Hechos 5 Biblia Jerusalén (1998) | 42 versitos |
1 Un hombre llamado Ananías, de acuerdo con su mujer Safira, vendió una propiedad,
2 y se quedó con una parte del precio, sabiéndolo también su mujer; la otra parte la trajo y la puso a los pies de los apóstoles.
3 Pedro le dijo: "Ananías, ¿cómo es que Satanás se adueñó de tu corazón para mentir al Espíritu Santo y quedarte con parte del precio del campo?
4 ¿Es que no era tuyo mientras lo tenías, y, una vez vendido, no podías disponer del precio? ¿Por qué determinaste en tu corazón hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios."
5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y un gran temor se apoderó de todos cuantos lo oyeron.
6 Se levantaron los jóvenes, le amortajaron y le llevaron a enterrar.
7 Unas tres horas más tarde entró su mujer que ignoraba lo ocurrido.
8 Pedro le preguntó: "Dime, ¿habéis vendido el campo en tanto?" Ella respondió: "Sí, en eso."
9 Y Pedro le replicó: "¿Cómo os habéis puesto de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, aquí a la puerta están los pies de los que han enterrado a tu marido; ellos te llevarán también a ti."
10 Al instante ella cayó a sus pies y expiró. Cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta, y la llevaron a enterrar junto a su marido.
11 Un gran temor se apoderó de toda la Iglesia y de todos cuantos oyeron esto.
12 Por mano de los apóstoles se realizaban mucho signos y prodigios en el pueblo... Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón;
13 pero ninguno de los otros se atrevía a juntárseles, aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio.
14 Los creyentes cada vez en mayor número se adherían al Señor, una multitud de hombres y mujeres.
15 ... hasta el punto de sacar los enfermos a las plazas y colocarlos en lechos y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos.
16 También acudía la multitud de las ciudades vecinas a Jerusalén trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; y todos se curaban.
17 Entonces intervino el sumo sacerdote y todos los suyos, los de la secta de los saduceos; y llenos de envidia,
18 echaron mano a los apóstoles y los metieron en prisión públicamente.
19 Pero el ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la cárcel, los sacó y les dijo:
20 "Id, presentaos en el Templo y comunicad al pueblo todo lo referente a esta Vida."
21 Obedecieron, y al amanecer entraron en el Templo y se pusieron a enseñar. Llegó el sumo sacerdote con los suyos, convocaron el Sanedrín, es decir, todo el Senado de los hijos de Israel, y enviaron a buscarlos a la prisión.
22 Cuando llegaron los alguaciles, no los encontraron en la cárcel; volvieron a darles cuenta
23 y les dijeron: "Hemos hallado la prisión cerrada con todo cuidado y a los guardias firmes ante las puertas; pero, cuando abrimos, no encontramos a nadie dentro."
24 Cuando oyeron esto, tanto el jefe de la guardia del Templo como los sumos sacerdotes se preguntaban perplejos qué podía significar aquello.
25 Se presentó entonces uno que les dijo: "Mirad, los hombres que pusisteis en la cárcel están presentes en el Templo y siguen enseñando al pueblo."
26 Entonces el jefe de la guardia marchó con los alguaciles y los trajo, pero sin violencia, porque tenían miedo de que el pueblo los apedrease.
27 Los trajeron, pues, y los presentaron en el Sanedrín. El sumo sacerdote les interrogó
28 y les dijo: "Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre; y sin embargo vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y pretendéis hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre."
29 Pedro y los apóstoles respondieron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
30 El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole de un madero.
31 A éste le ha exaltado Dios con su diestra como Jefe y Salvador, para conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados.
32 Y nosotros somos testigos de estos hechos, y también el Espíritu Santo que ha dado a los que le obedecen."
33 Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
34 Entonces se levantó en el Sanedrín un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, con prestigio ante todo el pueblo. Mandó que hicieran salir un momento a aquellos hombres,
35 y les dijo: "Israelitas, mirad bien lo que vais a hacer con estos hombres.
36 Porque hace algún tiempo se presentó Teudas, que pretendía ser alguien y al que siguieron unos cuatrocientos hombres; fue muerto y todos los que le seguían se disgregaron y quedaron en nada.
37 Después de éste, en los días del empadronamiento, se presentó Judas el galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí; también éste pereció y todos los que le habían seguido se dispersaron.
38 Ahora, pues, os digo: Desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si este plan o esta obra es de los hombres, fracasará;
39 pero si es de Dios, no conseguiréis destruirlos. No sea que os encontréis luchando contra Dios." Y aceptaron su parecer.
40 Entonces llamaron a los apóstoles; y, después de haberlos azotado, les intimaron que no hablasen en nombre de Jesús. Y los dejaron libres.
41 Ellos marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre.
42 Y además ni un solo día cesaban de enseñar en el Templo y por las casas y de anunciar la Buena Nueva de que Jesús es el Cristo.

