Daniel  14 Biblia Jerusalén (1998) | 42 versitos |
1 El rey Astiages fue a reunirse con sus padres y le sucedió en el trono Ciro el Persa.
2 Daniel era comensal del rey y el más apreciado entre todos sus amigos.
3 Los babilonios tenían un ídolo llamado Bel, al que ofrecían diariamente doce fanegas de flor de harina, cuarenta ovejas y seis toneles de vino.
4 También el rey lo veneraba y todos los días iba a adorarlo. Daniel, en cambio, adoraba a su Dios.
5 El rey le preguntó: "¿Por qué no adoras a Bel?" Él respondió: "Porque yo no venero a ídolos de fabricación humana, sino al Dios vivo, creador de cielo y tierra y señor de todos los vivientes."
6 El rey replicó: "¿Piensas entonces que Bel no es un dios vivo? ¿Es que no ves todo lo que come y bebe a diario?"
7 Daniel se echó a reír y dijo: "No te engañes, majestad; eso es de barro por dentro y de bronce por fuera, y jamás ha comido ni bebido nada."
8 Enfurecido el rey mandó llamar a sus sacerdotes y les dijo: "Si no me decís quién es el que se come este derroche, moriréis; pero si demostráis que se lo come Bel, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel."
9 Daniel dijo al rey: "¡Que se haga como dices!" Los sacerdotes de Bel eran setenta, sin contar las mujeres y los hijos.
10 El rey se dirigió con Daniel al templo de Bel.
11 Los sacerdotes de Bel le dijeron: "Mira, nosotros vamos a salir fuera. Tú, majestad, manda poner la comida y el vino mezclado; luego cierra la puerta y séllala con tu anillo; si mañana por la mañana, cuando vuelvas, compruebas que Bel no se ha comido todo, moriremos nosotros; en caso contrario, morirá Daniel por habernos calumniado."
12 Ellos estaban confiados, porque habían hecho debajo de la mesa un pasadizo secreto por donde entraban siempre a consumir las ofrendas.
13 Cuando salieron ellos, el rey hizo poner la comida ante Bel.
14 Daniel mandó a sus criados que trajeran ceniza y la esparcieran por todo el templo, sin más testigos que el rey. Luego salieron, cerraron la puerta, la sellaron con el anillo real y se marcharon.
15 Los sacerdotes llegaron por la noche, como de costumbre, con sus mujeres y sus hijos, y se lo comieron y bebieron todo.
16 El rey salió muy temprano con Daniel.
17 El rey le preguntó: "Daniel, ¿están intactos los sellos?" Él respondió: "Sí, majestad."
18 Nada más abrir la puerta, el rey miró a la mesa y exclamó a voz en grito: "¡Qué grande eres, Bel. No hay en ti ningún engaño!"
19 Daniel se echó a reír, detuvo al rey para que no entrara dentro y le dijo: "Mira al suelo y comprueba de quién son esas huellas."
20 El rey contestó: "Veo huellas de hombres, de mujeres y de niños."
21 Enfurecido el rey hizo arrestar a los sacerdotes con sus mujeres y sus hijos, y ellos le mostraron las puertas secretas por donde entraban a comer lo que había sobre la mesa.
22 El rey mandó matarlos y entregó a Bel en poder de Daniel, el cual lo destruyó junto con su templo.
23 Había también un gran dragón al que los babilonios veneraban.
24 El rey dijo a Daniel: "No dirás que éste es también de bronce. Mira, está vivo, come y bebe. No puedes negar que es un dios vivo; así que adóralo."
25 Daniel respondió: "Yo adoro al Señor mi Dios, que es el Dios vivo. Y si tú me das permiso, majestad, yo mataré a ese dragón sin espada ni palo."
26 Y el rey le contestó: "Te lo doy."
27 Entonces Daniel tomó pez, grasa y pelos; lo coció todo junto, hizo unas bolas y las echó en las fauces del dragón, que al comerlas reventó. Y Daniel dijo: "¡Mirad lo que adoráis!"
28 Cuando los babilonios se enteraron, se enfurecieron mucho y se amotinaron contra el rey, diciendo: "El rey se ha hecho judío: ha destruido a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a los sacerdotes."
29 Fueron, pues, a decir al rey: "Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y tu familia."
30 Ante tan grandes amenazas, el rey se vio obligado a entregarles a Daniel.
31 Ellos lo arrojaron al foso de los leones, donde permaneció seis días.
32 Había en el foso siete leones a los que se les daba diariamente dos cadáveres y dos carneros. Pero en esta ocasión no se les dio nada, para que devoraran a Daniel.
33 Estaba entonces en Judea el profeta Habacuc. Había preparado un guiso y desmigado panes en un plato, y se dirigía al campo a llevárselo a los segadores.
34 El ángel del Señor dijo a Habacuc: "Lleva esa comida que tienes a Babilonia para Daniel, que está en el foso de los leones."
35 Habacuc respondió: "Señor, no he visto jamás Babilonia ni conozco ese foso."
36 Entonces el ángel del Señor lo agarró por la cabeza y, llevándolo por los cabellos, lo dejó en Babilonia, encima del foso, con la rapidez de su soplo.
37 Habacuc gritó: "Daniel, Daniel, toma la comida que el Señor te envía."
38 Y Daniel exclamó: "Dios mío, te has acordado de mí y no has abandonado a los que te aman."
39 Daniel se levantó y se puso a comer, mientras el ángel de Dios en un suspiro volvía a depositar a Habacuc en su lugar.
40 Al día séptimo el rey vino a llorar a Daniel; se acercó al foso, miró y encontró a Daniel sentado.
41 Entonces exclamó a voz en grito: "¡Qué grande eres, Señor, Dios de Daniel. No hay más dios que tú."
42 Luego mandó sacar a Daniel del foso e hizo arrojar en él a los que habían buscado su perdición, y al instante fueron devorados en su presencia.

