Salmos 119 Biblia Jerusalén (1998) | 176 versitos |
1 Alef. Dichosos los que caminan rectamente, los que proceden en la ley de Yahvé.
2 Dichosos los que guardan sus preceptos, los que lo buscan de todo corazón;
3 los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.
4 Tú promulgaste tus ordenanzas, para que sean guardadas cabalmente.
5 ¡Ojalá mis caminos estén firmes para poder guardar tus preceptos!
6 No me veré entonces defraudado al mirar todos tus mandamientos.
7 Te daré gracias con toda sinceridad cuando aprenda tus justas normas.
8 Quiero observar tus preceptos, no me abandones del todo.
9 Bet. ¿Cómo purificará el joven su conducta? Observando tu palabra.
10 Te busco de todo corazón, no me desvíes de tus mandatos.
11 En el corazón guardo tu promesa, para no pecar contra ti.
12 ¡Bendito seas, Yahvé, enséñame tus preceptos!
13 Con mis labios he contado lo que dispone tu boca.
14 Me recreo cumpliendo tus dictámenes más que en toda riqueza.
15 Tus ordenanzas quiero meditar y fijarme en tu forma de actuar.
16 Me deleito en tus preceptos, no olvido tu palabra.
17 Guímel. Favorece a tu siervo y viviré, y así guardaré tu palabra.
18 Abre mis ojos y contemplaré las maravillas de tu ley.
19 Soy un forastero en la tierra, no me ocultes tus mandamientos.
20 Me consumo todo deseando tus normas en todo tiempo.
21 Tú has increpado a los soberbios, ¡malditos los que se apartan de tus mandatos!
22 Aleja de mí oprobio y menosprecio, porque he guardado tus dictámenes.
23 Aunque los nobles deliberen contra mí, tu siervo medita en tus preceptos.
24 Tus dictámenes hacen mis delicias, tus preceptos son mis consejeros.
25 Dálet. Estoy abatido en el polvo, hazme vivir por tu palabra.
26 Te conté mi vida y me respondiste, enséñame tus preceptos.
27 Indícame el camino hacia tus mandatos y meditaré en todas tus maravillas.
28 Me deshago en lágrimas por la pena, sosténme conforme a tu palabra.
29 Aléjame del camino de la mentira y dame la gracia de tu ley.
30 He escogido el camino de la lealtad, me conformo a tus disposiciones.
31 Me mantengo adherido a tus preceptos, no me confundas, Yahvé.
32 Recorro el camino de tus mandatos, pues tú dilatas mi corazón.
33 He. Enséñame, Yahvé, el camino de tus preceptos, lo quiero recorrer como recompensa.
34 Dame inteligencia para guardar tu ley y observarla de todo corazón.
35 Llévame por la senda de tus mandatos, que en ella me siento complacido.
36 Inclina mi corazón a tus dictámenes, y no a ganancias injustas.
37 Aparta mis ojos de la vanidad, hazme vivir por tu palabra.
38 Mantén a tu siervo tu promesa, que conduce a tu temor.
39 Apártame el oprobio que me espanta, pues son buenas tus decisiones.
40 Mira que anhelo tus ordenanzas, hazme vivir por tu justicia.
41 Vau. ¡Llegue a mí tu amor, Yahvé, tu salvación, conforme a tu promesa!
42 Y daré respuesta al que me insulta, porque confío en tu palabra.
43 No apartes de mi boca la palabra veraz, pues tengo esperanza en tus mandamientos.
44 Observaré sin descanso tu ley, para siempre jamás.
45 Y andaré por camino anchuroso, pues voy buscando tus ordenanzas.
46 De tus dictámenes hablaré ante los reyes, y no tendré que avergonzarme.
47 Me deleitaré en tus mandatos, que amo muchísimo.
48 Tiendo mis manos hacia ti, medito en todos tus preceptos.
49 Zain. Recuerda la palabra dada a tu siervo, de la que has hecho mi esperanza.
50 Éste es mi consuelo en mi miseria: que me da vida tu promesa.
51 Los soberbios me insultan hasta el colmo, pero yo no me aparto de tu ley.
52 Me acuerdo de tus normas de antaño, oh Yahvé, y me consuelo.
53 Me arrebata el furor por los malvados, que abandonan tu ley.
54 Tus preceptos son cantares para mí en mi mansión de forastero.
55 Por la noche me acuerdo de tu nombre, Yahvé, quiero guardar tu ley.
56 Ésta es mi tarea: guardar tus ordenanzas.
57 Jet. Mi porción es Yahvé. He decidido guardar tus palabras.
58 Busco con anhelo tu favor, tenme piedad por tu promesa.
59 He examinado mis caminos y vuelvo mis pasos a tus dictámenes.
60 Me doy prisa, sin tardar, en observar tus mandamientos.
61 Me envuelven las redes de los malvados, pero yo no olvido tu ley.
62 Me levanto a medianoche a darte gracias, por la justicia de tus normas.
63 Amigo soy de los que te temen y observan tus ordenanzas.
64 De tu amor, Yahvé, está llena la tierra, enséñame tus preceptos.
65 Tet. Has sido generoso con tu siervo, oh Yahvé, conforme a tu palabra.
66 Enséñame cordura y sabiduría, pues tengo fe en tus mandamientos.
67 Antes de humillarme, me descarriaba, pero ahora cumplo tu palabra.
68 Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.
69 Los soberbios me enredan con mentiras, pero guardo tus ordenanzas de corazón.
70 Como de grasa se embota su corazón, pero yo me deleito en tu ley.
71 Considero un bien ser humillado, para así aprender tus preceptos.
72 Considero un bien la ley de tu boca, más que miles de monedas de oro y de plata.
73 Yod. Tus manos me han hecho y me han formado, instrúyeme para aprender tus mandamientos.
74 Los que te temen me miran alegres, porque sé esperar en tu palabra.
75 Sé, Yahvé, que son justas tus decisiones, que tú me humillas con lealtad.
76 Que tu amor sea mi consuelo, según prometiste a tu siervo.
77 Que me alcance tu ternura y viviré, porque tu ley es mi delicia.
78 Queden confundidos los soberbios que me calumnian, pero yo medito en tus ordenanzas.
79 Vuélvanse hacia mí los que te temen, los que conocen tus dictámenes.
80 Sea mi corazón firme en tus preceptos, para que no quede avergonzado.
81 Kaf. Se consume mi ser en pos de tu salvación, espero en tu palabra.
82 Se consumen mis ojos en pos de tu promesa: ¿Cuándo me consolarás?
83 Aunque quede como un odre ahumado, no me olvido de tus preceptos.
84 ¿Cuántos años vivirá aún tu siervo? ¿cuándo juzgarás a mis perseguidores?
85 Los soberbios me han cavado fosas, los que van en contra de tu ley.
86 Todos tus mandatos son verdad, me persiguen con mentira, ¡ayúdame!
87 Poco falta porque me borren de la tierra, pero yo tus ordenanzas no abandono.
88 Hazme vivir en nombre de tu amor, y guardaré el dictamen de tu boca.
