II Reyes  14 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 En el año segundo de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, comenzó a reinar Amasías, hijo de Joás, rey de Judá.
2 Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán, de Jerusalén.
3 Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, pero no como su padre David. Actuó exactamente como su padre Joás.
4 Sin embargo, los altozanos no desaparecieron; el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y quemando incienso en los altozanos.
5 Cuando el reino estuvo afianzado en sus manos, mató a los servidores que habían matado al rey su padre,
6 pero no ejecutó a los hijos de los asesinos, en conformidad con lo escrito en el libro de la Doctrina de Moisés, donde Yahvé dio una orden diciendo: "Los padres no serán ajusticiados por causa de los hijos; los hijos no serán ajusticiados a causa de los padres, sino que cada uno será ajusticiado por su propio pecado."
7 Fue él quien derrotó a los edomitas, diez mil hombres, en el Valle de la Sal y quien conquistó Sela en el curso de la guerra. Le puso el nombre de Yocteel, conservado hasta el día de hoy.
8 Entonces Amasías envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: "Ponte en marcha, que nos veamos las caras en la guerra."
9 Joás, rey de Israel, envió respuesta a Amasías, rey de Judá: "El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: "Dame tu hija por esposa de mi hijo". Pero pasó una fiera del Líbano y pisoteó el cardo.
10 Porque has derrotado a Edom te has vuelto arrogante. ¡Puedes jactarse de tu gloria, pero quédate en tu casa! ¿Por qué provocar un desastre y un fracaso, arrastrando contigo a Judá?"
11 Pero Amasías no le hizo caso. Joás, rey de Israel, emprendió la marcha y se enfrentaron él y Amasías, rey de Judá, en Bet Semes de Judá.
12 Judá cayó derrotada ante Israel y cada uno huyó a su casa.
13 Joás, rey de Israel, hizo prisionero en Bet Semes a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías, y lo condujo a Jerusalén. Abrió una brecha de cuatrocientos codos en la muralla de Jerusalén desde la puerta de Efraín hasta la Puerta del Ángulo.
14 Tomó todo el oro y la plata y todos los objetos que se encontraban en el templo de Yahvé y en los tesoros del palacio real, así como rehenes. Se volvió luego a Samaría.
15 El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, sus éxitos militares y sus guerras contra Amasías, rey de Judá, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Israel?
16 Joás reposó con sus antepasados y lo enterraron en Samaría junto a los reyes de Israel. Jeroboán, su hijo, reinó en su lugar.
17 Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel.
18 El resto de los hechos de Amasías, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Judá?
19 Se tramó una conjura contra él en Jerusalén, por lo que huyó a Laquis. Pero enviaron gente tras él hasta Laquis, donde lo mataron.
20 Lo condujeron luego a lomos de caballo y lo enterraron en Jerusalén con sus antepasados, en la Ciudad de David.
21 Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Ozías, que tenía dieciséis años, y lo proclamaron rey como sucesor de su padre Amasías.
22 Fue él quien reconstruyó Elat y la devolvió a Judá, después que el rey (Amasías) hubo reposado con sus antepasados.
23 En el año quince de Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboán, hijo de Joás, rey de Israel, en Samaría. Reinó cuarenta y un años.
24 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé y no se retractó de todos los pecados que Jeroboán, hijo de Nebat, hizo cometer a Israel.
25 Fue él quien recuperó el territorio fronterizo de Israel, desde la Entrada de Jamat hasta el mar de la Arabá, conforme a la palabra que Yahvé, Dios de Israel, había dicho por medio de su siervo, el profeta Jonás, hijo de Amitay, el de Gat de Jéfer.
26 Yahvé vio la amarga desgracia de Israel, pues no quedaba ya esclavo ni libre ni quien auxiliara a Israel.
27 Pero Yahvé no había decidido borrar el nombre de Israel bajo los cielos y lo salvó por medio de Jeroboán, hijo de Joás.
28 El resto de los hechos de Jeroboán, todo cuanto hizo, sus éxitos militares y sus guerras, y cómo recuperó Damasco y Jamat para Israel, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Israel?
29 Jeroboán reposó con sus antepasados y lo enterraron en Samaría con los reyes de Israel. Zacarías, su hijo, reinó en su lugar.

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Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_25:1-4; 2Cr_25:11-12; 2Cr_25:17-28



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_12:21-22 [2Re_12:20-21]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_24:16+; Eze_14:12+

NOTAS

14:6 Según las costumbres antiguas, la familia era solidaria de las faltas de su jefe, ver Jos_7:24; 2Sa_21:5. La moderación de Amasías constituye una novedad digna de ser subrayada. El principio de la responsabilidad individual está codificado en Deu_24:16, al que remite el autor del libro de los Reyes. Con todo, Ezequiel, cap. 18, deberá recordarlo de nuevo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_8:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_9:8-15


NOTAS

14:13 (a) «y lo condujo» versiones, 2Cr_25:23; «y vino» qeré; «y vinieron» ketib. -«desde la puerta» versiones, Cro; «hasta la puerta» hebr.

14:13 (b) Es la muralla de la colina occidental (ver 2Sa_5:9+). Será trasladada más al norte, 2Cr_32:5, y el Calvario y el sepulcro de Cristo quedarán en el exterior de la nueva «Puerta de Efraín» (Neh_8:16; Neh_12:39). Herodes Agripa I levantará una tercera muralla más al norte todavía.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = 2Re_13:12-13


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_26:1-2

NOTAS

14:21 El texto, aquí y varias veces a continuación, le llama Azarías, pero la forma ordinaria, fuera de 2 R, es Ozías. El primer nombre podría ser el de nacimiento; el segundo, el de la coronación.

NOTAS

14:22 Muy cerca de Esión Guéber, 1Re_9:26-28+, y más tarde confundido con esta ciudad. Se había perdido bajo Jorán, 2Re_8:20-21.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_13:4-5

NOTAS

14:25 A él se atribuye, por seudonimia, el libro de Jonás.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_14:10+

NOTAS

14:26 «amarga» griego; «rebelde» hebr.

NOTAS

14:28 Según sir.; «para Judá en Israel» hebr.

NOTAS

14:29 «lo enterraron en Samaría», antigua Septuaginta según texto luc.; omitido en el hebr.