I Reyes 12 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 33 versitos |
1 Roboán fue a Siquén, porque todo Israel había acudido allá con objeto de proclamarle rey.
2 *Jeroboán, hijo de Nebat, se enteró del suceso —estaba todavía en Egipto, donde se había establecido huyendo del rey Salomón—.
3 Después que enviaron a llamarle, Jeroboán llegó con toda la asamblea de Israel* y hablaron así a Roboán:
4 «Tu padre hizo pesado nuestro yugo. Si ahora aligeras la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que cargó sobre nosotros, te serviremos.»
5 Él les dijo: «Ahora marchaos. Volved a mí dentro de tres días». La gente se fue.
6 El rey Roboán se aconsejó de los ancianos que habían servido a su padre Salomón en vida de éste: «¿Cómo me aconsejáis que debo responder a este pueblo?»
7 Le dijeron: «Si en este momento te ofreces a este pueblo, te pones a su servicio y les respondes con buenas palabras, ellos te estarán siempre sometidos.»
8 Pero él ignoró el consejo que los ancianos le ofrecían y buscó consejo entre los jóvenes que se habían criado con él y estaban a su servicio.
9 Les preguntó: «¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo que me ha pedido que aligere el yugo que mi padre les impuso?»
10 Los jóvenes que se habían criado con él respondieron: «Este pueblo te ha dicho: ‘Tu padre hizo pesado nuestro yugo; aligera tú ahora nuestro yugo’. Pues bien, esto debes contestar: ‘Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre.
11 Mi padre os impuso un yugo pesado, pero yo añadiré peso a vuestro yugo; mi padre os azotaba con látigos, pero yo os azotaré con escorpiones’.»
12 Al tercer día, Jeroboán y todo el pueblo fueron donde Roboán, como había dicho el rey: «Volved a mí dentro de tres días.»
13 El rey respondió al pueblo con dureza, ignorando el consejo que los ancianos le habían dado
14 y hablándoles según el consejo de los jóvenes. Les dijo: «Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pues yo añadiré peso a vuestro yugo; mi padre os azotaba con látigos, pero yo os azotaré con escorpiones.»
15 (El rey no escuchó al pueblo, pues se trataba de algo dispuesto por Yahvé, para que se cumpliera la palabra que Yahvé había anunciado a Jeroboán, hijo de Nebat, por medio de Ajías de Siló.)
16 Cuando los israelitas vieron que el rey no escuchaba, le respondieron en estos términos: «¡No tenemos parte con David! ¡No tenemos herencia con el hijo de Jesé! ¡A tus tiendas, Israel! ¡Mira ahora por tu casa, David!» Israel regresó a sus tiendas.
17 Roboán reinó sobre aquellos israelitas que habitaban en las ciudades de Judá.
18 El rey Roboán envió después a Adonirán, jefe de la leva, pero los israelitas lo apedrearon hasta matarlo. El propio rey Roboán subió apresurado a su carro para huir a Jerusalén.
19 Israel se rebeló contra la casa de David; así hasta el día de hoy.
20 Cuando los israelitas supieron que Jeroboán había vuelto, enviaron a llamarle a la asamblea y lo proclamaron rey sobre todo Israel. Nadie se puso de parte de la casa de David, sino únicamente la tribu de Judá.
21 Al llegar a Jerusalén, Roboán reunió de la casa de Judá y de la tribu de Benjamín ciento ochenta mil jóvenes dispuestos para la guerra, con objeto de combatir contra la casa de Israel y devolver el reino a Roboán, hijo de Salomón.
22 Pero Dios dirigió su palabra a Semaías, hombre de Dios:
23 «Habla a Roboán, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín y al resto del pueblo, y diles:
24 Esto dice Yahvé: No subáis a combatir con vuestros hermanos los israelitas. Que cada uno se vuelva a su casa, pues seré yo quien resuelva este asunto.» Ellos obedecieron la palabra de Yahvé. Dieron la vuelta y se fueron conforme a lo dicho por Yahvé*.
25 Jeroboán fortificó Siquén, en la montaña de Efraín, y residió en ella. Se trasladó de ella y fortificó Penuel.
26 Jeroboán se puso a pensar: «Ahora podría volver el reino a la casa de David.
27 Si el pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en el templo de Yahvé en Jerusalén, el corazón del pueblo se volverá a su señor, a Roboán, rey de Judá, y me matarán*
28 Tras tomar consejo el rey, fabricó dos becerros de oro*, y dijo al pueblo: «Basta ya de subir a Jerusalén. Éste es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto.»
29 Instaló uno en Betel y el otro en Dan.
30 (Este hecho fue ocasión de pecado.) El pueblo marchó delante de uno a Betel y delante del otro hasta Dan*.
31 Construyó lugares de culto en los altos e instituyó sacerdotes del común del pueblo, que no eran descendientes de Leví.
32 Jeroboán estableció una fiesta el día quince del mes octavo, al modo de la fiesta de Judá*. (Subió al altar que había edificado en Betel a ofrecer sacrificios a los becerros que había hecho. Estableció en Betel sacerdotes para los lugares de culto que había instituido.)
33 Subió a ofrecer incienso al altar que había edificado en Betel el día quince del octavo mes (el mes que ideó por su cuenta) e instituyó una fiesta para los israelitas.

