Hechos 3 Biblia Jerusalén (1998) | 26 versitos |
1 Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora de nona.
2 Estaba allí un hombre tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada Hermosa para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo.
3 Éste, al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna.
4 Pedro, fijando en él la mirada juntamente con Juan, le dijo: "Míranos".
5 Él les miraba con fijeza esperando recibir algo de ellos.
6 Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te lo doy: En nombre de Jesucristo, el Nazoreo, echa a andar."
7 Y tomándole de la mano derecha le levantó. Al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza
8 y de un salto se puso en pie y andaba. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios.
9 Todo el pueblo le vio cómo andaba y alababa a Dios;
10 al reconocer que era el mismo que pedía limosna sentado junto a la puerta Hermosa del Templo, se quedaron llenos de estupor y asombro por lo que le había sucedido.
11 Como él no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, presa de estupor, corrió hacia ellos al pórtico llamado de Salomón.
12 Pedro, al ver esto, se dirigió al pueblo: "Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto, o por qué nos miráis fijamente, como si por nuestro poder o piedad hubiéramos hecho andar a éste?
13 El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando éste había decidido ponerle en libertad.
14 Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis que os dejaran en libertad a un asesino;
15 matasteis al jefe que lleva a la vida. Pero Dios le resucitó de entre los muertos; nosotros somos testigos de ello.
16 Y por la fe en su nombre, este mismo nombre ha restablecido a éste que vosotros veis y conocéis; es, pues, la fe, dada por su medio, la que le ha restablecido totalmente ante todos vosotros.
17 "Ahora bien, ya sé, hermanos, que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes.
18 Pero de este modo Dios cumplió lo que había anunciado por boca de todos los profetas: que su Cristo había de padecer.
19 Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados,
20 a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os estaba predestinado, a Jesús,
21 a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus santos profetas.
22 Moisés efectivamente dijo: El Señor Dios os suscitará un profeta como yo de entre vuestros hermanos; escuchadle todo cuanto os diga.
23 Todo el que no escuche a ese profeta, será excluido del pueblo.
24 Y todos los profetas desde Samuel en adelante, todos cuantos han hablado, anunciaron también estos días.
25 "Vosotros sois los herederos de los profetas y de la alianza que Dios estableció con vuestros padres, al decir a Abrahán: En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra.
26 Para vosotros en primer lugar ha resucitado Dios a su siervo y le ha enviado para bendeciros, apartándoos a cada uno de vuestras iniquidades."

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Introducción a Hechos

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Introducción
El tercer evangelio y el libro de los Hechos eran primitivamente las dos partes de una única obra, que nosotros titularíamos hoy «Historia de los orígenes cristianos». Desde muy pronto el segundo libro empezó a conocerse bajo el título «Hechos de los Apóstoles» o «Hechos de Apóstoles», según la moda de la literatura helenística que ya había divulgado obras como los «Hechos» de Aníbal, los «Hechos» de Alejandro, etc.; en el canon del NT está separado del evangelio de Lucas por el evangelio de Juan que se ha intercalado. La relación original de estos dos libros del NT viene indicada por sus respectivos Prólogos así como por su parentesco literario. El Prólogo de los Hechos que, como el del tercer evangelio Luc_1:1-4, se dirige a un tal Teófilo, Hch_1:1, remite a este evangelio como a un «primer libro», resumiendo su propósito y recogiendo los últimos sucesos (apariciones del Resucitado y Ascensión) para empalmar con ellos la continuación del relato. El otro vínculo que une estrechamente a estos dos libros es la lengua. Las características (de vocabulario, gramática y estilo) que aparecen a todo lo largo de los Hechos, y que confirman la unidad literaria de esta obra, las encontramos también en el tercer evangelio; lo que apenas permite dudar de que ambos libros son obra de un mismo autor.

