II Samuel  7 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 Cuando el rey se estableció en su casa y Yahvé le concedió paz de todos sus enemigos de alrededor,
2 dijo el rey al profeta Natán: "Mira, yo habito en una casa de cedro mientras que el arca de Dios habita en una tienda de lona."
3 Respondió Natán al rey: "Anda, haz todo lo que te dicta el corazón, porque Yahvé está contigo."
4 Pero aquella misma noche vino la palabra de Dios a Natán diciendo:
5 "Ve y di a mi siervo David: Esto dice Yahvé. ¿Me vas a edificar tú una casa para que yo habite?
6 No he habitado en una casa desde el día en que hice subir a los israelitas de Egipto hasta el día de hoy, sino que he ido de un lado para otro en una tienda, en un refugio.
7 En todo el tiempo que he caminado entre todos los israelitas, ¿he dicho acaso a uno de los jueces de Israel a los que mandé que apacentaran a mi pueblo Israel: "¿Por qué no me edificáis una casa de cedro?"
8 Ahora, pues, di esto a mi siervo David: Así habla Yahvé Sebaot: Yo te he tomado del pastizal, de detrás del rebaño, para que seas caudillo de mi pueblo Israel.
9 He estado contigo dondequiera has ido, he eliminado de delante de ti a todos tus enemigos y voy a hacerte un nombre grande como el nombre de los grandes de la tierra.
10 Fijaré un lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré allí para que more en él; no será ya perturbado y los malhechores no seguirán oprimiéndolo como antes,
11 en el tiempo en que instituí jueces en mi pueblo Israel; y te daré paz con todos sus enemigos. Yahvé te anuncia que Yahvé te edificará una casa.
12 Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza.
13 (Él constituirá una casa para mi Nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.)
14 Yo seré para él padre y él será para mí hijo. Si hace mal, le castigaré con vara de hombres y con golpes de hombres,
15 pero no apartaré de él mi amor, como lo aparté de Saúl, a quien quité de delante de mí.
16 Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante ti; tu trono estará firme, eternamente."
17 Natán habló a David según todas estas palabras y esta visión.
18 El rey David entró, se sentó ante Yahvé y dijo: "¿Quién soy yo, señor Yahvé, y qué mi casa, que me has traído hasta aquí?
19 Y aun esto es poco a tus ojos, señor Yahvé, que hablas también a la casa de tu siervo para el futuro lejano. Y ésta es la ley del hombre, Señor Yahvé.
20 ¿Qué más podrá David añadir a estas palabras? Tú me tienes conocido, Señor Yahvé.
21 Has realizado todas estas grandes cosas según tu palabra y tu corazón, para dárselo a conocer a tu siervo.
22 Por eso eres grande, Señor Yahvé; nadie como tú, no hay Dios fuera de ti, como oyeron nuestros oídos.
23 ¿Qué otro pueblo hay en la tierra como tu pueblo Israel a quien un dios haya ido a rescatar para hacerle su pueblo, darle renombre y hacer en su favor grandes y terribles cosas, expulsando de delante de tu pueblo, al que rescataste de Egipto, a naciones y dioses extraños?
24 Tú has constituido a tu pueblo Israel para que sea tu pueblo para siempre, y tú, Yahvé, eres su Dios.
25 Y ahora, Yahvé Dios, mantén firme eternamente la palabra que has dirigido a tu siervo y a su casa y haz según lo que has dicho.
26 Sea tu nombre por siempre engrandecido; que se diga: Yahvé Sebaot es Dios de Israel; y que la casa de tu siervo David subsista en tu presencia,
27 ya que tú, Yahvé Sebaot, Dios de Israel, has hecho esta revelación a tu siervo diciendo: "yo te edificaré una casa"; por eso tu siervo ha encontrado valor para orar en tu presencia.
28 Ahora, Señor Yahvé, tú eres Dios, tus palabras son verdad y has prometido a tu siervo esta dicha;
29 dígnate, pues, bendecir la casa de tu siervo para que permanezca por siempre en tu presencia, pues tú, Señor Yahvé, has hablado y con tu bendición la casa de tu siervo será eternamente bendita."

