Jeremías  51 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 64 versitos |
1 Esto dice Yahvé: Voy a suscitar contra Babilonia, contra los habitantes de Leb Camay*, un viento devastador.
2 Enviaré a Babilonia beldadores* que la bielden y vacíen su territorio; será acosada por todas partes el día de la catástrofe.
3 Que no aseste su arco el arquero, ni se jacte el que viste cota*. No tengáis piedad de sus guerreros, exterminad a todo su ejército.
4 Caerán heridos en tierra de Caldea, y traspasados en sus calles.
5 Pero no han enviudado Israel ni Judá de su Dios, de Yahvé Sebaot, aunque su tierra rebosaba delitos contra el Santo de Israel.
6 Huid del interior de Babilonia (que cada cual salve su vida), no perezcáis por su culpa, pues es hora de venganza para Yahvé: le está pagando su merecido.
7 Copa de oro era Babilonia en la mano de Yahvé, que embriagaba a toda la tierra. De su vino bebieron las naciones, lo que las hizo enloquecer*.
8 De pronto cayó Babilonia y se rompió. Gemid por ella. Traed bálsamo para su herida, a ver si podemos sanarla.
9 Hemos curado a Babilonia, pero no ha sanado; dejadla y volvamos cada cual a nuestra tierra. Pues llega hasta el cielo su condena, se ha elevado hasta las nubes.
10 Yahvé hizo patente nuestra justicia; venid y cantemos en Sión las obras de Yahvé nuestro Dios.
11 Afilad las saetas, llenad las aljabas. Ha despertado Yahvé la animosidad de los reyes* de Media, pues ha tomado la decisión de destruir Babilonia. Ésta será la venganza de Yahvé, la venganza por haber destruido su santuario.
12 Frente a las murallas de Babilonia levantad las enseñas, reforzad la guardia, apostad centinelas, preparad celadas. Que Yahvé planea y ejecuta lo que dijo sobre la gente de Babilonia.
13 Tú, que estás instalada junto a aguas caudalosas, la de ingentes tesoros, ha llegado tu fin, el término* de tus ganancias.
14 Yahvé Sebaot lo jura por sí mismo: «Aunque te he llenado de personas, numerosas igual que la langosta, lanzarán sobre ti gritos de victoria.»
15 Él hizo la tierra con su poder, estableció el orbe con su sabiduría, y con su inteligencia desplegó el cielo.
16 Cuando deja oír su voz, hay estruendo de aguas en el cielo, y hace subir las nubes desde el extremo de la tierra. Él hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos.
17 Los hombres se atontan con su saber, los plateros fracasan con sus ídolos, porque sus estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas.
18 Son frustrantes, cosa ridícula; al tiempo de su castigo perecerán.
19 No es así la «Porción de Jacob», pues él es el plasmador del universo, e Israel*, la tribu de su propiedad. Se llama Yahvé Sebaot.
20 Un martillo eres tú para mí, un arma de guerra: contigo machacaré naciones, contigo destruiré reinos,
21 contigo machacaré caballos y jinetes, contigo machacaré carros y aurigas,
22 contigo machacaré hombres y mujeres, contigo machacaré adultos y jóvenes, contigo machacaré chicos y chicas,
23 contigo machacaré pastores y rebaños, contigo machacaré labradores y yuntas, contigo machacaré regentes y prefectos.
24 Haré que Babilonia y todos los habitantes de Caldea paguen por todo el daño que hicieron en Sión, delante de vuestros ojos —oráculo de Yahvé—.
25 Aquí estoy contra ti, montaña destructora —oráculo de Yahvé—, destructora de toda la tierra. Extenderé mi mano contra ti y te haré rodar peñas abajo; te convertiré en montaña quemada.
26 No tomarán de ti piedra angular ni piedra para poner cimientos, pues serás por siempre desolación —oráculo de Yahvé—.
27 Alzad una enseña en la tierra, tocad a rebato por las naciones; consagrad naciones contra ella, citad contra ella a los reinos de Ararat, Miní y Asquenaz*; designad un reclutador contra ella, que ataque la caballería cual langosta.
28 Consagrad naciones contra ella, convocad a los reyes de Media, a sus gobernadores y magistrados y a todo el país de su dominio.
29 Temblará y se estremecerá la tierra cuando se cumplan contra Babilonia los planes que determinó Yahvé, de convertir la tierra de Babel en desolación, sin nadie que la habite.
30 Han cesado de guerrear los soldados de Babilonia, se han quedado en las fortalezas. Se ha agotado su bravura, se han vuelto como mujeres; fueron quemados sus edificios, sus cerrojos están hechos trizas.
31 Un correo corre al alcance de otro, mensajero al alcance de mensajero, para informar al rey de Babilonia que su ciudad está tomada del todo;
32 que sus vados han sido ocupados y sus esclusas, incendiadas; que los guerreros están acobardados.
