Jeremías  4 Biblia Jerusalén (1998) | 31 versitos |
1 - ¡Si volvieras, Israel!, oráculo de Yahvé, ¡si a mí volvieras!, ¡si quitaras tus Monstruos abominables, y de mí no huyeras!
2 Si juras por vida de Yahvé con verdad, derecho y justicia, en él serán benditas las naciones, en él se glorificarán.
3 Porque así dice Yahvé a la gente de Judá y a Jerusalén: - Cultivad el barbecho y no sembréis sobre cardos.
4 Circuncidaos para Yahvé, extirpad los prepucios de vuestros corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén; no sea que brote como fuego mi saña, y arda, y no haya quien la apague en vista de vuestras obras perversas.
5 Avisad en Judá y óigase en Jerusalén. Haced sonar el cuerno por el país, pregonad a voz en grito: ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes!
6 Izad bandera: ¡A Sión! ¡A escape, no os detengáis! Porque traigo calamidad del norte, y derrota grande.
7 Se ha levantado el león de su cubil, y el devorador de naciones se ha puesto en marcha: salió de su lugar para dejar la tierra desolada. Tus ciudades quedarán arrasadas, sin habitantes.
8 Por ende, ceñíos de sayal, endechad y plañid: - "¡No; no se va de nosotros la ardiente ira de Yahvé!"
9 Aquel día - oráculo de Yahvé - se desanimará el rey y la aristocracia, se pasmarán los sacerdotes, y los profetas se espantarán.
10 Y yo digo: "¡Ay, Señor Yahvé! ¡Cómo embaucaste a este pueblo y a Jerusalén diciendo: "Paz tendréis", y ha penetrado la espada hasta el alma!"
11 En aquella sazón se dirá a este pueblo y a Jerusalén: Un viento ardiente viene por el desierto, camino de la hija de mi pueblo, no para beldar, ni para limpiar.
12 Viento preñado de amenaza viene de mi parte: ahora es mi turno de réplica.
13 Ved cómo se levanta cual las nubes, como un huracán sus carros, y ligeros más que águilas sus corceles. ¡Ay de nosotros, estamos perdidos!
14 Limpia de malicia tu corazón, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo durarán en ti tus pensamientos torcidos?
15 Una voz avisa desde Dan y da la mala nueva desde la sierra de Efraín.
16 Pregonad: "¡Los gentiles! ¡Ya están aquí!"; hacedlo oír en Jerusalén. Los enemigos vienen de tierra lejana, dando voces contra las ciudades de Judá.
17 Como guardas de campo la tienen rodeada, porque contra mí se rebelaron - oráculo de Yahvé -.
18 Tu proceder y fechorías te acarrearon esto; esta tu desgracia te ha llegado al corazón, porque te rebelaste contra mí.
19 ¡Mis entrañas, mis entrañas!, ¡me duelen las paredes del corazón, se me salta el corazón del pecho! No callaré, porque escucho sones de cuerno, el clamoreo del combate.
20 Se anuncia quebranto sobre quebranto, porque es saqueada toda la tierra. En un punto son saqueadas mis tiendas, y en un cerrar de ojos mis toldos.
21 ¿Hasta cuándo veré enseñas y oiré sones de cuerno?
22 - Es porque mi pueblo es necio: A mí no me reconocen. Criaturas necias son, faltas están de talento. Sabios son para lo malo, y tontos para lo bueno.
23 Miré a la tierra, y era un caos; a los cielos, y faltaba su luz.
24 Miré a los montes, y estaban temblando, y todos los cerros trepidaban.
25 Miré, y no había un alma, todas las aves del cielo habían volado.
26 Miré, y el vergel era yermo, todas las ciudades estaban arrasadas delante de Yahvé y del ardor de su ira.
27 Porque así dice Yahvé: Desolación se volverá toda la tierra, aunque no acabaré con ella.
28 Por eso ha de enlutarse la tierra, y se oscurecerán los cielos arriba; pues tengo resuelta mi decisión y no me pesará ni me volveré atrás de ella.
29 Al ruido de jinetes y flecheros huía toda la ciudad. Se metían por los bosques y trepaban por las peñas. Toda ciudad fue abandonada, sin quedar en ellas habitantes.
30 Y tú, asolada, ¿qué vas a hacer? Aunque te vistas de grana, aunque te enjoyes con joyel de oro, aunque te pintes con polvos los ojos, en vano te hermoseas: te han rechazado tus amantes, ¡tu muerte es lo que buscan!
31 Y entonces oí una voz como de parturienta, gritos como de primeriza: era la voz de la hija de Sión, que gimiendo extendía sus palmas: "¡Ay, pobre de mí, desfallezco a manos de asesinos!"

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_12:3+



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_10:12

[2] Mat_13:22 p


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_10:16

[2] = Jer_21:12

NOTAS

4:4 La circuncisión, Gén_17:10+, era en Israel la señal de la alianza. Para Jeremías, esta señal nada significa si no le corresponde la fidelidad interior, la «circuncisión del corazón», ver Deu_10:16. Israel se niega a escuchar a Yahvé, tiene «los oídos incircuncisos», Jer_6:10; se niega a convertirse, tiene «el corazón incircunciso», Jer_9:24-25 [Jer_9:25-26]; ver Lev_26:41. Será Yahvé quien, convirtiendo a Israel, circuncidará su corazón, Deu_30:6. Los extranjeros sí que son incircuncisos de corazón y de carne, Eze_44:7. El NT repetirá esta imagen, Hch_7:51, y San Pablo enseñará que la verdadera circuncisión, la que hace al verdadero israelita, es la del corazón, Rom_2:25-29; ver 1Co_7:19; Gál_5:6; Gál_6:15; Flp_3:3; Col_2:11; Col_3:11.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_1:13-15

[2] Joe_2:1+

[3] = Jer_8:14

NOTAS

4:5 Como en Jer_1:15, el enemigo del norte no es un pueblo determinado. Quizá evoca a la vez a los escitas (aparecidos sobre las costas siropalestinenses entre el 630 y el 625) y al ejército asirio. El oráculo cobraría el 605 una actualidad aterradora al aplicarse a los caldeos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_14:13

NOTAS

4:10 Alusión a las promesas de los falsos profetas, Jer_14:13 y Jer_23:17; ver Jer_28:8-9.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_51:2


NOTAS

4:15 Dan, en los límites septentrionales de Palestina: Gén_14:14 : Jos_19:47 : Jue_18:29; Jue_20:1+, etc. Efraín designa aquí a la parte montañosa, desde Siquén a Betel, donde se habían establecido los descendientes de la tribu de Efraín, hijo de José: Jos_16:1 s; Jos_17:15; 1Sa_1:1.

NOTAS

4:16 «Los enemigos» sarîm conj.: «los guardas» mosrîm hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_10:19

NOTAS

4:19 Quejas de Jeremías, que se identifica con todo el país.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_10:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:6; Deu_32:28

[2] Miq_7:3

NOTAS

4:22 Habla de nuevo Yahvé.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_4:3+


NOTAS

4:29 «toda ciudad» griego; hebr. repite «toda la ciudad».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_3:16-24; Eze_23:40

[2] Eze_16:37-40; Eze_23:22-29


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_6:24; Jer_13:21; Jer_22:23; Jer_50:43; Isa_13:8+; Sal_48:7 [Sal_48:6]