Juan  4 Biblia Jerusalén (1998) | 54 versitos |
1 Cuando Jesús se enteró de que había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan -
2 aunque no era Jesús mismo el que bautizaba, sino sus discípulos -,
3 abandonó Judea y volvió a Galilea.
4 Tenía que pasar por Samaría.
5 Llega, pues, a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José.
6 Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
7 Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: "Dame de beber."
8 Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice la mujer samaritana:
9 "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?" (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)
10 Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva."
11 Le dice la mujer: "Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva?
12 ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?"
13 Jesús le respondió: "Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed;
14 pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna."
15 Le dice la mujer: "Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla."
16 Él le dice: "Vete, llama a tu marido y vuelve acá."
17 Respondió la mujer: "No tengo marido." Jesús le dice: "Bien has dicho que no tienes marido,
18 porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad."
19 Le dice la mujer: "Señor, veo que eres un profeta.
20 Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar."
21 Jesús le dice: "Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
23 Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.
24 Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad."
25 Le dice la mujer: "Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo desvelará todo."
26 Jesús le dice: "Yo soy, el que está hablando contigo."
27 En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: "¿Qué quieres?" o "¿Qué hablas con ella?"
28 La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
29 "Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?"
30 Salieron de la ciudad e iban hacia él.
31 Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: "Rabbí, come."
32 Pero él les dijo: "Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis."
33 Los discípulos se decían unos a otros: "¿Le habrá traído alguien de comer?"
34 Les dice Jesús: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.
35 ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya
36 el segador recibe el salario, y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador.
37 Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador:
38 yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga."
39 Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que he hecho."
40 Cuando llegaron a él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.
41 Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras,
42 y decían a la mujer: "Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo."
43 Pasados los dos días, partió de allí para Galilea.
44 Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.
45 Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
46 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún.
47 Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque estaba a punto de morir.
48 Entonces Jesús le dijo: "Si no veis signos y prodigios, no creéis."
49 Le dice el funcionario: "Señor, baja antes que se muera mi hijo."
50 Jesús le dice: "Vete, que tu hijo vive." Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
51 Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía.
52 Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: "Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre."
53 El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: "Tu hijo vive", y creyó él y toda su familia.
54 Tal fue, de nuevo, el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

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Introducción a Juan 

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

Introducción

Un evangelio
La primera conclusión del evangelio joánico, Jua_20:31, define a éste y lo sitúa literariamente. Es también un «Evangelio», al igual que la más antigua predicación de la Iglesia: una proclamación de la mesianidad y divina filiación de Jesús, partiendo de los «signos», para desarrollar la fe en Cristo y obtener así la vida.

El evangelio de Juan se presenta como los evangelios sinópticos. Comienza mostrando el testimonio del Bautista sobre Jesús, refiere a continuación un cierto número de episodios relativos a la vida de Jesús, muchos de los cuales coinciden con los de la tradición sinóptica; y termina con los relatos de la pasión y la resurrección. Se distingue sin embargo de los otros evangelios por numerosos rasgos: milagros que aquéllos ignoran, como el del agua convertida en vino en Caná o el de la resurrección de Lázaro, largos discursos, como el que sigue a la multiplicación de los panes, cristología mucho más desarrollada insistiendo especialmente en la divinidad de Cristo.

La estructura del libro
Se han propuesto muchas maneras de dividir el evangelio, todas las cuales contienen una parte de verdad, pero pecan a menudo por exceso de sistematización. Lo mejor es dejarse guiar por las indicaciones más claras dadas por el mismo evangelista. Por una parte, está claro que insiste en la importancia de las fiestas litúrgicas judías, como jalones de su relato: tres Pascuas, Jua_2:13; Jua_6:4; Jua_11:55, una fiesta no precisada, Jua_5:1, una fiesta de las Tiendas, Jua_7:2, una fiesta de la Dedicación, Jua_10:22. Por otra parte, en diversas ocasiones, consigna cuidadosamente el orden de los días para dividir la vida de Cristo en períodos determinados. Por ejemplo: la primera semana del ministerio de Cristo, 1:19-2:11, la semana de la fiesta de las Tiendas, Jua_7:2, Jua_7:14, Jua_7:37, la semana de la Pasión, Jua_12:1, Jua_12:12; Jua_19:31, Jua_19:42, comprendida entre la sepultura simbólica Jua_12:7, y su realización, Jua_19:38 s; nótese asimismo la evocación de la primera Pascua, en Jua_4:45, que forma una «inclusio» con Jua_2:13-25. Teniendo en cuenta estos dos hechos, se podría proponer la división siguiente:

-Prólogo, Jua_1:1-18 : «En el principio...»
-El ministerio de Jesús:
1. El anuncio de la nueva economía, 1:19-4:54: la semana inicial; los acontecimientos que gravitan en torno a la primera Pascua.
2. Segunda fiesta, en sábado, en Jerusalén: primera oposición a la revelación, Jua_5:1-47.
3. En Galilea, la Pascua del Pan de vida: nueva oposición a la revelación Jua_6:1-71.
4. La fiesta de las Tiendas: la gran revelación mesiánica; la gran repulsa, Jn 7:1-10:21.
5. La fiesta de la Dedicación: decisión de dar muerte a Jesús, 10:22-11:54.
6. Fin del ministerio público de Jesús y preliminares de la última Pascua, Jua 11:55—12:50.
-La Hora de Jesús. La Pascua del Cordero de Dios:
1. La última cena de Jesús con sus discípulos, 13:1-17:26.
2. La pasión, 18-19.
3. El Día de la Resurrección, Jua_20:1-29.
4. Primera conclusión del evangelio, Jua_20:30 s.
-Epílogo Jua_21:1-25 : Aparición a orillas del Lago de Tiberíades.