La tradición de la Iglesia es unánime en reconocer que este autor es san Lucas. Nunca, ni en la antigüedad ni en nuestros días, se ha propuesto seriamente otro nombre. Así lo admitía ya hacia el año 175 el conjunto de las iglesias, como lo manifiesta la conformidad existente entre el documento romano llamado Canon de Muratori, el Prólogo «antimarcionita», san Ireneo, los Alejandrinos y Tertuliano. Juicio unánime que, en realidad, corroboran los indicios internos. Según sus escritos, el autor parece ser un cristiano de la generación apostólica, judío muy helenizado o, mejor, griego de amplia instrucción y versado a fondo así en las cosas judías como en la Biblia griega. Ahora bien, lo que sabemos de Lucas por las epístolas paulinas cuadra a la perfección con estos datos. El Apóstol lo presenta como un compañero muy querido que está a su lado durante su cautiverio, Col_4:14; Flm_1:24; 2Tm_4:11. Según Col_4:10-14, Lucas es de origen pagano (de Antioquía de Siria según una vieja tradición) y médico, lo que comportaría una cierta cultura, aun cuando esté lejos de ser cierto que Lucas emplee en sus escritos un vocabulario específicamente médico.

Nada seguro hallamos en la tradición antigua para fijar la fecha en que escribía. El libro concluye con la prisión romana de Pablo, probablemente en 61-63, y en todo caso su composición debe ser posterior a la del tercer evangelio (¿antes del 70? ¿hacia el 80?, pero nada impone una fecha posterior al 70). Como lugar de composición se han propuesto Antioquía y Roma.

¿Cuáles son las fuentes utilizadas por Lucas para componer su obra? El autor de los Hechos declara «haber investigado diligentemente todo desde los orígenes» sumándose a los que ya habían «intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros» (Luc_1:1-4, que constituye el prólogo general de la obra completa). Tales expresiones hacen suponer, por un lado, que ha buscado informaciones precisas y, por otro, que ha aprovechado relatos ya existentes. El examen del libro confirma esta impresión. A pesar de una actividad literaria siempre vigilante, cuya mano se advierte por doquier asegurando la unidad del libro, se pueden distinguir también sin dificultad algunas corrientes principales en las tradiciones recogidas por Lucas. Los doce primeros capítulos del libro de los Hechos refieren la vida de la primera comunidad reunida en torno a Pedro después de la Ascensión, 1-5, y los comienzos de su expansión a raíz de las iniciativas misioneras de Felipe, Hch_8:4-40, de los «helenistas», 6:1-8:3; Hch_11:19-30; Hch_13:1-3, y en fin del mismo Pedro, 9:32-11:18; 12. Las tradiciones «petrinas» subyacentes se emparentarían con el «Evangelio de Pedro» que es conocido en la literatura de la Iglesia antigua. Para la segunda parte de los Hechos el autor habría utilizado relatos de la conversión de Pablo, de sus viajes misioneros, y de su viaje por mar a Roma como prisionero. En todo caso, Lucas parece haber tenido a mano cartas paulinas, y podía haber pedido datos al mismo Pablo, a quien conocía por lo menos en el período de su cautiverio. Otras personas (¿Silas o Timoteo?) podrían haberle suministrado informaciones circunstanciadas sobre tal o cual episodio. En tres ocasiones durante su relato, Hch_16:10-17; 20:5-21:18; 27:1-28:16 (y ya también Hch_11:28 en el texto occidental), Lucas emplea la primera persona del plural. Siguiendo a san Ireneo, algunos exegetas han creído ver en los pasajes de los Hechos redactados en estilo «nosotros» la prueba de que Lucas acompañó a Pablo en su segundo y tercer viajes misioneros y en su viaje por mar a Roma. Contrasta, sin embargo, con ello el hecho de que Pablo no menciona nunca a Lucas como compañero de su obra de evangelización, por lo que este «nosotros» parece ser más bien el vestigio textual de un diario de viaje hecho por un compañero de Pablo (¿Silas?) y utilizado por el autor de los Hechos. El viaje descrito por el diario puede tener que ver con la colecta hecha por las iglesias de Macedonia y Acaya para la iglesia de Jerusalén, ver Hch_24:17; 1Co_16:1-4; 2 Co 8-9; Rom_15:25-29. Una vez reunido este rico material, Lucas lo organizó hábilmente en unidad literaria, distribuyendo de la mejor manera los diversos elementos y uniéndolos unos con otros por medio de estribillos redaccionales, por ej. Hch_6:7; Hch_9:31; Hch_12:24; etc.