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Introducción a Hechos

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Introducción
El tercer evangelio y el libro de los Hechos eran primitivamente las dos partes de una única obra, que nosotros titularíamos hoy «Historia de los orígenes cristianos». Desde muy pronto el segundo libro empezó a conocerse bajo el título «Hechos de los Apóstoles» o «Hechos de Apóstoles», según la moda de la literatura helenística que ya había divulgado obras como los «Hechos» de Aníbal, los «Hechos» de Alejandro, etc.; en el canon del NT está separado del evangelio de Lucas por el evangelio de Juan que se ha intercalado. La relación original de estos dos libros del NT viene indicada por sus respectivos Prólogos así como por su parentesco literario. El Prólogo de los Hechos que, como el del tercer evangelio Luc_1:1-4, se dirige a un tal Teófilo, Hch_1:1, remite a este evangelio como a un «primer libro», resumiendo su propósito y recogiendo los últimos sucesos (apariciones del Resucitado y Ascensión) para empalmar con ellos la continuación del relato. El otro vínculo que une estrechamente a estos dos libros es la lengua. Las características (de vocabulario, gramática y estilo) que aparecen a todo lo largo de los Hechos, y que confirman la unidad literaria de esta obra, las encontramos también en el tercer evangelio; lo que apenas permite dudar de que ambos libros son obra de un mismo autor.

La tradición de la Iglesia es unánime en reconocer que este autor es san Lucas. Nunca, ni en la antigüedad ni en nuestros días, se ha propuesto seriamente otro nombre. Así lo admitía ya hacia el año 175 el conjunto de las iglesias, como lo manifiesta la conformidad existente entre el documento romano llamado Canon de Muratori, el Prólogo «antimarcionita», san Ireneo, los Alejandrinos y Tertuliano. Juicio unánime que, en realidad, corroboran los indicios internos. Según sus escritos, el autor parece ser un cristiano de la generación apostólica, judío muy helenizado o, mejor, griego de amplia instrucción y versado a fondo así en las cosas judías como en la Biblia griega. Ahora bien, lo que sabemos de Lucas por las epístolas paulinas cuadra a la perfección con estos datos. El Apóstol lo presenta como un compañero muy querido que está a su lado durante su cautiverio, Col_4:14; Flm_1:24; 2Tm_4:11. Según Col_4:10-14, Lucas es de origen pagano (de Antioquía de Siria según una vieja tradición) y médico, lo que comportaría una cierta cultura, aun cuando esté lejos de ser cierto que Lucas emplee en sus escritos un vocabulario específicamente médico.

Nada seguro hallamos en la tradición antigua para fijar la fecha en que escribía. El libro concluye con la prisión romana de Pablo, probablemente en 61-63, y en todo caso su composición debe ser posterior a la del tercer evangelio (¿antes del 70? ¿hacia el 80?, pero nada impone una fecha posterior al 70). Como lugar de composición se han propuesto Antioquía y Roma.