89 Lámed. Tu palabra, Yahvé, para siempre, firme está en los cielos.
90 Tu verdad dura por todas las edades, tú asentaste la tierra, que persiste.
91 Tu disposición conserva todo hasta hoy, pues todas las cosas están a tu servicio.
92 De no haberme deleitado en tu ley, ya habría perecido en mi aflicción.
93 Jamás olvidaré tus ordenanzas, con ellas me mantienes en vida.
94 Tuyo soy, sálvame, pues busco tus ordenanzas.
95 Los malvados me acechan para perderme, pero estoy atento a tus dictámenes.
96 En todo lo perfecto he visto límites: ¡Pero qué inmenso tu mandamiento!
97 Mem. ¡Oh, cuánto amo tu ley! Todo el día la medito.
98 Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos, porque es mío para siempre.
99 Gano en sagacidad a mis maestros, porque medito tus dictámenes.
100 Gano en cordura a los ancianos, porque guardo tus ordenanzas.
101 Aparto mis pasos del mal camino, para guardar así tu palabra.
102 Nunca me aparto de tus normas, porque así me instruyes tú.
103 ¡Qué dulce me sabe tu promesa, más que la miel a mi boca!
104 Con tus ordenanzas cobro inteligencia, por eso odio la senda del engaño.
105 Nun. Tu palabra es antorcha para mis pasos, luz para mi sendero.
106 Lo he jurado y he de cumplirlo: guardar tus justas disposiciones.
107 Estoy sobremanera humillado, Yahvé, dame la vida conforme a tu palabra.
108 Acepta, Yahvé, los votos de mi boca, y hazme ver tu voluntad.
109 Mi vida está en mis manos sin cesar, pero no olvido tu ley.
110 Me tienden lazos los malvados, pero no me desvío de tus ordenanzas.
111 Tus dictámenes son mi herencia perpetua, ellos son la alegría de mi corazón.
112 Inclino mi corazón a cumplir tus preceptos, que son recompensa para siempre.
113 Sámek. Aborrezco la doblez y amo en cambio tu ley.
114 Tú eres mi escudo y mi refugio, yo espero en tu palabra.
115 ¡Apartaos de mí, malvados, quiero guardar los mandamientos de mi Dios!
116 Sosténme con tu promesa y viviré, no defraudes mi esperanza.
117 Sé tú mi apoyo y estaré a salvo, y sin cesar me fijaré en tus preceptos.
118 Rechazas a los que se apartan de tu voluntad, que utilizan la mentira en sus cálculos.
119 Consideras escoria a los malvados de la tierra, por eso amo tus dictámenes.
120 Tu terror me hace temblar, tengo miedo de tus juicios.
121 Ain. Practico derecho y justicia, no me entregues a mis opresores.
122 Sal fiador en favor de tu siervo, que no me opriman los soberbios.
123 Mis ojos languidecen por tu salvación, por tu promesa de justicia.
124 Trata a tu siervo según tu amor, enséñame tus preceptos.
125 Soy tu siervo, hazme entender y aprenderé tus dictámenes.
126 Ya es hora de actuar, Yahvé, se ha violado tu ley.
127 También yo amo tus mandamientos, más que el oro, que el oro fino.
128 También yo me guío por tus preceptos y aborrezco el camino de la mentira.
129 Pe. Tus dictámenes son maravillas, por eso los guarda mi alma.
130 Al manifestarse, tus palabras iluminan, dando inteligencia a los sencillos.
131 Abro bien mi boca y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandatos.
132 Vuélvete a mí y tenme piedad, como es justo con los que aman tu nombre.
133 Afirma mis pasos en tu promesa, que no me domine ningún mal.
134 Rescátame de la opresión humana, y yo tus ordenanzas guardaré.
135 Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus preceptos.
136 Ríos de lágrimas vierten mis ojos, porque no se guarda tu ley.
137 Sade. ¡Justo eres, Yahvé, y rectos tus juicios!
138 Con justicia impones tus dictámenes, con colmada fidelidad.
139 Mi celo me consume, pues mis adversarios olvidan tus palabras.
140 Tu promesa es pura en extremo, y tu siervo la ama.
141 Pequeño soy y despreciado, mas no olvido tus ordenanzas.
142 Justicia eterna es tu justicia, verdad es tu ley.
143 Aunque me alcancen angustia y opresión, tus mandamientos hacen mis delicias.
144 Justicia eterna son tus dictámenes, dame entendimiento y viviré.
145 Qof. Invoco de corazón, respóndeme, Yahvé, y guardaré tus preceptos.
146 Yo te invoco, sálvame, y guardaré tus dictámenes.
147 Me adelanto a la aurora y pido auxilio, espero en tu palabra.
148 Mis ojos se adelantan a las vigilias nocturnas, a fin de meditar en tu promesa.
149 Por tu amor, Yahvé, escucha mi voz, dame vida conforme a tus juicios.
150 Se acercan a la infamia mis perseguidores, se alejan de tu ley.
151 Tú estás cerca, Yahvé, tus mandamientos son verdad.
152 Hace tiempo que sé de tus dictámenes, que tú estableciste para siempre.
153 Res. Mira mi aflicción y líbrame, que yo no olvido tu ley.
154 Defiende mi causa, rescátame, dame vida conforme a tu promesa.
155 Lejos de los malvados tu salvación, pues no buscan tus preceptos.
156 Grande es tu ternura, Yahvé, dame vida conforme a tus juicios.
157 Muchos son mis enemigos y adversarios, pero yo no me aparto de tus dictámenes.
158 Veo a los traidores y me disgusta que no guarden tu promesa.
159 Pero yo amo tus ordenanzas, Yahvé, dame la vida por tu amor.
160 El conjunto de tu palabra es la verdad, tus rectos juicios duran por siempre.
161 Sin. Unos príncipes me persiguen sin razón, mas mi corazón teme tus palabras.
162 Yo me regocijo en tu promesa como quien halla un gran botín.
163 Abomino y detesto la mentira, pero amo en cambio tu ley.
164 Siete veces al día te alabo, por la rectitud de tus juicios.
165 Rebosan paz los que aman tu ley, ningún contratiempo los hace tropezar.
166 Espero tu salvación, Yahvé, y cumplo tus mandamientos.
167 Aspiro a guardar tus dictámenes, los amo sobremanera.
168 Guardo tus ordenanzas y dictámenes, tienes presente todos mis caminos.
169 Tau. Llegue mi grito ante ti, Yahvé, por tu palabra hazme comprender.
170 Llegue mi súplica a tu presencia, líbrame por tu promesa.
171 Mis labios proclaman tu alabanza, pues tú me enseñas tus preceptos.
172 Mi lengua proclama tu promesa, pues justos son tus mandamientos.
173 Acuda tu mano en mi socorro, pues he elegido tus ordenanzas.
174 Anhelo tu salvación, Yahvé, tu ley hace mis delicias.
175 Que mi ser viva para alabarte, que tus disposiciones me ayuden.
176 Me he descarriado como oveja, ven en busca de tu siervo. No, no olvido tus mandamientos.

