II Reyes  2 Biblia Jerusalén (1998) | 25 versitos |
1 Esto es lo que sucedió cuando Yahvé arrebató a Elías en la tempestad hacia el cielo. Elías y Eliseo partieron de Guilgal.
2 Elías dijo a Eliseo: "Quédate aquí, pues Yahvé me envía a Betel." Eliseo dijo: "¡Por el Dios vivo y por tu propia vida, yo no te dejaré!" Y bajaron a Betel.
3 Los discípulos de los profetas que había en Betel salieron al encuentro de Eliseo y le dijeron: "¿Sabes que Yahvé va hoy a arrebatar a tu señor por encima de tu cabeza?" Respondió: "Ya lo sé yo también. ¡Callad!"
4 Elías le dijo: "Eliseo, quédate aquí, porque Yahvé me envía a Jericó." Pero él respondió: "¡Por el Dios vivo y por tu propia vida, yo no te dejaré!". Y llegaron a Jericó.
5 Los discípulos de los profetas que había en Jericó se acercaron a Eliseo y le dijeron: "¿Sabes que Yahvé va hoy a arrebatar a tu señor por encima de tu cabeza?" Respondió: "Ya lo sé yo también. ¡Callad!"
6 Elías le dijo: "Quédate aquí, porque Yahvé me envía al Jordán." Respondió: "¡Por el Dios vivo y por tu propia vida, yo no te dejaré!" Y los dos continuaron caminando.
7 Cincuenta hombres de los discípulos de los profetas iban también de camino y se pararon frente (al Jordán), a cierta distancia de Elías y Eliseo, que se detuvieron al lado del Jordán.
8 Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó con él las aguas, que se separaron a un lado y a otro y ambos pasaron sobre terreno seco.
9 Mientras pasaban, Elías dijo a Eliseo: "Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de que sea arrebatado de tu lado." Eliseo respondió: "Que pasen a mí dos tercios de tu espíritu."
10 Replicó: "Pides algo difícil; si alcanzas a verme cuando sea arrebatado de tu lado, entonces pasará a ti; si no, no pasará."
11 Iban caminando y hablando, y de pronto un carro de fuego con caballos de fuego los separó a uno del otro. Elías subió al cielo en la tempestad.
12 Eliseo lo veía y clamaba: "¡Padre mío, padre mío! ¡Carros y caballería de Israel!" Cuando dejó de verlo, agarró sus vestidos y los desgarró en dos.
13 Recogió el manto que había caído de las espaldas de Elías, volvió al Jordán y se detuvo a la orilla.
14 Tomó el manto que había caído de las espaldas de Elías y golpeó las aguas, pero éstas no se separaron. Dijo entonces: "¿Dónde está Yahvé, el Dios de Elías?" Golpeó otra vez las aguas, que se separaron a un lado y a otro, y Eliseo pasó sobre terreno seco.
15 Cuando los discípulos de los profetas lo vieron venir hacia ellos, dijeron: "El espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo." Fueron a su encuentro, se postraron en tierra ante él,
16 y le dijeron: "Tus siervos cuentan con cincuenta hombres de guerra. Deja que marchen y busquen a tu señor. Tal vez el espíritu de Yahvé se lo ha llevado y lo ha arrojado sobre alguna montaña o algún valle." Él dijo: "No enviéis a nadie."
17 Pero tanto le insistieron que exclamó abochornado: "Enviadlos." Ellos enviaron cincuenta hombres que estuvieron tres días buscándolo, pero no lo encontraron.
18 Cuando volvieron a Eliseo, que se había quedado en Jericó, les dijo: "¿No os ordené: "No vayáis"?"
19 Los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: "El emplazamiento de la ciudad es bueno, como mi señor puede apreciar, pero el agua es mala y la tierra lo aborta todo."
20 Él dijo: "Traedme una olla nueva y poned sal en ella." Cuando se la trajeron,
21 salió hacia el lugar del manantial, lo roció con la sal y dijo: "Así dice Yahvé: Yo he saneado esta agua; ya no surgirán de aquí muerte o esterilidad."
22 El agua quedó saneada hasta el día de hoy, conforme a la palabra que había pronunciado Eliseo.
23 Luego subió de allí a Betel y, según subía por el camino, unos cuantos chicuelos salieron de la ciudad y se burlaban de él diciendo: "¡Sube, calvo; sube, calvo!"
24 Él se dio la vuelta, se les quedó mirando y los maldijo en el nombre de Yahvé. Dos osos salieron entonces del bosque y despedazaron a cuarenta y dos de aquellos chicuelos.
25 De allí se fue al monte Carmelo, de donde regresó a Samaría.

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Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

2 Literalmente, este bello pasaje pertenece ya al ciclo de Eliseo, al que sirve de introducción.

2:1 Este Guilgal, al norte de Betel, es distinto del Guilgal de Jos_4:19; ver la nota.



NOTAS

2:3 «Los discípulos de los profetas», lit. «los hijos de los profetas» son profetas agrupados en hermandades y que viven juntos. Eliseo mantenía con ellos relaciones, al contrario que Elías, el profeta solitario.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_14:16; Éxo_14:22


NOTAS

2:9 «dos tercios», ver Zac_13:8. -El primogénito recibía una parte doble de la herencia paterna, Deu_21:17. Eliseo quiere ser reconocido como el principal heredero espiritual de Elías. Difícil petición, pues el espíritu profético no se transmite: viene de Yahvé y Yahvé será quien dé a conocer que la petición ha sido escuchada, concediendo a Eliseo ver lo que está oculto a los ojos humanos, ver 2Re_2:12 y 2Re_6:17; los «hijos de los profetas» sólo verán el marco natural del misterio.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_6:16-17

[2] Sir_48:9; Sir_48:12; 2Re_13:14

NOTAS

2:11 Esta misma expresión emplea Luc_9:51 para hablar de la ascensión o «subida» a los cielos de Jesús, y Sir_44:16 para la de Henoc.

NOTAS

2:14 «pero éstas no se separaron» y «sobre terreno seco», según la antigua Septuaginta, representada por el texto antioqueno. -Antes de «golpeó» hebr. añade «también él», con referencia a 2Re_2:8.

NOTAS

2:15 El hebr. añade «de Jericó»; glosa.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_18:12+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_34:6; Mal_3:23+ [Mal_4:5]


NOTAS

2:18 La búsqueda infructuosa únicamente certifica que Elías ya no es de este mundo; su destino es un misterio que Eliseo no quiere aclarar. El texto no dice que Elías no haya muerto, pero se ha podido deducir fácilmente. Sobre la «vuelta» de Elías, ver Mal_3:23+ [Mal_4:5].

NOTAS

2:19 (a) Relatos de la misma fuente que los del cap. 4. Eliseo tiene un poder divino para salvar o para perder; es beneficioso para los que reconocen su misión, pero nadie puede burlarse impunemente del hombre de Dios.

2:19 (b) «es estéril» o «hace abortar», como traducía la versión griega, según testimonio del texto antioqueno.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_15:25 s