¿Cuáles son las fuentes utilizadas por Lucas para componer su obra? El autor de los Hechos declara «haber investigado diligentemente todo desde los orígenes» sumándose a los que ya habían «intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros» (Luc_1:1-4, que constituye el prólogo general de la obra completa). Tales expresiones hacen suponer, por un lado, que ha buscado informaciones precisas y, por otro, que ha aprovechado relatos ya existentes. El examen del libro confirma esta impresión. A pesar de una actividad literaria siempre vigilante, cuya mano se advierte por doquier asegurando la unidad del libro, se pueden distinguir también sin dificultad algunas corrientes principales en las tradiciones recogidas por Lucas. Los doce primeros capítulos del libro de los Hechos refieren la vida de la primera comunidad reunida en torno a Pedro después de la Ascensión, 1-5, y los comienzos de su expansión a raíz de las iniciativas misioneras de Felipe, Hch_8:4-40, de los «helenistas», 6:1-8:3; Hch_11:19-30; Hch_13:1-3, y en fin del mismo Pedro, 9:32-11:18; 12. Las tradiciones «petrinas» subyacentes se emparentarían con el «Evangelio de Pedro» que es conocido en la literatura de la Iglesia antigua. Para la segunda parte de los Hechos el autor habría utilizado relatos de la conversión de Pablo, de sus viajes misioneros, y de su viaje por mar a Roma como prisionero. En todo caso, Lucas parece haber tenido a mano cartas paulinas, y podía haber pedido datos al mismo Pablo, a quien conocía por lo menos en el período de su cautiverio. Otras personas (¿Silas o Timoteo?) podrían haberle suministrado informaciones circunstanciadas sobre tal o cual episodio. En tres ocasiones durante su relato, Hch_16:10-17; 20:5-21:18; 27:1-28:16 (y ya también Hch_11:28 en el texto occidental), Lucas emplea la primera persona del plural. Siguiendo a san Ireneo, algunos exegetas han creído ver en los pasajes de los Hechos redactados en estilo «nosotros» la prueba de que Lucas acompañó a Pablo en su segundo y tercer viajes misioneros y en su viaje por mar a Roma. Contrasta, sin embargo, con ello el hecho de que Pablo no menciona nunca a Lucas como compañero de su obra de evangelización, por lo que este «nosotros» parece ser más bien el vestigio textual de un diario de viaje hecho por un compañero de Pablo (¿Silas?) y utilizado por el autor de los Hechos. El viaje descrito por el diario puede tener que ver con la colecta hecha por las iglesias de Macedonia y Acaya para la iglesia de Jerusalén, ver Hch_24:17; 1Co_16:1-4; 2 Co 8-9; Rom_15:25-29. Una vez reunido este rico material, Lucas lo organizó hábilmente en unidad literaria, distribuyendo de la mejor manera los diversos elementos y uniéndolos unos con otros por medio de estribillos redaccionales, por ej. Hch_6:7; Hch_9:31; Hch_12:24; etc.

