Cantares  4 Biblia Jerusalén (1998) | 16 versitos |
1 ¡Qué bella eres, amor mío, qué bella eres! Palomas son tus ojos a través de tu velo, tu melena, rebaño de cabras que desciende del monte Galaad.
2 Tus dientes, rebaño esquilado de ovejas que salen del baño: todas con crías mellizas, entre ellas no hay una estéril.
3 Tus labios, cinta escarlata, y tu hablar todo un encanto. Tus mejillas, dos cortes de granada, se adivinan tras el velo.
4 Tu cuello, la torre de David, muestrario de trofeos: mil escudos penden de ella, todos paveses de valientes.
5 Tus pechos son dos crías mellizas de gacela, paciendo entre azucenas.
6 Antes que sople la brisa, antes de que huyan las sombras, iré al monte de la mirra, a la colina del incienso.
7 ¡Toda hermosa eres, amor mío, no hay defecto en ti!
8 Ven del Líbano, novia mía, ven, llégate del Líbano. Vuelve desde la cumbre del Amaná, de las cumbres del Sanir y del Hermón, desde las guaridas de leones, desde los montes de leopardos.
9 Me has robado el corazón, hermana y novia mía, me has robado el corazón con una sola mirada, con una vuelta de tu collar.
10 ¡Qué hermosos son tus amores, hermana y novia mía! ¡Qué sabrosos tus amores! ¡Son mejores que el vino! ¡La fragancia de tus perfumes supera a todos los aromas!
11 Tus labios destilan miel virgen, novia mía. Debajo de tu lengua escondes miel y leche; la fragancia de tus vestidos parece fragancia del Líbano.
12 Eres huerto cerrado hermana y novia mía, huerto cerrado, fuente sellada.
13 Tus brotes, paraíso de granados, lleno de frutos exquisitos:
14 nardo y azafrán, aromas de canela, árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.
15 ¡Fuente de los jardines, pozo de aguas vivas que fluyen del Líbano!
16 ¡Despierta, cierzo, llégate, ábrego! ¡Soplad en mi jardín, que exhale sus aromas! ¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!

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Introducción a Cantares 

CANTAR DE LOS CANTARES

Introducción
El Cantar de los Cantares, es decir, el Cantar por excelencia, el Cantar más bello, canta en una serie de poemas el amor mutuo de una pareja de amantes, que se juntan y se pierden, se buscan y se encuentran. Al amado se le llama «Rey», Cnt_1:4 y Cnt_1:12, y «Salomón», Cnt_3:7 y Cnt_3:9; a la amada se la llama «Sulamita», Cnt_7:1 [Cnt_6:13], nombre en el que se ha querido ver reflejado fonéticamente el nombre de Salomón o el de la Sunamita que aparece en la historia de David y de Salomón, 1Re_1:3; 1Re_2:21-22. Como la tradición sabía que Salomón había compuesto canciones, 1Re_5:12 [1Re_4:32], se le atribuyó este cántico por antonomasia (de ahí el título del libro Cnt_1:1). Y del mismo modo, dada su fama de sabio, se le atribuyeron Proverbios, Eclesiastés y Sabiduría. A causa del título, se clasificó al Cantar entre los libros sapienciales, en la Biblia griega después del Eclesiastés, en la Vulgata entre el Eclesiástico y la Sabiduría, precisamente dos libros «salomónicos». En la Biblia hebrea, el Cantar está colocado entre los «escritos» que forman la tercera y más reciente parte del canon judío. Posteriormente al siglo VIII de nuestra era, cuando el Cantar fue utilizado en la liturgia pascual, se convirtió en uno de los cinco «meguil·lot» o rollos que se leían en las grandes fiestas.

Este libro, que no habla de Dios y que usa un lenguaje de amor apasionado, ha resultado chocante. En el siglo I de nuestra era surgieron dudas sobre su canonicidad en los medios judíos y se resolvieron apelando a la tradición. Y fundándose en ésta lo ha aceptado siempre la Iglesia cristiana como Escritura Sagrada.