Patrocinio

 
 

Introducción a Salmos

LOS SALMOS

Introducción
Israel, como sus vecinos de Egipto, Mesopotomia y Canaán, cultivó desde sus orígenes la poesía lírica en todas sus formas. Algunas piezas se hallan engastadas en los libros históricos, desde el Cántico de Moisés, Ex 15, el Cántico del Pozo, Núm_21:17-18, el himno de victoria de Débora, Jc 5, la elegía dedicada por David a Saúl y Jonatán, 2 S 1, etc., hasta los elogios de Judas y Simón Macabeo, 1Ma_3:3-9 y 1Ma_14:4-15, y más tarde los cánticos del Nuevo Testamento, el Magnificat, el Benedictus y el Nunc dimittis. Numerosos pasajes de los libros proféticos pertenecen a estos mismos géneros literarios. Existían antiguas colecciones de las que no quedan más que el nombre y algunos vestigios, el libro de las Guerras de Yahvé, Núm_21:14, y el libro del Justo, Jos_10:13; 2Sa_1:18. Pero el tesoro de la lírica religiosa de Israel ha sido conservado en el Salterio.

Los nombres
El Salterio (del griego Psalterion, propiamente nombre del instrumento de cuerda que acompañaba a los cantos, los salmos) es la colección de los ciento cincuenta salmos. Del Sal 10 al Sal 148, la numeración de la Biblia hebrea (la que aquí seguimos) se adelanta en una unidad a la Biblia griega y a la Vulgata, que unen los salmos 9 y 10 y los salmos 114 y 115, pero dividen en dos el Sal 116 y el Sal 147.

El Salterio se llama Tehil·lim, «Himnos», en hebreo, pero el nombre no encaja con exactitud más que en cierto número de salmos. En realidad, en los títulos que encabezan la mayoría de los salmos, el nombre de himno sólo se da al Sal 145. El título más frecuente es mizmor, que alude a un acompañamiento musical, y que se traduce muy bien con nuestra palabra «salmo». A algunos de estos salmos se les llama también «canciones», y el mismo término, cuando va solo, sirve de introducción a cada pieza de la colección «Canciones de las subidas», Sal 120-134. Otras designaciones resultan más raras y, en ocasiones, de difícil interpretación.

