Lucas 19 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 48 versitos |
1 Entró en Jericó e iba cruzando la ciudad.
2 Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico.
3 Trataba de ver quién era Jesús, pero, como era bajo de estatura, no podía, pues la gente se lo impedía.
4 Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.
5 Cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzó la vista y le dijo: «Zaqueo, baja pronto; conviene que hoy me quede yo en tu casa.»
6 Se apresuró a bajar y lo recibió con alegría.
7 Al verlo, todos murmuraban: «Ha ido a hospedarse a casa de un pecador.»
8 Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más*
9 Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán*,
10 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
11 Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola. (Estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro.)
12 Dijo, pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y regresar*.
13 Llamó a diez siervos suyos, les dio sendas minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva.’
14 Pero sus ciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros.’
15 «Cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos a los que había confiado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
16 Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas.’
17 Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades.’
18 Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.’
19 Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades.'
20 «Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo.
21 Es que tenía miedo de ti, pues eres un hombre severo, que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste.’
22 Le respondió: ‘Por tus propias palabras te juzgo, siervo malo. Si sabías que soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré,
23 ¿por qué no colocaste entonces mi dinero en el banco? De ese modo, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.’
24 Dijo entonces a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.’
25 Le respondieron: ‘Señor, tiene ya diez minas.’
26 —’Os digo que a todo el que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.’
27 «‘Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.’»
28 Dicho esto, marchaba por delante, subiendo a Jerusalén.
29 Al aproximarse a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos
30 con este encargo: «Id al pueblo que está enfrente; al entrar, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo.
31 Y si alguien os pregunta: ‘¿Por qué lo desatáis?’, decidle: ‘Porque el Señor lo necesita.’»
32 Fueron, pues, los enviados y lo encontraron, tal como les había dicho.
33 Cuando desataban el pollino, les dijeron los dueños: «¿Por qué desatáis el pollino?»
34 Ellos les contestaron: «Porque el Señor lo necesita.»
35 Después de traérselo, echaron sus mantos sobre el pollino e hicieron montar en él a Jesús.
36 Mientras él avanzaba, extendían sus mantos por el camino.
37 Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto.
38 Decían: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas.»
39 Algunos de los fariseos que estaban entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos.»
40 Respondió: «Os digo que si éstos se callan gritarán las piedras.»
41 Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella,
42 mientras decía: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz*! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos.
43 Porque vendrán días en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes;
44 te estrellarán contra el suelo junto con tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita*
45 Entró en el Templo y comenzó a echar fuera a los vendedores,
46 diciéndoles: «Está escrito: Mi Casa será Casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!»
47 Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban la forma de matarle,
48 pero no veían cómo hacerlo, porque toda la gente le escuchaba, pendiente de sus labios.

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Introducción a Lucas

El evangelio según San Lucas.
El mérito especial del tercer evangelio le viene de la atractiva personalidad de su autor, que se transparenta en él sin cesar. San Lucas es un escritor de gran talento y un alma delicada. Ha elaborado su obra de una manera original, con afán de información y de orden, Luc_1:3. No quiere esto decir que haya podido dar a los materiales recibidos de la tradición una disposición más «histórica» que Mateo y Marcos; su respeto a las fuentes y su método de yuxtaponerlas no se lo permitían. Su plan sigue las grandes líneas del de Marcos con algunas transposiciones u omisiones. Algunos episodios se desplazan; Luc_3:19-20; Luc_4:16-30; Luc_5:1-11; Luc_6:12-19; Luc_22:31-34, etc., ya por deseo de claridad y de lógica, ya por influencia de otras tradiciones, entre las cuales se ha de notar la que también se refleja en el cuarto evangelio. Otros episodios se omiten, o por ser menos interesantes para los lectores paganos, ver Mar_9:11-23, o por evitar los duplicados, ver Mar_12:28-34 y comparar con Luc_10:25-28. Es de observar sobre todo la ausencia del texto correspondiente a Mc 6:45-8:26. Pero la diferencia más notable con relación al segundo evangelio es la larga sección intermedia 9:51-18:14, que se nos presenta bajo la forma de una subida a Jerusalén recalcada con anotaciones repetidas, Luc_9:51; Luc_13:22; Luc_17:11, ver Mar_10:1, y en la que se ha de ver, más que el recuerdo real de diversos viajes, la insistencia intencionada en una idea teológica muy del agrado de Lucas: la Ciudad santa es el lugar donde debe tener cumplimiento la salvación, Luc_9:31; Luc_13:33; Luc_18:31; Luc_19:11, es allí donde ha comenzado el Evangelio, Luc_1:5 s, y donde debe concluir, Luc_24:52 s —con apariciones y conversaciones que no tienen lugar en Galilea, Luc_24:13-51; y comp. Luc_24:6 con Mar_16:7; Mat_28:7, Mat_28:16-20—, porque de allí debe partir la evangelización del mundo, Luc_24:47; Hch_1:8. En un sentido más amplio, es la subida de Jesús (y del cristiano) hacia Dios.

