I Crónicas 7 Biblia Jerusalén (1998) | 40 versitos |
1 Hijos de Isacar: Tolá, Puá, Yasub, Simrón: cuatro.
2 Hijos de Tolá: Uzí, Refayas, Yeriel, Yajmay, Yibsán y Samuel, jefes de las casas paternas de Tolá. En los días de David, su número era, según sus genealogías, de 22.600 guerreros valientes.
3 Hijos de Uzí: Yizrajías; hijos de Yizrajías: Miguel, Abdías, Joel, Yisías: en total cinco jefes.
4 Según sus genealogías, por sus casas paternas, sus escuadrones de tropas de guerra sumaban 36.000 hombres, pues tenían muchas mujeres e hijos.
5 Sus hermanos de todas las familias de Isacar eran 87.000, guerreros esforzados, inscritos todos ellos en las genealogías.
6 Hijos de Benjamín: Belá, Béquer, Yediael: tres.
7 Hijos de Belá: Esbón, Uzí, Uziel, Yerimot e Irí: cinco jefes de las casas paternas, esforzados guerreros, inscritos en las genealogías en número de 22.034.
8 Hijos de Béquer: Zemirá, Joás, Eliezer, Eljoenay, Omrí, Yeremot, Abías, Anatot y Alémet; todos éstos hijos de Béquer.
9 Estaban inscritos según sus linajes y los jefes de sus casas paternas; tenían 20.200 guerreros esforzados.
10 Hijos de Yediael: Bilán. Hijos de Bilán: Yeús, Benjamín, Ehúd, Cananá, Zetán, Tarsis y Ajisajar.
11 Todos éstos fueron hijos de Yediael, cabezas de familia, esforzados guerreros, en número de 17.200, aptos para la milicia y la guerra.
12 Supín y Jupín eran hijos de Irí. Jusín era de Ajer.
13 Hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Salún, hijos de Bilhá.
14 Hijos de Manasés: Asriel, que le dio a luz su concubina aramea. Ésta le dio también a luz a Maquir, padre de Galaad.
15 Maquir tomó mujer para Jupín y para Supín, y su hermana se llamaba Maacá. El nombre del segundo era Selofjad; Selofjad tuvo hijas.
16 Maacá, mujer de Maquir, dio a luz un hijo, a quien llamó Peres. Su hermano se llamaba Seres y sus hijos Ulán y Requen.
17 Hijos de Ulán: Bedán. Éstos son los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés.
18 Su hermana, Malcat, dio a luz a Ishod, Abiezer y Majlá.
19 Los hijos de Semidá fueron: Ajián, Siquén, Licjí y Anián.
20 Hijos de Efraín: Sutélaj, Béred, su hijo; Tájat, su hijo; Eladá, su hijo; Tájat, su hijo;
21 Zabad, su hijo; Sutélaj, su hijo; Ézer y Elad. Pero los hombres de Gat, nativos del país, los mataron, pues habían bajado a apoderarse de sus ganados.
22 Su padre Efraín los lloró durante muchos días, y sus hermanos vinieron a consolarle.
23 Después se unió a su mujer, que concibió y le dio un hijo, a quien llamó Beriá, porque la desgracia estaba en su casa.
24 Hija suya fue Seerá, que edificó Bet Jorón de Arriba y de Abajo, y Uzén Seerá.
25 Réfaj, hijo suyo; Sutélaj, hijo suyo; Taján, hijo suyo.
26 Ladán, hijo suyo; Amiud, hijo suyo; Elisamá, hijo suyo;
27 Nun, hijo suyo; Josué, hijo suyo.
28 Tenían propiedades y habitaban en Betel y sus aldeas anejas, en Naará hacia el oriente, en Guézer y sus aldeas anejas hacia el occidente, en Siquén y sus aldeas hasta Ayá y sus aldeas.
29 Y en manos de los hijos de Manasés estaban Betsán y sus aldeas anejas, Tanac y sus aldeas, Meguidó y sus aldeas, Dor y sus aldeas. En ellas habitaron los hijos de José, hijo de Israel.
30 Hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá, y Séraj, hermana de éstos.
31 Hijos de Beriá: Jéber y Malquiel, el cual fue padre de Birzait.
32 Jéber engendró a Yaflet, Semer, Jotán y Suá, hermana de ellos.
33 Hijos de Yaflet: Pasac, Binhal y Asvat. Éstos son los hijos de Yaflet.
34 Hijos de Sémer: Ají, Rohagá, Jubá y Aram.
35 Hijos de su hermano Helen: Sofaj, Yimná, Seles y Amal.
36 Hijos de Sofaj: Súaj, Jarnéfer, Sual, Berí y Yimrá;
37 Béser, Hod, Samá, Silsá, Yitrán y Beerá.
38 Hijos de Yéter: Jefoné, Pispá y Ará.
39 Hijos de Ulá: Araj, Janiel y Risiá.
40 Todos éstos fueron hijos de Aser, jefes de familia, gente escogida, esforzados guerreros, jefes de príncipes. En los registros genealógicos estaban inscritos en número de 26.000 hombres, aptos para la milicia y la guerra.