33 Pues esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: La capital de Babilonia ha quedado como una era apisonada para trillar; en cuanto pase un poco más de tiempo, le habrá llegado el tiempo de la siega.
34 Me ha comido, me ha arrebañado Nabucodonosor, rey de Babilonia; me ha dejado como cacharro vacío. Me ha tragado como un dragón, llenó su panza con mis mejores trozos, y después me vomitó*.
35 «Que mi atropello y mis sufrimientos* caigan sobre Babilonia», dirá la población de Sión; «que mi sangre caiga sobre los habitantes de Caldea», dirá Jerusalén.
36 Por tanto, esto dice Yahvé: Aquí estoy para defender tu causa, para hacerme cargo de tu venganza: voy a secar todas sus aguas y a dejar enjutos sus hontanares.
37 Babilonia será un montón de piedras, guarida de chacales, tema de pasmo y rechifla, sin nadie que la habite.
38 Rugen a una como leones, gruñen como cachorros de leonas.
39 Cuando estén en pleno ardor les serviré sus bebidas; voy a hacer que se embriaguen para que, cuando estén alegres, duerman un sueño eterno, del que nunca despierten —oráculo de Yahvé—.
40 Los haré bajar al matadero, lo mismo que a corderos, como a carneros y machos cabríos.
41 ¡Cómo ha sido tomada y ocupada el orgullo de toda la tierra! ¡Cómo vino a convertirse en pasmo Babilonia entre las naciones!
42 El mar se desbordó sobre Babilonia, el tropel de sus olas la anegó.
43 Sus ciudades quedaron devastadas, como tierra reseca y desértica; ya nadie habita en ellas, ni discurre por ellas ser humano.
44 Castigaré a Bel en Babilonia, le sacaré su bocado de la boca; ya no afluirán a él las naciones, hasta la muralla de Babel ha caído.
45 Salid de ella, pueblo mío, que cada cual salve su vida ante el ardor de la cólera de Yahvé.
46 Que no desfallezca vuestro ánimo, que no os atenace el terror por el rumor que se oirá en la tierra. Pues año tras año se propaga el rumor: «Violencia en el país, conquistador tras conquistador».
47 Pues bien, mirad que vienen días en que castigaré a los ídolos de Babel; su territorio quedará afrentado, en medio de él caerán sus heridos.
48 Y harán coro contra Babilonia cielo, tierra y cuanto hay en ellos, cuando del norte lleguen contra ella los devastadores —oráculo de Yahvé—.
49 También Babilonia caerá, heridos de Israel, como también por Babilonia cayeron heridos de toda la tierra.
50 Los que habéis escapado a la espada, marchad, no os detengáis, recordad allá lejos a Yahvé, llevad a Jerusalén en el corazón.
51 —«Oímos abochornados la afrenta, cubrió la vergüenza nuestros rostros: ¡Habían penetrado extranjeros en el santuario del templo de Yahvé!»
52 —Por eso, ya vienen días —oráculo de Yahvé— en que castigaré a sus ídolos, y por su territorio gemirán los heridos.
53 Aunque suba Babilonia hasta el cielo y encastille en lo alto su poder, enviaré saqueadores contra ella —oráculo de Yahvé—.
54 Gritan en Babilonia pidiendo socorro, llega desde Caldea un llanto desgarrador.
55 Es que Yahvé devasta Babilonia; apagará su inmenso griterío, aunque bramen como las olas del mar, aunque alcen sus voces estruendosas.
56 ¡El devastador ataca Babilonia! Sus soldados serán apresados, sus arcos quedarán inutilizados, pues Yahvé es un Dios que retribuye, y seguro que les dará su merecido.
57 Yo mismo embriagaré a sus jefes, a sus sabios y gobernadores, a sus magistrados y sus soldados, y dormirán un sueño eterno del que no despertarán —oráculo del Rey cuyo nombre es Yahvé Sebaot—.
58 Esto dice Yahvé Sebaot: La ancha muralla de Babilonia va a ser socavada sin remedio, y aquellas sus altas puertas serán consumidas por el fuego; para nada se fatigan los pueblos, para el fuego se afanan las naciones.
59 Orden que dio el profeta Jeremías a Serayas, hijo de Nerías, hijo de Majsías, al partir éste de junto a Sedecías, rey de Judá, para Babilonia el año cuarto de su reinado, siendo Serayas gran chambelán.
60 Escribió, pues, Jeremías todo el mal que había de sobrevenir a Babilonia en un libro —todas estas palabras arriba escritas acerca de Babilonia—
61 y dijo Jeremías a Serayas: «Cuando llegues a Babilonia, procura leer en voz alta todas estas palabras.
62 Dirás: ‘Yahvé, tú has hablado de destruir este lugar, sin que queden en él habitantes, sean personas o animales, de que se convierta en soledad perpetua.’
63 Luego, cuando acabes de leer en voz alta ese libro, atas a él una piedra y lo arrojas al Éufrates.
64 Y dices: ‘Así se hundirá Babilonia y no se recobrará del mal que yo mismo voy a traer sobre ella.’» Hasta aquí las palabras de Jeremías*.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  51,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] LXX: 28

