Eclesiastés 7 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 Más vale buena fama que suaves perfumes; y el día de la muerte más que el día del nacimiento.
2 Más vale ir a la casa en duelo que a la casa en fiesta, pues ése es el fin de todo hombre; y así el que vive pensará en ello.
3 Más vale llorar que reír, pues una cara triste puede ocultar un corazón feliz.
4 El sabio piensa en la casa en duelo, pero el necio piensa en la casa en fiesta.
5 Más vale oír reproche de sabio que oír alabanza de necios.
6 Porque como crepitar de zarzas bajo la olla, así es el reír del necio: y también esto es vanidad.
7 El halago atonta al sabio, y el soborno pervierte su corazón.
8 Más vale el final de una cosa que su comienzo, y más vale paciente que arrogante.
9 No te dejes llevar del enojo, pues el enojo anida en el pecho de los necios.
10 No digas: ¿Cómo es posible que el pasado sea mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre ello.
11 Buena es la sabiduría con hacienda, y aprovecha a los que ven el sol.
12 Al amparo de la sabiduría como al amparo del dinero, pero el saber le aventaja porque da vida a su dueño.
13 Mira la obra de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
14 Alégrate en el día feliz y, en el día desgraciado, considera que Dios ha hecho muy bien a uno y otro para que el hombre no descubra su porvenir.
15 En mi vano vivir, de todo he visto: honrados perecer en su honradez, y malvados envejecer en su maldad.
16 No quieras ser honrado en demasía, ni te vuelvas demasiado sabio. ¿A qué destruirte?
17 No quieras ser malvado en demasía, ni te hagas el insensato. ¿A qué morir antes de tiempo?
18 Bueno es agarrar esto sin dejar aquello de la mano, porque el temeroso de Dios de todo sale bien parado.
19 La sabiduría hace más fuerte al sabio que diez poderosos que haya en la ciudad.
20 No hay nadie tan honrado en la tierra que haga el bien sin nunca pecar.
21 Tampoco hagas caso de todo lo que se dice, para que no oigas que tu siervo te maldice,
22 pues sabes muy bien cuántas veces tú también has maldecido a otros.
23 Todo esto lo intenté recurriendo a la sabiduría. Me dije: Seré sabio. ¡Pero qué lejos estaba de mi alcance!
24 Lo que existe está lejos y es muy profundo: ¿quién dará con ello?
25 Me he dedicado a explorar y a buscar sabiduría y buen tino, y a reconocer que la maldad es necedad, y la necedad locura.
26 Y he descubierto que la mujer es más amarga que la muerte, porque es como una red, su corazón como un lazo, sus brazos como cadenas: El que agrada a Dios se libra de ella, pero el pecador cae en su trampa.
27 Mira, esto he descubierto - dice Cohélet - tratando de razonar caso por caso:
28 aunque he seguido buscando, nada he encontrado. Un hombre encontré entre mil, pero entre todas ellas no encontré una mujer.
29 Mira, sólo esto descubrí: Dios hizo sencillo al hombre, pero él se complicó con tantos razonamientos.

