Juan  1 Biblia Jerusalén (1998) | 51 versitos |
1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
2 Ella estaba en el principio junto a Dios.
3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada. Lo que se hizo
4 en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres,
5 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.
7 Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.
8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
9 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
11 Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
12 Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre;
13 los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios.
14 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad.
15 Juan da testimonio de él y clama: "Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo."
16 Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.
19 Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: "¿Quién eres tú?"
20 Él confesó, y no negó; confesó: "Yo no soy el Cristo."
21 Y le preguntaron: "¿Qué pues?; ¿Eres tú Elías?" Él dijo: "No lo soy"." - "¿Eres tú el profeta?" Respondió: "No."
22 Entonces le dijeron: "¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?"
23 Dijo él: "Yo soy la voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías".
24 Habían sido enviados por los fariseos.
25 Y le preguntaron: "¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?"
26 Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis
27 que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia."
28 Esto ocurrió en Bethabara, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
29 Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: "He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.
31 "Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel."
32 Y Juan dio testimonio diciendo: "He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él.
33 Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo".
34 Y yo le he visto y doy testimonio de que ése es el Elegido de Dios."
35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos.
36 Fijándose en Jesús que pasaba, dice: "He ahí el Cordero de Dios".
37 Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.
38 Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice: "¿Qué buscáis?" Ellos le respondieron: "Rabbí - que quiere decir "Maestro"- ¿dónde vives?"
39 Les respondió: "Venid y lo veréis." Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.
40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.
41 Éste encuentra primeramente a su propio hermano, Simón, y le dice: "Hemos encontrado al Mesías" - que quiere decir, Cristo.
42 Y le llevó a Jesús. Fijando Jesús su mirada en él, le dijo:"Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas" - que quiere decir, "Piedra"".
43 Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea y encuentra a Felipe. Y Jesús le dice: "Sígueme."
44 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.
45 Felipe encuentra a Natanael y le dice: "Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret."
46 Le respondió Natanael: "¿De Nazaret puede haber cosa buena?" Le dice Felipe: "Ven y lo verás."
47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño."
48 Le dice Natanael: "¿De qué me conoces?" Le respondió Jesús: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi."
49 Le respondió Natanael: "Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel."
50 Jesús le contestó: "¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores."
51 Y le añadió: "En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."

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Introducción a Juan 

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

Introducción

Un evangelio
La primera conclusión del evangelio joánico, Jua_20:31, define a éste y lo sitúa literariamente. Es también un «Evangelio», al igual que la más antigua predicación de la Iglesia: una proclamación de la mesianidad y divina filiación de Jesús, partiendo de los «signos», para desarrollar la fe en Cristo y obtener así la vida.

El evangelio de Juan se presenta como los evangelios sinópticos. Comienza mostrando el testimonio del Bautista sobre Jesús, refiere a continuación un cierto número de episodios relativos a la vida de Jesús, muchos de los cuales coinciden con los de la tradición sinóptica; y termina con los relatos de la pasión y la resurrección. Se distingue sin embargo de los otros evangelios por numerosos rasgos: milagros que aquéllos ignoran, como el del agua convertida en vino en Caná o el de la resurrección de Lázaro, largos discursos, como el que sigue a la multiplicación de los panes, cristología mucho más desarrollada insistiendo especialmente en la divinidad de Cristo.

La estructura del libro
Se han propuesto muchas maneras de dividir el evangelio, todas las cuales contienen una parte de verdad, pero pecan a menudo por exceso de sistematización. Lo mejor es dejarse guiar por las indicaciones más claras dadas por el mismo evangelista. Por una parte, está claro que insiste en la importancia de las fiestas litúrgicas judías, como jalones de su relato: tres Pascuas, Jua_2:13; Jua_6:4; Jua_11:55, una fiesta no precisada, Jua_5:1, una fiesta de las Tiendas, Jua_7:2, una fiesta de la Dedicación, Jua_10:22. Por otra parte, en diversas ocasiones, consigna cuidadosamente el orden de los días para dividir la vida de Cristo en períodos determinados. Por ejemplo: la primera semana del ministerio de Cristo, 1:19-2:11, la semana de la fiesta de las Tiendas, Jua_7:2, Jua_7:14, Jua_7:37, la semana de la Pasión, Jua_12:1, Jua_12:12; Jua_19:31, Jua_19:42, comprendida entre la sepultura simbólica Jua_12:7, y su realización, Jua_19:38 s; nótese asimismo la evocación de la primera Pascua, en Jua_4:45, que forma una «inclusio» con Jua_2:13-25. Teniendo en cuenta estos dos hechos, se podría proponer la división siguiente:

-Prólogo, Jua_1:1-18 : «En el principio...»
-El ministerio de Jesús:
1. El anuncio de la nueva economía, 1:19-4:54: la semana inicial; los acontecimientos que gravitan en torno a la primera Pascua.
2. Segunda fiesta, en sábado, en Jerusalén: primera oposición a la revelación, Jua_5:1-47.
3. En Galilea, la Pascua del Pan de vida: nueva oposición a la revelación Jua_6:1-71.
4. La fiesta de las Tiendas: la gran revelación mesiánica; la gran repulsa, Jn 7:1-10:21.
5. La fiesta de la Dedicación: decisión de dar muerte a Jesús, 10:22-11:54.
6. Fin del ministerio público de Jesús y preliminares de la última Pascua, Jua 11:55—12:50.
-La Hora de Jesús. La Pascua del Cordero de Dios:
1. La última cena de Jesús con sus discípulos, 13:1-17:26.
2. La pasión, 18-19.
3. El Día de la Resurrección, Jua_20:1-29.
4. Primera conclusión del evangelio, Jua_20:30 s.
-Epílogo Jua_21:1-25 : Aparición a orillas del Lago de Tiberíades.

Así pues, además del Prólogo, Jua_1:1-18, y del Epílogo, Jua_21:1-25, el evangelio de Juan tiene dos partes netamente diferenciadas: el libro de los «signos», 1:19-12:43, con su conclusión pesimista, Jua_12:37-43, y el libro de la pasión-resurrección, 13:1-20:31, con su solemne introducción, Jua_13:1-3.

Esta estructura en doble parte, según algún autor, podría ser fruto de la redacción última, dado que el corte entre los caps.12 y 13 no cuadra con una estructura concéntrica que algunos describen entre los caps. 11 al 20 y cuyo centro sería el discurso de la Cena, Jua_14:1-31. Pero en esta estructura concéntrica no entran episodios tan fundamentales como el lavatorio de los pies. Por ello es preferible atenerse a la disposición del texto actual.