Géneros literarios
Mejor clasificación se obtiene con el estudio de las formas literarias, y, desde este punto de vista estilístico, se distinguen tres grandes géneros: los himnos, las súplicas y las acciones de gracias. No se trata de una división exhaustiva, porque existen formas secundarias, irregulares o mixtas, y no siempre corresponde a un agrupamiento de los salmos que se pudieran hacer según sus temas o sus intenciones.

1. Los himnos. Son los Sal 8, 19, 29, 33, 46-48, 76, 84, 87, 93, 96-100, 103-106, 113, 114, 117, 122, 135, 136, 145-150. Su composición es bastante uniforme. Todos comienzan con una exhortación a la alabanza divina. El cuerpo del himno detalla los motivos de esta alabanza, los prodigios realizados por Yahvé en la naturaleza, especialmente su obra creadora, y en la historia, particularmente la salvación concedida a su pueblo. La conclusión repite la fórmula de introducción o expresa una oración.

En este conjunto podemos distinguir, según su tema, dos grupos de salmos. Los Cánticos de Sión, Sal 46, 48, 76, 87, ensalzan, con una nota teñida de escatología, a la ciudad santa, morada del Altísimo y meta de las peregrinaciones, ver Sal 84 y 122. Los Salmos del Reinado de Dios, en especial Sal 47, 93, 96-98, celebran, en un estilo que recuerda a los profetas, el reinado universal de Yahvé. Se ha tratado de relacionarlos con una fiesta de la entronización de Yahvé, que suponen se celebraba anualmente en Israel, como se hacía en Babilonia con Marduc, debido a que estos salmos emplean el vocabulario y las imágenes de la subida de los reyes humanos a su trono. Pero la existencia de tal fiesta en Israel es hipótesis poco segura.

2. Las súplicas, o salmos de sufrimiento, o lamentaciones. A diferencia de los himnos, las súplicas no cantan las glorias de Yahvé, sino que se dirigen a él. Generalmente comienzan con una invocación, a la que acompaña una petición de ayuda, una oración o una expresión de confianza. En el cuerpo del salmo se intenta conmover a Yahvé describiendo la triste situación de los suplicantes, con metáforas que son tópicos y que rara vez permiten determinar las circunstancias históricas o concretas de la oración: se habla de las aguas del abismo, de las asechanzas de la muerte o del Seol, de enemigos o de bestias (perros, leones, toros) que amenazan o desgarran, de huesos que se secan o se quiebran, del corazón que palpita y se estremece. Hay protestas de inocencia, Sal 7, 17, 26, y confesiones de pecados como el Miserere, Sal 51, y otros salmos de penitencia. Se le recuerdan a Yahvé sus antiguos beneficios o se le reprocha porque parece olvidadizo o ausente, por ejemplo Sal 9-10, 22, 44. Pero también se afirma la confianza que se tiene en él, Sal 3, 5, 42-43, 55-57, 63, 130, etc., y, en ocasiones, el salmo de petición no es más que una larga invocación de confianza, Sal 4, 11, 16, 23, 62, 91, 121, 125, 131. La súplica concluye a menudo, y en forma a veces abrupta, con la certeza de que la oración es atendida y con una acción de gracias, por ejemplo los Sal 6, 22, 69, 140.

Estas súplicas pueden ser colectivas o individuales.

a) Súplicas colectivas, así Sal 12, 44, 60, 74, 79, 80, 83, 85, 106, 123, 129, 137. Su oración puede ser un desastre nacional, derrota o destrucción, o una necesidad común; en estos casos, se pide la salvación y la restauración del pueblo. Los Sal 74 y 137, por lo menos, como asimismo la colección de Lamentaciones atribuidas por la tradición a Jeremías, reflejan las consecuencias de la ruina de Jerusalén del año 587; el Sal 85 expresa los sentimientos de los repatriados. El Sal 106 es una confesión general de los pecados de la nación.

b) Súplicas individuales, así Sal 3, 5-7, 13, 17, 22, 25, 26, 28, 31, 35, 38, 42-43, 51, 54-57, 59, 63, 64, 69-71, 77, 86, 102, 120, 130, 140-143. Estas plegarias son particularmente numerosas, y el contenido de las mismas es muy variado: además de los peligros de muerte, las persecuciones, el destierro y la vejez, los males cuya liberación piden son, en especial, la enfermedad, la calumnia y el pecado. No quedan suficientemente definidos los enemigos, «los malhechores», aquellos de quienes se quejan o contra los cuales se enojan. No parece tratarse, como algunos han creído, de los echadores de suertes cuyos maleficios se pretendería combatir con estos salmos. No son tales poemas, como se afirmaba en otro tiempo, la expresión en singular del «yo» colectivo. Ni siquiera es posible, como recientemente se ha propuesto, poner todos ellos en boca de un rey que hablara en nombre de su pueblo. Esas oraciones son, por una parte, demasiado individuales por el tono y, por otra, demasiado desprovistas de alusiones a la persona y a la condición regias para que tales teorías sean probables. Es verdad, sin duda, que algunas de ellas han sido adaptadas y utilizadas como lamentaciones nacionales, así, Sal 22, 28, 59, 69, 71, 102; verdad, asimismo, que hay salmos reales, de los que volveremos a hablar; verdad, finalmente, que esas oraciones llegaron a entrar en su totalidad en el uso común (esto es lo que significa su inclusión en el Salterio), pero no es menos verdad que fueron compuestas por tal o cual individuo, en una necesidad particular. Son gritos del alma y expresiones de una fe personal. Porque no son nunca puras lamentaciones, sino confiadas súplicas a Dios en la tribulación.