El valor histórico de los Hechos de los Apóstoles no es uniforme. De un lado, las fuentes de que Lucas disponía no eran homogéneas; de otro, en el manejo de estas fuentes se movía con bastante libertad según el espíritu de la historiografía antigua, subordinando los datos históricos a su plan literario y sobre todo a sus intereses teológicos. Los relatos de los viajes de san Pablo reflejan con mayor o menor extensión y exactitud el mundo del Mediterráneo oriental en el primer siglo: administración romana, ciudades griegas, cultos, rutas, geografía política y topografía local. En cambio, los relatos de la primera parte del libro son en general mucho menos circunstanciados. Lucas establece un cierto paralelismo entre los milagros de Pedro y los de Pablo: comparar Hch_3:1-10 con Hch_14:8-10; Hch_5:15 con Hch_19:12; Hch_5:19 o Hch_12:6-11, Hch_12:17 con Hch_16:23-26, Hch_16:40; Hch_8:15-17 con Hch_19:2-7; Hch_8:18-24 con Hch_13:6-11; Hch_9:36-42 con Hch_20:7-12. Además, algunos de los relatos de milagros tienen sus paralelos en los evangelios: comparar Hch_3:6-7 con Luc_4:39 y Mar_1:31; Hch_9:33-34 con Luc_5:24-25; Hch_20:10, Hch_20:12 con Luc_8:52-55; es también evidente que las últimas palabras de Esteban, Hch_7:59-60, se asemejan a las de Jesús, Luc_23:34, Luc_23:36. El discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia, Hch_13:16-41, no deja de tener analogías con los de Pedro en Jerusalén, Hch_2:14-36; Hch_3:12-26; Hch_4:8-12; Hch_5:29-32, el de Esteban, Hch_7:1-53, y también el de Pedro en Cesarea, Hch_10:34-43. Es, pues, razonable suponer que Lucas no había recibido estos discursos tal como los reprodujo, sino que los compuso utilizando algunos temas esenciales de la predicación primitiva apoyados con argumentos que se habían hecho tradicionales y moldeados con fórmulas nemotécnicas: florilegios de textos escriturísticos para los judíos, reflexiones de filosofía común para los griegos, y para todos el anuncio esencial (Kerygma) de Cristo muerto y resucitado, con el llamamiento a la conversión y al bautismo. Lucas habría conocido, primero por tradición y luego por experiencia, estos esquemas de la primera predicación cristiana, y es esto lo que le permitió, con su finísimo sentido psicológico, impregnar estos discursos de una enseñanza de valor auténtico e importancia capital. Se han señalado a menudo discrepancias entre el libro de los Hechos y las epístolas paulinas, que Lucas parece haber utilizado pero no en detalle. Es notable, por ejemplo, que no se haya preocupado de armonizar las cinco visitas de san Pablo a Jerusalén en los Hechos con los datos de Gal 1:15-2:10. En otro orden de cosas, se advierte un cierto contraste entre el retrato de Pablo dibujado en los Hechos y el que Pablo hace de sí mismo en su correspondencia. En Atenas Pablo se manifiesta netamente menos severo para con las religiones paganas que en su epístola a los Romanos: comparar Hch_17:22-31 con Rom_1:18-32 (pero ver también Sab_13:1-10, donde el autor, a la vez que condena la idolatría, disculpa los desvíos que algunos sufren buscando a Dios). En general Lucas atribuye al Apóstol una actitud más conciliadora que la de las epístolas: comparar Hch_21:20-26 con Gál_2:12 ss; Hch_16:3 con Gál_2:3; Gál_5:1-12. Pero no debe olvidarse que cada autor se mueve por intereses bastante diferentes. Pablo es un polemista que sabe ser intransigente (pero ver también 1Co_9:19-23) mientras que el propósito de Lucas es demostrar la unidad profunda que existía entre los primeros discípulos.