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Introducción a II Samuel 

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |1Cr_17:1-15; 1Re_5:4 [1Re_4:24]; Deu_12:10; Deu_25:19

NOTAS

7 La profecía es elaborada a base de una contraposición: no será David quien edifique una casa (un templo) a Yahvé, 2Sa_7:5, sino que será Yahvé quien levante una casa (una dinastía) a David, 2Sa_7:11. La promesa concierne esencialmente a la permanencia del linaje davídico sobre el trono de Israel, 2Sa_7:12-16. Así lo entienden David, 2Sa_7:19, 2Sa_7:25, 2Sa_7:27, 2Sa_7:29, ver 2Sa_23:5, y Sal_89:30-38 [Sal_89:29-37]; Sal_132:11-12. Es el texto de la alianza de Yahvé con David y su dinastía. Así, pues, el oráculo rebasa la persona del primer sucesor de David, Salomón, a quien se le aplica por medio de la adición de 2Sa_7:13, por 1Cr_17:11-14; 1Cr_22:10; 1Cr_28:6 y por 1Re_5:19 [1Re_5:5]; 1Re_8:16-19. Pero el claroscuro de la profecía deja entrever un descendiente privilegiado en quien Yahvé se complacerá. Es el primer eslabón de las profecías sobre el Mesías, hijo de David, Isa_7:14+; Miq_4:14+ [Miq_5:1]; Hag_2:23+, y Hch_2:30 aplicará el texto a Cristo.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_132:1-5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_8:16; 1Re_8:27; Isa_66:1; Hch_7:48


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_40:34-38

NOTAS

7:7 (a) Hebr. «tribus». Se podría también entender la palabra como «cetros» y ver en ella una referencia a los jefes.

7:7 (b) Se ha querido ver en 2Sa_7:6-7 la primera expresión de una corriente hostil al templo, que efectivamente se expresa en 1Re_8:27; Isa_66:1-2; Hch_7:48. De hecho, Natán está a favor del mantenimiento de la antigua tradición representada por el arca, y contra la novedad de un templo al modo cananeo. El problema quedará resuelto con la colocación del arca en el templo construido por Salomón, 1Re_8:1, 1Re_8:10-12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_16:11; 1Sa_17:15; 1Sa_17:20; Sal_78:70 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_89:28 [Sal_89:27]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_23:5; Sal_89:30-38 [Sal_89:29-37]; Sal_132:11-12


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:30

[2] 1Re_5:19 [1Re_5:5]; 1Re_8:19; 1Cr_17:11-14; 1Cr_22:10; 1Cr_28:6


NOTAS

7:13 Este v., que evidentemente se refiere a Salomón, es considerado a menudo una adición, ya que la promesa divina contempla sobre todo a la descendencia.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_1:5; Deu_8:5+

NOTAS

7:14 Se trata de una fórmula de adopción, como en Sal_2:7; Sal_110:3 (griego), pero también es la primera expresión del mesianismo real: cada rey de la dinastía davídica será una imagen (imperfecta, ver el final del v. y Sal_89:31-34 [Sal_89:30-33]) del rey ideal del futuro. Al aplicarla al Mesías, 1Cr_17:13 ha suprimido la segunda parte del v.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_13:14; 1Sa_15:28


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_23:5; Luc_1:32-33


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |1Cr_17:16-27

[2] 1Sa_18:18

NOTAS

7:18 (a) Es una oración de alabanza y de acción de gracias en respuesta a la promesa de 2Sa_7:8-15.

7:18 (b) En la tienda donde se hallaba el arca.

NOTAS

7:19 Se trata sin duda de la ley divina que fija el destino de cada persona, especialmente el de David y sus descendientes.

NOTAS

7:21 Todo el v. es dudoso.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_15:11

[2] Deu_4:7; Deu_4:34


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_44:2-3 [Sal_44:1-2]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_6:7; Deu_7:6+; Deu_26:17; Deu_29:12 [Deu_29:13]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_23:19; Jua_17:17