El valor histórico de los Hechos de los Apóstoles no es uniforme. De un lado, las fuentes de que Lucas disponía no eran homogéneas; de otro, en el manejo de estas fuentes se movía con bastante libertad según el espíritu de la historiografía antigua, subordinando los datos históricos a su plan literario y sobre todo a sus intereses teológicos. Los relatos de los viajes de san Pablo reflejan con mayor o menor extensión y exactitud el mundo del Mediterráneo oriental en el primer siglo: administración romana, ciudades griegas, cultos, rutas, geografía política y topografía local. En cambio, los relatos de la primera parte del libro son en general mucho menos circunstanciados. Lucas establece un cierto paralelismo entre los milagros de Pedro y los de Pablo: comparar Hch_3:1-10 con Hch_14:8-10; Hch_5:15 con Hch_19:12; Hch_5:19 o Hch_12:6-11, Hch_12:17 con Hch_16:23-26, Hch_16:40; Hch_8:15-17 con Hch_19:2-7; Hch_8:18-24 con Hch_13:6-11; Hch_9:36-42 con Hch_20:7-12. Además, algunos de los relatos de milagros tienen sus paralelos en los evangelios: comparar Hch_3:6-7 con Luc_4:39 y Mar_1:31; Hch_9:33-34 con Luc_5:24-25; Hch_20:10, Hch_20:12 con Luc_8:52-55; es también evidente que las últimas palabras de Esteban, Hch_7:59-60, se asemejan a las de Jesús, Luc_23:34, Luc_23:36. El discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia, Hch_13:16-41, no deja de tener analogías con los de Pedro en Jerusalén, Hch_2:14-36; Hch_3:12-26; Hch_4:8-12; Hch_5:29-32, el de Esteban, Hch_7:1-53, y también el de Pedro en Cesarea, Hch_10:34-43. Es, pues, razonable suponer que Lucas no había recibido estos discursos tal como los reprodujo, sino que los compuso utilizando algunos temas esenciales de la predicación primitiva apoyados con argumentos que se habían hecho tradicionales y moldeados con fórmulas nemotécnicas: florilegios de textos escriturísticos para los judíos, reflexiones de filosofía común para los griegos, y para todos el anuncio esencial (Kerygma) de Cristo muerto y resucitado, con el llamamiento a la conversión y al bautismo. Lucas habría conocido, primero por tradición y luego por experiencia, estos esquemas de la primera predicación cristiana, y es esto lo que le permitió, con su finísimo sentido psicológico, impregnar estos discursos de una enseñanza de valor auténtico e importancia capital. Se han señalado a menudo discrepancias entre el libro de los Hechos y las epístolas paulinas, que Lucas parece haber utilizado pero no en detalle. Es notable, por ejemplo, que no se haya preocupado de armonizar las cinco visitas de san Pablo a Jerusalén en los Hechos con los datos de Gal 1:15-2:10. En otro orden de cosas, se advierte un cierto contraste entre el retrato de Pablo dibujado en los Hechos y el que Pablo hace de sí mismo en su correspondencia. En Atenas Pablo se manifiesta netamente menos severo para con las religiones paganas que en su epístola a los Romanos: comparar Hch_17:22-31 con Rom_1:18-32 (pero ver también Sab_13:1-10, donde el autor, a la vez que condena la idolatría, disculpa los desvíos que algunos sufren buscando a Dios). En general Lucas atribuye al Apóstol una actitud más conciliadora que la de las epístolas: comparar Hch_21:20-26 con Gál_2:12 ss; Hch_16:3 con Gál_2:3; Gál_5:1-12. Pero no debe olvidarse que cada autor se mueve por intereses bastante diferentes. Pablo es un polemista que sabe ser intransigente (pero ver también 1Co_9:19-23) mientras que el propósito de Lucas es demostrar la unidad profunda que existía entre los primeros discípulos.

A este respecto, la objetividad del libro de los Hechos ha sido atacada sesgadamente planteando la cuestión de su finalidad. La escuela de F. Ch. Baur ha querido ver en él un escrito de compromiso compuesto en el siglo II para conciliar las tendencias opuestas del petrinismo y del paulinismo. Este sistema tiene el mérito de señalar la existencia innegable de tensiones en la Iglesia primitiva; pero supone una fecha demasiado tardía, y en su forma radical ya nadie lo sostiene hoy. Otros, por su parte, todavía denuncian con frecuencia a esta obra de ser un alegato, con todo lo que esto puede implicar de deformación de los hechos. Lucas haría en ella una apología de Pablo destinada a convencer a las autoridades romanas de que él no era culpable de ningún delito político. Y, en efecto, no se puede negar que Lucas subraya el carácter puramente religioso del conflicto que enfrenta a los judíos con Pablo y la indiferencia de las autoridades romanas ante tal conflicto. Pero, aunque esto parece responder a la verdad histórica, en todo caso no es más que un aspecto de la obra. El libro de los Hechos es cosa muy distinta de un memorial para presentar ante el tribunal de Roma. Lo que persigue es nada menos que referir, por sí misma, la historia de los orígenes cristianos.