No hay libro del Antiguo Testamento que haya recibido interpretaciones más dispares.

La más reciente rastrea el origen del Cantar en el culto de Istar y de Tamuz, y en los ritos del matrimonio divino (hierogamia) que se supone realizaba el rey en representación del dios. Un ritual así, tomado de los cananeos, se habría practicado antiguamente en el culto de Yahvé, y el Cantar sería el librito, expurgado y revisado, de esa liturgia. No puede demostrarse esta teoría cultual y mitológica; resulta improbable. No es posible imaginarse a un creyente israelita plagiando estas representaciones de una religión de la fecundidad simplemente para obtener de ella cantares de amor. Si hay coincidencias de expresión entre los himnos a Istar o a Tamuz y los poemas del Cantar, será porque uno y otros hablan el lenguaje del amor.

La interpretación alegórica es mucho más antigua. Llegó a ser común entre los judíos a partir del siglo II de nuestra era: el amor de Dios por Israel y el del pueblo por su Dios son representados como las relaciones entre dos esposos; es el mismo tema del matrimonio que los profetas desarrollan desde Oseas. Los autores cristianos, sobre todo bajo la influencia de Orígenes y a pesar de la oposición individual de Teodoro de Mopsuestia, siguieron la misma línea que la exégesis judía, pero la alegoría se convierte en ellos en la de las bodas de Cristo con la Iglesia, o en la de la unión mística del alma con Dios. Son ya muy pocos los comentaristas católicos modernos que defienden alguna de las variantes de esta interpretación alegórica. Se atienen al tema general de Yahvé, esposo de Israel, o bien tratan de encontrar en el conjunto del Cantar la historia de las conversiones de Israel, de sus desilusiones y de sus esperanzas. El carácter inspirado y canónico del Cantar exige, a su parecer, que cante a algo distinto al amor profano. Pero las justificaciones exegéticas que dan del sentido alegórico, acumulando los paralelos verbales con el resto de la Biblia, aparecen artificiales y forzadas.

En consecuencia, la mayor parte de los exegetas católicos se adhiere a la interpretación literal, que hoy reúne la casi totalidad de los votos. Reanudan así la tradición más antigua. No existe ningún indicio de una interpretación alegórica del Cantar antes de nuestra era, y en los escritos de Qumrán no se descubre ningún vestigio; el Nuevo Testamento, por más que se haya dicho, no aporta ningún testimonio; los judíos del siglo I cantaban el Cantar en las fiestas profanas de matrimonio y siguieron haciéndolo a pesar de la prohibición lanzada por Rabí Aquiba. El Cantar mismo no manifiesta ninguna intención alegorizante, contrariamente a los profetas que, cuando recurren a la alegoría, lo dicen explícitamente y ofrecen la clave, Isa_5:7; Eze_16:2; Eze_17:12; Eze_23:4; Eze_31:2; Eze_32:2, etc. Nada nos indica que haya de aplicarse sobre el Cantar un papel perforado para traducir su código y leer en él algo distinto al sentido que brota naturalmente del texto: una colección de cantares que celebran el amor mutuo y fiel que sella el matrimonio. Proclama la legitimidad y celebra el valor del amor humano, y el tema no es sólo profano, puesto que Dios ha bendecido el matrimonio, considerado no tanto como medio de procreación cuanto como la asociación afectiva y estable del hombre y de la mujer, Gn 2. Bajo la influencia del Yahvismo, la vida sexual, que el medio ambiente cananeo concebía a imagen de las relaciones entre divinidades de la fecundidad, queda aquí desmitologizada y es considerada con un sano realismo. El mismo amor humano es incidentalmente el tema de otros libros del Antiguo Testamento, por ejemplo en algunos relatos antiguos del Génesis, en la historia de David, en los Proverbios y el Eclesiástico, donde se le trata de la misma manera y a veces con expresiones que recuerdan las del Cantar, y su honestidad justifica la trasposición que los profetas hacen de él a las relaciones de Yahvé con Israel. No hay, pues, dificultad en que se le haya dedicado un libro, y en que éste haya sido admitido en el Canon. No nos toca a nosotros fijar límites a la inspiración de Dios.