A este respecto, la objetividad del libro de los Hechos ha sido atacada sesgadamente planteando la cuestión de su finalidad. La escuela de F. Ch. Baur ha querido ver en él un escrito de compromiso compuesto en el siglo II para conciliar las tendencias opuestas del petrinismo y del paulinismo. Este sistema tiene el mérito de señalar la existencia innegable de tensiones en la Iglesia primitiva; pero supone una fecha demasiado tardía, y en su forma radical ya nadie lo sostiene hoy. Otros, por su parte, todavía denuncian con frecuencia a esta obra de ser un alegato, con todo lo que esto puede implicar de deformación de los hechos. Lucas haría en ella una apología de Pablo destinada a convencer a las autoridades romanas de que él no era culpable de ningún delito político. Y, en efecto, no se puede negar que Lucas subraya el carácter puramente religioso del conflicto que enfrenta a los judíos con Pablo y la indiferencia de las autoridades romanas ante tal conflicto. Pero, aunque esto parece responder a la verdad histórica, en todo caso no es más que un aspecto de la obra. El libro de los Hechos es cosa muy distinta de un memorial para presentar ante el tribunal de Roma. Lo que persigue es nada menos que referir, por sí misma, la historia de los orígenes cristianos.

Para convencerse de ello, basta con examinar su plan. Se ve en él plasmada la aseveración inicial de Cristo: «Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra», Hch_1:8. La fe se implanta primero sólidamente en Jerusalén, donde la primera comunidad crece en gracia y número, 1-5. Enseguida comienza la expansión, preparada por la tendencia universalista de los convertidos del judaísmo helenístico y por su expulsión a raíz del martirio de san Esteban, 6:1-8:3: se llega a Samaría, Hch_8:4-25, así como a la llanura costera hasta Cesarea, donde por primera vez entran gentiles en la Iglesia, Hch_8:26-40; 9:32-11:18, al tiempo que la conversión de Pablo nos informa de que ya hay cristianos en Damasco y presagia la evangelización de Cilicia, Hch_9:1-30. Estribillos, como Hch_9:31 (que añade Galilea) ponen bien de relieve la difusión de la fe. A continuación es Antioquía la que recibe el mensaje de Jesús, Hch_11:19-26 y que se va a convertir en un foco de irradiación, no sin guardar con Jerusalén contactos en los que se toman acuerdos sobre los principales problemas misioneros, Hch_11:27-30; Hch_15:1-35. Se trata ahora, en efecto, de que el Evangelio llegue a los gentiles. A partir de la conversión de Cornelio, Pedro, después de ser encarcelado en Jerusalén, sale con destino desconocido, Hch_12:17; y en adelante es Pablo quien, en el relato de Lucas, ocupará el primer plano. Después de un primer viaje con Bernabé a Chipre y Asia Menor antes de la asamblea de Jerusalén, 13-14, dos viajes más le llevarán hasta Macedonia y Grecia, 15:36-18:22, y a Éfeso, 18:23-21:17. Siempre regresa a Jerusalén, y su arresto en esta ciudad, seguido de su encarcelamiento en Cesarea, 21:18-26:32, le permitirán ser conducido, preso pero siempre misionero, hasta Roma, donde, aun sin librarse de las cadenas, anuncia a Cristo, 27-28. Vista desde Jerusalén, esta capital del imperio representa perfectamente «los confines de la tierra», por lo que Lucas puede aquí poner fin a su libro.

Podremos quizá lamentar que no nos haya dicho nada de la actividad de los otros apóstoles, ni de la fundación de ciertas iglesias como la de Alejandría, o incluso la de Roma, donde la fe cristiana se había implantado ciertamente antes de la llegada del Apóstol (ver la Epístola a los Romanos, sobre todo Hch_15:22 ss). Nada dice tampoco del apostolado de Pedro fuera de Palestina, y es verdad que la persona de Pablo ocupa en su obra un lugar preponderante, hasta el punto de llenar ella sola toda la segunda mitad. Más que una historia materialmente completa, lo que Lucas ha querido darnos es una exposición de la fuerza de expansión espiritual del Cristianismo; y la enseñanza teológica que ha sabido deducir de los hechos de que disponía posee un valor universal e insustituible, que constituye el valor auténtico de su obra.