3. Las acciones de gracias. Ya se ha visto que las súplicas podían concluir con un agradecimiento a Yahvé por haber escuchado la oración. Este agradecimiento puede convertirse en lo esencial del poema en los salmos de acción de gracias, que no son muy numerosos, así Sal 18, 21, 30, 33, 34, 40, 65-68, 92, 116, 118, 124, 129, 138, 144. Rara vez son colectivos. El pueblo da en ellos las gracias por la liberación de un peligro, por la abundancia de las cosechas, por los beneficios concedidos al rey. Más a menudo son individuales: los particulares, tras evocar los males padecidos y la oración atendida, expresan su agradecimiento y exhortan a los fieles a alabar con ellos a Yahvé. Esta última parte sirve frecuentemente de ocasión para introducir temas didácticos. La estructura literaria de los salmos de acción de gracias es afín a la de los himnos.

4. Géneros irregulares y géneros mixtos. La frontera entre los géneros anteriormente descritos es imprecisa y éstos frecuentemente aparecen mezclados. Hay, por ejemplo, lamentaciones que siguen a una oración confiada, Sal 27, 31, o que preceden a un canto de acción de gracias, Sal 28, 57. El Sal 89 comienza con un himno, prosigue con un oráculo y termina con una lamentación. El largo Sal 119 es un himno a la Ley, pero es también una lamentación individual y expone una doctrina de Sabiduría. Esto se debe a que son muchos los elementos, extraños en sí mismos a la lírica, que se han introducido en el Salterio. Acabamos de aludir a los temas de Sabiduría, y más arriba dijimos que se los encuentra en algunos salmos de acción de gracias. Ocupan a veces tanta extensión, que se suele hablar, con cierta impropiedad, de Salmos didácticos. En realidad, los Sal 1, 112 y 127 son meras composiciones sapienciales. Pero algunos otros conservan ciertas características de los géneros líricos: el Sal 25 entronca con las lamentaciones, los Sal 32, 37, 73, con las acciones de gracias, etc.

Otros salmos han recogido oráculos o no son más que oráculos amplificados, así, Sal 2, 50, 75, 81, 82, 85, 95, 110. Han sido interpretados recientemente como verdaderos oráculos pronunciados por sacerdotes o profetas durante las ceremonias del Templo. Otra opinión insiste en no ver en ellos más que el empleo del estilo profético, sin conexión real con el culto. Cuestión debatida. Pero hay que reconocer, por una parte, que las relaciones entre el Salterio y la literatura profética no sólo se dan en los oráculos, sino que se extienden a otros muchos temas, como las teofanías, las imágenes de la copa, del fuego, del crisol, etc., y que, por otra parte, hay vínculos innegables que hacen que el Salterio dependa del culto del Templo; volveremos sobre esto.

Salmos reales
Hay cierto número de cantos «reales» entreverados en el Salterio y que pertenecen a diversos géneros literarios. Hay oráculos en favor del rey, Sal 2 y 110, oraciones por el rey, Sal 20, 61, 72, una acción de gracias por el rey, Sal 21, oraciones del rey, Sal 18, 28, 63, 101, un canto real de procesión, Sal 132, un himno real, Sal 144, incluso un epitalamio para una boda de príncipes, Sal 45. Se trata de poemas antiguos, que datan de la época monárquica y reflejan el lenguaje y el ceremonial de la corte. Aludían sin duda a un rey de su época y los Sal 2, 72, 110 pudieron ser salmos de entronización. Se dice del rey que es hijo adoptivo de Yahvé, que su reino no tendrá fin, que su poder se extenderá hasta los confines de la tierra; hará que triunfen la paz y la justicia, será el salvador de su pueblo. Estas expresiones pueden parecer extravagantes, pero no exceden a lo que los pueblos vecinos decían de su soberano y de lo que Israel esperaba del suyo.

Pero, en Israel, el rey recibe la unción, que le convierte en vasallo de Yahvé y lugarteniente suyo en la tierra. Es el Ungido de Yahvé, en hebreo el «Mesías», y esta relación religiosa establecida con Dios particulariza la concepción israelita y la diferencia de las de Egipto o Mesopotamia, a pesar del empleo de una fraseología común. El «mesianismo real», que aparece con la profecía de Natán, 2 S 7, se expresa en los comentarios que de él ofrecen los Sal 89 y 132 y especialmente los Sal 2, 72, 110. Mantenían en el pueblo la esperanza en las promesas hechas a la dinastía de David. Si por mesianismo se entiende la espera de un rey futuro, de un último rey que traerá la salvación definitiva y que establecerá el reinado de Yahvé en la tierra, ninguno de estos salmos es propiamente «mesiánico». Pero algunos de estos antiguos cantos reales, que siguieron utilizándose después de la caída de la monarquía y fueron incorporados al Salterio, posiblemente con retoques y adiciones, alimentaron la esperanza de un Mesías individual, descendiente de David. Esta esperanza seguía viva entre los judíos en vísperas del comienzo de nuestra era, y los cristianos vieron su realización en Cristo (Cristo en griego, como Mesías en hebreo, significa Ungido). El Sal 110 será el texto del Salterio que más a menudo se citará en el Nuevo Testamento. El mismo canto nupcial del Sal 45 terminó por expresar la unión del Mesías con el nuevo Israel, en la línea de las alegorías matrimoniales de los profetas, y Heb_1:8 lo aplica a Cristo. En la misma perspectiva, el Nuevo Testamento y la tradición cristiana aplican a Cristo otros salmos que no eran salmos reales, pero que expresaban por anticipado el estado y los sentimientos del Mesías, el Justo por excelencia, por ejemplo, los Sal 16 y 22, y algunos pasajes de numerosos salmos, en particular de los Sal 8, 35, 40, 41, 68, 69, 97, 102, 118, 119. Asimismo, los salmos del reinado de Yahvé han sido relacionados con el reinado de Cristo. Y aun cuando estas aplicaciones sobrepasan el sentido literal, son legítimas, porque todas las esperanzas que animan el Salterio sólo se realizan plenamente con la venida del Hijo de Dios al mundo.