Se puede buscar el origen del Cantar en las fiestas que acompañaban a la celebración del matrimonio, ver Jer_7:24; Jer_16:9; Sal 45, y se han establecido comparaciones útiles con las ceremonias y los cantos de las bodas de los árabes de Siria y Palestina. Pero el Cantar no es una colección de cantos populares. Sean cuales fueren los modelos que haya podido conocer, el autor del Cantar es un poeta original y un hábil literato. Los mejores paralelos se encuentran en los cantos de amor del antiguo Egipto, que son obras literarias, pero no es posible afirmar que se haya inspirado en ellos. Israel hubo de tener como sus vecinos una poesía amorosa y, en un ambiente semejante, el lenguaje del amor ha empleado las mismas imágenes y las mismas hipérboles.

El Cantar no sigue ningún plan definido. Es una colección de cantos, a los que sólo les une su tema común, que es el amor. Los «cinco» poemas entre los cuales se distribuye la traducción solamente sugieren agrupamientos posibles de unidades más cortas, y no debemos buscar del uno al otro ningún progreso ni del pensamiento ni de la acción. Las colecciones de cantos egipcios que han llegado a nosotros tienen la misma disposición. Se trata de repertorios en los que se podía escoger un espécimen según la circunstancia o el auditorio, y ello explica que las piezas sean variaciones sobre los mismos temas y que existan numerosos duplicados. No estaban destinados a ser cantados o recitados todos ellos seguidos. Si se renuncia a la ayuda de la alegoría para descubrir en el Cantar alusiones a acontecimientos históricos, su fecha es de difícil precisión. Algunos le hacen remontarse hasta el reinado de Salomón, pero los aramaísmos de su lenguaje y el préstamo de una palabra persa, Cnt_4:13, y de otra griega, Cnt_3:9, imponen una fecha posterior al Destierro, en el siglo V o IV a. C. El lugar de composición es ciertamente Palestina.

Independientemente de la atribución que se hizo a Salomón, el gran Sabio, la interpretación literaria del Cantar legitima su clasificación entre los libros sapienciales: como ellos, se preocupa de la condición humana y considera uno de sus aspectos vitales. Enseña a su manera la bondad y la dignidad del amor que acerca al hombre y a la mujer, destruye los mitos que se le adherían entonces y lo libera de las ataduras del puritanismo como también de las licencias del erotismo. No debe perderse esta lección para nuestra época. Por lo demás, es lícito, por encima del sentido literal, aplicar el Cantar a las relaciones de Cristo con su Iglesia, lo cual, sin embargo, no lo hizo San Pablo en Ef 5, o a la unión de las almas con el Dios de amor, y esto justifica el uso admirable que de él hicieron místicos como San Juan de la Cruz.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_4:3; Cnt_6:7 = Cnt_6:5-7

NOTAS

4:1 (a) El pequeño poema de Cnt_4:1-7 es un elogio físico de la novia, que se repetirá parcialmente en Cnt_6:5-7; habrá otro en Cnt_7:2-10 [Cnt_7:1-9], y el elogio físico del novio se hará en Cnt_5:10-16. Se podría preguntar si el retrato de la mujer fuerte o esposa perfecta en Pro_31:10-31 no es la reacción de un «sabio» contra tales composiciones. Estaban bastante extendidas. El Génesis Apócrifo encontrado en Qumrán inserta en Gén_12:15 un elogio de la belleza de Sara, por lo demás bastante vulgar; los cantos de amor egipcios contienen piezas análogas, y éste es uno de los géneros clásicos de la poesía árabe, el wasf, «descripción». Tomándolas al pie de la letra, estas descripciones trazarían una imagen grotesca de la novia o del novio; igualmente inverosímil es la interpretación alegórica que lee aquí descripciones de la Tierra Santa y del Templo. En realidad, estos textos no «describen»; ensamblan metáforas tomadas de todo el ámbito de la naturaleza, física, animal, vegetal, que expresan, a través de impresiones sensoriales, vista y olfato, los sentimientos de admiración, alegría y placer que despierta la presencia del objeto amado.

