Jeremías  7 Biblia Jerusalén (1998) | 34 versitos |
1 Palabra que llegó de parte de Yahvé a Jeremías:
2 Ponte en la puerta del templo de Yahvé y predica allí esta razón. Dirás: Oíd la palabra de Yahvé, todo Judá, los que entráis por estas puertas a postraros ante Yahvé.
3 Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os quedéis en este lugar.
4 No confiéis en palabras engañosas diciendo: "¡Templo de Yahvé, Templo de Yahvé, Templo de Yahvé es éste!"
5 Porque si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia mutua
6 y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en este lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño,
7 entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde siempre hasta siempre.
8 Pero resulta que vosotros confiáis en palabras engañosas que de nada sirven,
9 para robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses que no conocíais.
10 Luego venís y os paráis ante mí en este templo donde se invoca mi Nombre y decís: "¡Estamos seguros!", para seguir haciendo todas esas abominaciones.
11 ¿Una cueva de bandidos se os antoja que lleva mi Nombre? ¡Para mí está claro! - oráculo de Yahvé -.
12 Pues andad ahora a mi lugar de Siló, donde aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo que hice con él por la maldad de mi pueblo Israel.
13 Y ahora, por haber hecho vosotros todo esto - oráculo de Yahvé - por más que os hablé asiduamente, aunque no me oísteis, y os llamé, mas no respondisteis,
14 yo haré con el templo que lleva mi Nombre, en el que confiáis, y con el lugar que os di a vosotros y a vuestros padres, lo mismo que hice con Siló,
15 y os echaré de mi presencia como eché a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraín.
16 En cuanto a ti, no pidas por este pueblo ni eleves por ellos plegaria ni oración, ni me insistas, porque no te oiré.
17 ¿Es que no ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén?
18 Los hijos recogen leña, los padres prenden fuego, las mujeres amasan para hacer tortas a la Reina de los Cielos, y se liba en honor de otros dioses para exasperarme.
19 ¿A mí me exasperan ésos? - oráculo de Yahvé -, ¿no es a sí mismos, para su sonrojo?
20 Por tanto, así dice el Señor Yahvé: Mi ira y mi saña se van a volcar sobre este lugar, sobre hombres y bestias, sobre los árboles del campo y el fruto del suelo; arderá y no se apagará.
21 Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel. Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios y comeos la carne.
22 Que cuando yo saqué a vuestros padres de Egipto, nada les dije ni mandé sobre holocausto y sacrificio.
23 Lo que les mandé fue esto otro: "Escuchad mi voz, y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, e iréis por donde yo os mande, para que os vaya bien."
24 Mas ellos no escucharon ni aplicaron oído, sino que se guiaron por la pertinacia de su mal corazón, volviéndose de espaldas, que no de cara.
25 Desde la fecha en que salieron vuestros padres del país de Egipto hasta el día de hoy, os envié a todos mis siervos, los profetas, cada día puntualmente.
26 Pero no me escucharon ni aplicaron el oído, sino que atiesando la cerviz hicieron peor que sus padres.
27 Les dirás, pues, todas estas palabras, mas no te escucharán. Los llamarás y no te responderán.
28 Entonces les dirás: Ésta es la nación que no ha escuchado la voz de Yahvé su Dios, ni ha querido aprender. Ha perecido la lealtad, ha desaparecido de su boca.
29 Córtate tus guedejas y tíralas, y entona por los calveros una elegía; que Yahvé ha desechado y repudiado a la generación objeto de su cólera.
30 Los hijos de Judá han hecho lo que me parece mal - oráculo de Yahvé -: han puesto sus monstruos abominables en el templo que lleva mi Nombre profanándolo,
31 y han construido los altos de Tófet - que está en el valle de Ben Hinón - para quemar a sus hijos e hijas en el fuego, cosa que nos les mandé ni me pasó por las mientes.
32 Por tanto, he aquí que vienen días - oráculo de Yahvé - en que no se hablará más de Tófet, ni del valle de Ben Hinón, sino del "valle de la Matanza". Se harán fosas comunes en Tófet, por falta de espacio,
33 y los cadáveres de este pueblo servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, sin que haya quien las espante.
34 Suspenderé en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén toda voz de gozo y alegría, la voz del novio y la voz de la novia; porque toda la tierra quedará desolada.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_26:1-19+

NOTAS

7 (a) Los discursos que siguen, agrupados por su relación con el culto, deben referirse al reinado de Joaquín.

7 (b) El templo, santificado por la presencia de Yahvé, 1Re_8:10 s, ver Deu_4:7+, podía parecer como inviolable, y el fracaso de Senaquerib el 701 bajo las murallas de Jerusalén había puesto en claro la protección de Yahvé sobre la Ciudad santa, 2Re_19:32-34; Isa_37:33-35. De ahí la presunción de que indudablemente volvería a actuar la misma protección. Jeremías va a escandalizar al pueblo, afirmando, después de Miqueas (Miq_3:12), que una confianza así es ilusoria: Dios puede abandonar su templo. Ezequiel verá asimismo que la Gloria de Yahvé abandona su santuario, Eze_11:23. El cap. 26 refiere los incidentes que provocará esta invectiva que data de los comienzos del reinado de Joaquín, hacia el 608.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_1:16-17


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_22:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_20:2-3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_21:13+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa 1-3; 1Sa_4:12-22; Sal_78:59-69

NOTAS

7:12 El santuario de Siló, a pesar de ser residencia del Arca, había sido destruido por los filisteos, 1 S 4; se evitaba hablar de este duelo nacional; únicamente lo hace el Sal_78:60, después de Jeremías. -Siló se encuentra a unos 40 km al norte de Jerusalén.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_50:2; Isa_65:12; Isa_66:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_11:14; Jer_14:11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_44:17-19

NOTAS

7:18 Istar (Astarté), diosa de la fecundidad en el panteón mesopotámico; se la identificaba con el planeta Venus. -La forma de la palabra «reina» es anormal y sólo se encuentra en Jr, ver Jer_44:17-25.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_11:1-14

[2] Jer_6:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_5:21+

NOTAS

7:22 Resulta exacto que el Decálogo, código de la Alianza, no contiene ninguna prescripción ritual. A la verdad, no se trata de condenar pura y simplemente los sacrificios de animales, ver Jer_33:11, pero Jeremías se une aquí a toda una corriente profética para la que no es el culto el elemento esencial de la religión, ver Ose_6:6; Miq_6:6-8; Amó_5:21+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_9:13 [Jer_9:14]


NOTAS

7:25 «cada día» sir.; «día» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_25:4; Jer_26:5; Jer_29:19; Jer_44:4; 2Cr_36:15

[2] Eze_3:4-7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_7:9+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_19:1-13


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_32:34

NOTAS

7:30 De nuevo los falsos dioses.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_18:21+

NOTAS

7:31 Sobre «Tófet», el «quemadero» donde se sacrificaban niños en honor de Mólec (Jer_32:35), ver Lev_18:21+; Isa_30:33+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_19:6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_16:4; Jer_34:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_16:9; Jer_25:10; Bar_2:23