Así pues, además del Prólogo, Jua_1:1-18, y del Epílogo, Jua_21:1-25, el evangelio de Juan tiene dos partes netamente diferenciadas: el libro de los «signos», 1:19-12:43, con su conclusión pesimista, Jua_12:37-43, y el libro de la pasión-resurrección, 13:1-20:31, con su solemne introducción, Jua_13:1-3.

Esta estructura en doble parte, según algún autor, podría ser fruto de la redacción última, dado que el corte entre los caps.12 y 13 no cuadra con una estructura concéntrica que algunos describen entre los caps. 11 al 20 y cuyo centro sería el discurso de la Cena, Jua_14:1-31. Pero en esta estructura concéntrica no entran episodios tan fundamentales como el lavatorio de los pies. Por ello es preferible atenerse a la disposición del texto actual.

La unidad del Evangelio: Fuentes y estratos redaccionales
Es bastante difícil descubrir el plan preciso según el cual ha querido San Juan exponer este misterio de Cristo. Notemos ante todo que el orden en que se presenta el evangelio ofrece cierto número de dificultades: sucesión difícil de los caps. 4, 5, 6, Jua_7:1-24; anomalía en los caps. 15-17 que vienen después de la despedida Jua_14:31; situación fuera del contexto de fragmentos como Jua_3:31-36 y Jua_12:44-50. Es posible que estas anomalías provengan del modo como se ha compuesto y editado el evangelio: en realidad sería el resultado de una lenta elaboración, con elementos de épocas diversas, retoques, adiciones, diversas redacciones de una misma enseñanza, habiéndose publicado definitivamente no por el mismo evangelista sino, después de su muerte, por sus discípulos, Jua_21:24; éstos habrían insertado en la trama primitiva del evangelio fragmentos joánicos que no querían que se perdieran y cuyo lugar no estaba rigurosamente determinado.

Según algunos, el evangelista habría utilizado una o varias fuentes. Bultmann distingue así: una «fuente de los signos» cuyo contenido serían los milagros relatados en el cuarto evangelio, una colección de los «dichos» atribuidos a Jesús, un relato de la pasión y la resurrección de Cristo. Un último redactor habría añadido un cierto número de retoques a la obra del evangelista. De esta reconstrucción de Bultmann, sólo la hipótesis de una «fuente de los signos» ha tenido un cierto éxito.Éxito muy relativo, por lo demás, ya que para algunos (Fortna) no se podría hablar ya de una «fuente de signos», sino de un evangelio completo que incluía también la predicación del Bautista y los relatos de la pasión y la resurrección. En razón de la relativa unidad de estilo del conjunto del evangelio, otros autores prefieren hablar de un evangelio joánico primitivo, mucho más simple que el evangelio actual, que habría sido ampliado y desarrollado, probablemente en varias etapas, durante la segunda mitad del siglo primero. La presencia de los abundantes duplicados en el evangelio de Juan muestra la complejidad del problema. Algunos temas han debido de desarrollarse de diferentes maneras en los medios joánicos antes de ser incorporados al evangelio actual. Sea cual sea el modo de aproximación al problema, los comentaristas se esfuerzan por reconstruir un «escrito fundamental» reutilizado por el evangelista. Es posible que también Lucas conociera este «escrito fundamental», lo que explicaría el parentesco, notado desde hace tiempo, entre tradiciones «joánicas» y «lucanas» (Evangelio y Hechos), especialmente en lo que respecta a los relatos de la pasión y la resurrección.

Pero la mayoría de los comentaristas modernos estiman que el autor del cuarto evangelio, sea quien sea, habría utilizado un documento más antiguo, de origen palestino y que, según algunos, habría sido escrito en arameo.

El desarrollo de la cristología del Evangelio
Según Deu_18:15, Deu_18:18-19, Dios había prometido a su pueblo enviarle un profeta semejante a Moisés. Esta promesa se ha realizado en Jesús de Nazaret. Tal convicción sirve de base a todo el evangelio de Juan y domina casi todos sus temas mayores. Jesús es, no un profeta ordinario, sino el Profeta por excelencia, Jua_6:14; Jua_7:40, Jua_7:52, que alimenta al pueblo de Dios como lo había hecho Moisés durante el Éxodo, Jua_6:5-13; ver Ex 16. No es Juan Bautista este profeta por excelencia, Jua_1:21 b, sino Jesús, a propósito del cual había escrito Moisés en la Ley, Jua_1:45; Jua_5:46; ver Deu_18:15, Deu_18:18. Para subrayarlo, el evangelista pone en los labios de Jesús palabras que se referían a Moisés en el AT, Jua_12:48-50; Jua_8:28-29; Jua_7:16-17; ver Deu_18:18-19; Núm_16:28; Éxo_3:12; Éxo_4:12. En la economía de la nueva alianza, Jesús sustituye a Moisés, Jua_1:17, y los judíos deben ahora escoger entre el antiguo y el nuevo Moisés, Jua_9:24-34. Un profeta es, por definición, el portavoz de Dios. Este era el caso de Moisés, quien no hacía más que repetir lo que Dios le había mandado decir (Deu_18:18; Éxo_4:12, Éxo_4:15). Lo es también el caso del propio Jesús, Jua_12:49; Jua_8:28. Él no habla por su propia cuenta, Jua_7:16-18; Jua_14:10, Jua_14:24, y no hace sino transmitir a los hombres las palabras que Dios le ha dado para ellos, Jua_17:8; Jua_3:34. Ahora bien, ¿cuál es el mensaje que el nuevo Moisés ha venido a transmitirnos de parte de Dios? Que nos amemos los unos a los otros como Jesús mismo nos ha amado a nosotros, Jua_13:34-35; Jua_15:12, Jua_15:17. Es el mandamiento que Cristo nos deja como su testamento y que resume toda la Ley antigua, las diez «palabras» que antaño nos había transmitido Moisés de parte de Dios (Éxo_20:1-17; Deu_5:5-22). Porque «Dios es Amor», 1Jn_4:7-16, y este amor baja del Padre sobre Cristo y sobre nosotros, y luego vuelve a subir de nosotros a Cristo y al Padre, Jua_17:23-26; Jua_3:16, Jua_3:35; Jua_10:17; Jua_11:5; Jua_13:1; Jua_14:15, Jua_14:21, Jua_14:31; Jua_15:9. El cristianismo es esencialmente una religión de amor. Moisés había recibido y transmitido a los hombres la revelación del Nombre divino por excelencia: «Yo soy» (Éxo_3:13-15); del mismo modo Jesús ha revelado a los hombres este otro nombre divino, Jua_17:6, Jua_17:26, que implica un amor indefectible: «Padre», Jua_17:1, Jua_17:11, Jua_17:24, Jua_17:25. Habiendo recibido esta revelación de amor, los hombres no obedecen ya como esclavos, sino como amigos, Jua_15:15; Jua_8:34-36.