Para convencerse de ello, basta con examinar su plan. Se ve en él plasmada la aseveración inicial de Cristo: «Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra», Hch_1:8. La fe se implanta primero sólidamente en Jerusalén, donde la primera comunidad crece en gracia y número, 1-5. Enseguida comienza la expansión, preparada por la tendencia universalista de los convertidos del judaísmo helenístico y por su expulsión a raíz del martirio de san Esteban, 6:1-8:3: se llega a Samaría, Hch_8:4-25, así como a la llanura costera hasta Cesarea, donde por primera vez entran gentiles en la Iglesia, Hch_8:26-40; 9:32-11:18, al tiempo que la conversión de Pablo nos informa de que ya hay cristianos en Damasco y presagia la evangelización de Cilicia, Hch_9:1-30. Estribillos, como Hch_9:31 (que añade Galilea) ponen bien de relieve la difusión de la fe. A continuación es Antioquía la que recibe el mensaje de Jesús, Hch_11:19-26 y que se va a convertir en un foco de irradiación, no sin guardar con Jerusalén contactos en los que se toman acuerdos sobre los principales problemas misioneros, Hch_11:27-30; Hch_15:1-35. Se trata ahora, en efecto, de que el Evangelio llegue a los gentiles. A partir de la conversión de Cornelio, Pedro, después de ser encarcelado en Jerusalén, sale con destino desconocido, Hch_12:17; y en adelante es Pablo quien, en el relato de Lucas, ocupará el primer plano. Después de un primer viaje con Bernabé a Chipre y Asia Menor antes de la asamblea de Jerusalén, 13-14, dos viajes más le llevarán hasta Macedonia y Grecia, 15:36-18:22, y a Éfeso, 18:23-21:17. Siempre regresa a Jerusalén, y su arresto en esta ciudad, seguido de su encarcelamiento en Cesarea, 21:18-26:32, le permitirán ser conducido, preso pero siempre misionero, hasta Roma, donde, aun sin librarse de las cadenas, anuncia a Cristo, 27-28. Vista desde Jerusalén, esta capital del imperio representa perfectamente «los confines de la tierra», por lo que Lucas puede aquí poner fin a su libro.

Podremos quizá lamentar que no nos haya dicho nada de la actividad de los otros apóstoles, ni de la fundación de ciertas iglesias como la de Alejandría, o incluso la de Roma, donde la fe cristiana se había implantado ciertamente antes de la llegada del Apóstol (ver la Epístola a los Romanos, sobre todo Hch_15:22 ss). Nada dice tampoco del apostolado de Pedro fuera de Palestina, y es verdad que la persona de Pablo ocupa en su obra un lugar preponderante, hasta el punto de llenar ella sola toda la segunda mitad. Más que una historia materialmente completa, lo que Lucas ha querido darnos es una exposición de la fuerza de expansión espiritual del Cristianismo; y la enseñanza teológica que ha sabido deducir de los hechos de que disponía posee un valor universal e insustituible, que constituye el valor auténtico de su obra.

