Jeremías  46 Biblia Jerusalén (1998) | 28 versitos |
1 Lo que fue dicho por Yahvé al profeta Jeremías sobre las naciones.
2 Para Egipto. Sobre el ejército del faraón Necó, rey de Egipto, que estuvo junto al río Éufrates, en Carquemis, al cual batió Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá.
3 Ordenad escudo y pavés, y avanzad a la batalla.
4 Uncid los caballos y montad, caballeros. Poneos firmes con los cascos, pulid las lanzas, vestíos las cotas.
5 ¡Pero qué veo! Ellos se desmoralizan, retroceden, y sus valientes son batidos y huyen a la desbandada sin dar la cara. Terror por doquier - oráculo de Yahvé -.
6 No huirá el ligero, ni escapará el valiente: al norte, a la orilla del Éufrates, tropezaron y cayeron.
7 ¿Quién es ése que como el Nilo sube, y como los ríos de entrechocantes aguas?
8 Egipto como el Nilo sube, y como ríos de entrechocantes aguas. Y dice: "Voy a subir, voy a cubrir la tierra. Haré perecer a la ciudad y a los que viven en ella.
9 Subid, caballos, y enfureceos, carros, y salgan los valientes de Cus y de Put que manejan escudo, y los lidios que asestan el arco."
10 Aquel día será para el Señor Yahvé, día de venganza para vengarse de sus adversarios. Devorará la espada y se hartará y se abrevará de su sangre; pues será la matanza de Yahvé Sebaot en la tierra del norte, cabe el río Éufrates.
11 Sube a Galaad y recoge bálsamo, virgen, hija de Egipto; en vano menudeas las curas: alivio no hay para ti.
12 Han oído las naciones tu deshonra, y tu alarido llenó la tierra, porque valiente contra valiente tropezaron, a una cayeron entrambos.
13 La palabra que habló Yahvé al profeta Jeremías acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para atacar a Egipto.
14 Anunciad en Egipto y hacedlo oír en Migdol, y hacedlo en Menfis y en Tafnis. Decid: Tente tieso y erguido, que ha devorado la espada tus contornos.
15 ¡Cómo es que ha huido Apis y tu forzudo no se ha sostenido! Es que Yahvé le empujó.
16 Hizo menudear los tropezones, hasta hacer caer al uno sobre el otro; y decía: "Arriba, y volvamos a nuestro pueblo y a nuestra patria, ante la espada irresistible."
17 Llamad al faraón, rey de Egipto: "Ruido. - Dejó pasar la ocasión."
18 ¡Por vida mía! - oráculo del Rey cuyo nombre es Yahvé Sebaot - que cual el Tabor entre los montes, y como el Carmelo sobre el mar ha de venir.
19 Avíos de destierro haz para ti, población, hija de Egipto, porque Menfis parará en desolación, y quedará arrasada sin habitantes.
20 Novilla hermosísima era Egipto: un tábano del norte vino sobre ella.
21 Asimismo sus mercenarios que había en ella eran como novillos de engorde. Pues también ellos volvieron la cara, huyeron a una, sin pararse, cuando el día de su infortunio les sobrevino, el tiempo de su castigo.
22 Una voz emite como de serpiente que silba, mientras en torno suyo andan y con hachas le acometen, como leñadores.
23 Talaron su selva - oráculo de Yahvé - porque era impenetrable, pues eran más numerosos que la langosta, y no se les podía contar.
24 Han puesto en vergüenza a la hija de Egipto: ha sido entregada al pueblo del norte.
25 Dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Voy a pedir cuentas a Amón de No, al faraón y a Egipto y a sus dioses y reyes, al faraón y a los que confían en él,
26 y los pondré en manos de los que buscan su muerte, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus siervos; tras de lo cual será repoblado como antaño - oráculo de Yahvé -.
27 Pero tú no temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel, pues mira que yo acudo a salvarte desde lejos y a tu linaje del país de su cautiverio; volverá Jacob, se sosegará y estará tranquilo, y no habrá quien le inquiete.
28 Tú no temas, siervo mío Jacob, - oráculo de Yahvé - que contigo estoy yo, pues acabaré con todas las naciones adonde te empujé, pero contigo no acabaré; aunque sí te corregiré como conviene, ya que impune no te dejaré.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa 19

[2] LXX: 26

NOTAS

46:1 Los oráculos contra las naciones, agrupados por el hebreo al fin del libro, 46-51, han conservado en la versión griega su lugar primitivo después de la introducción que constituye el cap. 25. La colección primitiva de estos oráculos parece haber sido sobrecargada, ver Jer_25:17+.

46:2 Actualmente la aldea siria de Djerablus, al nordeste de Alepo, en el Éufrates. Situada en un vado que llevaba de Siria a Mesopotamia, esta ciudad fue el 605 el teatro de la batalla entre Necó (609-594), que llegaba en ayuda del imperio asirio agonizante (y que, de paso, había matado a Josías en Meguidó, 2Cr_35:19-25; ver Jer_22:10), y Nabucodonosor (605-562). La victoria de este último le hizo dueño de Siria y Palestina, ver 2Re_24:7+.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_2:14-16


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_8:7-8


NOTAS

46:9 Delante de «que asestan» el hebr. añade «que manejan», ditografía probable. -Cus es Etiopía; Put, Somalia; los ludios son los habitantes de Lud, una población africana, generalmente citada con Put, ver Isa_66:19; Eze_27:10; Eze_30:5.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_8:22


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_42:15-22; Jer_43:8-13

NOTAS

46:13 Oráculo posterior al precedente. La invasión anunciada tuvo lugar bajo el faraón Amasis, en 568-567, ver Jer_43:12+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_44:1


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_46:1-2

NOTAS

46:15 «ha huido Apis» griego; «ha sido derribado» hebr. -«tu forzudo», en sing. con 65 mss hebr., griego y Vulg.; el TM lo trae en plural. -El toro Apis, encarnación del dios Ptah, era el protector de Menfis; vivo, se le alimentaba en un templo; muerto, se convertía en un Osiris-Apis, u Osar-api, de donde el nombre de Serapeo, necrópolis donde se hallaba embalsamado y sepultado. Frente a este ídolo, el único Dios verdadero es precisamente el «Fuerte de Jacob», ver Gén_49:24; Sal_132:2, Sal_132:5; Isa_1:24; Isa_49:26 y Isa_60:16.

NOTAS

46:17 «Llamad» griego y Vulg. (lit.: «se ha llamado con este nombre»); «se ha llamado allí» hebr. El faraón es Jofrá que, el 588, había hecho concebir falsas esperanzas a Sedecías, ver cap. 37.

NOTAS

46:22 «que silba» griego; «anda» (ver estico siguiente) hebr.

NOTAS

46:25 Amón, el dios-morueco de Tebas; es la ciudad cuyo nombre egipcio se transcribe por No, ver Nah_3:8; Eze_30:14-16.

NOTAS

46:26 El mismo anuncio de una restauración futura de los pueblos castigados por Yahvé en Jer_48:47; Jer_49:6, Jer_49:39 : ver Isa_19:21 s.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_30:10-11

NOTAS

46:27 Los vv. Jer_46:27-28, que forman como la contrapartida en favor de Israel del anuncio de la restauración de Egipto en Jer_46:26, vuelven a utilizar Jer_30:10-11. Pero «Jacob» e «Israel» ya no designan al reino del Norte, sino a todo el pueblo de Yahvé, en la perspectiva de la segunda parte de Isaías.