Jeremías  30 Biblia Jerusalén (1998) | 24 versitos |
1 Palabra que recibió Jeremías de parte de Yahvé:
2 Así dice Yahvé el Dios de Israel: Escríbete en un libro todas las palabras que te he dirigido.
3 Pues vienen días - oráculo de Yahvé - en que haré tornar a los cautivos de mi pueblo Israel (y de Judá) - dice Yahvé - y los haré volver a la tierra que di a sus padres en posesión.
4 Éstas son las palabras que dirigió Yahvé a Israel (y a Judá).
5 Así dice Yahvé: Voces estremecedoras oímos: ¡Pánico, y no paz!
6 Id a preguntar, y ved si pare el macho. Entonces ¿por qué he visto a todo varón con las manos en las caderas, como la que da a luz, y todas las caras se han vuelto amarillas?
7 ¡Ay! porque grande es aquel día, ninguno se le parece; será tiempo de angustia para Jacob, pero saldrá ileso de ella.
8 (Acontecerá aquel día - oráculo de Yahvé Sebaot - que romperé el yugo de sobre tu cerviz y tus coyundas arrancaré, y no te servirán más los extranjeros,
9 sino que Israel y Judá servirán a Yahvé su Dios y a David su rey, que yo les suscitaré.)
10 Pero tú no temas, siervo mío Jacob - oráculo de Yahvé -, ni desmayes, Israel, pues mira que acudo a salvarte desde lejos, y a tu linaje del país de su cautiverio; volverá Jacob, se sosegará y estará tranquilo, y no habrá quien le inquiete,
11 pues contigo estoy yo - oráculo de Yahvé - para salvarte: acabaré con todas las naciones entre las cuales te dispersé; pero contigo no acabaré; aunque sí te corregiré como conviene, ya que impune no te dejaré.
12 Porque así dice Yahvé: Irremediable es tu quebranto, incurable tu herida.
13 Estás desahuciado; para una herida hay cura, para ti no hay remedio.
14 Todos tus amantes te olvidaron, por tu salud no preguntaron. Porque con herida de enemigo te herí, castigo de hombre cruel, (por tu gran culpa, porque son enormes tus pecados).
15 ¿Por qué te quejas de tu quebranto? Irremediable es tu sufrimiento; por tu gran culpa, por ser enormes tus pecados te he hecho esto.
16 No obstante todos los que te devoran serán devorados, y todos tus opresores, todos ellos, irán al cautiverio; serán tus despojadores despojados, y a todos tus saqueadores los entregaré al saqueo.
17 Sí; haré que tengas alivio, de tus llagas te curaré - oráculo de Yahvé -. Porque "La Repudiada" te llamaron, "Sión de la que nadie se preocupa".
18 Así dice Yahvé: Voy a hacer volver a los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus mansiones me apiadaré; será reedificada la ciudad sobre su montículo de ruinas y el alcázar tal como era será restablecido.
19 Y saldrá de entre ellos loor y voz de gente alegre; los multiplicaré y no serán pocos, los honraré y no serán menguados,
20 sino que serán sus hijos como antes, su comunidad ante mí estará en pie, y yo castigaré a todos sus opresores.
21 Será su soberano uno de ellos, su jefe de entre ellos saldrá, y le haré acercarse y él llegará hasta mí, porque ¿quién es el que se jugaría la vida por llegarse hasta mí? - oráculo de Yahvé -.
22 Y vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.
23 Mirad que una tormenta de Yahvé ha estallado, un torbellino remolinea: sobre la cabeza de los malos descarga.
24 No ha de apaciguarse el ardor de la ira de Yahvé hasta que la ejecute, y realice los designios de su corazón. En días futuros os percataréis de ello.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] LXX: 37

NOTAS

30 La mayor parte del «libro de la consolación», 30:1—31:22, ha sido escrita entre la reforma del 622 y la muerte de Josías (609). La reforma deuteronómica, ver 2Re 22:3—23:24, había reanimado a un tiempo la fe yahvista, rompiendo con el sincretismo religioso inaugurado por Manasés, y la esperanza nacional; el ocaso de Asiria había permitido a Josías emprender la reconquista de Samaría y Galilea, 2Re_23:15, 2Re_23:19; 2Cr_35:18. Nació la esperanza en el regreso de los desterrados del 721 al reino de David restaurado. Los poemas siguientes expresan esa esperanza: Yahvé ama aún al Israel del Norte, Jer_31:3, Jer_31:15, ver Ose_11:8-9; traerá a los desterrados a sus tierras, Jer_30:3; Jer_31:2-14, ver Ose_10:11, con la unidad religiosa recuperada en torno a Sión, Jer_31:6, ver Isa_11:10-16. Este anuncio del regreso se extendió luego a Judá, al ser conquistado y deportado. Algunos oráculos posteriores, Jer_30:8-9; Jer_31:1, Jer_31:23, Jer_31:27, y algunas glosas en Jer_30:3, Jer_30:4; Jer_31:31, asocian a Judá con Israel, dando así al «libro de la consolación» de Jeremías su alcance definitivo y mesiánico: Israel y Judá serán reunidos, ver Jer_3:18, para servir en su tierra «a Yahvé su Dios y a David su rey», Jer_30:9. Esta reunión del Israel disperso será uno de los temas principales de los profetas del Destierro, Isa_43:5 s; Isa_49:5-6, Isa_49:12, Isa_49:18-23, etc.; Eze_11:17; Eze_20:34; Eze_28:25; Eze_34:12-13, etc., y de después del Destierro, Zac_10:6-12, ver también Jua_11:52.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:31+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_9:3+ [Isa_9:4]

[2] Jer_5:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_3:5

NOTAS

30:9 «el yugo» griego, Vet. Lat.; «su yugo» hebr. -«te servirán» conj.; «le servirán» hebr.; «les servirán» griego (que lee: «su cerviz... sus coyundas»). -Añadimos «Israel» y «Judá»; en hebr. se sobrentiende el sujeto. -Estos dos vv. son una adición que, como las palabras «y Judá» de Jer_30:2 y Jer_30:4 tienden a ampliar a todo el pueblo las promesas mesiánicas (ver mención de un nuevo David).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_46:27-28; Isa_41:8+

[2] Miq_4:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_1:5-6

NOTAS

30:13 Vocalizamos según griego y sir.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:30; Lam_1:2

NOTAS

30:14 Aquí, las naciones en que se apoyaba Israel, ver Ez 16 y 23.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_33:1

NOTAS

30:16 «No obstante» conj.; «Por eso» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_62:4

NOTAS

30:17 Lit. hebr. «es Sión, aquella a la que no hay quien busque»; se trata sin duda de una variación que considera al «Israel» de este cap. como el conjunto del pueblo de Dios, y no simplemente como el reino del norte. El griego: «vuestra presa», indudablemente por «nuestra presa», podría reflejar el texto primitivo (sâdenû, corregido: siyôn).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_54:1-3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:12+; Éxo_33:20+

NOTAS

30:21 Por oposición al período de vasallaje asirio, cuando el gobernador representaba al poder extranjero.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_31:31+; Eze_11:20

NOTAS

30:22 Este v., que es una adición, contiene la fórmula de la Alianza, ver Deu_26:17-18; Deu_27:9; Deu_28:9, etc., recordada a menudo por Jeremías, ver Jer_31:31+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_23:19-20