Esta aportación doctrinal es múltiple y no podemos evocar aquí más que sus puntos principales. Lo que la obra expone es la fe en Cristo, base del kerygma apostólico. Por los discursos conocemos los principales textos escriturísticos que sirvieron, bajo la guía del Espíritu, para la formulación de la cristología y la argumentación ante los judíos; son de notar particularmente los temas del Siervo, Hch_3:13, Hch_3:26; Hch_4:27, Hch_4:30; Hch_8:32-33, y de Jesús nuevo Moisés, Hch_3:22 s; Hch_7:20 s, y nuevo Elías, Hch_1:9-11; Hch_3:20-21. La resurrección se prueba por el Sal_16:8-11 (Hch_2:24-32; Hch_13:34-37). La historia del pueblo elegido debe poner en guardia a los judíos contra la resistencia a la gracia, Hch_7:2-53; Hch_13:16-41. Para los gentiles, se recurre a argumentos de una teodicea más general, Hch_14:15-17; Hch_17:22-31. Pero los apóstoles son ante todo «testigos», Hch_1:8+, y Lucas nos resume su «kerygma», Hch_2:22+, relatándonos también sus signos taumatúrgicos. El problema crucial de la Iglesia naciente tenía que ser el acceso de los gentiles a la salvación, y sobre este punto el libro de los Hechos nos brinda alguna luz, aunque sin descubrirnos toda la envergadura de las dificultades y de las controversias ocasionadas por esta cuestión en la Iglesia e incluso entre sus dirigentes (ver Gál_2:11+): los hermanos de Jerusalén, agrupados en torno a Santiago, siguen fieles a la Ley judía, Hch_15:1, Hch_15:5; Hch_21:20 s; pero los «helenistas», cuyo portavoz es Esteban, sienten la necesidad de romper con el culto del Templo; y Pedro, y después sobre todo Pablo, hacen triunfar en la asamblea de Jerusalén el principio de la salvación por la fe en Cristo, que dispensa a los gentiles de la circuncisión y de las observancias mosaicas. No es menos cierto que Lucas nos muestra a Pablo empezando siempre por dirigirse a los judíos, para volverse después a los gentiles sólo cuando se ve rechazado por sus hermanos de raza, Hch_13:5+. Sobre la vida de las comunidades cristianas nos bosqueja un cuadro que tiene tintes sin duda ideales, por no decir utópicos, pero que se inspira en los recuerdos de los primeros años tanto como en las realidades eclesiales de una época más tardía: vida de oración y reparto de bienes en la joven iglesia de Jerusalén; administración del bautismo de agua y del bautismo en el Espíritu, Hch_1:5+; celebración de la Eucaristía, Hch_2:42+; esbozos de organización eclesiástica en los «profetas» y los «doctores», Hch_13:1+, o también en los «presbíteros» que presiden la iglesia de Jerusalén, Hch_11:30+, y que Pablo establece en las iglesias que él funda, Hch_14:23. Todo ello impregnado, dirigido, impulsado por un soplo invencible del Espíritu Santo. A este Espíritu, sobre el que Lucas había ya insistido en su evangelio, Luc_4:1+, lo presenta en acción incesante en la expansión de la Iglesia, Hch_1:8+, hasta el punto de que se ha podido llamar a los Hechos «el evangelio del Espíritu Santo». Es esto lo que da a esta obra ese aroma de alegría espiritual, de maravilla sobrenatural, de la que sólo podrán extrañarse los que no comprenden ese fenómeno único en el mundo que fue el nacimiento del Cristianismo. Si a todas estas riquezas teológicas añadimos la preciosa aportación de tantos detalles concretos que de otro modo no habríamos conocido, si se acierta a saborear los retratos de fina psicología en que Lucas se distingue, piezas incisivas y hábiles como el discurso delante de Agripa, 26, páginas conmovedoras como el adiós a los presbíteros de Éfeso, Hch_20:17-38, relatos vivos y realistas como el motín de los orfebres, Hch_19:23-41, se convendrá en que este libro, único en su género en el NT, representa un tesoro cuya falta hubiera empobrecido notablemente nuestro conocimiento de los orígenes del Cristianismo.