La unidad del Evangelio: Fuentes y estratos redaccionales
Es bastante difícil descubrir el plan preciso según el cual ha querido San Juan exponer este misterio de Cristo. Notemos ante todo que el orden en que se presenta el evangelio ofrece cierto número de dificultades: sucesión difícil de los caps. 4, 5, 6, Jua_7:1-24; anomalía en los caps. 15-17 que vienen después de la despedida Jua_14:31; situación fuera del contexto de fragmentos como Jua_3:31-36 y Jua_12:44-50. Es posible que estas anomalías provengan del modo como se ha compuesto y editado el evangelio: en realidad sería el resultado de una lenta elaboración, con elementos de épocas diversas, retoques, adiciones, diversas redacciones de una misma enseñanza, habiéndose publicado definitivamente no por el mismo evangelista sino, después de su muerte, por sus discípulos, Jua_21:24; éstos habrían insertado en la trama primitiva del evangelio fragmentos joánicos que no querían que se perdieran y cuyo lugar no estaba rigurosamente determinado.

Según algunos, el evangelista habría utilizado una o varias fuentes. Bultmann distingue así: una «fuente de los signos» cuyo contenido serían los milagros relatados en el cuarto evangelio, una colección de los «dichos» atribuidos a Jesús, un relato de la pasión y la resurrección de Cristo. Un último redactor habría añadido un cierto número de retoques a la obra del evangelista. De esta reconstrucción de Bultmann, sólo la hipótesis de una «fuente de los signos» ha tenido un cierto éxito.Éxito muy relativo, por lo demás, ya que para algunos (Fortna) no se podría hablar ya de una «fuente de signos», sino de un evangelio completo que incluía también la predicación del Bautista y los relatos de la pasión y la resurrección. En razón de la relativa unidad de estilo del conjunto del evangelio, otros autores prefieren hablar de un evangelio joánico primitivo, mucho más simple que el evangelio actual, que habría sido ampliado y desarrollado, probablemente en varias etapas, durante la segunda mitad del siglo primero. La presencia de los abundantes duplicados en el evangelio de Juan muestra la complejidad del problema. Algunos temas han debido de desarrollarse de diferentes maneras en los medios joánicos antes de ser incorporados al evangelio actual. Sea cual sea el modo de aproximación al problema, los comentaristas se esfuerzan por reconstruir un «escrito fundamental» reutilizado por el evangelista. Es posible que también Lucas conociera este «escrito fundamental», lo que explicaría el parentesco, notado desde hace tiempo, entre tradiciones «joánicas» y «lucanas» (Evangelio y Hechos), especialmente en lo que respecta a los relatos de la pasión y la resurrección.

Pero la mayoría de los comentaristas modernos estiman que el autor del cuarto evangelio, sea quien sea, habría utilizado un documento más antiguo, de origen palestino y que, según algunos, habría sido escrito en arameo.

El desarrollo de la cristología del Evangelio
Según Deu_18:15, Deu_18:18-19, Dios había prometido a su pueblo enviarle un profeta semejante a Moisés. Esta promesa se ha realizado en Jesús de Nazaret. Tal convicción sirve de base a todo el evangelio de Juan y domina casi todos sus temas mayores. Jesús es, no un profeta ordinario, sino el Profeta por excelencia, Jua_6:14; Jua_7:40, Jua_7:52, que alimenta al pueblo de Dios como lo había hecho Moisés durante el Éxodo, Jua_6:5-13; ver Ex 16. No es Juan Bautista este profeta por excelencia, Jua_1:21 b, sino Jesús, a propósito del cual había escrito Moisés en la Ley, Jua_1:45; Jua_5:46; ver Deu_18:15, Deu_18:18. Para subrayarlo, el evangelista pone en los labios de Jesús palabras que se referían a Moisés en el AT, Jua_12:48-50; Jua_8:28-29; Jua_7:16-17; ver Deu_18:18-19; Núm_16:28; Éxo_3:12; Éxo_4:12. En la economía de la nueva alianza, Jesús sustituye a Moisés, Jua_1:17, y los judíos deben ahora escoger entre el antiguo y el nuevo Moisés, Jua_9:24-34. Un profeta es, por definición, el portavoz de Dios. Este era el caso de Moisés, quien no hacía más que repetir lo que Dios le había mandado decir (Deu_18:18; Éxo_4:12, Éxo_4:15). Lo es también el caso del propio Jesús, Jua_12:49; Jua_8:28. Él no habla por su propia cuenta, Jua_7:16-18; Jua_14:10, Jua_14:24, y no hace sino transmitir a los hombres las palabras que Dios le ha dado para ellos, Jua_17:8; Jua_3:34. Ahora bien, ¿cuál es el mensaje que el nuevo Moisés ha venido a transmitirnos de parte de Dios? Que nos amemos los unos a los otros como Jesús mismo nos ha amado a nosotros, Jua_13:34-35; Jua_15:12, Jua_15:17. Es el mandamiento que Cristo nos deja como su testamento y que resume toda la Ley antigua, las diez «palabras» que antaño nos había transmitido Moisés de parte de Dios (Éxo_20:1-17; Deu_5:5-22). Porque «Dios es Amor», 1Jn_4:7-16, y este amor baja del Padre sobre Cristo y sobre nosotros, y luego vuelve a subir de nosotros a Cristo y al Padre, Jua_17:23-26; Jua_3:16, Jua_3:35; Jua_10:17; Jua_11:5; Jua_13:1; Jua_14:15, Jua_14:21, Jua_14:31; Jua_15:9. El cristianismo es esencialmente una religión de amor. Moisés había recibido y transmitido a los hombres la revelación del Nombre divino por excelencia: «Yo soy» (Éxo_3:13-15); del mismo modo Jesús ha revelado a los hombres este otro nombre divino, Jua_17:6, Jua_17:26, que implica un amor indefectible: «Padre», Jua_17:1, Jua_17:11, Jua_17:24, Jua_17:25. Habiendo recibido esta revelación de amor, los hombres no obedecen ya como esclavos, sino como amigos, Jua_15:15; Jua_8:34-36.

Cuando prometía a los hebreos el envío de un profeta semejante a Moisés, Dios les ordenaba también: «Escuchadle» (Deu_18:15). El que no escuche sus palabras será condenado por Dios (Deu_18:19). Es una cuestión de vida o muerte: si el pueblo hebreo quiere vivir y no morir, deberá obedecer los mandamientos de Dios, escuchar su voz (Deu_30:15-20). Lo mismo los discípulos de Cristo. El que escucha la palabra de Cristo tiene la vida eterna, ha pasado de la muerte a la vida, Jua_5:24; el que guarde esta palabra no verá jamás la muerte, Jua_8:51. El que rechaza a Cristo y no recibe sus palabras está ya condenado, Jua_12:48; ver Deu_18:29, porque el mandamiento de Dios es vida eterna, Jua_12:50. Sólo Cristo tiene palabras que son vida eterna, Jua_6:63, Jua_6:68; ver Deu_8:3. La palabra de Dios es a la vez luz y vida, Jua_1:4-5, Jua_1:9, luz que permite caminar hacia la vida, Jua_8:12; Jua_9:5; ver Sal_119:115, sin tropezar contra los obstáculos que hay en el camino, Jua_11:9-10; Jua_12:35-36. Cristo ha partido delante de nosotros para prepararnos un lugar en la casa del Padre, (ver Deu_1:33), pero volverá a buscarnos para que podamos reunirnos con él donde él está, Jua_14:2-3; Jua_17:24; Jua_12:26. Aquel que va en seguimiento de Jesús, como discípulo suyo, llega finalmente adonde está Jesús, Jua_1:37-39; confrontar con Jua_7:33-34; Jua_8:21-22, en la casa del Padre, Jua_14:2-3.