Esta aportación doctrinal es múltiple y no podemos evocar aquí más que sus puntos principales. Lo que la obra expone es la fe en Cristo, base del kerygma apostólico. Por los discursos conocemos los principales textos escriturísticos que sirvieron, bajo la guía del Espíritu, para la formulación de la cristología y la argumentación ante los judíos; son de notar particularmente los temas del Siervo, Hch_3:13, Hch_3:26; Hch_4:27, Hch_4:30; Hch_8:32-33, y de Jesús nuevo Moisés, Hch_3:22 s; Hch_7:20 s, y nuevo Elías, Hch_1:9-11; Hch_3:20-21. La resurrección se prueba por el Sal_16:8-11 (Hch_2:24-32; Hch_13:34-37). La historia del pueblo elegido debe poner en guardia a los judíos contra la resistencia a la gracia, Hch_7:2-53; Hch_13:16-41. Para los gentiles, se recurre a argumentos de una teodicea más general, Hch_14:15-17; Hch_17:22-31. Pero los apóstoles son ante todo «testigos», Hch_1:8+, y Lucas nos resume su «kerygma», Hch_2:22+, relatándonos también sus signos taumatúrgicos. El problema crucial de la Iglesia naciente tenía que ser el acceso de los gentiles a la salvación, y sobre este punto el libro de los Hechos nos brinda alguna luz, aunque sin descubrirnos toda la envergadura de las dificultades y de las controversias ocasionadas por esta cuestión en la Iglesia e incluso entre sus dirigentes (ver Gál_2:11+): los hermanos de Jerusalén, agrupados en torno a Santiago, siguen fieles a la Ley judía, Hch_15:1, Hch_15:5; Hch_21:20 s; pero los «helenistas», cuyo portavoz es Esteban, sienten la necesidad de romper con el culto del Templo; y Pedro, y después sobre todo Pablo, hacen triunfar en la asamblea de Jerusalén el principio de la salvación por la fe en Cristo, que dispensa a los gentiles de la circuncisión y de las observancias mosaicas. No es menos cierto que Lucas nos muestra a Pablo empezando siempre por dirigirse a los judíos, para volverse después a los gentiles sólo cuando se ve rechazado por sus hermanos de raza, Hch_13:5+. Sobre la vida de las comunidades cristianas nos bosqueja un cuadro que tiene tintes sin duda ideales, por no decir utópicos, pero que se inspira en los recuerdos de los primeros años tanto como en las realidades eclesiales de una época más tardía: vida de oración y reparto de bienes en la joven iglesia de Jerusalén; administración del bautismo de agua y del bautismo en el Espíritu, Hch_1:5+; celebración de la Eucaristía, Hch_2:42+; esbozos de organización eclesiástica en los «profetas» y los «doctores», Hch_13:1+, o también en los «presbíteros» que presiden la iglesia de Jerusalén, Hch_11:30+, y que Pablo establece en las iglesias que él funda, Hch_14:23. Todo ello impregnado, dirigido, impulsado por un soplo invencible del Espíritu Santo. A este Espíritu, sobre el que Lucas había ya insistido en su evangelio, Luc_4:1+, lo presenta en acción incesante en la expansión de la Iglesia, Hch_1:8+, hasta el punto de que se ha podido llamar a los Hechos «el evangelio del Espíritu Santo». Es esto lo que da a esta obra ese aroma de alegría espiritual, de maravilla sobrenatural, de la que sólo podrán extrañarse los que no comprenden ese fenómeno único en el mundo que fue el nacimiento del Cristianismo. Si a todas estas riquezas teológicas añadimos la preciosa aportación de tantos detalles concretos que de otro modo no habríamos conocido, si se acierta a saborear los retratos de fina psicología en que Lucas se distingue, piezas incisivas y hábiles como el discurso delante de Agripa, 26, páginas conmovedoras como el adiós a los presbíteros de Éfeso, Hch_20:17-38, relatos vivos y realistas como el motín de los orfebres, Hch_19:23-41, se convendrá en que este libro, único en su género en el NT, representa un tesoro cuya falta hubiera empobrecido notablemente nuestro conocimiento de los orígenes del Cristianismo.