El texto de los Hechos, como el del resto del NT, ha llegado a nosotros con muchas variantes de detalle. Pero más que en otros libros merecen retener nuestra atención las que provienen del texto llamado «occidental» (códice de Beza, versiones latina, siríaca y copta, antiguos escritores eclesiásticos). Ofrecen éstas un texto que es a menudo más conciso que el texto alejandrino, pero que contiene también detalles concretos y pintorescos que el otro desconoce. En realidad, estas dos tradiciones textuales parecen representar redacciones sucesivas del libro de los Hechos. Nuestra traducción se ha hecho las más de las veces sobre el texto alejandrino, pero un buen número de variantes del texto occidental se han señalado en nota o incluso han sido admitidas en el texto traducido.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos 7



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_22:3; Jua_13:2, Jua_13:27

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_23:22-24 [Deu_23:21-23]

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:12+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:14+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_15:10; 1Co_10:9; 1Co_11:30-32

NOTAS

5:10 La falta de Ananías y Safira consiste en haber querido engañar a los apóstoles por amor al dinero, y por medio de ellos al Espíritu Santo presente entre los hermanos y al que han mentido.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:12+

NOTAS

5:11 Este término, tomado del AT, ver Hch_7:38, para designar la comunidad mesiánica, Mat_16:18+, ha adquirido con el desarrollo cristiano un significado cada vez más amplio: primero, la Iglesia-madre de Jerusalén, Hch_8:1; Hch_11:22, etc. ; luego las iglesias particulares de Judea, Gál_1:22; 1Ts_2:14; ver Hch_9:31, y de la Gentilidad, Hch_13:1; Hch_14:23; Hch_15:41; Hch_16:5; Rom_16:1; Rom_16:4; 1Co_1:2+, etc. ; Stg_5:14; 3Jn_1:9; Apo_1:4; Apo_2:1, etc. , sus «asambleas», 1Co_11:18; 1Co_14:23, 1Co_14:34, etc. , ver Hch_19:32, y sus locales, Rom_16:5; Col_4:15; Flm_1:2; finalmente la Iglesia en su unidad teológica, Hch_20:28; 1Co_10:32; 1Co_12:28, etc. , su personalidad de Cuerpo y de Esposa de Cristo, Col_1:18+; Efe_5:23-32, y su plenitud cósmica, Efe_1:23+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:42-47; Hch_4:32-35

[2] Hch_2:19

[3] Hch_2:46

[4] Hch_3:11

NOTAS

5:12 (a) Este tercer «resumen» desarrolla el tema del poder milagroso de los apóstoles, ver Hch_2:43; Hch_4:33. Los vv 12b-14 interrumpen la exposición.

5:12 (b) Al parecer, ya no los apóstoles, sino todos los creyentes.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Hch_2:47

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:41+

NOTAS

5:14 Mejor que: «Cada vez en mayor número se adherían (a la comunidad) los que creían en el Señor». Ver Hch_11:24.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mar_6:56

[2] Hch_19:12

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_4:40-41; Hch_8:6-8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_4:6

[2] Hch_4:1+

NOTAS

5:17 Var.: «el sumo sacerdote Anás», ver Hch_4:6.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_1:20+; Hch_12:7-10; Hch_16:25-26

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_13:46+

NOTAS

5:20 Lit.: «todas las palabras (ver v. Hch_5:32; Hch_10:37) de esta Vida». En el mismo sentido se trata de la «palabra de salvación» en Hch_13:26. La predicación cristiana tiene por objeto la «salvación», ver Hch_4:12; Hch_11:14; Hch_15:11; Hch_16:17, Hch_16:30, y la «vida», ver Hch_3:15; Hch_11:18; Hch_13:46, Hch_13:48, prometidas a «los que invocan el nombre del Señor», Hch_2:21, Hch_2:40, Hch_2:47; Hch_4:12.