NOTAS

51:1 Anagrama de Kasdîm (caldeos), en la misma escritura criptográfica que en Jer_25:25-26.


Jeremías  51,2
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:11

NOTAS

51:2 «beldadores» Aq., Sim., Vulg.; «extranjeros» hebr.

Jeremías  51,3
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_6:17+

NOTAS

51:3 Esta doble prohibición ('al...'al), leída con 15 mss hebr. y las versiones, mientras que el TM dice 'el...'el: «hacia... hacia», se dirige a los sitiados. Lo que sigue, por el contrario, interpela a los sitiadores. -El hebr.(ketib) repite la palabra «asesta», ditografía omitida por qeré y versiones.

Jeremías  51,6
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:8; Apo_18:4

[2] Jer_50:15

Jeremías  51,7
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_25:15-29; Isa_51:17+; Apo_18:3

NOTAS

51:7 El hebr. repite «las naciones», omitido por las versiones.

Jeremías  51,8
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_18:2; Jer_50:23

Jeremías  51,9
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:16

Jeremías  51,10
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:34

Jeremías  51,11
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_13:17

NOTAS

51:11 El poema hablaba de un enemigo del norte, Jer_50:3, Jer_50:9, Jer_50:41; Jer_51:48. El glosador precisa: los medos, identificados con los persas como en Isa_13:17.

Jeremías  51,13
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_17:1; Apo_17:15

[2] Jer_50:37-38

NOTAS

51:13 «el término» (lit. «están terminadas») wetam conj.; «la medida» 'ammat hebr.

Jeremías  51,15
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_10:12-16

Jeremías  51,16
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Sal_135:7

Jeremías  51,19
NOTAS

51:19 «Israel» Vulg., Targ., ver Jer_10:16; omitido por hebr.

Jeremías  51,20
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:23

Jeremías  51,26
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:40

Jeremías  51,27
NOTAS

51:27 Pueblos del Norte, habitantes de la región armenia y sus confiens: Ararat o Urartu; Miní, en torno al lago Van; Askenaz o los escitas.

Jeremías  51,30
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:37; Isa_19:16; Nah_3:13

Jeremías  51,34
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:17

NOTAS

51:34 «con mis buenos trozos» ma`adannay conj.; «fuera de mis delicias» me`adanay hebr. -Podría también entenderse «de mi Edén me ha arrojado» cambiando ligeramente la vocalización y la unión de las palabras. -Habla Jerusalén.

Jeremías  51,35
NOTAS

51:35 Lit. «mi violencia, mi carne sangrante».

Jeremías  51,36
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:34

Jeremías  51,37
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:39

[2] Jer_50:40

Jeremías  51,39
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_51:57

[2] Sal_76:6 [Sal_76:5]

Jeremías  51,41
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_25:26

[2] = Jer_50:23

Jeremías  51,44
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:2+

Jeremías  51,45
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_50:8; Jer_51:16

Jeremías  51,46
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_24:6 s

Jeremías  51,48
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_18:20; Apo_19:1-2

Jeremías  51,50
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_137:5

Jeremías  51,53
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_14:13; Jer_49:16

Jeremías  51,57
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_51:39

Jeremías  51,58
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Hab_2:13

Jeremías  51,59
NOTAS

51:59 Esta acción simbólica. ver Jer_18:1+, que debía permanecer secreta, fue realizada hacia el 593. Atestigua la fe del profeta en la irrevocabilidad de la palabra divina, y también su perfecta lucidez: en el mismo momento en que Jeremías precisa la sumisión a Babilonia, no por ello oculta los crímenes de los babilonios.

Jeremías  51,62
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_51:26

Jeremías  51,64
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_18:21

NOTAS

51:64 Esta frase, omitida por el griego, debía encontrarse primitivamente después de Jer_51:58. Está precedida por las últimas palabras de ese v. Jer_51:58, «se habrán afanado», aquí accidentalmente repetidas.