Otros rasgos literarios de Lucas son el empleo de los géneros del simposio, Luc_7:36-50; Luc_11:37-54; Luc_14:1-24, y del discurso de despedida, Luc_22:14-28, su afición a los paralelismos (Juan el Bautista y Jesús, 1:5-2:52) y a las inclusiones, y el esquema promesa-cumplimiento que puntea su relato.

Si se compara en detalle a Lucas con Marcos y Mateo, se percibe al vivo la actividad siempre despierta de un escritor que se distingue por presentar las cosas de una manera que le es propia, evitando o atenuando lo que puede herir su sensibilidad o la de los lectores (Luc_8:43, comp. Mar_5:26; om. Mar_9:43-48; Mar_13:32; etc.), o puede serles menos comprensible (om. Mat_5:21 s, Mat_5:33 s; Mar_15:34; etc.), tratando con miramiento a los apóstoles (om. Mar_4:13; Mar_8:32 s; Mar_9:28 s; Mar_14:50) o excusándolos (Luc_9:45; Luc_18:34; Luc_22:45), interpretando los términos oscuros (Luc_6:15) o precisando la geografía (Luc_4:31; Luc_19:28 s, Luc_19:37; Luc_23:51), etc. Con estas frecuentes y finas pinceladas, y sobre todo con la rica aportación debida a su investigación personal, Lucas nos brinda las reacciones y las tendencias de su alma; o mejor, por medio de este instrumento de elección, el Espíritu Santo nos presenta el mensaje evangélico de una forma original, rica en doctrina. Por lo demás, no se trata tanto de grandes tesis teológicas (las ideas maestras son las mismas que las de Marcos y Mateo) como de una sicología religiosa, donde se encuentran, mezcladas con una influencia muy discreta de su maestro Pablo, las inclinaciones propias del temperamento de Lucas. referir escenas de perdón, Luc_7:36-50; Luc_15:11-32; Luc_19:1-10; Luc_23:34, Luc_23:39. Insiste gustoso en la ternura de Jesús con los humildes y los pobres, mientras que los orgullosos y los ricos que disfrutan son severamente tratados, Luc_1:51-53; Luc_6:20-26; Luc_12:13-21; Luc_14:7-11; Luc_16:15, Luc_16:19; Luc_18:9-14. Sin embargo, hasta la justa condena no vendrá sino después de pacientes plazos de misericordia, Luc_13:6-9; comp. Mar_11:12-14. No hace falta más que arrepentirse, renunciarse, y en este punto la generosidad viril de Lucas propende a repetir la exigencia de un desprendimiento decidido y absoluto, Luc_14:25-34, especialmente por el abandono de las riquezas, Luc_6:34 s; Luc_12:33; Luc_16:9-13. Son de notar también los pasajes propios del tercer evangelio sobre la necesidad de la oración, Luc_11:5-8; Luc_18:1-8, y sobre el ejemplo que de ello ha dado Jesús, Luc_3:21; Luc_5:16; Luc_6:12; Luc_9:28. Finalmente, como en Pablo y en los Hechos, el Espíritu Santo ocupa un lugar de primer plano que Lucas no se cansa de subrayar: Luc_1:15, Luc_1:35, Luc_1:41, Luc_1:67; Luc_2:25-27; Luc_4:1, Luc_4:14, Luc_4:18; Luc_10:21; Luc_11:13; Luc_24:49. Todo esto, junto con la atmósfera de gratitud por los beneficios divinos y de alegría espiritual, que envuelve todo el tercer evangelio, Luc_2:14; Luc_5:26; Luc_10:17; Luc_13:17; Luc_18:43; Luc_19:37; Luc_24:51 s, da a la obra de Lucas ese fervor que emociona y enfervoriza el corazón.