4:1 (b) La novia estaba velada cuando era presentada a su esposo, Gén_24:65.



NOTAS

4:2 Blancos como ovejas a las que se ha lavado antes del esquileo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_27:10-11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Cnt_7:4 [Cnt_7:3]


NOTAS

4:6 El v. es una repetición de Cnt_2:17, tal vez secundaria, sugerida por las últimas palabras de Cnt_4:5, semejantes al final de Cnt_2:16.

NOTAS

4:7 Compárese con el elogio de Absalón, 2Sa_14:25. -La liturgia aplica este v. a la Inmaculada Concepción de María.

NOTAS

4:8 (a) «Ven» 'etî versiones; «Conmigo» 'ittî hebr. Igualmente en el verso siguiente.

4:8 (b) A la joven se la llama «novia» solamente en este poema de 4:8—5:1, donde la palabra se repite seis veces.

4:8 (c) La estrofa es difícil de explicar. Se trata quizá de un fragmento de un poema más largo. Unida a las estrofas siguientes, con las que la vinculan las palabras clave «novia» (cinco veces) y «Líbano», Cnt_4:11, Cnt_4:15, podría ser una invitación a la novia a abandonar un país difícil y peligroso para reunirse con su amado y convertirse en su «huerto», ver Cnt_6:2.

NOTAS

4:9 También en Cnt_4:10, Cnt_4:12; Cnt_5:1, Cnt_5:2. La expresión ha sido tomada quizá del vocabulario de las poesías de amor egipcias, donde es corriente. Pero estas poesías emplean el término «hermano» para designar al novio, cosa que el Ct no hace nunca; ver por contraste Cnt_8:1.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_1:2; Cnt_1:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_5:3

[2] Ose_14:7 [Ose_14:6]

NOTAS

4:11 El novio se siente extasiado por las miradas de su novia, Cnt_4:9, el placer de sus besos, Cnt_4:11, el perfume de sus vestidos, Cnt_4:10, Cnt_4:11. Se pueden citar paralelos tomados de las poesías egipcias o árabes; y en todas las literaturas se encontrarían.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_6:2

[2] Pro_5:16

NOTAS

4:12 (a) Al igual que la viña de Cnt_1:6; Cnt_2:15, el huerto o jardín con su fuente y su flora escogida, un «paraíso», Cnt_4:13, ver Gén_2:9-10, es una imagen de los encantos de la novia. El tema de la «Bella Jardinera» o del «Vergel de Amor» se encuentra también en la poesía egipcia. Pero el huerto está cerrado, Cnt_4:12, hasta el momento en que la novia lo abra a su amado, Cnt_4:16, para las bodas, Cnt_5:1. Comparar Pro_5:15-20 sobre el amor conyugal.

4:12 (b) «huerto» gan versiones; «ola» gal hebr., siempre en plural en otros textos; es un simple error de grafía.

NOTAS

4:13 (a) En hebr. pardes, como Ecl_2:5; Neh_2:8, vocablo persa que significa «parque», del que nosotros hemos hecho «paraíso».

4:13 (b) El hebr. añade: «cipreses y nardos».

NOTAS

4:14 Las plantas de Cnt_4:13-14 no pueden vivir juntas y, con excepción del granado, no crecen en Palestina. Se trata de un jardín imaginario que reúne los aromas más raros, según un tema frecuente en estos poemas, Cnt_1:2-3, Cnt_1:12; Cnt_3:6; Cnt_5:5, Cnt_5:13. Comparar con la Sabiduría en Sir_24:12-21.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_5:15-16