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Introducción a Eclesiastés

ECLESIASTÉS

Introducción
Este pequeño libro se titula «Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén». La palabra «Cohélet» (o «Qohélet»), ver Ecl_1:2 y 12; Ecl_7:27; Ecl_12:8-10, no es nombre propio, sino un nombre común empleado a veces con artículo, y aunque su forma es femenina, se construye como masculino. Según la explicación más probable, es un nombre de función y designa al que habla en la asamblea (qahal, en griego ekklesía; de ahí los títulos latino y español, tomados de la Biblia griega), en una palabra, el «Predicador». Se le llama «hijo de David y rey en Jerusalén» ver Ecl_1:12, y aunque no aparezca escrito el nombre, ciertamente se le identifica con Salomón, a quien claramente alude el texto, Ecl_1:16 (ver 1Re_3:12; 1Re_5:10-11 [1Re_4:30-31]; 1Re_10:7) ó Ecl_2:7-9 (ver 1Re_3:13; 1Re_10:23). Pero esta atribución es mera ficción literaria del autor, que pone sus reflexiones bajo el patrocinio del más ilustre de los Sabios de Israel. El lenguaje del libro y su doctrina, de la que seguidamente hablaremos, impiden situarlo antes del Destierro. Se ha impugnado a menudo la unidad de autor, y se han distinguido dos, tres, cuatro y hasta ocho manos diferentes. Pero se va renunciando cada vez más a una partición que parece desconocer el género y el pensamiento del libro, y a la que se oponen la unidad de estilo y de vocabulario, aunque sí ha sido publicado por un discípulo que añadió los últimos versículos, Ecl_12:9-14.

Como en otros libros sapienciales, por ejemplo Job y Eclesiástico, por no decir nada de Proverbios (una obra miscelánea), el pensamiento fluctúa, se rectifica y se corrige. No hay un plan definido, sino que se trata de variaciones sobre un tema único, la vanidad de las cosas humanas, que se afirma al comienzo y al final del libro Ecl_1:2 y Ecl_12:8. Todo es falaz: la ciencia, la riqueza, el amor y hasta la misma vida. Ésta no constituye más que una serie de actos incoherentes y sin importancia, Ecl_3:1-11, que concluyen con la vejez, Ecl_12:1-7, y con la muerte. Ésta afecta igualmente a sabios y a necios, ricos y pobres, animales y hombres, Ecl_3:14-20. El problema de Cohélet coincide parcialmente con el de Job: ¿tienen aquí abajo su sanción el bien y el mal? Y la respuesta de Cohélet, como la de Job, es negativa, porque la experiencia contradice a las soluciones admitidas, 7:25-8:14. Sólo que Cohélet es hombre de buena salud y no busca como Job la razón del sufrimiento; comprueba la vacuidad del bienestar y se consuela recogiendo los modestos goces que puede ofrecer la existencia, Ecl_3:12-13; Ecl_8:15; Ecl_9:7-9. Digamos más bien que trata de consolarse, porque se encuentra totalmente insatisfecho. El misterio del más allá le atormenta, sin que vislumbre una solución, Ecl_3:21; Ecl_9:10; Ecl_12:7. Pero Cohélet es un creyente, y si bien queda desconcertado ante el giro que Dios da a los asuntos humanos, afirma que Dios no tiene por qué rendir cuentas, Ecl_3:11, Ecl_3:14; Ecl_7:13, que se han de aceptar de su mano tanto las pruebas como las alegrías, Ecl_7:14, que se han de guardar los mandamientos y temer a Dios, Ecl_5:6 [Ecl_5:7]; Ecl_8:12-13.

Es evidente que esta doctrina está lejos de ser coherente. Pero ¿no será mejor atribuir las incoherencias a un pensamiento inseguro de sí mismo, porque aborda un misterio estremecedor sin contar con los elementos de solución, antes que dividir el texto entre varios autores que se corrigen y contradicen mutuamente? A Cohélet, como a Job, solamente puede dársele la respuesta con la afirmación de una sanción de ultratumba.

El libro tiene las características de una obra de transición. Las seguridades tradicionales se debilitan, pero nada firme las sustituye aún. En esta encrucijada del pensamiento hebreo se ha tratado de encontrar influencias extranjeras, que habrían actuado sobre Cohélet. Hay que descartar las comparaciones a menudo propuestas con las corrientes filosóficas del estoicismo, del epicureísmo y del cinismo, que Cohélet pudo conocer por medio del Egipto helenizado; ninguna de estas comparaciones es decisiva y la mentalidad del autor se halla muy alejada de la de los filósofos griegos. Se han fijado paralelos, más aceptables en apariencia, con composiciones egipcias como el Diálogo del Desesperado con su alma o los Cantos del Arpista, y más recientemente con la literatura mesopotámica de sabiduría y con la Epopeya de Guilgamés. Pero no se puede demostrar la influencia directa de ninguna de estas obras. Las coincidencias se dan sobre temas que a veces son muy antiguos y que integraban ya el fondo común de la sabiduría oriental. Y precisamente la reflexión personal de Cohélet ha trabajado sobre esta herencia del pasado, como lo dice su editor, Ecl_12:9.