Cuando prometía a los hebreos el envío de un profeta semejante a Moisés, Dios les ordenaba también: «Escuchadle» (Deu_18:15). El que no escuche sus palabras será condenado por Dios (Deu_18:19). Es una cuestión de vida o muerte: si el pueblo hebreo quiere vivir y no morir, deberá obedecer los mandamientos de Dios, escuchar su voz (Deu_30:15-20). Lo mismo los discípulos de Cristo. El que escucha la palabra de Cristo tiene la vida eterna, ha pasado de la muerte a la vida, Jua_5:24; el que guarde esta palabra no verá jamás la muerte, Jua_8:51. El que rechaza a Cristo y no recibe sus palabras está ya condenado, Jua_12:48; ver Deu_18:29, porque el mandamiento de Dios es vida eterna, Jua_12:50. Sólo Cristo tiene palabras que son vida eterna, Jua_6:63, Jua_6:68; ver Deu_8:3. La palabra de Dios es a la vez luz y vida, Jua_1:4-5, Jua_1:9, luz que permite caminar hacia la vida, Jua_8:12; Jua_9:5; ver Sal_119:115, sin tropezar contra los obstáculos que hay en el camino, Jua_11:9-10; Jua_12:35-36. Cristo ha partido delante de nosotros para prepararnos un lugar en la casa del Padre, (ver Deu_1:33), pero volverá a buscarnos para que podamos reunirnos con él donde él está, Jua_14:2-3; Jua_17:24; Jua_12:26. Aquel que va en seguimiento de Jesús, como discípulo suyo, llega finalmente adonde está Jesús, Jua_1:37-39; confrontar con Jua_7:33-34; Jua_8:21-22, en la casa del Padre, Jua_14:2-3.

Moisés, como todos los profetas, había sido «enviado» por Dios para salvar y guiar a su pueblo (Éxo_3:10-12). Igualmente, Cristo fue «enviado» por Dios para dar la vida a los hombres, Jua_3:17, Jua_3:34; Jua_6:29, Jua_6:57; Jua_7:29; Jua_10:36; Jua_17:18. Tan cierto es esto que Jesús nombra a Dios veinte veces como «aquel que me ha enviado», Jua_4:34; Jua_5:23-24, Jua_5:30, y passim. Pero ¿cómo podemos nosotros creer que en efecto es así y que Jesús no es un impostor, ver Jua_7:12, Jua_7:17, Jua_7:21? Ya Moisés había expuesto este reparo a Dios (Éxo_3:13; Éxo_4:1), y para responderle Dios había concedido a Moisés el realizar «signos» que serían la prueba de su misión divina (Éxo_4:2-9). Lo mismo pasa con Jesús. Durante su vida terrestre, realiza seis milagros, de los cuales los dos primeros y el último se ofrecen como «signos» que prueban su misión, Jua_2:11; Jua_4:54; Jua_12:18; ver Jua_11:42. Y es por razón de estos signos por lo que la gente sigue a Jesús y cree en él, Jua_2:23; Jua_6:2, Jua_6:14; Jua_7:31; Jua_11:47; Jua_12:37; Jua_20:30. En efecto, sólo Dios puede alterar las leyes de la naturaleza; por tanto, si un hombre realiza «signos», es porque ha venido de parte de Dios y porque «Dios está con él», Jua_3:2; Jua_9:32-33; ver Éxo_3:12. Y el signo por excelencia, el séptimo, será la resurrección de Cristo, Jua_2:18-22, porque es Jesús mismo quien tiene poder de recobrar su vida, Jua_10:17-18. Sin embargo, para creer en Jesús no se debe dar demasiada importancia a los «signos», Jua_4:48; Jua_20:25, Jua_20:29; es en definitiva su palabra, el mensaje que nos transmite de parte de Dios, lo que debe unirnos a él, Jua_4:40-42. Si, incluso después del «signo» de la multiplicación de los panes, sólo los Doce siguen fieles a Jesús, es porque han comprendido que él tiene las palabras de la vida eterna, Jua_6:66-69. Sus palabras deben comprometer nuestra fe por la misma razón que los «signos» que realiza, Jua_15:22, Jua_15:24; ver Éxo_4:15-17. Si es verdad que los «signos» atestiguan en favor de la misión de Jesús, Jua_5:36; Jua_10:25, también deben movernos otros motivos como el testimonio del Bautista, Jua_1:7-8, Jua_1:15; Jua_5:31-35, el del Padre en el acto del bautismo de Cristo, Jua_5:37; ver Jua_1:32-34, el de las Escrituras que anunciaron su venida, Jua_5:39, Jua_5:45; ver Deu_18:15, Deu_18:18, en fin el Espíritu, Jua_15:26. Por su parte, el discípulo a quien Jesús amaba puede atestiguar que Jesús está realmente muerto, Jua_19:35, condición indispensable para que el «signo» por excelencia, la resurrección, no pueda ponerse en duda.

