Romanos  8 Biblia Jerusalén (1998) | 39 versitos |
1 Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús.
2 Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte.
3 Pues lo que era imposible a la ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne,
4 a fin de que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no según la carne, sino según el espíritu.
5 Efectivamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual.
6 Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz,
7 ya que las tendencias de la carne llevan al odio de Dios: no se someten a la ley de Dios, ni siquiera pueden;
8 así, los que viven según la carne, no pueden agradar a Dios.
9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece;
10 mas si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia.
11 Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros.
12 Así que, hermanos míos, no somos deudores de la carne para vivir según la carne,
13 pues, si vivís según la carne, moriréis. Pero si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis.
14 En efecto, todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
15 Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!
16 El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios.
17 Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, si compartimos sus sufrimientos, para ser también con él glorificados.
18 Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros.
19 Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios.
20 La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza
21 de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
22 Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto.
23 Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.
24 Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?
25 Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con paciencia.
26 Y de igual manera, también el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables,
27 y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios.
28 Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio.
29 Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos;
30 y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó.
31 Ante esto ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?
32 El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas?
33 ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica.
34 ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, e intercede por nosotros?
35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?,
36 como dice la Escritura: Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero.
37 Pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó.
38 Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades
39 ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.

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Introducción a Romanos 

EPÍSTOLAS DE SAN PABLO

Introducción

Datos biográficos.
A San Pablo le conocemos mejor que a ninguna otra personalidad del NT por sus Espístolas y por los Hechos de los Apóstoles, dos fuentes independientes que se confirman y se completan, a pesar de algunas divergencias de detalle. Algunos sincronismos con sucesos históricos conocidos —sobre todo el proconsulado de Galión en Corinto, Hch_18:12- permiten además fijar algunas fechas y establecer así una cronología relativamente exacta de la vida del Apóstol.

Nacido en Tarso de Cilicia, Hch_9:11; Hch_21:39; Hch_22:3, en los inicios de nuestra era, Flm_1:9, de una familia judía de la tribu de Benjamín, Rom_11:1; Flp_3:5, pero al mismo tiempo ciudadano romano, Hch_16:37 s; Hch_22:25-28; Hch_23:27, ya desde su juventud recibió de Gamaliel, en Jerusalén, una profunda educación religiosa según las doctrinas fariseas, Hch_22:3; Hch_26:4 s; Gál_1:14; Flp_3:5. Encarnizado perseguidor, en un principio, de la naciente Iglesia cristiana, Hch_22:4 s; Hch_26:9-12; Gál_1:13, sufrió un brusco cambio en el camino de Damasco, por la aparición de Jesús resucitado, que le manifestó la verdad de la fe cristiana y le dio a conocer su misión especial de Apóstol de los gentiles, Hch_9:3-19 p; Gál_1:12, Gál_1:15 s; Efe_3:2 s. Desde aquel momento (hacia el año 33) dedica toda su vida activa al servicio de Cristo que le había «alcanzado», Flp_3:12. Después de permanecer en Arabia y de volver a Damasco, Gál_1:17, donde ya predica, Hch_9:20, sube a Jerusalén hacia el año 37, Gál_1:18; Hch_9:26-29, luego se retira a Siria-Cilicia, Gál_1:21; Hch_9:30, de allí le lleva consigo Bernabé a Antioquía, convertido en colaborador suyo, Hch_11:25 s; ver ya Hch_9:27. En una primera misión apostólica, al principio de los años 40, anuncia el Evangelio en Chipre, Panfilia, Pisidia y Licaonia, Hch 13-14; según San Lucas, a partir de este momento utiliza el nombre romano de Pablo con preferencia al nombre judío Saulo, Hch_13:9, y empieza a destacar sobre su compañero Bernabé por la excelencia de su predicación, Hch_14:12. En su segundo viaje misionero, Hch 15:36-18:22, entre los años 47 y 51, llega a Europa. En el verano del 51 se encuentra en Corinto con Galión; después sube a Jerusalén para intervenir en la asamblea apostólica. En aquella asamblea, y, por influencia suya, se admite que la Ley judía no obliga a los cristianos convertidos del paganismo, Hch 15; Gál_2:3-6; al mismo tiempo se reconoce oficialmente su misión de Apóstol de los gentiles, Gál_2:7-9, y vuelve a partir para nuevos viajes apostólicos. El segundo, Hch 15:36-18:22, y el tercero, Hch 18:23-21:17, ocupan, respectivamente, los años 50-52 y 53-58. Volveremos a tratar de ellos al situar las diversas epístolas que los jalonan. Es detenido en Jerusalén el 58, Hch 21:27-23:22, y mantenido en prisión en Cesarea de Palestina hasta el 60, Hch 23:23-26:32. En el otoño del 60, el procurador Festo lo remite con escolta a Roma, Hch 27:1-28:16, donde Pablo permanece dos años, Hch_28:30, del 61 al 63. Estos son los datos seguros sobre la vida de Pablo. Tradiciones antiguas, apoyadas en parte por las Epístolas pastorales (cuyo valor histórico se comenta más adelante), afirman que, dos años después, el proceso fue sobreseído por falta de pruebas y que Pablo pudo viajar de nuevo hacia el Este —o quizá pudo cumplir su deseo de ir a España, Rom_15:24, Rom_15:28. Un nuevo cautiverio en Roma, atestiguado por la tradición, culminó con el martirio de Pablo, entre los años 64 y 68.

