres puro, y sagaz con el ladino;
28 tú que salvas a la gente humilde, y abates los ojos altaneros.
29 Tú, Yahvé, eres mi lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas;
30 con tu ayuda yo fuerzo el cerco, con mi Dios asalto la muralla.
31 Dios es íntegro en su proceder, la palabra de Yahvé, acrisolada, escudo de quienes se acogen a él.
32 Pues ¿quién es Dios, fuera de Yahvé? ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios?
33 El Dios que me ciñe de fuerza y hace mi conducta irreprochable.
34 Que hace mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie,
35 que adiestra mis manos para la lucha y mis brazos para tensar el arco.
36 Tú me das tu escudo victorioso, multiplicas tus cuidados conmigo;
37 al andar ensanchas mis pasos, mis tobillos no se tuercen.
38 Persigo a mis enemigos, los deshago, no vuelvo hasta que acabo con ellos;
39 los machaco, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies.
40 Me ciñes de valor para el combate, sometes bajo mi pie a mis agresores,
41 pones en fuga a mis enemigos, exterminas a los que me odian.
42 Piden auxilio y nadie los salva, a Yahvé, y no les responde.
43 Los reduzco como polvo de la tierra, los piso como barro de las calles.
44 Me libras de los pleitos de mi pueblo, me pones al frente de naciones; pueblos desconocidos me sirven;
45 los extranjeros me adulan, todo oídos, me obedecen;
46 los extranjeros se acobardan, dejan temblando sus refugios.
47 ¡Viva Yahvé, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios salvador,
48 el Dios que me concede la venganza y abate los pueblos a mis plantas!
49 Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, me salvas del hombre violento.
50 Por eso te alabaré entre las naciones, en tu honor, Yahvé, cantaré.
51 Él ennoblece las victorias de su rey y muestra su amor a su ungido, a David y su linaje para siempre.

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Introducción a II Samuel 

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

22 Este cántico es muy semejante al Sal 18, pero tiene algunas variantes que la traducción se ha esforzado por conservar, y que una comparación con el salmo permite descubrir fácilmente.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Sal 18


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_2:2; 1Sa_2:1


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_23:6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:16+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_144:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_25:18+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_144:6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_144:7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_22:23 [Sal_22:22]