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Introducción a I Crónicas

LOS LIBROS DE LAS CRÓNICAS DE ESDRAS Y NEHEMÍAS

Introducción
El AT comprende un segundo grupo de libros históricos que en gran parte reiteran y luego prosiguen la historia deuteronomista que abarca de Josué al fin de los Reyes. Se trata de los dos libros de las Crónicas, y además del libro de Esdras y, según la opinión común, del libro de Nehemías. Los dos libros de las Crónicas formaban primitivamente uno solo, y los libros de Esdras y Nehemías integraban el mismo conjunto, obra de un solo autor. No sólo encontramos en ellos el mismo estilo y las mismas ideas fundamentales, sino que la repetición, al comienzo de Esd 1, de los versículos con que concluye 2 Cro 36, certifica la unidad de composición.

Son, pues, los libros de las Crónicas (según el título hebreo; la Biblia griega y la Vulgata los llaman «Paralipómenos», es decir, los libros que refieren las «cosas omitidas», que añaden un complemento) obra del Judaísmo postexílico, de una época en que el pueblo, privado de su independencia política, gozaba con todo de una especie de autonomía reconocida por los dueños del Oriente: vivía bajo la dirección de sus sacerdotes, según las reglas de su ley religiosa. El Templo y sus ceremonias eran el centro de la vida nacional. Pero este marco legalista y ritual recibe vida de una corriente de piedad personal, de las doctrinas sapienciales, del recuerdo de las glorias o de las debilidades del pasado y de la confianza en las promesas de los profetas.

El autor de las Crónicas, un levita de Jerusalén, es profundamente adicto a este medio.

Escribe después de Esdras y Nehemías, bastante tiempo después, puesto que puede combinar a su gusto las fuentes que a aquéllos se refieren. La fecha más probable parece ser el comienzo de la época griega, antes del año 300 a. C. El libro recibió después adiciones procedentes de una o de varias manos. En especial fueron ampliados los cuadros genealógicos de 1 Cro 2-9 y se añadieron listas de nombres, probablemente las de los partidarios de David, 1 Cro 12, las de sacerdotes y levitas, 1 Cro 15, y la larga adición de 23:3-27:34, que es un recuento del personal cultual y administrativo de David.

Estos complementos, que posiblemente utilizaron excelentes documentos, siguen la línea de pensamiento del Cronista.