Personalidad de Pablo.
Las Epístolas y los Hechos también nos pintan un impresionante retrato de la personalidad del Apóstol.

Pablo es un apasionado, un alma de fuego que se entrega sin medida a un ideal. Y este ideal es esencialmente religioso. Dios es todo para él, y a Dios sirve con una lealtad absoluta, primero persiguiendo a los que considera herejes, Gál_1:13; ver Hch_24:5, Hch_24:14, luego predicando a Cristo, cuando, por revelación, ha comprendido que sólo en él está la salvación. Este celo incondicional se traduce en una vida de entrega total al servicio de Aquél a quien ama. Trabajos, fatigas, padecimientos, privaciones, peligros de muerte, 1Co_4:9-13; 2Co_4:8 s; 2Co_6:4-10; 2Co_11:23-27, nada cuenta a sus ojos con tal de cumplir la tarea de que se siente responsable, 1Co_9:16 s. Nada de eso puede separarle del amor de Dios y de Cristo, Rom_8:35-39; o mejor, todo eso es de gran valor porque le configura con la Pasión y la Cruz de su Maestro, 2Co_4:10 s; Flp_3:10 s. El sentimiento de su singular elección suscita en él inmensas aspiraciones. Cuando confiesa su solicitud por todas las iglesias, 2Co_11:28; ver Col_1:24, cuando afirma haber trabajado más que los demás, 1Co_15:10; ver 2Co_11:5, cuando pide a sus fieles que le imiten, 1Co_11:1+, no lo hace por arrogancia; más bien se trata de la legítima y humilde satisfacción de un santo, que se reconoce como el último de todos, ya que fue perseguidor, 1Co_15:9; Efe_3:8; y sólo a la gracia de Dios atribuye las grandes cosas que se realizan por su intervención, 1Co_15:10; 2Co_4:7 : Flp_4:13; Col_1:29; Efe_3:7.

El fuego de su sensible corazón queda bien patente en sus sentimientos para con sus fieles. Lleno de confiado abandono con los de Filipos, Flp_1:7 s; Flp_4:10-20, sufre un acceso de indignación cuando los de Galacia se disponen a traicionar su fe, Gál_1:6; Gál_3:1-3; y experimenta una dolorosa contrariedad ante la inconstancia vanidosa de los de Corinto, 2Co 12:11-13:10. Sabe manejar la ironía para fustigar a los inconstantes, 1Co_4:8; 2Co_11:7; 2Co_12:13, e incluso los reproches severos, Gál_3:1-3; Gál_4:11; 1Co_3:1-3; 1Co_5:1-2; 1Co_6:5; 1Co_11:17-22; 2Co_11:3 s. Pero es por su bien, 2Co_7:8-13. Y no tarda en suavizar sus reprensiones con acentos de conmovedora ternura, 2Co_11:1-2; 2Co_12:14 s: ¿no es acaso su único padre, 1Co_4:14 s; 2Co_6:13; ver 1Ts_2:11; Flm_1:10, su madre, 1Ts_2:7; Gál_4:19? ¡Que se reanuden, pues, las buenas relaciones de antes, Gál_4:12-20; 2Co_7:11-13!