Con el tema de Jesús nuevo Moisés está estrechamente unido el de Jesús rey mesiánico. Precisamente porque le reconocen como el Profeta por excelencia los judíos quieren tomarle por la fuerza para hacerle rey, Jua_6:14-15. Esta relación entre los dos temas procede quizá de las tradiciones samaritanas. En efecto, para los samaritanos dos personajes dominaban la historia bíblica: Moisés, el profeta por excelencia, y el patriarca José a quien ellos daban el nombre de «rey», ver Gén_41:41-43. Ahora bien, en el evangelio de Juan, después de ser reconocido como «Aquel de quien Moisés escribió en la Ley», Jua_1:45; ver Deu_18:15, Deu_18:18, Jesús es proclamado «rey de Israel» por Natanael, Jua_1:49, e inmediatamente después provee de vino a los que no lo tenían, como el patriarca José había abastecido de trigo durante el hambre de Egipto, Jua_2:5 citando Gén_41:55. Sea ello lo que fuere, mediante este título de «rey» dado a Jesús se empalma con las tradiciones judías según las cuales Cristo, el rey mesiánico, debía ser descendiente de David, Jua_7:40-42. Así, aclamado por la multitud como «rey de Israel» hará Jesús su entrada solemne en Jerusalén, Jua_12:13, y como «rey de los judíos» será condenado a muerte y clavado en la cruz, Jua_19:3, Jua_19:12, Jua_19:19. ¿Cómo explicar este dramático vuelco de situación? Es que Satán, el Diablo, reina ya sobre el mundo. Es «el Príncipe de este mundo», Jua_12:31; Jua_14:30; Jua_16:11, y el mundo entero yace en su poder, 1Jn_5:19. Detrás de los enemigos de Jesús se esconde y actúa el Príncipe de este mundo decidido a perderle, Jua_14:30; Jua_13:2, Jua_13:27. Él domina el mundo, y este mundo malo, al que pertenecen los jefes del pueblo judío, Jua_8:23, no puede menos de odiar a Jesús y a todos los que se han hecho discípulos suyos, Jua_15:18-19; Jua_17:14. De este modo, el evangelio de Juan se presenta como un drama. Cada vez que Jesús sube a Jerusalén, tropieza con una oposición más violenta por parte de los jefes del pueblo judío, Jua_5:16-18; Jua_7:30-32, Jua_7:44; Jua_8:59; Jua_10:31, Jua_10:49, quienes, finalmente, reúnen el Sanedrín y deciden darle muerte, Jua_11:47-53. Pero, situación paradójica que Satán no preveía, en el momento mismo en que Jesús es «elevado» en la cruz llega a su fin la dominación del Príncipe de este mundo, Jua_12:31-32. Le elevación de Jesús en la cruz es como el primer paso que marca su retorno a la gloria divina en la Hora señalada por Dios, Jua_12:23; Jua_13:31-32; Jua_17:1, Jua_17:5, la Hora de su entronización real. Jesús es rey, pero su realeza no es de este mundo, Jua_18:36. El Príncipe de este mundo no tiene, pues, ningún poder sobre él, Jua_14:30.

Jesús es el Profeta, el nuevo Moisés anunciado por Deu_18:15, Deu_18:18, pero es muy superior a Moisés. Un profeta es un portavoz de Dios. Para que fuera así, Dios ponía sus palabras en la boca de Moisés (Deu_18:18), estaba en su boca (Éxo_4:12). De una manera mucho más radical, en Jesús es la Palabra misma de Dios, personificada, la que ha venido a encarnarse, Jua_1:1-2, Jua_1:14. Al igual que la Palabra de la que habla Isaías Isa_55:10-11, ésta ha venido a habitar entre los hombres para dar a los que la reciben el poder de hacerse «hijos de Dios», Jua_1:12-13, y luego ha retornado al seno del Padre, Jua_1:18; Jua_13:3; Jua_16:27-28; Jua_14:2-3. En Jesús, es la Palabra de Dios la que nos da a conocer los misterios divinos, Jua_1:18; Jua_3:11-13. Ya no está escondida en los cielos, ha venido a vivir junto a nosotros, Deu_30:11-14; Bar_3:29-31, Bar_3:38. En cuanto Palabra de Dios encarnada, Cristo puede decir: «Antes de que Abrahán existiera, Yo Soy», Jua_8:58. Él existía antes que el mundo, que fue creado por la Palabra, Jua_1:3. Por eso Isaías pudo ver su gloria, Jua_12:41, y cuando Cristo retorna al Padre, éste le devuelve la gloria que tenía antes que el mundo fuese, Jua_17:5. En cuanto Palabra de Dios encarnada, Cristo no es solamente «hijo de Dios», título que no implicaba un sentido trascendente, en contra de la acusación que la hacían los judíos, Jua_10:33-36; Jua_19:7, es el Unigénito, Jua_1:14, Jua_1:18; Jua_3:16, Jua_3:18. Como Engendrado de Dios, Pro_8:25, él mismo es Dios, Jua_1:1; Jua_20:29; 1Jn_5:20. Cuando dice a los judíos: «Antes de que Abrahán existiera, Yo Soy», Jua_8:58; ver Jua_8:24, Jua_8:28; Jua_13:19; Isa_43:10; Isa_45:18; Deu_32:39, este último verbo evoca la revelación que Dios hizo a Moisés cuando la teofanía del Sinaí: «Yo soy el que soy. Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros» (Éxo_3:14). Cuando una tropa armada viene a prender a Jesús, él les dice: «Yo soy», y la evocación del Nombre divino basta para tirarlos por tierra, Jua_18:5-6. Por cuanto la Palabra de Dios, Jua_1:1, ha sido Dios quien, en Jesús, ha venido a habitar entre nosotros, Jua_1:14.