Muestra gran interés por el Templo. El clero desempeña en su obra un papel preeminente: no sólo los sacerdotes y los levitas, según el espíritu del Deuteronomio y de los textos sacerdotales del Pentateuco, sino también las clases inferiores del clero, los porteros y los cantores, equiparados en adelante a los levitas. La santificación del clero se extiende a los seglares mediante la participación de éstos en los sacrificios de comunión, que ante el Cronista recuperan su antigua importancia. Esta comunidad santa no se restringe exclusivamente a los de Judá: por encima de la apostasía del reino de Israel, del que habla lo menos posible, se imagina a las Doce Tribus unidas bajo el cetro de David y, por encima de las circunstancias del momento, espera la reunión de todos los hijos de Israel. Ni aun los mismos paganos quedan excluidos de la oración del Templo. «Israel» es para él todo el pueblo fiel, con el que Dios había concertado en otro tiempo una alianza y con el que ha renovado aquella alianza en la persona de David. Bajo David se realizaron mejor que nunca las condiciones de la teocracia del reino de Dios sobre la tierra; y en el espíritu de David debe vivir la comunidad, con un afán constante de reforma que es una vuelta a las tradiciones, para que Dios le conserve su favor y cumpla sus promesas.

El centro de interés permanente de esta larga historia es el Templo de Jerusalén y su culto, desde los preparativos bajo David hasta la restauración llevada a cabo por la comunidad vuelta del Destierro.

Estos grandes pensamientos del Cronista explican la composición de su obra. Los primeros caps., 1 Cro 1-9, ofrecen listas genealógicas que se detienen más en la tribu de Judá y la descendencia de David, en los levitas y en los habitantes de Jerusalén. Esto sirve de introducción a la historia de David, que ocupa todo el final del primer libro, 10-29. Se omiten las desavenencias con Saúl, así como el pecado con Betsabé, los dramas de familia y las rebeliones, pero se da relieve a la profecía de Natán, 17, y se concede una importancia considerable a las instituciones religiosas: traslado del arca y organización del culto en Jerusalén, 13, 15-16, preparativos para la construcción del Templo, 21-29. David ha levantado el plano, reunido los materiales, ha organizado las funciones del clero hasta en los detalles, y ha dejado la realización a su hijo Salomón. En la historia de éste, 2 Cro 1-9, la construcción del Templo, la oración del rey en la dedicación y las promesas con que Dios corresponde, ocupan la mayor parte. A partir del cisma, el Cronista sólo se preocupa del reino de Judá y de la dinastía davídica. A los reyes se les juzga conforme a su fidelidad o infidelidad a los principios de la alianza, según se aproximen o se aparten del modelo dado por David, 2 Cro 10-36. A los desórdenes siguen las reformas, y las más profundas de éstas son las de Ezequías y Josías; este último rey tiene sucesores impíos que precipitan el desastre, pero las Crónicas concluyen con la autorización dada por Ciro para reconstruir el Templo. Continuación de estas Crónicas, como hemos dicho, son los libros de Esdras y Nehemías.

Para escribir esta historia, el autor se ha valido, en primer lugar, de los libros canónicos: Génesis y Números para las listas del comienzo, y sobre todo Samuel y Reyes. Los utiliza con libertad, elige lo que cuadra a su propósito, añade y corta. Con todo, jamás cita estas fuentes esenciales que nosotros podemos verificar. En cambio, se refiere a cierto número de otras obras, «libros» de los reyes de Israel o de los reyes de Israel y de Judá, un «midrás» del libro de los Reyes, «palabras» o «visiones» de tal o cual profeta, etc. Estos escritos son desconocidos para nosotros y se discute respecto a su contenido y sus mutuas relaciones. Probablemente describían los diversos reinos a la luz de las intervenciones proféticas. Es dudoso que el Cronista se haya valido también de tradiciones orales.

Puesto que el Cronista ha dispuesto de fuentes que nosotros ignoramos y que podían ser dignas de fe, no hay razón para desconfiar, en principio, de todo lo que añade a los libros canónicos que nosotros conocemos. Se ha de examinar cada caso en sí, e investigaciones recientes han vindicado en diversos puntos al Cronista del descrédito en que le tenían muchos exegetas. Pero también se da el caso de que presente noticias incompatibles con el cuadro que trazan Samuel o los Reyes, o bien que modifique a sabiendas lo que dicen estos últimos libros. Este procedimiento —que no tendría excusa en ningún historiador moderno, cuya misión es narrar y explicar la sucesión de los hechos— se justifica por la intención del autor; él no es un historiador, es un teólogo que, a la luz de las experiencias antiguas y, sobre todo, de la experiencia davídica, «medita» sobre las condiciones del reino ideal; hace que el pasado, el presente y el futuro confluyan en una síntesis: proyecta sobre la época de David toda la organización cultual que tiene ante sus ojos, omite todo lo que pudiera empequeñecer a su héroe. Fuera de los datos nuevos que contiene y cuyo valor se puede verificar, su obra no vale tanto para reconstruir el pasado como para ofrecernos un cuadro del estado y de las preocupaciones de su época.