En realidad, no les acusa tanto a ellos, cuanto a los adversarios que tratan de seducirles: esos cristianos judaizantes que quieren someter a sus convertidos al yugo de la Ley, Gál_1:7; Gál_2:4, Gál_6:12 s. Ningún miramiento con ellos, 1Ts_2:15 s; Gál_5:12; Flp_3:2. A sus pretensiones, orgullosas y carnales, opone el auténtico poder espiritual que se manifiesta en su débil persona, 2Co 10:1-12:12, y la sinceridad de su desinterés demuestra Hch_18:3+. Se ha afirmado que sus rivales eran los grandes apóstoles de Jerusalén. No hay nada que lo pruebe; más bien se trata de judeo-cristianos integristas que decían apoyarse en Pedro, 1Co_1:12, y en Santiago, Gál_2:12, para destruir el prestigio de Pablo. En realidad, él siempre respeta la autoridad de los verdaderos apóstoles, Gál_1:18; Gál_2:2, sin dejar de sostener la igualdad de su título como testigo de Cristo, Gál_1:11 s: 1Co_9:1; 1Co_15:8-11; y si bien resiste al mismo Pedro en un punto particular, Gál_2:11-14, sabe también mostrarse conciliador, Hch_21:18-26, y pone su mayor esmero en la colecta a favor de los pobres de Jerusalén, Gál_2:10, colecta que considera como la prenda mejor de la unión entre los cristianos de la gentilidad y los de la iglesia madre, 2Co_8:14; 2Co_9:12-13; Rom_15:26 s.

Predicación de Pablo.
Su predicación es ante todo el «kerygma» apostólico, Hch_2:22+, proclamación de Cristo crucificado y resucitado conforme a las Escrituras, 1Co_2:2; 1Co_15:3-4; Gál_3:1. «Su» evangelio, Rom_2:16; Rom_16:25, no es cosa suya; es el evangelio de la fe común, Gál_1:6-9; Gál_2:2; Col_1:5-7, sólo que con una aplicación especial a la conversión de los gentiles, Gál_1:16; Gál_2:7-9, en la línea universalista inaugurada en Antioquía. Pablo se siente solidario de las tradiciones apostólicas; las cita cuando se le presenta la ocasión, 1Co_11:23-25; 1Co_15:3-7, las supone siempre, y ciertamente les debe mucho. Parece no haber visto en vida a Cristo, ver 2Co_5:16+, pero conoce sus enseñanzas, 1Co_7:10 s; 1Co_9:14. Además, es también un testigo directo, y su irresistible convicción se apoya en una experiencia personal: porque también él ha «visto» a Cristo, 1Co_9:1; 1Co_15:8. Ha sido favorecido con revelaciones y éxtasis, 2Co_12:1-4. Lo que ha recibido de la tradición, puede también atribuirlo y con entera verdad a las comunicaciones directas del Señor, Gál_1:12; 1Co_11:23.

Se ha querido atribuir estos fenómenos místicos a un temperamento exaltado y enfermizo. Pero sin fundamento alguno. La enfermedad que le detuvo en Galacia, Gál_4:13-15, sólo parece haber sido un ataque de paludismo; y «el aguijón de la carne», 2Co_12:7, pudo ser muy bien la oposición en el seno de sus comunidades. No era hombre imaginativo, a juzgar por las imágenes que emplea, pocas y corrientes: el estadio, 1Co_9:24-27; Flp_3:12-14; 2Tm_4:7 s, el mar, Efe_4:14, la agricultura, 1Co_3:6-8, y la construcción, 1Co_3:10-17; Rom_15:20; Efe_2:20-22, dos temas que fácilmente asocia y combina, 1Co_3:9; Col_2:7; Efe_3:17; ver Col_2:19; Efe_4:16. Es más bien un cerebral. A un corazón ardiente se une en él una inteligencia lúcida, lógica, exigente, solícita por exponer la fe según las necesidades de sus oyentes. A esto se deben las admirables exposiciones teológicas de que rodea al Kerygma según las circunstancias. Cierto que esa lógica no es la nuestra. Pablo argumenta en ocasiones como rabino, según los métodos exegéticos recibidos de su ambiente y de su educación (por ejemplo, Gál_3:16; Gál_4:21-31). Pero su genio hace saltar los límites de aquella herencia tradicional, y hace pasar una doctrina profunda a través de canales un tanto anticuados para nosotros.