La gloria del Verbo Encarnado
En cada evangelista predomina un determinado enfoque sobre Jesús y sobre su misión. Para San Juan, Jesús es el Verbo hecho carne, que ha venido a dar la vida a los hombres, Jua_1:14. El misterio de la Encarnación domina todo su pensamiento. Esta teología de la Encarnación se expresa en lenguaje de misión y testimonio. Jesús es la Palabra (el Verbo) enviada por Dios a la tierra y que debe volver a Dios una vez cumplida su misión, ver Jua_1:1+. Esta misión consiste en anunciar a los hombres los misterios divinos: Jesús es el testigo de lo que ha visto y oído junto al Padre, ver Jua_3:11+. Para acreditar su misión, Dios le ha dado poder de realizar cierto número de obras, de «signos»; que superan las posibilidades humanas y demuestran que ciertamente ha sido enviado por ese Dios que obra en él, ver Jua_2:11+; estos «signos» son la manifestación, todavía discreta, de su gloria, en espera de la plena manifestación en el día de su resurrección, ver Jua_1:14+. Porque según la profecía de Isa_52:13 (LXX), el Hijo del hombre debe ser «alzado», y, por la Cruz, volver al Padre, ver Jua_12:32+, para recobrar la gloria que tenía en Dios «antes que el mundo fuese», Jua_17:5+, Jua_17:24, cuya revelación tuvieron los Profetas, ver Jua_5:39, Jua_5:46; Jua_12:41; Jua_19:37 y notas. Su manifestación es la teofanía que culmina y eclipsa todos los precedentes, la de la creación, Jua_1:1, las que fueron otorgadas a Abrahán, Jua_8:56, a Jacob, Jua_1:51, a Moisés, Jua_1:17, a los profetas. La gloria del «Día de Yahvé», ver Amó_5:18+, se cumple en el «Día» de Jesús, Jua_8:56, y especialmente en su «Hora», Jua_2:4+, la Hora de su «elevación» y de su «glorificación»; entonces se revela la trascendente grandeza del «enviado», ver Jua_8:24+; Jua_10:30+, venido al mundo para dar la vida, ver Jua_3:35+, a los que por la fe reciben el mensaje de salvación que él trae, ver Jua_3:11+. Y precisamente porque toda esta «misión» del Hijo está ordenada a una obra de salvación, es en definitiva manifestación suprema del amor del Padre al mundo, ver Jua_17:6+.

El Espíritu de la verdad
Cristo nuevo Moisés, el profeta por excelencia, va a dejar este mundo para retornar al Padre. Pero los discípulos se beneficiarán entonces de la venida del Espíritu de verdad, del Paráclito, que continuará entre ellos la obra de Cristo. Al igual que Cristo, él procede del Padre, Jua_15:26; ver Jua_8:42; Jua_16:27-30; Jua_17:8. Como él será «enviado» a ellos (por el Padre a petición de Cristo: Jua_14:16; Jua_15:26; por el mismo Cristo: Jua_15:26; Jua_16:7) y permanecerá con ellos para siempre, Jua_14:16-17; ver Mat_28:20. Su misión será la de enseñarles todo lo que Cristo no haya podido decirles, y, del mismo modo que Cristo, no hablará «por su cuenta», limitándose a transmitir lo que haya oído junto al Padre, Jua_16:12-15. Así los discípulos comprenderán el sentido misterioso, todavía oculto, de ciertos acontecimientos concernientes a Cristo, Jua_2:22; Jua_12:16; Jua_13:7; Jua_20:9. El Espíritu podrá dar testimonio de Cristo, Jua_15:26, haciendo comprender a los discípulos que, a pesar de su muerte ignominiosa, él era el Enviado de Dios, aquel en quien había que creer para salvarse, aquel que, a pesar de las apariencias, había vencido definitivamente al Príncipe de este mundo, Jua_16:8-11.

La doble perspectiva escatológica y su significado
En su conjunto, el cuarto evangelio desarrolla el principio de una escatología ya realizada. El judaísmo distinguía entre el mundo presente y el mundo (escatológico) futuro; según Jua_8:23, los dos mundos coexisten: el uno es de «abajo» (este mundo) y el otro es de «arriba», de Dios, Jua_13:1. Según el punto de vista de muchos lugares del evangelio la resurrección no debe ya esperarse para el momento en que se instaure el «mundo futuro» (ver Dan_12:1-2), sino que se ha realizado ya en y por Cristo, Jua_11:23-36. El que cree en Cristo ha pasado ya de la muerte a la vida, Jua_5:24; 1Jn_3:14, nunca más verá la muerte, o sea la muerte en el sentido semítico de la palabra, ese casi aniquilamiento en el seol, Jua_8:50; Jua_11:25. La muerte ya no es más que una apariencia (ver Sab_3:2). En este sentido, los que creen en Cristo no serán juzgados, mientras que los que se niegan a creer están ya juzgados, Jua_3:18-21, Jua_3:36. Todo esto supone una antropología con distinción entre alma y cuerpo. Pero el último redactor del cuarto evangelio quiso introducir la escatología judía heredada de Daniel: Hasta «el último día» no resucitará el que cree en Cristo, Jua_6:39, Jua_6:40, Jua_6:44, Jua_6:54; confrontar con Jua_11:23-26; «en el último día» será juzgado, Jua_11:48, cuando, a la voz de Cristo, todos los que estén en los sepulcros saldrán, los unos para una resurrección de vida, los otros para una resurrección de juicio, Jua_5:28-29; ver Dan_12:2; confrontar con Jua_5:24.