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Introducción a Daniel 

Daniel.
Por su contenido, el libro de Daniel se divide en dos partes. Los caps. 1-6 son narrativos: Daniel y sus tres compañeros al servicio de Nabucodonosor, 1; el sueño de Nabucodonosor: la estatua compuesta de materiales diversos, 2; la adoración de la estatua de oro y los tres compañeros de Daniel en el horno, 3; la locura de Nabucodonosor, 4; el festín de Baltasar, 5; Daniel en la fosa de los leones, 6. En todos estos casos, Daniel o sus compañeros salen triunfantes de una prueba de la que depende su vida, o al menos su reputación, y los paganos glorifican a Dios que los ha salvado. Las escenas suceden en Babilonia, en los reinados de Nabucodonosor, de su «hijo» Baltasar y del sucesor de éste, «Darío el Medo». Las visiones de los caps.7-12 tienen como beneficiario a Daniel: las Cuatro Bestias, 7; el Macho Cabrío y el Carnero, 8; las setenta Semanas, 9; la gran visión del Tiempo de la Cólera y del Tiempo del Fin, 10-12. Llevan la fecha de los reinados de Baltasar, de Darío el Medo y de Ciro, rey de Persia, y están localizadas en Babilonia.

De esta división se ha deducido alguna vez la existencia de dos escritos de épocas diferentes combinados por un editor. Pero otros indicios contradicen esta distinción. Los relatos están en tercera persona y Daniel mismo refiere las visiones, pero la primera visión, 7, está encuadrada entre una introducción y una conclusión en tercera persona. El comienzo del libro está en hebreo, pero en Dan_2:4 se pasa bruscamente al arameo, que prosigue hasta el fin de 7, invadiendo así la parte de las visiones; los últimos capítulos están otra vez en hebreo. Se han propuesto diversas explicaciones para esta dualidad de lengua, aunque ninguna resulta convincente. Por ejemplo, la división según el estilo (1ª o 3ª persona) y la división según la lengua (hebreo o arameo) no corresponden a la que se deduce del contenido (relatos o visiones). Por otra parte, el cap. 7 es comentado por el 8, pero es paralelo del cap.2; su arameo es el mismo que el de los caps. 2-4, pero rasgos de su estilo reaparecen en los caps. 8-12, aunque están escritos en hebreo. Este cap. 7 forma, pues, un nexo entre las dos partes del libro y asegura su unidad. Además Baltasar y Darío el Medo aparecen en las dos partes del libro, originando las mismas dificultades para los historiadores. En fin, los procedimientos literarios y la línea del pensamiento son idénticos de un cabo al otro del libro, y esta igualdad es el argumento más fuerte en favor de la unidad de su composición.