El texto de los Hechos, como el del resto del NT, ha llegado a nosotros con muchas variantes de detalle. Pero más que en otros libros merecen retener nuestra atención las que provienen del texto llamado «occidental» (códice de Beza, versiones latina, siríaca y copta, antiguos escritores eclesiásticos). Ofrecen éstas un texto que es a menudo más conciso que el texto alejandrino, pero que contiene también detalles concretos y pintorescos que el otro desconoce. En realidad, estas dos tradiciones textuales parecen representar redacciones sucesivas del libro de los Hechos. Nuestra traducción se ha hecho las más de las veces sobre el texto alejandrino, pero un buen número de variantes del texto occidental se han señalado en nota o incluso han sido admitidas en el texto traducido.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_14:8-10

[2] Luc_8:51+

NOTAS

3:1 Era la hora del sacrificio de la tarde, ver Éxo_29:39-42; Luc_1:8-10+; Sir_50:5-21; Hch_10:3, Hch_10:30.



NOTAS

3:2 Probablemente la puerta llamada «Corintia» que, por el este del santuario, daba acceso desde el patio exterior, o atrio de los Gentiles, al primer patio interior o atrio de las mujeres.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:14+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_3:16+; Mat_2:23+

NOTAS

3:6 Var.: «levántate y anda», ver Luc_5:23-24, etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_9:41; Mat_8:15+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_35:6; Luc_7:22 p

[2] Hch_2:47+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:12+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:22+

[2] Hch_5:12; Jua_10:23

NOTAS

3:11 Columnata que se extendía sobre todo el flanco oriental de la explanada del Templo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_3:6, Éxo_3:15

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_52:13

[2] Hch_2:23+

[3] Luc_23:22+

NOTAS

3:13 (a) Los cristianos reconocen en Jesús al misterioso «Siervo» de Isa 52:13 - 53:12 (parcialmente citado en Hch_8:32-33), ver Isa 42+. Ver infra v. Hch_3:26; Hch_4:27, Hch_4:30. La glorificación que Dios le ha concedido es su resurrección, v. Hch_3:15. Ver Jua_17:5+.

3:13 (b) Ver Isa_53:12. Igual alusión al Canto del Siervo: Rom_4:25; Rom_8:32; Gál_2:20; Efe_5:2; Efe_5:25; Hch_7:52.

3:13 (c) Como Moisés, Hch_7:35, también él figura de Cristo y rechazado por sus compatriotas.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_23:2, Luc_23:5

[2] Luc_23:19, Luc_23:25

NOTAS

3:14 (a) Var.: «vosotros oprimisteis».

3:14 (b) Comparar con Hch_4:27, Hch_4:30 : Jesús es el «Siervo santo» de Dios. Es también «el Santo de Dios» y «el Santo» por excelencia: Hch_2:27; Luc_1:35; Luc_4:34; Mar_1:24+; Jua_6:69; Apo_3:7.

3:14 (c) Ver Isa_53:11; Hch_7:52; Hch_22:14; ver asimismo Mat_27:19; Luc_23:47; 1Pe_3:18; 1Jn_2:1.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:23+

[2] Hch_1:8+

NOTAS

3:15 El jefe que lleva a los suyos a la vida que le pertenece. La Secuencia de la misa de Pascua recoge la expresión: Dux vitae mortuus regnat vivus. Parecido título de «jefe» se da, Hch_7:27, Hch_7:35, a Moisés, figura de Cristo. Ver Hch_5:31+; Heb_2:10.

