II Reyes  8 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 Eliseo dijo a la mujer cuyo hijo había revivido: "Anda, tú y tu familia, ve a residir donde puedas, pues Yahvé ha decretado siete años de hambre sobre el país y ya han comenzado."
2 La mujer se alzó e hizo conforme a la palabra del hombre de Dios; ella y su familia fueron a vivir en el país de los filisteos por siete años.
3 Al cabo de los siete años, la mujer regresó del país de los filisteos y fue a quejarse ante el rey por su casa y su campo.
4 El rey estaba hablando con Guejazí, criado del hombre de Dios, y le dijo: "Cuéntame todas las maravillas que hacía Eliseo."
5 Mientras estaba contando al rey cómo había revivido al niño muerto, apareció la mujer cuyo hijo había revivido, quejándose por su casa y su campo. Guejazí dijo entonces: "¡Rey, mi señor! Ésta es la mujer y éste su hijo, al que Eliseo revivió."
6 El rey preguntó a la mujer y ella le hizo su relato. El rey puso un eunuco a disposición de la mujer con la orden: "Devuelve todo lo que le pertenece y las rentas de su campo, desde el día en que dejó el país hasta ahora."
7 Eliseo fue a Damasco cuando Ben Hadad, rey de Aram, se encontraba enfermo, y avisaron al rey: "El hombre de Dios viene de camino hacia aquí."
8 El rey dijo a Jazael: "Coge en tu mano un regalo, ve al encuentro del hombre de Dios y consulta a Yahvé a través de él, diciendo: ¿Sobreviviré a esta enfermedad?"
9 Jazael fue a su encuentro llevando en su mano como regalo la carga de cuarenta camellos con todo lo mejor de Damasco. Entró, se detuvo ante él y dijo: "Tu hijo, Ben Hadad, rey de Aram, me ha enviado a ti para preguntarte: ¿Sobreviviré a esta enfermedad?"
10 Eliseo le dijo: "Ve y dile: "Sobrevivirás", pero Yahvé me ha revelado que morirá sin remedio."
11 Al hombre de Dios se le quedó el rostro totalmente rígido por largo tiempo, y luego se echó a llorar.
12 Jazael le preguntó: "¿Por qué llora mi señor?" Le respondió: "Porque sé el mal que vas a hacer a los israelitas: pondrás fuego a sus fortalezas, matarás sus jóvenes a espada, despedazarás a sus pequeñuelos y abrirás el vientre a sus embarazadas."
13 Jazael dijo: "Pues, ¿cómo puede tu siervo, siendo como es un perro, hacer algo tan grande?" Eliseo respondió: "Yahvé me ha mostrado una visión en la que tú eres rey de Aram."
14 Dejó a Eliseo y regresó ante su señor, quien le preguntó: "¿Qué te ha dicho Eliseo?" Respondió: "Me ha dicho que sobrevivirás."
15 A la mañana siguiente, (Jazael) tomó una manta, la empapó en agua y la tendió sobre la cara (del rey) hasta que murió. Jazael reinó en su lugar.
16 El año quinto de Jorán, hijo de Ajab, rey de Israel, comenzó a reinar Jorán, hijo de Josafat, rey de Judá.
17 Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar y reinó ocho años en Jerusalén.
18 Siguió el camino de los reyes de Israel, como había hecho la casa de Ajab, porque se había casado con una mujer de la familia de Ajab, e hizo mal a los ojos de Yahvé.
19 Pero Yahvé no quiso destruir a Judá en atención a David su siervo, conforme a lo que le había prometido: darle una lámpara a sus hijos para siempre.
20 En su tiempo Edom se rebeló contra el poder de Judá, y se dieron un rey propio.
21 Jorán pasó a Saír con todos sus carros. Se levantó por la noche y derrotó a los edomitas que le estaban cercando a él y a los jefes de los carros, pero su ejército huyó a sus tiendas.
22 Así Edom se independizó del poder de Judá, como sucede hasta hoy. También en aquel tiempo se rebeló Libná.
23 El resto de los hechos de Jorán, cuanto hizo, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Judá?
24 Jorán reposó con sus antepasados y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. Ocozías, su hijo, reinó en su lugar.
25 El año doce de Jorán, hijo de Ajab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías, hijo de Jorán, rey de Judá.
26 Ocozías tenía veintidós años cuando comenzó a reinar y reinó un año en Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía, hija de Omrí, rey de Israel.
27 Siguió el camino de la casa de Ajab, e hizo mal a los ojos de Yahvé como la casa de Ajab, pues había emparentado con la casa de Ajab.
28 Partió con Jorán, hijo de Ajab, en guerra contra Jazael, rey de Aram, en Ramot de Galaad, pero los arameos hirieron a Jorán.
29 El rey Jorán regresó a Yizreel para curarse de las heridas que le habían infligido los arameos en Ramot luchando contra Jazael, rey de Aram. Ocozías, hijo de Jorán, rey de Judá, bajó a Yizreel a visitar a Jorán, hijo de Ajab, cuando estaba enfermo.

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Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

8 Continuación natural de 2Re_4:37.



NOTAS

8:3 Usurpados en su ausencia por los vecinos o los granjeros.

NOTAS

8:7 Ben Hadad II, como en 1Re_20:1.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re 5; 2Re_1:2

NOTAS

8:8 Antes de su usurpación, 2Re_8:15, Jazael aparece como oficial de Ben Hadad.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_6:21+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_19:15

NOTAS

8:10 La traducción se basa en un valor del infinitivo absoluto antepuesto, atestiguado en Gén_2:16 y otros pasajes. Para exonerar a Eliseo de una mentira, el hebr. ha sustituido «le» con la negación lo': «Vete y dile: no sobrevivirás». En realidad no es Ben Hadad el que importa; la revelación atañe principalmente a Jazael, que suplantará a Ben Hadad. Eliseo no incita al homicidio; prevé como inevitable la realización de los designios divinos.

NOTAS

8:11 Señales físicas del éxtasis.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_15:16; Amó_1:13

NOTAS

8:13 «perro», aquí simplemente término relativo a la humildad, ver 1Sa_24:15 [1Sa_24:14]; 2Sa_9:8; Jazael se extraña del glorioso destino que se le predice.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_21:5-7

NOTAS

8:16 El hebr. añade aquí: «siendo rey de Judá Josafat», que falta en las versiones.

NOTAS

8:18 «de la familia» mibbêt conj.; «la hija» bat hebr. -Es Atalía, ver cap. 11, hija de Omrí y hermana de Ajab, ver 2Re_8:26 y 2Cr_22:2, o hija de Ajab, aquí (hebr.) y 2Cr_21:6. La cronología favorece la primera solución.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_7:11-16+; 1Re_11:36+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_21:8-10

NOTAS

8:20 Edom, ver Núm_20:23+, era un reino vasallo de Judá bajo Josafat, 1Re_22:48 [1Re_22:47], y todavía en los comienzos del reinado de Jorán, 2Re_3:9.

NOTAS

8:21 Localidad desconocida de Transjordania. La continuación del texto se halla mutilada: se ha intentado borrar el recuerdo de un fracaso. Lo mismo en 2Re_8:22.

NOTAS

8:22 La ciudad pasó entonces a los filisteos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_21:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_22:1-6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_22:3-4; 2Re_9:14-15