Moisés, como todos los profetas, había sido «enviado» por Dios para salvar y guiar a su pueblo (Éxo_3:10-12). Igualmente, Cristo fue «enviado» por Dios para dar la vida a los hombres, Jua_3:17, Jua_3:34; Jua_6:29, Jua_6:57; Jua_7:29; Jua_10:36; Jua_17:18. Tan cierto es esto que Jesús nombra a Dios veinte veces como «aquel que me ha enviado», Jua_4:34; Jua_5:23-24, Jua_5:30, y passim. Pero ¿cómo podemos nosotros creer que en efecto es así y que Jesús no es un impostor, ver Jua_7:12, Jua_7:17, Jua_7:21? Ya Moisés había expuesto este reparo a Dios (Éxo_3:13; Éxo_4:1), y para responderle Dios había concedido a Moisés el realizar «signos» que serían la prueba de su misión divina (Éxo_4:2-9). Lo mismo pasa con Jesús. Durante su vida terrestre, realiza seis milagros, de los cuales los dos primeros y el último se ofrecen como «signos» que prueban su misión, Jua_2:11; Jua_4:54; Jua_12:18; ver Jua_11:42. Y es por razón de estos signos por lo que la gente sigue a Jesús y cree en él, Jua_2:23; Jua_6:2, Jua_6:14; Jua_7:31; Jua_11:47; Jua_12:37; Jua_20:30. En efecto, sólo Dios puede alterar las leyes de la naturaleza; por tanto, si un hombre realiza «signos», es porque ha venido de parte de Dios y porque «Dios está con él», Jua_3:2; Jua_9:32-33; ver Éxo_3:12. Y el signo por excelencia, el séptimo, será la resurrección de Cristo, Jua_2:18-22, porque es Jesús mismo quien tiene poder de recobrar su vida, Jua_10:17-18. Sin embargo, para creer en Jesús no se debe dar demasiada importancia a los «signos», Jua_4:48; Jua_20:25, Jua_20:29; es en definitiva su palabra, el mensaje que nos transmite de parte de Dios, lo que debe unirnos a él, Jua_4:40-42. Si, incluso después del «signo» de la multiplicación de los panes, sólo los Doce siguen fieles a Jesús, es porque han comprendido que él tiene las palabras de la vida eterna, Jua_6:66-69. Sus palabras deben comprometer nuestra fe por la misma razón que los «signos» que realiza, Jua_15:22, Jua_15:24; ver Éxo_4:15-17. Si es verdad que los «signos» atestiguan en favor de la misión de Jesús, Jua_5:36; Jua_10:25, también deben movernos otros motivos como el testimonio del Bautista, Jua_1:7-8, Jua_1:15; Jua_5:31-35, el del Padre en el acto del bautismo de Cristo, Jua_5:37; ver Jua_1:32-34, el de las Escrituras que anunciaron su venida, Jua_5:39, Jua_5:45; ver Deu_18:15, Deu_18:18, en fin el Espíritu, Jua_15:26. Por su parte, el discípulo a quien Jesús amaba puede atestiguar que Jesús está realmente muerto, Jua_19:35, condición indispensable para que el «signo» por excelencia, la resurrección, no pueda ponerse en duda.

Con el tema de Jesús nuevo Moisés está estrechamente unido el de Jesús rey mesiánico. Precisamente porque le reconocen como el Profeta por excelencia los judíos quieren tomarle por la fuerza para hacerle rey, Jua_6:14-15. Esta relación entre los dos temas procede quizá de las tradiciones samaritanas. En efecto, para los samaritanos dos personajes dominaban la historia bíblica: Moisés, el profeta por excelencia, y el patriarca José a quien ellos daban el nombre de «rey», ver Gén_41:41-43. Ahora bien, en el evangelio de Juan, después de ser reconocido como «Aquel de quien Moisés escribió en la Ley», Jua_1:45; ver Deu_18:15, Deu_18:18, Jesús es proclamado «rey de Israel» por Natanael, Jua_1:49, e inmediatamente después provee de vino a los que no lo tenían, como el patriarca José había abastecido de trigo durante el hambre de Egipto, Jua_2:5 citando Gén_41:55. Sea ello lo que fuere, mediante este título de «rey» dado a Jesús se empalma con las tradiciones judías según las cuales Cristo, el rey mesiánico, debía ser descendiente de David, Jua_7:40-42. Así, aclamado por la multitud como «rey de Israel» hará Jesús su entrada solemne en Jerusalén, Jua_12:13, y como «rey de los judíos» será condenado a muerte y clavado en la cruz, Jua_19:3, Jua_19:12, Jua_19:19. ¿Cómo explicar este dramático vuelco de situación? Es que Satán, el Diablo, reina ya sobre el mundo. Es «el Príncipe de este mundo», Jua_12:31; Jua_14:30; Jua_16:11, y el mundo entero yace en su poder, 1Jn_5:19. Detrás de los enemigos de Jesús se esconde y actúa el Príncipe de este mundo decidido a perderle, Jua_14:30; Jua_13:2, Jua_13:27. Él domina el mundo, y este mundo malo, al que pertenecen los jefes del pueblo judío, Jua_8:23, no puede menos de odiar a Jesús y a todos los que se han hecho discípulos suyos, Jua_15:18-19; Jua_17:14. De este modo, el evangelio de Juan se presenta como un drama. Cada vez que Jesús sube a Jerusalén, tropieza con una oposición más violenta por parte de los jefes del pueblo judío, Jua_5:16-18; Jua_7:30-32, Jua_7:44; Jua_8:59; Jua_10:31, Jua_10:49, quienes, finalmente, reúnen el Sanedrín y deciden darle muerte, Jua_11:47-53. Pero, situación paradójica que Satán no preveía, en el momento mismo en que Jesús es «elevado» en la cruz llega a su fin la dominación del Príncipe de este mundo, Jua_12:31-32. Le elevación de Jesús en la cruz es como el primer paso que marca su retorno a la gloria divina en la Hora señalada por Dios, Jua_12:23; Jua_13:31-32; Jua_17:1, Jua_17:5, la Hora de su entronización real. Jesús es rey, pero su realeza no es de este mundo, Jua_18:36. El Príncipe de este mundo no tiene, pues, ningún poder sobre él, Jua_14:30.