Los Salmos y el culto
El Salterio es la colección de cantos religiosos de Israel. Sabemos, por otra parte, que entre el personal del Templo figuraban los cantores y, si bien éstos no son mencionados explícitamente hasta después del Destierro, es cierto que existieron desde el principio. Las fiestas de Yahvé se celebraban con danzas y coros, ver Jue_21:19-21; 2Sa_6:5, 2Sa_6:16. Según Amó_5:23, los sacrificios se acompañaban con cánticos y, puesto que el palacio real tenía sus cantores en tiempo de David, 2Sa_19:26 [2Sa_19:25], y de Ezequías, según los Anales de Senaquerib, el Templo de Salomón debió de tener los suyos, como todos los grandes santuarios orientales. De hecho, hay salmos que se atribuyen a Asaf, a los hijos de Coré, a Hemán y a Etán (o Yedutún), todos ellos cantores del Templo preexílico según los libros de las Crónicas. La tradición que atribuye a David muchos de los Salmos hace también remontarse a él la organización del culto, incluso los cantores, 1 Cro 25, y se une a los viejos textos que le presentan danzando y cantando ante Yahvé, 2Sa_6:5, 2Sa_6:16.

Muchos de los salmos llevan indicaciones musicales o litúrgicas. Algunos se remiten, en su texto, a un rito que se realiza simultáneamente, Sal 20, 26, 27, 66, 81, 107, 116, 134, 135. Es evidente que éstos y otros salmos, 48, 65, 95, 96, 118, se recitaban en el recinto del Templo. Las «Canciones de las Subidas», Sal 120-134, como el Sal 84, eran cantos de peregrinación al santuario. Estos ejemplos, elegidos entre los más claros, bastan para demostrar que muchos salmos, e incluso salmos individuales, fueron compuestos para el servicio del Templo. Otros, si bien no tuvieron al principio tal destino, fueron al menos adaptados al mismo mediante la adición de bendiciones, por ejemplo, Sal 125, 128, 129.

Son, pues, innegables tanto la relación de los salmos con el culto como el carácter litúrgico del Salterio tomado en conjunto. Pero, en general, carecemos de datos para concretar la ceremonia o la fiesta en el curso de las cuales se utilizaba un salmo determinado. El título hebreo del Sal 92 lo destina al día del sábado; los títulos griegos de los Sal 24, 48, 93, 94 los distribuyen en otros días de la semana. El Sal 30 se utilizaba en la fiesta de la Dedicación, según el hebreo, y el Sal 29 se cantaba en la fiesta de las Tiendas, según el griego. Quizá no sean primitivas estas indicaciones, pero al igual que las detalladas asignaciones que se hicieron en la época judía, testifican que el Salterio fue el Cantoral del Templo y de la Sinagoga, antes de convertirse en el de la Iglesia cristiana.

Autores y fechas
Los títulos atribuyen 73 salmos a David, 12 a Asaf, 11 a los hijos de Coré y salmos aislados a Hemán, Etán (o Yedutún), Moisés y Salomón; 35 salmos quedan sin atribución. Los títulos de la versión griega no coinciden siempre con el hebreo y atribuyen 82 salmos a David. La versión siríaca difiere aún más.

Estos títulos quizá no pretendían designar a los autores de los salmos. La fórmula hebrea solamente establece una cierta relación del salmo con el personaje nombrado, sea por razón de la conveniencia del tema, sea porque este salmo pertenecía a una colección puesta bajo su nombre. Los «salmos de los hijos de Coré» pertenecían al repertorio de esta familia de cantores, así como los numerosos «del maestro de coro», Sal 4, 5, 6, 8, etc., eran piezas que ejecutaba la capilla del Templo. Había asimismo una colección de Asaf y otra davídica. Pero bien pronto se llegó a ver, en esas etiquetas de procedencia, indicaciones de autor, y algunos salmos «de David» recibieron un subtítulo que precisaba la circunstancia de la vida del rey en la que se compuso el poema, Sal 3, 7, 18, 34, 51, 52, 54, etc. Finalmente, la tradición ha visto en David no sólo al autor de todos los salmos que llevan su nombre, sino de todo el Salterio.