NOTAS

5:21 «Sanedrín» y «Senado» designan la misma asamblea: el Gran Sanedrín de Jerusalén, ver Luc_22:66+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_4:1+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_20:19 p; Luc_22:2 p

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_4:18+

[2] Mat_27:25; Hch_2:14+, Hch_2:22+; Hch_4:19

NOTAS

5:28 Texto occ.: «¿No os habíamos prohibido expresamente que enseñaseis en ese nombre? Y sin embargo... Pedro le contestó: ¿A quién se ha de obedecer, a Dios o a los hombres? Dijo aquél: A Dios. Y dijo Pedro: El Dios de nuestros padres... ».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:23+

[2] Sal_118:16; Hch_2:33+; Hch_4:12+; Hch_2:38+

NOTAS

5:30 Expresión que se repite en Hch_10:39 (ver Hch_13:29). Recuerda Deu_21:23, citado en Gál_3:13; ver 1Pe_2:24.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_15:26-27; Hch_1:8+

NOTAS

5:31 La expresión corresponde a «Jefe que lleva a la vida», Hch_3:15+; igualmente corresponde a «Jefe y Redentor» aplicado a Moisés como figura de Cristo, Hch_7:35 (ver Hch_7:25). Ver también Heb_2:10; Heb_12:2. Hay un paralelismo latente entre Jesús y Moisés.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_7:39

NOTAS

5:32 Ver Mat_10:20; Luc_12:12; Jua_15:26-27; Hch_1:8.

NOTAS

5:34 Gamaliel I, el maestro de San Pablo, Hch_22:3, era el heredero del pensamiento de Hillel y el representante más conspicuo de la tendencia liberal y más humana en la interpretación de la Ley. Su intervención corresponde a la actitud general del partido fariseo, ver Hch_4:1+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_23:9; Jua_7:50 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_2:2+

NOTAS

5:37 También Josefo menciona las insurrecciones de Judas el Galileo y de Teudas, datándolas respectivamente en el censo de Cirino (6 d. C. ; ver Luc_2:2+) y en el mandato del procurador Cuspio Fado (44-46).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_20:4; Mat_15:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Cr_13:12; 2Ma_7:19

NOTAS

5:39 Una var. insiste en el afán de pureza ritual: «... dejadles y no os manchéis las manos. Porque si su idea... destruirles, ni vosotros, ni los reyes, ni los tiranos. Guardaos, pues, de tocar a esta gente, no sea que os encontréis luchando contra Dios».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_22:19; Mat_10:17; Hch_4:18

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:10-11+; 1Co_4:9 s

NOTAS

5:41 Este Nombre, por el que sufren los apóstoles, ver Hch_21:13; 1Pe_4:14; 3Jn_1:7, que predican, Hch_4:10, Hch_4:12, Hch_4:17; Hch_5:28, Hch_5:40; ver Hch_3:6, Hch_3:16; Hch_8:12, Hch_8:16; Hch_9:15-16, Hch_9:27-28, que los cristianos invocan, Hch_2:21; Hch_4:12; Hch_9:14, Hch_9:21; Hch_22:16, es siempre el nombre de Jesús, inseparable de su persona, Hch_3:16+, y que ha recibido en la resurrección, Hch_2:36+, es decir, «el Nombre que está sobre todo nombre», el nombre de «Señor», hasta entonces reservado a Dios, Flp_2:9-11+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_18:5+

NOTAS

5:42 La Buena Nueva del Reino, Mar_1:1+, predicada por los discípulos, es decir, la palabra que «evangelizan», Hch_8:4, Hch_8:25, Hch_8:40; Hch_14:7, Hch_14:15, Hch_14:21; Hch_16:10, o «el Evangelio», Hch_15:7; Hch_20:24, se condensa para el cristianismo primitivo en la persona de Jesús, Hch_8:35, resucitado por Dios, Hch_13:32; Hch_17:18; ver Hch_2:23+; Hch_9:20, y hecho Hijo de Dios con poder, ver Rom_1:4+, Cristo, Hch_5:42; Hch_8:12; ver Hch_9:22, y Señor, Hch_10:36; Hch_11:20; Hch_15:35; ver Hch_2:36+.