Jesús es el Profeta, el nuevo Moisés anunciado por Deu_18:15, Deu_18:18, pero es muy superior a Moisés. Un profeta es un portavoz de Dios. Para que fuera así, Dios ponía sus palabras en la boca de Moisés (Deu_18:18), estaba en su boca (Éxo_4:12). De una manera mucho más radical, en Jesús es la Palabra misma de Dios, personificada, la que ha venido a encarnarse, Jua_1:1-2, Jua_1:14. Al igual que la Palabra de la que habla Isaías Isa_55:10-11, ésta ha venido a habitar entre los hombres para dar a los que la reciben el poder de hacerse «hijos de Dios», Jua_1:12-13, y luego ha retornado al seno del Padre, Jua_1:18; Jua_13:3; Jua_16:27-28; Jua_14:2-3. En Jesús, es la Palabra de Dios la que nos da a conocer los misterios divinos, Jua_1:18; Jua_3:11-13. Ya no está escondida en los cielos, ha venido a vivir junto a nosotros, Deu_30:11-14; Bar_3:29-31, Bar_3:38. En cuanto Palabra de Dios encarnada, Cristo puede decir: «Antes de que Abrahán existiera, Yo Soy», Jua_8:58. Él existía antes que el mundo, que fue creado por la Palabra, Jua_1:3. Por eso Isaías pudo ver su gloria, Jua_12:41, y cuando Cristo retorna al Padre, éste le devuelve la gloria que tenía antes que el mundo fuese, Jua_17:5. En cuanto Palabra de Dios encarnada, Cristo no es solamente «hijo de Dios», título que no implicaba un sentido trascendente, en contra de la acusación que la hacían los judíos, Jua_10:33-36; Jua_19:7, es el Unigénito, Jua_1:14, Jua_1:18; Jua_3:16, Jua_3:18. Como Engendrado de Dios, Pro_8:25, él mismo es Dios, Jua_1:1; Jua_20:29; 1Jn_5:20. Cuando dice a los judíos: «Antes de que Abrahán existiera, Yo Soy», Jua_8:58; ver Jua_8:24, Jua_8:28; Jua_13:19; Isa_43:10; Isa_45:18; Deu_32:39, este último verbo evoca la revelación que Dios hizo a Moisés cuando la teofanía del Sinaí: «Yo soy el que soy. Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros» (Éxo_3:14). Cuando una tropa armada viene a prender a Jesús, él les dice: «Yo soy», y la evocación del Nombre divino basta para tirarlos por tierra, Jua_18:5-6. Por cuanto la Palabra de Dios, Jua_1:1, ha sido Dios quien, en Jesús, ha venido a habitar entre nosotros, Jua_1:14.

La gloria del Verbo Encarnado
En cada evangelista predomina un determinado enfoque sobre Jesús y sobre su misión. Para San Juan, Jesús es el Verbo hecho carne, que ha venido a dar la vida a los hombres, Jua_1:14. El misterio de la Encarnación domina todo su pensamiento. Esta teología de la Encarnación se expresa en lenguaje de misión y testimonio. Jesús es la Palabra (el Verbo) enviada por Dios a la tierra y que debe volver a Dios una vez cumplida su misión, ver Jua_1:1+. Esta misión consiste en anunciar a los hombres los misterios divinos: Jesús es el testigo de lo que ha visto y oído junto al Padre, ver Jua_3:11+. Para acreditar su misión, Dios le ha dado poder de realizar cierto número de obras, de «signos»; que superan las posibilidades humanas y demuestran que ciertamente ha sido enviado por ese Dios que obra en él, ver Jua_2:11+; estos «signos» son la manifestación, todavía discreta, de su gloria, en espera de la plena manifestación en el día de su resurrección, ver Jua_1:14+. Porque según la profecía de Isa_52:13 (LXX), el Hijo del hombre debe ser «alzado», y, por la Cruz, volver al Padre, ver Jua_12:32+, para recobrar la gloria que tenía en Dios «antes que el mundo fuese», Jua_17:5+, Jua_17:24, cuya revelación tuvieron los Profetas, ver Jua_5:39, Jua_5:46; Jua_12:41; Jua_19:37 y notas. Su manifestación es la teofanía que culmina y eclipsa todos los precedentes, la de la creación, Jua_1:1, las que fueron otorgadas a Abrahán, Jua_8:56, a Jacob, Jua_1:51, a Moisés, Jua_1:17, a los profetas. La gloria del «Día de Yahvé», ver Amó_5:18+, se cumple en el «Día» de Jesús, Jua_8:56, y especialmente en su «Hora», Jua_2:4+, la Hora de su «elevación» y de su «glorificación»; entonces se revela la trascendente grandeza del «enviado», ver Jua_8:24+; Jua_10:30+, venido al mundo para dar la vida, ver Jua_3:35+, a los que por la fe reciben el mensaje de salvación que él trae, ver Jua_3:11+. Y precisamente porque toda esta «misión» del Hijo está ordenada a una obra de salvación, es en definitiva manifestación suprema del amor del Padre al mundo, ver Jua_17:6+.

El Espíritu de la verdad
Cristo nuevo Moisés, el profeta por excelencia, va a dejar este mundo para retornar al Padre. Pero los discípulos se beneficiarán entonces de la venida del Espíritu de verdad, del Paráclito, que continuará entre ellos la obra de Cristo. Al igual que Cristo, él procede del Padre, Jua_15:26; ver Jua_8:42; Jua_16:27-30; Jua_17:8. Como él será «enviado» a ellos (por el Padre a petición de Cristo: Jua_14:16; Jua_15:26; por el mismo Cristo: Jua_15:26; Jua_16:7) y permanecerá con ellos para siempre, Jua_14:16-17; ver Mat_28:20. Su misión será la de enseñarles todo lo que Cristo no haya podido decirles, y, del mismo modo que Cristo, no hablará «por su cuenta», limitándose a transmitir lo que haya oído junto al Padre, Jua_16:12-15. Así los discípulos comprenderán el sentido misterioso, todavía oculto, de ciertos acontecimientos concernientes a Cristo, Jua_2:22; Jua_12:16; Jua_13:7; Jua_20:9. El Espíritu podrá dar testimonio de Cristo, Jua_15:26, haciendo comprender a los discípulos que, a pesar de su muerte ignominiosa, él era el Enviado de Dios, aquel en quien había que creer para salvarse, aquel que, a pesar de las apariencias, había vencido definitivamente al Príncipe de este mundo, Jua_16:8-11.

La doble perspectiva escatológica y su significado
En su conjunto, el cuarto evangelio desarrolla el principio de una escatología ya realizada. El judaísmo distinguía entre el mundo presente y el mundo (escatológico) futuro; según Jua_8:23, los dos mundos coexisten: el uno es de «abajo» (este mundo) y el otro es de «arriba», de Dios, Jua_13:1. Según el punto de vista de muchos lugares del evangelio la resurrección no debe ya esperarse para el momento en que se instaure el «mundo futuro» (ver Dan_12:1-2), sino que se ha realizado ya en y por Cristo, Jua_11:23-36. El que cree en Cristo ha pasado ya de la muerte a la vida, Jua_5:24; 1Jn_3:14, nunca más verá la muerte, o sea la muerte en el sentido semítico de la palabra, ese casi aniquilamiento en el seol, Jua_8:50; Jua_11:25. La muerte ya no es más que una apariencia (ver Sab_3:2). En este sentido, los que creen en Cristo no serán juzgados, mientras que los que se niegan a creer están ya juzgados, Jua_3:18-21, Jua_3:36. Todo esto supone una antropología con distinción entre alma y cuerpo. Pero el último redactor del cuarto evangelio quiso introducir la escatología judía heredada de Daniel: Hasta «el último día» no resucitará el que cree en Cristo, Jua_6:39, Jua_6:40, Jua_6:44, Jua_6:54; confrontar con Jua_11:23-26; «en el último día» será juzgado, Jua_11:48, cuando, a la voz de Cristo, todos los que estén en los sepulcros saldrán, los unos para una resurrección de vida, los otros para una resurrección de juicio, Jua_5:28-29; ver Dan_12:2; confrontar con Jua_5:24.