Ambas perspectivas escatológicas se completan actualmente en el evangelio.

La cuestión del autor del evangelio y la identidad del Discípulo Amado
Una última cuestión queda por plantear: ¿quién es el autor de este evangelio tan rico y tan complejo? La tradición, casi unánimemente, responde: Juan el apóstol, el hijo de Zebedeo. Vemos ya en la primera mitad del siglo II que muchos autores conocen y utilizan el cuarto evangelio: San Ignacio de Antioquía, el autor de las Odas de Salomón, Papías, San Justino, y quizá el mismo San Clemente de Roma; todo ello es prueba de que el evangelio gozaba ya de autoridad apostólica. El primer testimonio explícito es el de San Ireneo, hacia el 180: «Luego Juan, el discípulo del Señor, el mismo que reposó en su pecho, publicó también el evangelio durante su estancia en Éfeso.» Casi por la misma época, Clemente de Alejandría, Tertuliano y el canon de Muratori atribuyen también formalmente el cuarto evangelio a Juan el apóstol. Si se ha podido recoger una opinión opuesta entre los siglos II-III, es la de algunos que reaccionan contra los «espirituales» montanistas, quienes utilizaban el evangelio de Juan con fines tendenciosos. Pero esta oposición se reduce a poca cosa, y, basada en razones teológicas, no tiene ninguna raíz en la tradición.

Por lo demás, nada hay en el mismo evangelio que se oponga a esta tradición; muy al contrario. Ya hemos visto que el evangelio se presenta bajo la garantía de un discípulo amado del Señor, testigo ocular de los hechos que narra. Su lengua y su estilo denotan su origen manifiestamente semítico; se le ve perfectamente al corriente de las costumbres judías, así como de la topografía palestinense en tiempo de Cristo. Parece unido con especial amistad a Pedro, Jua_13:23 s; Jua_18:15; Jua_20:3-10; Jua_21:20-23, y Lucas nos informa de que efectivamente ese era el caso de Juan el apóstol, Luc_22:8; Hch_3:1-4, Hch_3:11; Hch_4:13, Hch_4:19; Hch_8:14. ¿Cómo explicar finalmente el silencio incomprensible del cuarto evangelio sobre los dos hijos de Zebedeo, sino precisamente porque habría sido puesto bajo la autoridad de uno de ellos? El «discípulo a quien Jesús amaba... que ha escrito estas cosas», Jua_21:24, es ciertamente aquel a quien, con Pedro y Santiago, estimaba Jesús de un modo particular, Mar_5:37; Mar_9:2; Mar_13:3; Mar_14:33. Se ha querido objetar el hecho de que, según algunos testimonios, Juan el apóstol habría muerto mártir en fecha relativamente temprana y que por lo mismo no habría podido ser el testigo a que se refiere esta tradición que pone bajo su autoridad el evangelio que lleva su nombre. En realidad es difícil negar que haya habido efectivamente una antigua tradición en favor de este martirio; pero ¿tiene más garantías de autenticidad que la tradición que hace vivir a San Juan en Éfeso hasta edad avanzada? Y aun siendo así, se podrá observar que silencia la fecha de tal martirio. Por otra parte, el conjunto de las tradiciones joánicas, como ya lo hemos visto, ciertamente se constituyó en fecha muy antigua, aunque el evangelio no se hubiera redactado y editado definitivamente hasta más tarde, probablemente por los discípulos de Juan. En consecuencia, la paternidad joánica del cuarto evangelio no sería inconciliable con la hipótesis de un martirio del apóstol.

Algunos han sugerido la identificación del Discípulo Amado con Lázaro. Este discípulo vivía en los alrededores de Jerusalén, y nada impide que fuera conocido del sumo sacerdote. Por otra parte, cuando cae gravemente enfermo, sus hermanas mandan un mensajero a decir a Jesús: «Aquel a quien tú quieres está enfermo», Jua_11:3. En la intención de las hermanas de Lázaro, no había confusión posible: Jesús no tenía más que un amigo. ¿No sería éste entonces «el discípulo a quien Jesús amaba»? Sin embargo la identificación de Juan el Apóstol con el Discípulo Amado tiene las garantías de la Tradición. Esto se refiere primariamente al testimonio apostólico que está detrás del evangelio. Con ello no se excluye que la obra haya podido ser escrita por un discípulo que la pone bajo la autoridad del apóstol Juan.