La fecha de ésta queda fijada por el claro testimonio que da el cap. 11. Las guerras entre Seléucidas y Lágidas y una parte del reinado de Antíoco Epífanes se narran en él con gran lujo de detalles insignificantes para el propósito del autor. Este relato no se parece a ninguna profecía del Antiguo Testamento y, a pesar de su estilo profético, refiere sucesos ya ocurridos. Pero a partir de Dan_11:40 cambia el tono; se anuncia el «Tiempo del Fin» de una manera que recuerda a los otros profetas. El libro, pues, habría sido compuesto durante la persecución de Antíoco Epífanes y antes de la muerte de éste, incluso antes de la victoria de la insurrección macabea, es decir, entre el 167 y el 164.

Nada hay en el resto del libro que se oponga a esta fecha. Los relatos de la primera parte se sitúan en la época caldea, pero algunos indicios muestran que el autor está bastante lejos de los acontecimientos. Baltasar es hijo de Nabonid, y no de Nabucodonosor como dice el texto, y jamás ha tenido el título de rey. Darío el Medo es desconocido para los historiadores y no hay lugar para él entre el último rey caldeo y Ciro el persa, que había ya vencido a los Medos. El ambiente neobabilonio se describe con palabras de origen persa; incluso instrumentos de la orquesta de Nabucodonosor llevan nombres transcritos del griego. Las fechas que se dan en el libro no concuerdan entre sí ni con la historia, tal como la conocemos, y parecen puestas al frente de los capítulos sin mucha preocupación por la cronología. El autor se ha valido de tradiciones, orales o escritas, que circulaban en su época. Los manuscritos del mar Muerto contienen fragmentos de un ciclo de Daniel que está emparentado con el libro canónico, en especial una oración de Nabonid que recuerda Dan 3:31—4:34, donde el nombre de Nabucodonosor sustituye al de Nabonid. El autor, o sus fuentes, nombra como héroe de sus historias piadosas a un Daniel o Dan'el al que Eze_14:14-20; Eze_28:3 cita como a un justo o sabio de los tiempos antiguos y al que también conocían los poemas de Râs Samrâ en el siglo XIV antes de nuestra era.

Siendo el libro tan reciente, se explica su lugar en la Biblia hebrea. Ha sido admitido en ella después de la fijación del canon de los Profetas, y se le ha colocado entre Ester y Esdras, en el grupo heterogéneo de los «otros escritos» que forman la última parte del canon hebreo. Las Biblias griega y latina vuelven a colocarlo entre los profetas y le añaden algunas partes deuterocanónicas: el Salmo de Azarías y el Cántico de los tres jóvenes, Dan_3:24-90, la historia de Susana, donde brilla el candor clarividente del joven Daniel, 13, las historias de Bel y de la serpiente sagrada que son sátiras de la idolatría, 14. La traducción griega de los Setenta (LXX) difiere grandemente de la de Teodoción (Teod.), que es muy afín al texto masorético.

La finalidad del libro es sostener la fe y la esperanza de los judíos perseguidos por Antíoco Epífanes. Daniel y sus compañeros se han visto sometidos a las mismas pruebas: abandono de las prescripciones de la Ley, 1, tentaciones de idolatría, 3 y 6; pero han salido victoriosos, y los antiguos perseguidores han tenido que reconocer el poder del verdadero Dios. Al perseguidor moderno se le pinta con rasgos más negros, pero cuando la Cólera de Dios quede satisfecha, Dan_8:19; Dan_11:36, vendrá el Tiempo del Fin, Dan_8:17; Dan_11:40, en que el perseguidor será abatido, Dan_8:25; Dan_11:45. Entonces se acabarán las desdichas y el pecado, y tendrá lugar el advenimiento del Reino de los Santos, gobernado por un «Hijo de hombre», cuyo imperio jamás pasará, 7.