Ambas perspectivas escatológicas se completan actualmente en el evangelio.

La cuestión del autor del evangelio y la identidad del Discípulo Amado
Una última cuestión queda por plantear: ¿quién es el autor de este evangelio tan rico y tan complejo? La tradición, casi unánimemente, responde: Juan el apóstol, el hijo de Zebedeo. Vemos ya en la primera mitad del siglo II que muchos autores conocen y utilizan el cuarto evangelio: San Ignacio de Antioquía, el autor de las Odas de Salomón, Papías, San Justino, y quizá el mismo San Clemente de Roma; todo ello es prueba de que el evangelio gozaba ya de autoridad apostólica. El primer testimonio explícito es el de San Ireneo, hacia el 180: «Luego Juan, el discípulo del Señor, el mismo que reposó en su pecho, publicó también el evangelio durante su estancia en Éfeso.» Casi por la misma época, Clemente de Alejandría, Tertuliano y el canon de Muratori atribuyen también formalmente el cuarto evangelio a Juan el apóstol. Si se ha podido recoger una opinión opuesta entre los siglos II-III, es la de algunos que reaccionan contra los «espirituales» montanistas, quienes utilizaban el evangelio de Juan con fines tendenciosos. Pero esta oposición se reduce a poca cosa, y, basada en razones teológicas, no tiene ninguna raíz en la tradición.

Por lo demás, nada hay en el mismo evangelio que se oponga a esta tradición; muy al contrario. Ya hemos visto que el evangelio se presenta bajo la garantía de un discípulo amado del Señor, testigo ocular de los hechos que narra. Su lengua y su estilo denotan su origen manifiestamente semítico; se le ve perfectamente al corriente de las costumbres judías, así como de la topografía palestinense en tiempo de Cristo. Parece unido con especial amistad a Pedro, Jua_13:23 s; Jua_18:15; Jua_20:3-10; Jua_21:20-23, y Lucas nos informa de que efectivamente ese era el caso de Juan el apóstol, Luc_22:8; Hch_3:1-4, Hch_3:11; Hch_4:13, Hch_4:19; Hch_8:14. ¿Cómo explicar finalmente el silencio incomprensible del cuarto evangelio sobre los dos hijos de Zebedeo, sino precisamente porque habría sido puesto bajo la autoridad de uno de ellos? El «discípulo a quien Jesús amaba... que ha escrito estas cosas», Jua_21:24, es ciertamente aquel a quien, con Pedro y Santiago, estimaba Jesús de un modo particular, Mar_5:37; Mar_9:2; Mar_13:3; Mar_14:33. Se ha querido objetar el hecho de que, según algunos testimonios, Juan el apóstol habría muerto mártir en fecha relativamente temprana y que por lo mismo no habría podido ser el testigo a que se refiere esta tradición que pone bajo su autoridad el evangelio que lleva su nombre. En realidad es difícil negar que haya habido efectivamente una antigua tradición en favor de este martirio; pero ¿tiene más garantías de autenticidad que la tradición que hace vivir a San Juan en Éfeso hasta edad avanzada? Y aun siendo así, se podrá observar que silencia la fecha de tal martirio. Por otra parte, el conjunto de las tradiciones joánicas, como ya lo hemos visto, ciertamente se constituyó en fecha muy antigua, aunque el evangelio no se hubiera redactado y editado definitivamente hasta más tarde, probablemente por los discípulos de Juan. En consecuencia, la paternidad joánica del cuarto evangelio no sería inconciliable con la hipótesis de un martirio del apóstol.

Algunos han sugerido la identificación del Discípulo Amado con Lázaro. Este discípulo vivía en los alrededores de Jerusalén, y nada impide que fuera conocido del sumo sacerdote. Por otra parte, cuando cae gravemente enfermo, sus hermanas mandan un mensajero a decir a Jesús: «Aquel a quien tú quieres está enfermo», Jua_11:3. En la intención de las hermanas de Lázaro, no había confusión posible: Jesús no tenía más que un amigo. ¿No sería éste entonces «el discípulo a quien Jesús amaba»? Sin embargo la identificación de Juan el Apóstol con el Discípulo Amado tiene las garantías de la Tradición. Esto se refiere primariamente al testimonio apostólico que está detrás del evangelio. Con ello no se excluye que la obra haya podido ser escrita por un discípulo que la pone bajo la autoridad del apóstol Juan.

El simbolismo de los números
Para expresar sus ideas cristológicas, el evangelista utiliza a menudo el simbolismo de los números, procedimiento bastante corriente en la época. Su interés por las cifras se transparenta en ciertos detalles. En Jua_4:16-18, Jesús reprocha a la samaritana el haber tenido cinco maridos, y la palabra «marido» se repite cinco veces. Lo mismo sucede con las palabras «panes» y «peces» en Jua_6:9-13, «discípulos» en Jua_1:35-37 y Jua_21:1-14. Más interesante es el empleo de cifras que tienen un valor simbólico bien conocido en la antigüedad; siete simboliza la totalidad, la perfección, y seis evoca la idea de imperfección. Jesús ha «sanado» al paralítico, Jua_7:23, el adjetivo «sano» se repite siete veces en el relato primitivo, Jua_5:4; Jua_5:6; Jua_5:9; Jua_5:11; Jua_5:14-15; Jua_7:23, lo mismo que la expresión «abrir los ojos» en el relato paralelo de la curación del ciego de nacimiento, Jua_9:10, Jua_9:14, Jua_9:17, Jua_9:21, Jua_9:26, Jua_9:30, Jua_9:32. El hijo del funcionario real de Cafarnaún es curado en la hora séptima, Jua_4:52-53. En cambio, la debilidad de Cristo-hombre se manifiesta en la hora sexta, Jua_4:6; Jua_19:14. En Jua_5:31-47, el evangelista enumera los testigos en favor de la misión de Cristo, a los que contrapone el rechazo de los judíos a creer; ahora bien, el verbo «atestiguar» se repite siete veces en este pasaje, Jua_5:31-33, Jua_5:36-37, Jua_5:39, mientras que el verbo «creer», a menudo en negativo, se lee seis veces, Jua_5:38, Jua_5:44, Jua_5:46, Jua_5:46, Jua_5:47, Jua_5:47. Así se oponen judaísmo y cristianismo. Las tinajas que servían para la purificación de los judíos son seis, Jua_2:6; este sistema de purificación, imperfecto, ha caducado (confrontar con Jua_15:3; Jua_13:8-10). Las fiestas «de los judíos» se mencionan seis veces: la Pascua, Jua_2:13; Jua_6:4; Jua_11:55, una fiesta no nombrada, Jua_5:1, las Tiendas, Jua_7:2, y la Dedicación, Jua_10:22; pero la última Pascua se va a convertir en la Pascua de Cristo, su paso de este mundo al Padre, Jua_13:1, y por eso es nombrada siete veces, Jua_11:55, Jua_11:55; Jua_12:1; Jua_13:1; Jua_18:28, Jua_18:39; Jua_19:14. Cristo es ahora el verdadero Cordero pascual, Jua_19:36; ver Éxo_12:10, Éxo_12:46; 1Co_5:7. Pero aunque se le dé muerte, él mismo tiene el poder de resucitar, lo que constituirá el séptimo «signo» para atestiguar la realidad de su misión, el «signo» por excelencia, Jua_2:18-19; ver Jua_2:1 ss; Jua_4:46 ss; Jua_5:1 ss; Jua_6:2 ss; Jua_9:1 ss; Jua_11:1 ss.