El simbolismo de los números
Para expresar sus ideas cristológicas, el evangelista utiliza a menudo el simbolismo de los números, procedimiento bastante corriente en la época. Su interés por las cifras se transparenta en ciertos detalles. En Jua_4:16-18, Jesús reprocha a la samaritana el haber tenido cinco maridos, y la palabra «marido» se repite cinco veces. Lo mismo sucede con las palabras «panes» y «peces» en Jua_6:9-13, «discípulos» en Jua_1:35-37 y Jua_21:1-14. Más interesante es el empleo de cifras que tienen un valor simbólico bien conocido en la antigüedad; siete simboliza la totalidad, la perfección, y seis evoca la idea de imperfección. Jesús ha «sanado» al paralítico, Jua_7:23, el adjetivo «sano» se repite siete veces en el relato primitivo, Jua_5:4; Jua_5:6; Jua_5:9; Jua_5:11; Jua_5:14-15; Jua_7:23, lo mismo que la expresión «abrir los ojos» en el relato paralelo de la curación del ciego de nacimiento, Jua_9:10, Jua_9:14, Jua_9:17, Jua_9:21, Jua_9:26, Jua_9:30, Jua_9:32. El hijo del funcionario real de Cafarnaún es curado en la hora séptima, Jua_4:52-53. En cambio, la debilidad de Cristo-hombre se manifiesta en la hora sexta, Jua_4:6; Jua_19:14. En Jua_5:31-47, el evangelista enumera los testigos en favor de la misión de Cristo, a los que contrapone el rechazo de los judíos a creer; ahora bien, el verbo «atestiguar» se repite siete veces en este pasaje, Jua_5:31-33, Jua_5:36-37, Jua_5:39, mientras que el verbo «creer», a menudo en negativo, se lee seis veces, Jua_5:38, Jua_5:44, Jua_5:46, Jua_5:46, Jua_5:47, Jua_5:47. Así se oponen judaísmo y cristianismo. Las tinajas que servían para la purificación de los judíos son seis, Jua_2:6; este sistema de purificación, imperfecto, ha caducado (confrontar con Jua_15:3; Jua_13:8-10). Las fiestas «de los judíos» se mencionan seis veces: la Pascua, Jua_2:13; Jua_6:4; Jua_11:55, una fiesta no nombrada, Jua_5:1, las Tiendas, Jua_7:2, y la Dedicación, Jua_10:22; pero la última Pascua se va a convertir en la Pascua de Cristo, su paso de este mundo al Padre, Jua_13:1, y por eso es nombrada siete veces, Jua_11:55, Jua_11:55; Jua_12:1; Jua_13:1; Jua_18:28, Jua_18:39; Jua_19:14. Cristo es ahora el verdadero Cordero pascual, Jua_19:36; ver Éxo_12:10, Éxo_12:46; 1Co_5:7. Pero aunque se le dé muerte, él mismo tiene el poder de resucitar, lo que constituirá el séptimo «signo» para atestiguar la realidad de su misión, el «signo» por excelencia, Jua_2:18-19; ver Jua_2:1 ss; Jua_4:46 ss; Jua_5:1 ss; Jua_6:2 ss; Jua_9:1 ss; Jua_11:1 ss.

La fecha de composición del evangelio
¿En qué fecha se compuso el cuarto evangelio? El más antiguo testimonio al respecto es un fragmento de papiro (Rylands 457), escrito hacia el 125, que contiene Jua_18:31-34 y Jua_18:37-38 en la forma que nosotros conocemos hoy. El papiro Egerton 2, muy poco posterior a aquél, cita otros varios pasajes. Estos dos documentos han sido hallados en Egipto. De donde se puede concluir que el cuarto evangelio habría sido publicado, en Éfeso o en Antioquía, lo más tarde en los últimos años del siglo primero. Por otra parte, si es cierto que textos como Jua_9:22; Jua_12:42; Jua_16:2, aludirían a una decisión de las autoridades judías tomada en el concilio de Yamnia, la composición del cuarto evangelio, en su forma casi definitiva, no podría ser anterior a los años 80. Pero esta redacción, que supone una evolución bastante compleja de las tradiciones «joánicas», obliga a retrotraer la composición del documento más antiguo a una fecha mucho más temprana. Un texto como Jua_14:2-3, próximo a 1Ts_4:13 ss, supone que todavía se esperaba el retorno de Cristo en un futuro muy cercano. Es posible, pues, que el documento «joánico» más antiguo, de origen palestino, pueda datarse alrededor del año 50.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_3:22

NOTAS

4 Para algunos autores, habría aquí un relato primitivo recargado de elementos adventicios (lo que no quiere decir carentes de interés). El marco se inspira literariamente en Gén_24:13-14, ver Gén_24:43 y Gén_24:28-32. El centro, Jua_4:16-18+, alude a 2Re_17:24 y Ose_2:18-19 [Ose_2:16-17]: origen de la semiidolatría de los samaritanos y anuncio de su conversión. El encuentro junto al pozo es un recurso literario, ver también Gén_29:1; Éxo_2:15; al convertirse, la samaritana renovará el vínculo matrimonial que la unía a Dios, Ose_1:2+.

4:1 Var.: «el Señor».



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_9:52-55

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_33:18-20; Gén_48:21-22+; Jos_24:32

NOTAS

4:5 La antigua Siquén (Sicara en arameo), o la actual aldea de Askar, al pie del monte Ebal, a unos mil metros del «pozo de Jacob». De este pozo no se habla en Gn.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_19:14

NOTAS

4:6 Mediodía.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_19:28

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_10:29-37; Luc_17:11-19

NOTAS

4:9 Om. del paréntesis. -Los judíos odiaban a los samaritanos, Sir_50:25-26; Jua_8:48; Luc_9:52-55; ver Mat_10:5; Luc_10:33; Luc_17:16, ylicalicasu o 41, por la inmigración forzada de cinco grupos paganos, que en parte siguieron fieles a sus dioses simbolizados por los «cinco maridos» del v. Jua_4:18.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_3:16; Hch_8:20+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_6:31-32

