II Samuel  9 Biblia Jerusalén (1998) | 13 versitos |
1 David preguntó: "¿Queda todavía algún hijo de la casa de Saúl? Quiero favorecerle por amor a Jonatán."
2 Tenía la familia de Saúl un siervo llamado Sibá. Lo convocaron ante David y el rey le dijo: "¿Eres tú Sibá?" Respondió: "Tu siervo soy."
3 Dijo el rey: "¿Queda alguien todavía de la casa de Saúl para que yo tenga con él una misericordia sin medida?" Sibá contestó al rey: "Vive todavía un hijo de Jonatán, tullido de pies."
4 El rey le preguntó: "¿Dónde está?" Respondió Sibá al rey: "Está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lo Debar."
5 Y el rey David mandó traerlo de la casa de Maquir, hijo de Amiel, de Lo Debar.
6 Llegó Mefibóset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, adonde David y, cayendo sobre su rostro, se postró. David le dijo: "Mefibóset", y respondió: "Aquí tienes a tu siervo."
7 David le dijo: "No temas, quiero favorecerte por amor de Jonatán, tu padre. Haré que te devuelvan todos los campos de tu padre Saúl, y tú comerás siempre a mi mesa."
8 Él se postró y dijo: "¿Qué es tu siervo, para que te fijes en un perro muerto como yo?"
9 Llamó el rey a Sibá, criado de Saúl, y le dijo: "Todo lo que pertenecía a Saúl y a toda su casa, se lo doy al hijo de tu señor.
10 Cultivarás para él la tierra tú, tus hijos y tus siervos, y se lo llevarás a la familia de tu señor para que pueda comer. Mefibóset, el hijo de tu señor, comerá siempre a mi mesa." Tenía Sibá quince hijos y veinte siervos.
11 Respondió Sibá al rey: "Tu siervo hará todo lo que mi señor el rey ha mandado a su siervo." Mefibóset comía a la mesa de David como uno de los hijos del rey.
12 Tenía Mefibóset un hijo pequeño, llamado Micá. Todos los que vivían en casa de Sibá eran siervos de Mefibóset.
13 Pero Mefibóset vivía en Jerusalén porque comía siempre a la mesa del rey. Estaba tullido de pies.

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Introducción a II Samuel 

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_18:1-4+; 1Sa_20:15 s; 1Sa_20:42; 2Sa_21:1-14

NOTAS

9 Los caps. 9-20, que prosiguen en 1 R 1-2, proceden en lo esencial de un relato antiguo, utilizado, no sin retoques, por los redactores de Samuel. La profecía de Natán (cap. 7), en su forma primitiva, le servía quizá de prólogo. Se contaba en él cómo había correspondido a Salomón la sucesión de David, a pesar de la supervivencia de un descendiente de Saúl, Mefibaal (cap. 9), y de la oposición de Seba (cap. 20), a través de la trágica historia de la familia real: adulterio de David y nacimiento de Salomón (caps. 10-12), muerte de Amnón (cap. 13), rebelión de Absalón (caps. 15-18), intrigas de Adonías, 1 R 1-2.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_16:1-4; 2Sa_19:27-31 [2Sa_19:26-30]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_4:4

NOTAS

9:3 Lit. «misericordia de Dios», donde el nombre divino hace las veces de superlativo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_17:27


NOTAS

9:6 Aquí y en adelante «Mefibóset» con hebr., ver 2Sa_4:4+.

NOTAS

9:10 «la familia» griego luc.; «el hijo» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Cr_8:34 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_16:1-4; 2Sa_19:25-31 [2Sa_19:24-30]; 2Sa_21:7