La fecha de composición del evangelio
¿En qué fecha se compuso el cuarto evangelio? El más antiguo testimonio al respecto es un fragmento de papiro (Rylands 457), escrito hacia el 125, que contiene Jua_18:31-34 y Jua_18:37-38 en la forma que nosotros conocemos hoy. El papiro Egerton 2, muy poco posterior a aquél, cita otros varios pasajes. Estos dos documentos han sido hallados en Egipto. De donde se puede concluir que el cuarto evangelio habría sido publicado, en Éfeso o en Antioquía, lo más tarde en los últimos años del siglo primero. Por otra parte, si es cierto que textos como Jua_9:22; Jua_12:42; Jua_16:2, aludirían a una decisión de las autoridades judías tomada en el concilio de Yamnia, la composición del cuarto evangelio, en su forma casi definitiva, no podría ser anterior a los años 80. Pero esta redacción, que supone una evolución bastante compleja de las tradiciones «joánicas», obliga a retrotraer la composición del documento más antiguo a una fecha mucho más temprana. Un texto como Jua_14:2-3, próximo a 1Ts_4:13 ss, supone que todavía se esperaba el retorno de Cristo en un futuro muy cercano. Es posible, pues, que el documento «joánico» más antiguo, de origen palestino, pueda datarse alrededor del año 50.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Jn_1:1-2

NOTAS

1:1 Ver Gén_1:1. En Jua_1:1-5, el evangelista recoge un himno más antiguo que sigue las huellas del relato de la creación en Gén_1:1-31, con la cadencia marcada por los verbos: «Dijo Dios... y así fue»: Dios ha creado el mundo por su Palabra, ver Sal_33:6-9; Sab_9:1; Sir_42:15, especialmente la luz opuesta a las tinieblas, Gén_1:18, los seres vivos, Gén_1:20-25, y al hombre, Gén_1:26-27. Es posible que los vv. Jua_1:1-2, encuadrados por la repetición redaccional «junto a Dios... junto a Dios» y que rompen el ritmo binario del párrafo, hayan sido añadidos por el evangelista para afirmar la divinidad de Cristo, Palabra encarnada, ver Jua_8:24+; Jua_20:29; 1Jn_5:20. En Jua_1:9-18, el tema de la Palabra creadora se desarrolla en armonía con Isa_55:10-11 : enviada por Dios, Jua_1:9-11; Jua_4:34+, al mundo, Jua_1:9+, para fecundarlo, Jua_1:12+, revelándole la «verdad», Jua_8:32+, retorna a Dios después de haber cumplido su misión, Jua_1:18; Jua_13:3; Jua_16:28. Este conjunto de temas: presencia junto a Dios, papel desempeñado en la creación, envío al mundo para adoctrinar en él a la humanidad, atañen a la Sabiduría tanto como a la Palabra, Pro_8:22-36+; Sir_24:3-32; Sab_9:9-12. En el NT correspondía a Juan, gracias al hecho de la Encarnación, Jua_1:14+, inferir la naturaleza personal de esta Palabra (Sabiduría) subsistente y eterna.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_8:6; Col_1:15-20; Heb_1:1-3

NOTAS

1:4 (a) O quizá: «Lo que existió por ella».

1:4 (b) En el griego, el término vida, sin artículo, no puede ser el sujeto del verbo ser; por tanto, no procede unir las palabras «lo que se hizo» a la frase precedente. En cambio, la omisión del artículo era regular cuando el substantivo, incluso determinado, se ponía como atributo delante del verbo ser, ver Jua_1:49.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_8:12+; 1Jn_2:8

NOTAS

1:5 La luz (el Bien, la Palabra) escapa al dominio de las Tinieblas (el Mal, las potencias del mal), ver Jua_8:12+. Otros traducen: «Y las tinieblas no la recibieron».

NOTAS

1:6 Primitivamente, los vv. Jua_1:6-8 debían de preceder inmediatamente a los vv. Jua_1:19 ss.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:19-34

[2] Jua_5:31+

[3] Jua_1:40+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_7:26+; 1Jn_1:5

NOTAS

1:9 Este v. Jua_1:9 debe unirse a los v-5: l 46; ver Jua_6:14; Jua_9:39; Jua_11:27; Jua_18:37, porque fue enviada por Dios a él, Jua_10:36; Jua_17:18. Otros prefieren traducir: «... todo hombre que viene a este mundo».

NOTAS

1:10 El «mundo» puede designar simplemente el universo creado, Jua_17:5, Jua_17:24, pero según las tradiciones judías, tiene a menudo un matiz peyorativo. Sometido al poder de Satán, Jua_12:31; Jua_14:30; Jua_16:11; 1Jn_5:19, se niega a creer en la misión de Cristo, Jua_16:8, Jua_16:11, y persigue con su odio a Jesús y a sus discipulos; Jua_15:18-19; Jua_17:14, cuya luz denuncia su perversión; Jua_7:7; Jua_3:19-21. Su malicia es profunda, Jua_17:9, pero será vencido por Cristo, Jua_16:33. Comparar con el sentido peyorativo de «tierra» en Apo_6:15; Apo_13:3; Apo_13:8; Apo_14:3; Apo_17:2, Apo_17:5, Apo_17:8. Según las tradiciones judías, a este mundo malo sucederá un día «el mundo futuro»; para Juan, el mundo escatológico está ya presente «arriba», Jua_8:23, junto al Padre, Jua_13:1, donde los discípulos de Cristo gozan de la vida eterna, Jua_12:25. Pero otros textos presentan el mundo con un tono más optimista. Así, es capaz de creer en Cristo a la vista de los signos que realiza, Jua_12:19. Dios lo ama y ha enviado a su Hijo para salvarlo dándole la vida, Jua_3:16-17; Jua_12:47; Jua_6:33, Jua_6:51. Por cuanto le quita su pecado, Jua_1:29, Cristo es el salvador del mundo, Jua_4:42.