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_8:53

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_6:35; Jua_7:37-39

[2] Isa_58:11

NOTAS

4:14 Alusión a Pro_18:4 (LXX): «Un agua profunda es la palabra en el corazón del hombre, un río que brota, una fuente de vida», ver Isa_58:11. El agua que da Cristo es, pues, su palabra, su enseñanza llena de sabiduría divina, Sir_15:3; Sir_24:21; Isa_55:1-3. El que guarda esta palabra no verá la muerte jamás, Jua_8:51, vivirá para siempre, Jua_12:50; Deu_30:15-20; Pro_13:14. En Jua_7:37-39, el agua simboliza al Espíritu.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_6:34

[2] Jua_2:19+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:48+

NOTAS

4:18 Los cinco maridos simbolizan a los dioses importados por cinco poblaciones paganas, según 2Re_17:24. El dios de los cananeos se llamaba Ba'al, pero esta palabra se había convertido en un nombre común para designar a los falsos dioses. Como en las lenguas semíticas la palabra ba'al significa también «marido», tendríamos aquí un juego de palabras, intraducible en griego, que se habría tomado de Ose_2:18-19 [Ose_2:16-17], texto que anuncia la conversión de Samaría.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_16:14+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_12:5+

NOTAS

4:20 El monte Garizim, sobre el cual los samaritanos habían construido un templo, rival del de Jerusalén. Juan Hircano lo había destruido en el 129.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_17:27-33

[2] Rom_9:4-5

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_8:32+

NOTAS

4:23 El espíritu, Jua_14:26+, principio del nuevo nacimiento, Jua_3:5, es también principio del nuevo culto, culto espiritual, ver Jua_2:20-21+ y Rom_1:9+. Este culto es «en verdad», porque sólo un culto así responde a la revelación que de él hace Dios por Jesús.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_18:18-22

NOTAS

4:25 Mejor que «anunciará». En lenguaje apocalíptico, el verbo empleado significa «desvelar», «explicar»; ver Dn (Teodoción) Dan_2:2, Dan_2:7, Dan_2:11; Dan_5:12, Dan_5:15; Dan_9:23; Dan_10:21; Dan_11:2. Ver también Jua_16:13-15.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_9:37; Jua_8:24+; Isa_52:6

NOTAS

4:28 Ver Gén_24:28. El relato cobra todo su relieve si se unen los vv. Jua_4:28-29 a los vv. Jua_4:16-18; ver Jua_4:1+. -Var.: «se fue», verbo mateano que Juan no usa en ningún otro sitio.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_8:3+

[2] Jua_1:1+; Jua_6:38-40

[3] Jua_17:4; Jua_19:30

NOTAS

4:34 Como Moisés, Jua_12:49+, como Jeremías, Jua_10:36+, Jesús ha sido enviado por Dios, a quien llama «El que me ha enviado», Jua_4:34; Jua_5:23, Jua_5:24, Jua_5:30, Jua_5:37 y passim. Toda su vida se consagra, pues, a hacer la voluntad de quien le ha enviado, Jua_5:30; Jua_6:38-40; ver Sal_40:8-9 [Sal_40:7-8]; Heb_10:9, a llevar a cumplimiento la obra de Dios que es salvar a la humanidad dándole la vida eterna, Jua_17:4. Esta obediencia le llevará hasta la muerte, Jua_12:27; Luc_22:42; Rom_5:19, y la última palabra de Cristo agonizante en la cruz será afirmar que «todo está cumplido», Jua_19:28-30+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_9:37-38; Luc_10:2

NOTAS

4:35 La mies espiritual, cuyas primicias son los samaritanos que van llegando, v. Jua_4:30.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_126:5-6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_17:18; Jua_20:21; Hch_8:14-17

NOTAS

4:41 No hay necesidad de milagros para unirse a Cristo y creer en su misión, Jua_4:48; la palabra que él nos transmite de parte de Dios, Jua_12:49+, debe bastar para convencernos, Jua_6:66-69; Jua_15:22.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:9+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_13:57 p; Mat_16:14+

NOTAS

4:44 Esta glosa, delimitada por una repetición redaccional, anuncia por anticipado los acontecimientos que se narrarán en Jua_6:60, Jua_6:66.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_2:23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_8:5-13; |Luc_7:1-10

[2] Jua_2:1-11

NOTAS

4:46 No pocos autores sostienen que, primitivamente, este episodio seguía inmediatamente al de las bodas de Caná. Era un milagro realizado «a distancia» pero, como en el relato paralelo de Mat_8:5-13, Jesús mismo se encontraba entonces en Cafarnaún, Jua_2:12+. El evangelista habría añadido los vv. Jua_4:46 a y Jua_4:54 b y retocado un poco el texto para adaptarlo a la nueva situación que creaba.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_20:29;

NOTAS

4:48 El v. Jua_4:48 es probablemente una glosa del evangelista, quien también añadió el v. Jua_4:49 empalmando así con el dato del v. Jua_4:47 para reanudar el hilo del relato. Este reproche no parece dirigirse al padre del niño enfermo cuyo gesto de llegar hasta Jesús prueba ya su fe (v. 47), sino más bien a los contemporáneos del evangelista.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_8:10+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_18:8; Hch_2:11+

NOTAS

4:53 Se discute sobre el final del relato primitivo. Hay en el relato actual dos actos de fe del padre del niño, el primero antes de la comprobación del milagro (v. 50), el segundo después (v. 53). La solución más corriente es asignar los vv. Jua_4:51-53 al relato primitivo y considerar el v. Jua_4:50 como una adición del evangelista. Pero sería más lógico al revés: en efecto, el v. Jua_4:50 sigue la línea del v. Jua_4:47 mientras que los vv. Jua_4:51-53 podrían haber sido añadidos para justificar el reproche hecho por Jesús en el v. Jua_4:48.