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Introducción a I Reyes

Los libros de los Reyes , como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

I Reyes 12,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr 10


I Reyes 12,2
NOTAS

12:2 Los vv. 1Re_12:2-3 a son una glosa que procede de 2 Cro 10, y que falta en el griego. Contradicen a 1Re_12:20, que falta en las Crónicas. La mención de Jeroboán en 1Re_12:12 debe ser, asimismo, una glosa. No asistió, pues, según el relato antiguo, a la asamblea de Siquén y sólo más adelante fue llamado por los amotinados (1Re_12:20). Como el Cronista había omitido referir la rebelión de Jeroboán, aquí recuerda desacertadamente su fuga a Egipto.

I Reyes 12,3
NOTAS

12:3 Como en los antiguos textos históricos, «todo Israel» designa a las tribus del Norte, como distintas de Judá. En Jerusalén, los de Judá han reconocido a Roboán. En Siquén, los israelitas, tratados con desventaja por Salomón en beneficio de Judá, exigen una constitución. La crisis venía preparándose desde mucho tiempo atrás.

I Reyes 12,15
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_11:29-39

I Reyes 12,16
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_20:1

I Reyes 12,18
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_4:6; 1Re_5:27 [1Re_5:13]

I Reyes 12,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_47:21

I Reyes 12,21
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_11:1-4

I Reyes 12,24
NOTAS

12:24 Después de 1Re_12:24, los LXX insertan una larga adición que cuenta la historia de Jeroboán de una manera bastante diversa a la del texto canónico. Combina y transporta elementos tomados de los caps. 11, 12 y 14, añadiendo algunos detalles que parecen inventados. Es un ejemplo de midrás antiguo.

I Reyes 12,27
NOTAS

12:27 El hebr. añade: «Volverán a Roboán, rey de Judá», duplicado omitido por griego.

I Reyes 12,28
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_32:4

NOTAS

12:28 Jeroboán no pensaba en cambiar de divinidad, sino que actuaba por fines políticos. Al arca de la alianza, que era en Jerusalén el símbolo de la presencia de Yahvé, contrapone el novillo, símbolo de la peana de Yahvé invisible. Se basa en una antigua tradición que también aparece en el episodio del «becerro de oro», Ex 32. Los dos relatos han sido transformados por la polémica. Pero, al elegir el mismo símbolo que para Baal, Jeroboán abría la puerta a la peor ocasión comprometedora, ver Ose_13:2. Éste era el «pecado de Jeroboán», que se repetirá como un estribillo en las condenas de los reyes de Israel para el historiador deuteronomista.

I Reyes 12,30
NOTAS

12:30 Texto según el griego. Dan, próxima a una de las fuentes del Jordán, y Betel, en el camino de Jerusalén, delimitan el nuevo reino. Eran ya santuarios venerados, Gén_12:8, etc.; Jc 17-18.

I Reyes 12,32
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_8:65

NOTAS

12:32 Se hace la dedicación del nuevo templo de Betel en la fiesta de las Tiendas, como la del templo de Salomón.