NOTAS

1:11 Probablemente el pueblo judío.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:18+; 1Jn_5:13

NOTAS

1:12 La Palabra es una semilla divina, 1Jn_3:9; Luc_8:11, que, cuando la recibimos, nos hace hijos de Dios, 1Jn_3:1; 1Pe_1:23; Stg_1:18. Según Jua_3:5-6, nuestro nuevo nacimiento es el fruto del Espíritu, ver Rom_8:14.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Jn_5:18

NOTAS

1:13 La lectura en plural «los cuales no nacieron», atestiguada por el conjunto de manuscritos griegos, es la lectura corriente. Var.: «Él que no nació». En el libro apócrifo de Henoc, Jua_15:4, se reprocha a los ángeles que se hayan unido a las mujeres según Gén_6:1-5 : «En la sangre de mujeres os habéis manchado y en la sangre de la carne habéis engendrado y en la sangre de hombres habéis dado pasto a la concupiscencia». En el supuesto de la lectura en singular, Juan, que conoce esta tradición judía, quiere hacer ver que Jesús no fue concebido como los Gigantes a partir de ángeles caídos, sino «de Dios», ver Luc_1:34-35.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_40:5

[2] Jua_17:5+; 1Jn_1:1-3

NOTAS

1:14 (a) Ver 1Jn_4:2; 2Jn_1:7; Rom_1:3. - La «carne» designa a la humanidad en su condición de debilidad y de mortalidad, Gén_6:3; Sal_56:5 [Sal_56:4]; Isa_40:6-8; Jua_3:6; Jua_17:2. Al revestirse de nuestra humanidad, la Palabra de Dios ha asumido todas sus debilidades, incluida la muerte, Flp_2:6-8.

1:14 (b) Verbo griego eskénôsen, ver skenê. Lit.: «su tienda». Alusión a la Tienda «miskân» que, en tiempo del Éxodo, simbolizaba la presencia de Dios, Éxo_26:1+, presencia que se hizo manifiesta por la irrupción de la gloria de Dios en ella en el momento de su inauguración, Éxo_40:34-35. La Palabra, Unigénito del Padre, en quien reside el nombre temible «Yo soy», Éxo_3:14-15; Jua_8:24+, resplandeciente de esa gloria que tiene del Padre, realiza en la nueva alianza esta presencia divina que debe asegurar la salvación del pueblo de Dios, Éxo_34:9. Él es verdaderamente el Emmanuel, «Dios con nosotros», anunciado por Isa_7:14; Mat_1:23.

1:14 (c) La gloria era la garantía de la presencia de Dios, Éxo_24:16+. Ella misma no podía ser vista, Éxo_33:20+, pero se manifestaba a través de los prodigios realizados por Dios en favor de su pueblo, Éxo_15:7; Éxo_16:7. Lo mismo sucederá con la Palabra encarnada, cuyos «signos» manifiestan la gloria, Jua_2:11+; Jua_11:40, «en espera del signo» por excelencia de la resurrección, Jua_2:18-19; Jua_17:5. También del mismo modo que la gloria de Dios se reflejaba en el rostro de Moisés después de la teofanía del Sinaí, Éxo_34:29, Éxo_34:35, así el rostro de Cristo resplandeció cuando la Transfiguración (similar a la teofanía del Sinaí, ver Mat 17+), y sus discípulos pudieron ver así el reflejo de su gloria, Luc_9:32; 2Pe_1:16-18.

1:14 (d) La fórmula corresponde a la de Éxo_34:6+: «rico en amor y fidelidad» en la definición que Dios da de sí mismo a Moisés. Al régimen de la Ley sucede el del amor indefectible de Dios, que se manifiesta en Cristo, Jua_1:17.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jua_1:30

[2] Jua_3:22+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_2:9-10

NOTAS

1:16 Es decir, «una gracia correspondiente a la gracia (que está en el Hijo único)», o: «una gracia (la de la nueva alianza) en lugar de otra gracia (la de la antigua alianza)». Otra traducción: «gracia sobre gracia».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:21+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_33:20+; Sir_43:31; Jua_6:46; 1Jn_4:12; Jua_3:11+; Jua_17:6+

NOTAS

1:18 En la Biblia, la expresión «hijo de Dios» no tenía un sentido trascendente y podía designar: bien a miembros del pueblo de Dios, Ose_2:1 [Ose_1:10], bien a su rey, Sal_2:7; 2Sa_7:14, bien al justo perseguido que espera el auxilio de Dios, Sab_2:16-18; Mat_4:3+. También Juan lo sabe, Jua_10:32-36, y por eso adopta la expresión «Unigénito», Jua_1:14, Jua_1:18; Jua_3:16, Jua_3:18; 1Jn_4:9, que no ofrece ningún equívoco, ver Pro_8:24. - Var. «un Dios Unigénito.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:7-8, Jua_1:15

[2] Jua_5:33

NOTAS

1:19 En el evangelio de Juan, este término tiene diferentes significados. Designa a veces a los adeptos del judaísmo, cuyos ritos se explican a los lectores de origen no judío (ver Jua_2:6, Jua_2:13; Jua_18:20, etc. ); se los distingue de los samaritanos y de los gentiles (ver Jua_4:9; Jua_18:35). Pero con más frecuencia la palabra tiene un significado técnico y designa a las autoridades religiosas hostiles a Jesús (Jua_8:37+), sumos sacerdotes y fariseos: comparar Jua_18:3 con Jua_18:12; y Jua_18:24, Jua_18:28 con Jua_18:31. Finalmente, algunas veces designa a los fariseos contemporáneos de la redacción del evangelio, que representaban entonces, a partir del año 70, el judaísmo frente a su rival el cristianismo: comparar Jua_9:22 con Jua_12:42.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_3:15; Hch_13:25

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_17:10-13+; Mat_16:14+

NOTAS

1:21 (a) Sobre la vuelta esperada de Elías, ver Mal_3:23-24 [Mal_4:5-6] y Mat_17:10-13.