El estilo de San Marcos es rugoso, lleno de arameísmos y a menudo incorrecto, pero impulsivo y de una vivacidad popular que está llena de encanto. El de San Mateo es también arameizante, pero más cuidado; menos pintoresco, pero más correcto. El de San Lucas es complejo: de calidad excelente cuando depende sólo de sí mismo, acepta ser menos bueno por respeto a sus fuentes, de las que conserva algunas imperfecciones aunque trata de corregirlas; en fin, imita consciente y maravillosamente el estilo bíblico de los Setenta. Nuestra traducción ha tratado de respetar estos matices en la medida de lo posible, como asimismo se ha esmerado en reflejar en castellano el detalle de las semejanzas y de las diferencias en que se traslucen, en los originales griegos, las relaciones literarias que entre sí tienen los tres evangelios sinópticos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Lucas 19,2
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:46+


Lucas 19,7
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:14+

[2] Luc_5:30; Luc_15:2

Lucas 19,8
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_12:33+

[2] 2Sa_12:6; Mat_21:31

NOTAS

19:8 La ley judía, Éxo_21:37 [Éxo_22:1], preveía la restitución cuádruple en un solo caso; la ley romana la imponía para todos los furta manifesta . Zaqueo extiende esta obligación para sí a todas las injusticias que haya podido ocasionar.

Lucas 19,9
NOTAS

19:9 A pesar de la despreciada profesión que ejerce. No hay estado que sea incompatible con la «salvación», ver Luc_3:12-14. -La que confería a los judíos sus privilegios, era la cualidad de «hijos de Abrahán», ver Luc_3:8; Rom_4:11; Gál_3:7.

Lucas 19,10
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_15:6, Luc_15:9, Luc_15:24, Luc_15:32

Lucas 19,11
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_25:14-30

[2] Luc_2:38+

[3] Mar_13:34

NOTAS

19:11 A pesar de las considerables divergencias que separan a la parábola de las minas de la de los talentos, Mat_25:14-30, la mayoría de los exegetas convienen en su identidad; cada evangelista habría modificado y desarrollado libremente el tema inicial. Parece además que se deben distinguir en Lucas dos parábolas fundidas en una sola, la de las minas, vv. Luc_19:12-13, Luc_19:15-26, y la del pretendiente a la realeza, vv. Luc_19:12, Luc_19:14, Luc_19:17, Luc_19:19, Luc_19:27.

Lucas 19,12
NOTAS

19:12 Probablemente alusión al viaje que hizo Arquelao a Roma el 4 a. C. para conseguir la confirmación en su favor del testamento de Herodes el Grande. Le habían seguido algunos judíos, para hacer fracasar sus gestiones, ver v. Luc_19:14.

Lucas 19,14
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_2:2 s; Jua_19:15, Jua_19:21

Lucas 19,24
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_20:16

Lucas 19,26
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_13:12; |Mar_4:25; = Luc_8:18

Lucas 19,27
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_2:9; Luc_20:16

Lucas 19,28
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_21:1-11; |Mar_11:1-11; |Jua_12:12-16; Luc_9:51; Luc_2:38+

Lucas 19,37
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:14+; Luc_2:20+; Luc_4:15+; Jua_12:18

Lucas 19,38
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_118:26

[2] Luc_2:14

Lucas 19,39
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_21:14-16

Lucas 19,40
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hab_2:11

Lucas 19,41
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_13:34-35

Lucas 19,42
NOTAS

19:42 Se trata de la paz mesiánica, ver Isa_11:6+; Ose_2:20+ [Ose_2:18].

Lucas 19,44
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_12:54-56; Luc_1:68

NOTAS

19:44 Este oráculo, tejido todo él de reminiscencias bíblicas (perceptibles, sobre todo, en el texto griego, v. Luc_19:43 : ver Isa_29:3; Isa_37:33; Jer_52:4-5; Eze_4:1-3; Eze_21:27 [Eze_21:22]; v. Luc_19:44; Ose_10:14; Ose_14:1 [Ose_13:16]; Nah_3:10; Sal_137:9) evoca la ruina de Jerusalén del 587 a. C. tanto o más que la del 70 d. C. de la que no describe ninguno de los rasgos característicos. No se puede, pues, concluir de este texto que ésta segunda haya ocurrido ya. Ver Luc_17:22+; Luc_21:20+.

Lucas 19,45
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_21:12-13; |Mar_11:15-17; |Jua_2:14-16

Lucas 19,46
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_56:7

[2] Jer_7:11

Lucas 19,47
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_21:37; Luc_22:53; Jua_18:20; |Mar_11:18

[2] Luc_11:53+

Lucas 19,48
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_4:15+