Estas exageradas interpretaciones no deben llevarnos a desechar el testimonio, antiguo e importante, que ofrecen los títulos de los salmos. Es razonable admitir que las colecciones de Asaf y de los hijos de Coré fueran compuestas por cantores del Templo. De forma parecida, la colección davídica debe vincularse de algún modo al gran rey. Teniendo en cuenta lo que los libros históricos refieren de su genio musical, 1Sa_16:16-18; ver Amó_6:5, y poético, 2Sa_1:19-27; 2Sa_3:33-34, de su gusto por el culto, 2Sa_6:5, 2Sa_6:15, se ha de reconocer que en el Salterio puede haber alguna pieza que tiene a David por autor. De hecho, el Sal 18 reproduce, en una recensión distinta, un poema atribuido a David por 2 S 22. Sin duda, no todos los Salmos de la colección davídica le pertenecen; pero esa colección no ha podido formarse más que a partir de un núcleo auténtico. Sólo que es difícil precisar más. Hemos visto que los títulos dados por el hebreo no eran argumento definitivo, y los escritores del Nuevo Testamento, al citar tal o cual salmo bajo el nombre de David, se atienen a la opinión de su tiempo. Con todo, no debemos rechazar esos testimonios sin razones serias, y siempre deberemos reservar a David, «el suave salmista de Israel», 2Sa_23:1, un papel en los orígenes de la lírica religiosa del pueblo elegido.

El impulso dado en su tiempo continuó después, y el Salterio resume varios siglos de actividad poética. La crítica, que había retrasado hasta la vuelta del Destierro, y a veces hasta muy tarde, todos los Salmos, adopta ahora puntos de vista más prudentes. Un número bastante nutrido de salmos se remontaría a la época monárquica, especialmente los salmos «reales», pero su contenido es demasiado general para aventurar algo más que hipótesis acerca de su fecha. Por el contrario, los salmos del Reinado de Yahvé, cargados de reminiscencias de otros salmos y de la segunda parte de Isaías, fueron compuestos durante el Destierro; y también, evidentemente, los salmos que, como el 137, hablan de la ruina de Jerusalén y de la deportación. El Sal 126 canta la Vuelta. El periodo que siguió parece haber sido fecundo en composiciones sálmicas: es el momento de la expansión del culto en el Templo restaurado, donde los cantores ganan en dignidad y son equiparados a los levitas, donde igualmente los sabios adoptan el género sálmico para difundir sus enseñanzas, como lo hará Ben Sirá. ¿Habrá que descender hasta una época posterior a la persa y reconocer salmos macabeicos? El problema se plantea especialmente para los Sal 44, 74, 79, 83, pero los argumentos propuestos no bastan para dar como probable una fecha tan tardía.

Formación del Salterio
El Salterio que poseemos constituye el término de esta larga actividad. Existieron en un principio colecciones parciales. El Sal 72 (que el título atribuye, por lo demás, a Salomón) concluye con la nota: «Fin de las oraciones de David», aun cuando haya delante del mismo salmos no davídicos, y otros, davídicos, detrás de él. Existen en realidad dos grupos davídicos, los Sal 3-41 y 51-72, atribuidos individualmente a David, excepto el último (Salomón) y tres salmos anónimos. Otras colecciones análogas debieron existir al principio separadamente: el salterio de Asaf, Sal 50 y 73-83, el de los hijos de Coré, Sal 42-49 y 84, 85, 87, 88, el de las Subidas, Sal 120-134, el del Hal. lel, Sal 105-107, 111-118; 135, 136, 146-150. La coexistencia de varias colecciones se demuestra por los salmos que se repiten con algunas variantes, por ejemplo, Sal 14 y 53; Sal_40:14-18 [Sal_40:13-17] y 70; Sal_57:8-12 [Sal_57:7-11] más Sal_60:7-14 [Sal_60:5-12] y 108.

La labor de los coleccionistas se refleja también en el uso de los nombres divinos: «Yahvé» se emplea casi exclusivamente en los Sal 1-41 (primer grupo davídico), «Elohim» le sustituye en los Sal 42-89 (que abarcan el segundo grupo davídico, una parte de los salmos de los hijos de Coré y el salterio de Asaf), y todo el resto, 90-150 es «yahvista», con excepción del Sal 108, que combina los dos salmos «elohistas» 57 y 60. Este segundo conjunto «yahvista», en el que muchos de los salmos son anónimos, en el que abundan las repeticiones y los préstamos, parece ser el más reciente del Salterio, hipótesis que no prejuzga la fecha de cada salmo en particular.

Finalmente, el Salterio se dividió, sin duda a imitación del Pentateuco, en cinco libros que fueron separados por breves doxologías: Sal_41:14 [Sal_41:13]; Sal_72:18-20; Sal_89:52 [Sal_89:51]; Sal_106:48. El Sal 150 sirve de larga doxología final, mientras que el Sal 1 es una especie de prólogo antepuesto al conjunto.

Esta forma canónica del Salterio sólo muy tarde se impuso de forma definitiva y tuvo competidores. El Salterio griego cuenta con 151 salmos; la antigua versión siríaca, con 155. Los descubrimientos del mar Muerto han restituido el original hebreo del Sal 151 del griego, en realidad dos salmos combinados, y los dos últimos salmos siríacos, y han dado a conocer tres nuevas composiciones poéticas, incluidas en manuscritos del Salterio, en el que, por lo demás, los salmos no vienen siempre en el orden canónico. Así pues, el Salterio siguió siendo una colección abierta hasta los comienzos de nuestra era, al menos en algunos ambientes.