1:21 (b) Apoyados en Deu_18:15 (ver la nota), los judíos esperaban al Mesías como a un nuevo Moisés (el profeta por excelencia, ver Núm_12:7+), que renovaría centuplicados los prodigios del Éxodo. Ver Jua_3:14; Jua_6:14, Jua_6:30-31, Jua_6:58; Jua_7:40, Jua_7:52; Jua_13:1+; Hch_3:22-23; Hch_7:20-44; Heb_3:1-11. Ver también Mat_16:14+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_40:3; |Mat_3:3+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_3:6+

[2] Jua_7:27+

[3] Mar_1:7 p

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_10:40

NOTAS

1:28 Significa «lugar de paso», recordando el paso del Jordán al final del Éxodo, Jos 3. Juan bautiza todavía «al otro lado del Jordán», pero este bautismo de penitencia prepara al pueblo de Dios para «pasar» a la Tierra Prometida. - Var. más corrientemente adoptada: Betania, Jua_11:1, Jua_11:18.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Jn_3:5; 1Sa_9:17

NOTAS

1:29 El «pecado» (en singular) por excelencia es negarse a reconocer a Cristo como el enviado de Dios, Jua_15:22, Jua_15:24; Jua_16:9; Jua_8:21, aquel que ha venido a revelarnos la «verdad», Jua_8:32+; es estar «ciego» hasta el punto de no saber cuál es la voluntad de Dios sobre el hombre, Jua_9:39-41; Mat_15:14; Mat_23:16-26; Rom_2:17-24, rechazando al nuevo Moisés, Jua_9:28-34. Esta ignorancia relativa al discernimiento entre el bien y el mal, Gén_3:3-5, consecuencia del dominio de Satán sobre el mundo, Jua_8:34+, es lo que el Cordero debe quitar, Jua_1:29. Como el Siervo de Dios del que habla Isa_42:1-4, y al que aludirá Jua_1:34, él quita el pecado gracias a la enseñanza que nos da. Por eso, algunos han pensado que el término «cordero» era una mala traducción de un original hebreo que significaba también «siervo». -La tradición joánica conoce posiblemente la interpretación targúmica del sacrificio de Isaac, «atado sobre el monte como un cordero sobre el altar», Gén_22:2, Gén_22:6-9; ver Rom_8:32; y ve en Isaac una figura de Cristo, ver Jua_3:16; Jua_8:56. -Para Jn, Jesús es también el «Cordero» pascual, Jua_18:28+; Jua_19:36, que, por su muerte, recibe dominio sobre los hombres, Jua_12:31+; Apo_5:12, y por tanto quita el «pecado» del mundo. -La alusión a Isa_53:7, Isa_53:11 es aquí poco probable.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_8:58; Jua_1:1+

NOTAS

1:31 Según las tradiciones judías, el Mesías, que no se distinguía en nada de los demás hombres, debía permanecer de incógnito hasta el día en el que fuera manifestado como Mesías, por Elías vuelto a la tierra, Mal_3:23-24 [Mal_4:5-6]; Jua_5:35+. Este tema es el que se evoca en Jua_1:26, Jua_1:31, ver Jua_7:27, versículos que quizá estaban unidos en una redacción más antigua.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_11:2; Isa_61:1; Mat_3:16 p

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_3:5; Mat_3:11+

NOTAS

1:33 Por cuanto el Espíritu reposa sobre él, Isa_11:2; Isa_42:1; Isa_61:1, Cristo podrá comunicarlo a los demás, realizando así la profecía de Eze_36:26-27, ver la alianza nueva de Jer_31:31+. Pero esta efusión del Espíritu sólo tendrá lugar una vez que Cristo haya sido «glorificado», Jua_7:39; ver Jua_20:22-23, o «elevado» a la diestra de Dios, Hch_2:33, el día de Pentecostés, Hch_1:5; Hch_2:4.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_42:1; Luc_9:35; Luc_23:35

NOTAS

1:34 Alusión a Isa_42:1+; ver Luc_9:35; Luc_23:35; Jesús es el Siervo sobre el que Dios ha puesto su Espíritu, ver Jua_1:29. Juan invierte los datos del relato del bautismo de Cristo, Mar_1:9-11 : ya no es Jesús sino el Bautista quien ve al Espíritu bajar; ya no es la voz celeste la que da testimonio de Cristo, sino el Bautista, ver Jua_1:31+. - Var.: «el Hijo de Dios», por armonización con Mat_3:17.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_4:18-20 p

NOTAS

1:36 Los vv. Jua_1:35-36 y Jua_1:33 a son un duplicado de los vv. Jua_1:29 y Jua_1:31 a. Provienen de dos tradiciones joánicas paralelas, que aquí ha fundido el evangelista. Es posible que el v. Jua_1:15, duplicado del v. Jua_1:30 y que en el Prólogo se halla fuera de contexto, se leyera primitivamente después de los vv. Jua_1:35-36.

NOTAS

1:37 Ver Mar_1:18. El relato joánico de la vocación de Pedro y Andrés no tiene en común con el de Mar_1:16-18 = Mat_4:18-20 (Lc lo omite) más que la expresión «siguieron a Jesús», característica del discípulo. La tradición joánica parece preferible. En Mc Mt, la vocación de Pedro y Andrés es un calco de la de Santiago y Juan, que presenta rasgos más primitivos.

NOTAS

1:39 Hacia las cuatro de la tarde. Todo el relato está estilizado para describir la condición del discipulo de Cristo. En el AT, para encontrar a Dios había que buscarle, Deu_4:29; Isa_55:6, ahora, el que «busca» a Cristo lo «encuentra», vv. Jua_1:38 y Jua_1:41, ver Mat_7:7-8; y porque «sigue» a Jesús, vv. Jua_1:37-38, el discípulo llega adonde él vive, v. Jua_1:39; ver Jua_12:26; Jua_14:3; Jua_17:24. En el extremo opuesto de los discípulos están los judíos que se niegan a creer en Jesús, Jua_7:34; Jua_8:21; ver Ose_5:6; Pro_1:28.

NOTAS

1:40 Se piensa a menudo que el otro discípulo era el apóstol Juan. Pero ¿no sería más bien Felipe, el compañero habitual de Andrés, Jua_6:7-9; Jua_12:21-22, y que va a reaparecer a partir del v. Jua_1:43? Esta interpretación la supone la variante textual del v. Jua_1:41 : «Éste, el primero, encuentra... ». Según Jua_1:7, todos van a creer por el testimonio del Bautista, primero Andrés y Felipe, Jua_1:35-37, después, gracias a ellos, el mundo judío, Jua_1:41-42; Jua_1:45-49 (las dos escenas están construidas de manera similar), y después el mundo pagano Jua_12:21-22.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_16:18-19+; Mar_3:16

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_12:21; Mat_9:9

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:21+; Jua_5:39+; Deu_18:18+; Hch_26:22+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_7:41, Jua_7:42, Jua_7:52; Mat_13:54 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_32:2; Rom_2:29

NOTAS

1:48 El conocimiento de las realidades ocultas es una de las características de los profetas, Jua_4:16-19; Luc_7:39. Natanael reconoce así que Jesús es el Profeta-Rey, ver Jua_6:14-15, del que le ha hablado Felipe, Jua_1:45; ver Deu_18:18. Sobre este conocimiento sobrenatural de Cristo, ver además: Jua_2:24; Jua_6:61, Jua_6:64, Jua_6:71; Jua_13:1, Jua_13:11, Jua_13:27, Jua_13:28; Jua_16:19, Jua_16:30; Jua_18:4; Jua_21:17.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_6:15; Jua_12:13

NOTAS

1:49 Aquí simple título mesiánico, como «Rey de Israel». Ver Mat_4:3+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_28:10-17

[2] Mat_8:20+

NOTAS

1:51 Este sueño de Jacob, Gén_28:10-17, se realizará cuando el Hijo del hombre sea «levantado», Jua_3:14+.