Cohélet es un judío de Palestina, probablemente de Jerusalén mismo. Emplea un hebreo tardío, de transición, sembrado de aramaísmos, y utiliza dos palabras persas. Esto supone una fecha bastante posterior al Destierro, pero anterior a los comienzos del siglo II a. C., en el que Ben Sirá utilizó ya el librito; de hecho la paleografía sitúa en las proximidades del 150 a. C. fragmentos de Qo encontrados en las cuevas de Qumrán. El siglo III es por lo mismo la fecha de composición más probable. Estamos en el momento en que Palestina, sometida a los Tolomeos, comienza a recibir la corriente humanista y no ha sentido aún la sacudida de fe y esperanza de la época de los Macabeos.

El libro sólo marca un momento en el desarrollo religioso y no se le ha de juzgar separándolo de lo que le ha precedido y de lo que le seguirá. Al subrayar la insuficiencia de las viejas concepciones y forzar a los espíritus a enfrentarse con los enigmas humanos, apela a una revelación más elevada. Da una lección de desprendimiento de los bienes terrenos y, al negar la felicidad de los ricos, prepara al mundo para oír que son «bienaventurados los pobres», Luc_6:20.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_22:1

NOTAS

7 El primer prólogo versaba sobre el hastío, el segundo habla de la risa, pero es también muy riguroso.



NOTAS

7:7 V. oscuro, pero las diversas correcciones propuestas no son satisfactorias. Acaso Cohélet no quiera expresar más que la debilidad del sabio mismo, que no puede soportar serenamente ni la desgracia ni el excesivo favor.

NOTAS

7:8 La Ley había formulado el principio de una retribución colectiva: Israel, fiel, sería feliz; infiel, desgraciado, ver Deu_7:12 s; Deu_11:26-28; Deu_28:1-68; Lv 26. Los Sabios lo habían aplicado al destino personal: Dios da a cada uno según sus obras, Pro_24:12; Sal_62:13 [Sal_62:12]; Job_34:11. De ahí deducían que la suerte presente del hombre guarda proporción con su mérito. A los mentís de la experiencia, replicaban: la felicidad del malo es efímera, la desgracia del justo, temporal. Así el Sal 37 y los amigos de Job. Cohélet refuta esta tesis. A la respuesta clásica, Ecl_7:8, contrapone el escepticismo, Ecl_7:9-12. Hay que aceptar el destino tal como llega, sin querer explicarlo, Ecl_7:13-15. E incluso si la vida y la muerte se hallan mal repartidas, Ecl_7:15, es inútil hacer esfuerzos sobrehumanos, Ecl_7:16-18. En cuanto a la reputación, nada significa, Ecl_7:19-22. Los hechos son inexplicables, la realidad es un misterio insondable, Ecl_7:23 s (con un paréntesis misógino, Ecl_7:25-28). El destino ciego, implacable (ni el rey escapa a él, Ecl_8:1-9), es hasta indignante, Ecl_8:10-14. Conclusión, Ecl_8:15.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_22:24; Jue_1:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_39:16; Sir_39:33 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_1:15


NOTAS

7:14 Es decir: «para que no sea posible contar con nada», o también: «para que nadie pueda adivinar lo que le está reservado».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_8:14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_10:27


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_9:16 s; Pro_21:22


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Jn_1:8-9; Job_14:4+


NOTAS

7:25 «locura» conj., ver Ecl_10:13; «locuras» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_5:3-4

[2] Jue 16