Esta espera del Fin, esta esperanza del Reino está presente a lo largo de todo el libro, Dan_2:44; Dan_3:33 (100) [Dan_4:3]; Dan_4:31 [Dan_4:34]; Dan_7:14. Dios se ocupará de que llegue en el plazo que él ha fijado, pero que a la vez abarca toda la duración de la humanidad. Los momentos de la historia del mundo se convierten en momentos del plan divino en un plano eterno. El pasado, el presente, el futuro, todo se hace profecía, porque todo ello se ve a la luz de Dios «que hace alternar estaciones y tiempos», Dan_2:21. Con esta visión, a la vez temporal e intemporal, el autor revela el sentido profético de la historia. Este secreto de Dios, Dan_2:18, etc.; Dan_4:6 [Dan_4:9], es descubierto por mediación de seres misteriosos, que son los mensajeros y agentes del Altísimo; la doctrina de los ángeles cobra fuerza en el libro de Daniel, como también en el de Ezequiel y sobre todo en el de Tobías. La revelación versa sobre el designio escondido de Dios para con su pueblo y todos los pueblos. Afecta tanto a las naciones como a los individuos. Un texto importante sobre la resurrección anuncia el despertar de los muertos a una vida o a un oprobio eternos, Dan_12:2. El Reino que se espera se extenderá a todos los pueblos, Dan_7:14, no tendrá fin, será el Reino de los Santos, Dan_7:18, el Reino de Dios, Dan_3:33 (100); Dan_4:31 [Dan_4:34], el Reino del Hijo de hombre, a quien se dio todo poder, Dan_7:13-14.

Este misterioso Hijo de hombre, al que Dan_7:18 y 21-27 identifica con la comunidad de los Santos, es también su cabeza, el jefe del reino escatológico, pero no es el Mesías davídico. Esta interpretación individual se hizo corriente en el Judaísmo y la reiteró Jesús, que se aplicó el título de Hijo del hombre para recalcar el carácter trascendente y espiritual de su mesianismo, Mat_8:20.

El libro de Daniel ya no representa a la verdadera corriente profética. No contiene la predicación de un profeta enviado por Dios con misión ante sus contemporáneos, fue compuesto e inmediatamente escrito por un autor que se oculta detrás de un seudónimo, como ocurre ya con el librito de Jonás. Las historias edificantes de la primera parte tienen parecido con una clase de escritos de sabiduría de las que tenemos un ejemplo antiguo en la historia de José del Génesis, y otro ejemplo reciente en el libro de Tobías, escrito poco antes que Daniel. Las visiones de la segunda parte ofrecen la revelación de un secreto divino, explicado por los ángeles, para los tiempos futuros, en un estilo intencionadamente enigmático; este «libro sellado», Dan_12:4, inaugura plenamente el género apocalíptico, que había sido preparado por Ezequiel y que florecerá en la literatura judía. El Apocalipsis de San Juan es su equivalente en el Nuevo Testamento, pero aquí se rompen los sellos del libro cerrado, Ap 5-6, las palabras ya no se conservan en secreto, porque «el Tiempo está cerca», Apo_22:10, y se espera la venida del Señor, Apo_22:20; 1Co_16:22.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

14 Los relatos que siguen son apólogos dirigidos contra el culto de los ídolos, en la línea de Sb 15 y 16. Indicamos las variantes más notables del texto, totalmente independiente, de los LXX.

14:1 LXX tiene por título: «De la profecía de Habacuc, hijo de Josué, de la tribu de Leví». Ver Dan_14:33.



NOTAS

14:2 LXX: «Había un hombre que era sacerdote, llamado Daniel, hijo de Abal, amigo del rey de Babilonia».

NOTAS

14:3 Bel es uno de los nombres de Marduc, patrono divino de Babilonia. Ver Isa_46:1; Jer_50:2; Jer_51:44.

NOTAS

14:9 LXX: Daniel mismo propone su castigo.

NOTAS

14:10 LXX abrevia lo que sigue.

NOTAS

14:23 No se conoce en Babilonia el culto de una serpiente o dragón divinizado. El relato de la serpiente reventada por la comida que le prepara Daniel es conocido por antiguos autores judíos que lo refieren comentando Jer_51:44.

NOTAS

14:24 «No dirás... y bebe» tomado de los LXX; Teodoción lo suprime.

NOTAS

14:31 Tenemos aquí una especie de duplicado del episodio del cap. 6. La intervención de Habacuc «llevado por los caballos» puede haberse inspirado en Eze_8:3.