NOTAS

3:16 En la concepción de los antiguos, el nombre es inseparable de la persona y participa de sus prerrogativas, ver Éxo_3:14+. Así la invocación del nombre de Jesús, Hch_2:21+,38, evoca el poder de Jesús; Hch_3:6; Hch_4:7, Hch_4:10, Hch_4:30; Hch_10:43; Hch_16:18; Hch_19:13; Luc_9:49; Luc_10:17; ver también Jua_14:13; Jua_14:14; Jua_15:16; Jua_16:24, Jua_16:26; Jua_20:31. Mas para que la invocación resulte eficaz exige fe en quien a ella recurre, ver Hch_19:13-17; Mat_8:10+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_13:27; 1Co_2:8; 1Ti_1:13

NOTAS

3:17 Parece aludir a Luc_23:34; ver Hch_7:60.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_18:31

[2] Hch_2:38+; Mat_3:2+

NOTAS

3:19 Por la «conversión», el hombre «se vuelve, se da media vuelta» espiritualmente, ver Mat_3:2+. Los gentiles deben volver a Dios abandonando los ídolos: ver 1Ts_1:9; Gál_4:9; 1Co_10:7; 1Co_10:14; Hch_14:15; Hch_15:19; Hch_26:18; Hch_26:20; los judíos deben convertirse al Señor reconociendo a Jesús como Señor: ver 2Co_3:16; Hch_9:35. Los términos se hallan invertidos en Luc_1:16; Hch_11:21; ver 1Pe_2:25. Ver asimismo Isa_6:10 citado en Hch_28:27; Mat_13:15; Mar_4:12; ver Jua_12:40.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Pe_3:11-13

NOTAS

3:20 (a) Este tiempo coincide con el de la venida de Cristo y la restauración universal, ver Hch_1:7+; Rom_2:6+; era también, en el pensamiento de los apóstoles, el tiempo de la restauración de la realeza en Israel, Hch_1:6-7. El arrepentimiento y la conversión apresuran su venida, ver 2Pe_3:12.

3:20 (b) O: «a Jesús que ha sido constituido Cristo para vosotros», ver Hch_2:36+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mal_3:23-24 [Mal_4:5-6]; Mat_17:11

NOTAS

3:21 (a) La vuelta de los israelitas cautivos y dispersos fue anunciada por los profetas como un preludio de la era mesiánica, Jer_16:15; Jer_23:8; Ose_11:10-11, etc. , en la que reinarán paz y felicidad sin fin, Isa_11:1-9+; Isa_65:17-25; Ose_2:20+ [Ose_2:18]; Miq_5:6-8 [Miq_5:7-9]. Así también, cuando haya llegado el tiempo, Dios enviará a Jesús, constituido rey mesiánico desde su resurrección, Hch_2:36+, que inaugurará su reino definitivo y la renovación de toda la creación, ver Rom_8:19+; 1Co_15:24-25.

3:21 (b) Adic.: «desde los tiempos antiguos».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_7:37; Deu_18:15; Deu_18:19; Mat_16:14+; Mat_17:5 p; Jua_1:21+; Lev_23:29

NOTAS

3:24 La predicación primitiva tenía interés en demostrar cómo Jesús realizaba las profecías del AT, por su descendencia davídica, Hch_2:30; Hch_13:34, su misión de «profeta», sucesor de Moisés, Hch_3:22, ver Mat_16:14+; Jua_1:21+, sus sufrimientos, Hch_2:23+, su papel de piedra rechazada por los constructores y convertida en piedra angular, Hch_4:11, su resurrección, Hch_2:25-31; Hch_13:33-37, su exaltación celeste a la diestra de Dios, Hch_2:34.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_9:4

[2] Gén_12:3+; Gén_22:18; Gál_3:8-29; Hch_2:39+

NOTAS

3:26 (a) Cumpliendo con ello la promesa recordada en el v. Hch_3:22, ya que el mismo verbo griego significa a la vez «suscitar» y «resucitar». Con la resurrección de Cristo, Dios ha dado cumplimiento a las promesas hechas a los padres, Hch_13:32-34; Hch_24:14-15; Hch_26:6-8.

3:26 (b) Ver Hch_26:23; 2Ti_2:10; Gál_3:14. Cristo ha traído al mundo, por su resurrección, la bendición prometida a Abrahán, v. Hch_3:25.

3:26 (c) Otra traducción: «con tal de que cada uno de vosotros se aparte de sus iniquidades».