Jeremías  13 Biblia Jerusalén (1998) | 27 versitos |
1 Yahvé me dijo así: "Anda y cómprate una faja de lino y te la pones a la cintura, pero no la metas en agua."
2 Compré la faja, según la orden de Yahvé, y me la puse a la cintura.
3 Entonces me dirigió Yahvé la palabra por segunda vez:
4 "Toma la faja que has comprado y que llevas a la cintura, levántate y vete al Éufrates y la escondes allí en un resquicio de la peña."
5 Yo fui y la escondí en el Éufrates como me había mandado Yahvé.
6 Al cabo de mucho tiempo me dijo Yahvé: "Levántate, vete al Éufrates y recoges de allí la faja que te mandé que escondieras allí."
7 Yo fui al Éufrates, cavé, recogí la faja del sitio donde la había escondido y resulta que se había echado a perder la faja: no valía para nada.
8 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
9 "Así dice Yahvé: Del mismo modo echaré a perder la mucha soberbia de Judá y de Jerusalén.
10 Ese pueblo malo que rehúsa oír mis palabras, que caminan según la terquedad de sus corazones y han ido en pos de otros dioses a servirles y adorarles, serán como esta faja que no vale para nada.
11 Porque así como se pega la faja a la cintura de uno, de igual modo hice apegarse a mí a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá - oráculo de Yahvé - con idea de que fuesen mi pueblo, mi nombradía, mi loor y mi prez, pero ellos no me oyeron.
12 Diles este refrán: Así dice Yahvé, el Dios de Israel: "Todo cántaro se puede llenar de vino." Ellos te dirán: "¿No sabemos de sobra que todo cántaro se puede llenar de vino?"
13 Entonces les dices: "Pues así dice Yahvé: He decidido emborrachar completamente a todos los habitantes de esta tierra, a los reyes sucesores de David en el trono, a los sacerdotes y profetas y a todos los habitantes de Jerusalén,
14 y los estrellaré, a cada cual contra su hermano, padres e hijos a una - oráculo de Yahvé - sin que piedad, compasión y lástima me quiten de destruirlos."
15 Oíd y escuchad, no seáis altaneros, porque habla Yahvé.
16 Dad gloria a vuestro Dios Yahvé antes que haga oscurecer, y antes que se os vayan los pies sobre la sierra oscura, y esperéis la luz, y él la haya convertido en negrura, la haya trocado en tiniebla densa.
17 Pero si no le oyereis, en silencio llorará mi alma por ese orgullo, y dejarán caer mis ojos lágrimas, y verterán copiosas lágrimas, porque va cautiva la grey de Yahvé.
18 Di al rey y a la Gran Dama: Humillaos, sentaos, porque ha caído de vuestras cabezas vuestra diadema preciosa.
19 Las ciudades del Negueb están cercadas, y no hay quien abra. Todo Judá es deportado, deportado en masa.
20 Alza tus ojos, Jerusalén, mira a los que vienen del norte. ¿Dónde está la grey que se te dio, tus preciosas ovejas?
21 ¿Qué dirás cuando vengan a castigar a tus cabecillas, a los que habías preparado para que fueran tus jefes? ¿No te acometerán dolores como de parturienta?
22 Pero acaso digas en tus adentros: "¿Por qué me ocurren estas cosas?" Por tu gran culpa han sido alzadas tus faldas y han sido forzados tus calcañales.
23 ¿Muda el cusita su piel, o el leopardo sus pintas? ¿Podréis entonces hacer el bien los avezados al mal?
24 Por eso os esparcí como tamo al viento de la estepa.
25 Ésa es tu suerte, el lote que te toca de mi parte - oráculo de Yahvé -: por cuanto que me olvidaste y te fiaste de la Mentira.
26 Pues también yo te he levantado las faldas sobre tu rostro, y se ha visto tu indecencia.
27 ¡Ah, tus adulterios y relinchos, la bajeza de tu prostitución! Sobre los altos, por la campiña he visto tus Monstruos abominables. ¡Ay de ti, Jerusalén, que no estás pura! ¿Hasta cuándo todavía...?

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

13 Acción simbólica, ver 18+; Is 20; Ez 4; 12; Eze_24:15 s, etc. Si no ha de interpretarse como una visión, debe suceder en el guadi Fará, seis kilómetros al norte de Anatot (ver la ciudad de Pará, Jos_18:23) cuyo nombre evoca el del Éufrates (en hebreo Perat). En todo caso, el sentido está claro: Israel, al que Yahvé se ha ceñido como un ceñidor en los riñones (Sal_76:11+ [Sal_76:10]), se ha desprendido de él y ha ido a pudrirse al contacto con la idolatría babilónica.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_76:11+ [Sal_76:10]; Sal_109:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_51:17+

NOTAS

13:12 «Ellos te dirán» hebr.; «Si ellos te dicen» griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_12:35-36

[2] Amó_5:18


NOTAS

13:18 Jeconías sólo reinó tres meses y fue deportado con su madre a Babilonia en el 598.

NOTAS

13:19 Probablemente por los edomitas, cuyas incursiones fueron prácticamente incesantes desde el 602.

NOTAS

13:20 Con el griego, que añade «Jerusalén». Hebr. ketib: «Alza vuestros ojos, y mira».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:30+

[2] Jer_4:31+

NOTAS

13:21 Versículo difícil. Traducción conjetural.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_5:19

[2] Isa_47:2-3; Ose_2:5+ [Ose_2:3]

NOTAS

13:22 Eufemismo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_7:16-19 p


NOTAS

13:24 «os» conj.; «les» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_2:20+

NOTAS

13:27 «Mentira», Jer_13:25, y «Monstruos» siguen designando a los falsos dioses.