Valor espiritual
Es tan evidente la riqueza religiosa de los salmos que no son necesarias muchas palabras. Ellos fueron la oración del Antiguo Testamento, en la que el mismo Dios inspiró los sentimientos que sus hijos deben albergar con respecto a él y las palabras de que deben servirse al dirigirse a él. Los recitaron Jesús y la Virgen, los Apóstoles y los primeros mártires. La Iglesia cristiana ha hecho de ellos, sin cambiarlos, su oración oficial. Sin cambios, esos gritos de alabanza, de súplica o de acción de gracias, arrancados a los salmitas en las circunstancias de su época y de su experiencia personal, tienen un eco universal, porque expresan la actitud que todo hombre debe adoptar ante Dios. Sin cambios en las palabras, pero con un enriquecimiento considerable del sentido: en la Nueva Alianza, el fiel alaba y agradece a Dios que le ha revelado el secreto de su vida íntima, que le ha rescatado con la sangre de su Hijo, que le ha infundido su Espíritu y, en la recitación litúrgica, cada salmo concluye con la doxología trinitaria del Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Las viejas súplicas se hacen más ardientes una vez que la Cena, la Cruz y la Resurrección han enseñado al hombre el amor infinito de Dios, la universalidad y la gravedad del pecado, la gloria prometida a los justos. Las esperanzas cantadas por los salmistas se realizan; el Mesías ha venido y reina, y todas las naciones son llamadas para que lo alaben.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

Patrocinio

Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal 1; Sal_19:8-15 [Sal_19:7-14]

[2] Sal_1:1; Sal_112:1; Mat_5:3 s; Deu_4:29; 2Cr_31:21

NOTAS

119 Salmo «alfabético». Los ocho versos dobles de cada estrofa comienzan por una de las 22 letras del alfabeto hebreo, y cada uno de ellos, con la única excepción de Sal_119:122, contiene uno de los términos que designan la Ley: dictamen, ordenanza, precepto, mandamiento, promesa, palabra, juicio, camino. La palabra «ley» y sus sinónimos han de ser tomados en el sentido más amplio de enseñanza revelada, tal como la han transmitido los profetas. Tenemos en este salmo uno de los monumentos más característicos de la piedad israelita hacia la revelación divina.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_25:4; Sal_143:10


NOTAS

119:17 En este salmo, la «vida» se entiende en sentido pleno: felicidad, seguridad, plenitud. Tema frecuente en Ezequiel: Eze_3:21; Eze 18; Eze 33. Ver Deu_4:1 y Sal_133:3, etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_39:13+ [Sal_39:12]


NOTAS

119:21 Los grandes enemigos de Dios, vv. Sal_119:51, Sal_119:69, Sal_119:78, Sal_119:85, Sal_119:122; Sal_19:14 [Sal_19:13]; Sal_86:14; Isa_13:11; Mal_3:19 [Mal_4:1].

NOTAS

119:22 «aleja» versiones; «abre» hebr.

NOTAS

119:24 «preceptos» griego; omitido por hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Sal_44:26 [Sal_44:25]


NOTAS

119:33 La fidelidad a los mandamientos es ya el gozo y la recompensa del justo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_19:12 [Sal_19:11]

NOTAS

119:34 Este deseo, repetido aquí con frecuencia, lo expresan también a menudo los Sabios.

NOTAS

119:37 «por tu palabra» mss, Targ.; «en tu camino» TM.

NOTAS

119:43 El hebr. añade «mucho», que debe ser trasladado al Sal_119:47; ver griego y sir.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Esd_7:10

NOTAS

119:45 El fiel quiere a la vez entender la Ley y hacer de ella una norma de vida. Este estudio está en la base de la literatura midrásica (término que procede de daras «buscar»).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Sal_33:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_17:10; Sal_73:7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:6; Job_10:8


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_130:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_30:30; Sal_35:14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_19:10 [Sal_19:9]; Pro_8:22 s; Isa_40:8


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_32:6 s; Sab_4:8-9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_19:11 [Sal_19:10]; Jer_15:16


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_18:29 [Sal_18:28]; Pro_6:23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_50:14; Sal_50:23; Heb_13:15


NOTAS

119:109 Es decir: estoy dispuesto a arriesgar mi vida en todo momento.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Sal_6:9 [Sal_6:8]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_22:18-22

NOTAS

119:119 «consideras» 3 mss, Vulg., Aquila y Símmaco; «hacer cesar» TM.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_4:14-15; Sal_88:17 [Sal_88:16]


NOTAS

119:126 «Yahvé», un mss y Jerónimo; «para Yahvé» TM.

NOTAS

119:128 Con griego y Jerónimo; hebr. corrompido, lit.: «declaro rectos todos los preceptos de todo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_73:17


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Sal_25:16; Sal_5:12 [Sal_5:11]; Sal_91:14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_4:7+ [Sal_4:6]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_9:4; Esd_9:3 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Sal_69:10 [Sal_69:9]

NOTAS

119:139 El griego lee «tu celo» o «el celo de tu casa», ver Sal_69:10 [Sal_69:9].

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_63:7 [Sal_63:6]; Sal_77:5 [Sal_77:4]


NOTAS

119:150 Lit. «los que me persiguen», 12 mss y versiones; «los que persiguen (la infamia)» TM.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_43:1


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_37:11; Sal_72:7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_5:21


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_79:11; Sal_88:3 [Sal_88:2]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_22:27 [Sal_22:26]; Sal_69:33 [Sal_69:32]; Isa_38:19; Isa_55:3; Isa_53:6; Jer_50:6; Eze 34+; Luc_15:4-7


NOTAS

119:176 El tema profético de las ovejas perdidas, Eze_34:1+, se aplica aquí al individuo.