Porque el Cronista escribe para sus contemporáneos. Les recuerda que la vida de la nación depende de su fidelidad a Dios y que esta fidelidad se expresa mediante la obediencia a la ley y a la regularidad de un culto animado por la verdadera piedad. Quiere hacer de su pueblo una comunidad santa, en cuyo favor se realizarán las promesas hechas a David. Los hombres religiosos del Judaísmo contemporáneo de Cristo vivirán en este espíritu, a veces con desviaciones que él no había previsto. Su enseñanza sobre la primacía de lo espiritual y sobre el gobierno divino de todos los acontecimientos del mundo tiene un valor permanente; deberíamos meditarlo en una época como la nuestra, en que la invasión de lo profano parece retrasar indefinidamente el establecimiento del reino de Dios.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Gén_46:13; |Núm_26:23-24; Jue_10:1

NOTAS

7 Este cap. también se ha elaborado a base de fuentes diversas; particularmente, las cifras referentes a Isacar, Benjamín y Aser denotan el uso de la lista de censo, diferente por otra parte de la de Nm 1 y 26.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Cr_8:1 s; |Gén_46:21; |Núm_26:38


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_21:18


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Núm_26:39


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Gén_46:24; |Núm_26:48-50

NOTAS

7:13 Los hijos de Bilhá fueron Dan y Neftalí, Gén_30:5-8. Jusín, 1Cr_7:12, ver Gén_46:23, indudablemente representa aquí a la tribu de Dan, a la que no se describe en parte alguna.

NOTAS

7:14 La lista es complicada y probablemente está corrompida: Jupín y Supín provendrán sin duda de 1Cr_7:12; Maacá es hermana, 1Cr_7:15, y mujer, 1Cr_7:16, de Maquir. Esta lista se refiere sobre todo a Maquir, establecido en Galaad, es decir, la «media tribu» de Manasés, Núm_32:39 s.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_26:33

NOTAS

7:15 Sin duda el segundo hijo, ya que el primero es Asriel.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_6:11 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_26:35

NOTAS

7:20 La lista de los descendientes de Efraín termina en Josué, 1Cr_7:27. Es interrumpida por la pequeña historia de 1Cr_7:21-24.

NOTAS

7:21 El Cronista completa la lista de Núm_26:35 s por medio de otra lista que añade dos nombres benjaminitas: Zabad, ver 1Cr_8:15 s, y Ézer, ver 1Cr_4:4. Efraín y Benjamín eran vecinos y algunos clanes han podido pasar de una tribu a otra.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Cr_8:13

NOTAS

7:23 El nombre de Beriá se relaciona con beraah «en la desgracia». -Beriá es por tanto un clan de Efraín, que más adelante pasó a Benjamín, ver 1Cr_8:13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_16:3


NOTAS

7:25 Según 1Cr_7:20 y Núm_26:35; «Résef y Télaj» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_1:10


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_33:11


NOTAS

7:28 En otro pasaje, a Siquén se le relaciona con Manasés. Los vv. 1Cr_7:28-29 consideran en bloque a Efraín y Manasés, los «hijos de José».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Gén_46:17; |Núm_26:44 s

NOTAS

7:30 El territorio de Aser se extendía entre Fenicia y el Carmelo, Jos_19:24-31, pero esta lista contiene varios nombres que se localizan al sur de la montaña de Efraín. Acaso se trate del recuerdo de un hábitat primitivo; más probablemente algunos grupos aseritas emigraron hacia el sur y fueron integrados en las tribus de Efraín y Benjamín.