Por otra parte, este semita también posee una cultura griega aceptable, recibida quizá desde su infancia en Tarso, enriquecida por reiterados contactos con el mundo grecorromano. Esta influencia se refleja en su modo de pensar lo mismo que en su lenguaje y en su estilo. Cita autores clásicos si la ocasión se presenta, 1Co_15:33, y conoce ciertamente la filosofía popular basada en el estoicismo. Debe a la «diatriba» cínico-estoica su estilo de razonamiento riguroso por medio de breves preguntas y respuestas, Rom_3:1-9, Rom_3:27-31, o sus amplificaciones por acumulación retórica, 2Co_6:4-10; y cuando por el contrario emplea frases largas y recargadas, donde las proposiciones se empujan en oleadas sucesivas, Efe_1:3-14; Col_1:9-20, puede también tener sus modelos en la literatura religiosa helenista. Maneja corrientemente el griego con pocos semitismos. Es el griego de su tiempo, la «koiné» elegante, pero sin pretensiones aticistas. Pues desprecia la afectación de la elocuencia humana y sólo quiere atribuir su fuerza de persuasión al poder de la Palabra de fe confirmada por los signos del Espíritu, 1Ts_1:5; 1Co_2:4 s; 2Co_11:6; Rom_15:18. Incluso, a veces, su expresión es incorrecta e incompleta, 1Co_9:15, pues el molde del lenguaje resulta incapaz de contener la presión de un pensamiento demasiado rico o de emociones demasiado vivas. Salvo raras excepciones, Flm_1:19, dicta, Rom_16:22, en la forma acostumbrada por los antiguos, contentándose con escribir el saludo final, 2Ts_3:17; Gál_6:11; 1Co_16:21; Col_4:18; y si bien algunos fragmentos parecen fruto de una redacción largamente meditada, muchos otros producen la impresión de un primer impulso espontáneo y sin retoques. A pesar de estos defectos, o quizá precisamente por ellos, este estilo fogoso es de una densidad extraordinaria. Un pensamiento tan elevado, expresado de manera tan ardorosa, ofrece al lector más de una dificultad (2Pe_3:16); pero también le ofrece textos cuyo vigor religioso y aun literario no tienen quizá igual en la historia de los epistolarios humanos.

Las epístolas de Pablo.
No hemos de olvidar que estas epístolas que Pablo nos ha dejado son escritos de ocasión; no tratados de teología, sino respuestas a situaciones concretas. Verdaderas cartas con el formulario entonces en uso, Rm 1+, no son ni «cartas» puramente privadas, ni «epístolas» puramente literarias, sino exposiciones que Pablo destina a lectores concretos y, en último término, a todos los fieles de Cristo. No hemos de buscar, pues, en ellas una formulación sistemática y completa del pensamiento del Apóstol; hemos de suponer siempre, en el fondo, la palabra viva, de la que son comentarios sobre puntos particulares. Mas no dejan de ser por eso extraordinariamente valiosas, tanto más cuanto que su riqueza y variedad nos permiten encontrar verdaderamente lo esencial del mensaje paulino. Al hilo de las circunstancias y según los diferentes auditorios, se descubre una misma doctrina fundamental, centrada en torno a Cristo, muerto y resucitado, pero adaptada, desarrollada, enriquecida a lo largo de aquella vida entregada toda a todos, 1Co_9:19-22. Algunos intérpretes han atribuido a Pablo un eclecticismo que a tenor de las circunstancias le habría hecho adoptar puntos de vista divergentes y aun contradictorios, sin concederles valor absoluto, pues sólo le interesaba ganar los corazones para Cristo. Otros han contrapuesto a este punto de vista, un «fijismo» según el cual el pensamiento de Pablo, estructurado desde un principio por la experiencia de su conversión, no habría experimentado luego ninguna evolución. La verdad está entre ambos extremos: la teología de San Pablo, evolucionada en una línea homogénea, se ha desarrollado realmente bajo el impulso del Espíritu que dirigía su apostolado. Podemos distinguir las etapas de esta evolución recorriendo sus diversas epístolas según el orden cronológico, que no es el del Canon del NT, donde han sido ordenadas según su extensión decreciente y que es el que mantienen la mayoría de las traducciones.

Romanos.
La epístola a los Romanos parece algo posterior. Pablo se halla en Corinto (invierno del 55-56), y a punto de partir para Jerusalén de donde espera ir a Roma y de allí a España, Rom_15:22-32; ver 1Co_16:3-6; Hch_19:21; Hch_20:3. Pero no ha fundado él la iglesia de Roma, respecto de la cual se halla medianamente informado, quizá por hombres como Áquila, Hch_18:2; las pocas alusiones de su epístola únicamente dejan entrever una comunidad en la que los convertidos del Judaísmo y de la gentilidad están expuestos a despreciarse mutuamente. Por eso cree conveniente, para preparar su venida, enviar con su protectora Febe, Rom_16:1, una carta en que expone su solución del problema del Judaísmo-Cristianismo, tal como lo acaba de madurar bajo los impactos de la crisis gálata. Para ello, retoma las ideas de Ga, pero de una manera más ordenada y matizada. Si Ga representa un grito salido del corazón, donde la apología personal, 1:11-2:21, se yuxtapone a la argumentación doctrinal, 3:1-4:31, y a las vehementes advertencias, 5:1-6:18, Rm por su parte ofrece una exposición ininterrumpida con algunas grandes secciones que se entrelazan armoniosamente por medio de temas que se anuncian anticipadamente para ser luego desarrollados.

Nadie ha discutido con argumentos serios la autenticidad de la epístola a los Romanos, como tampoco la de las de las epístolas a los Corintios y a los Gálatas. La única cuestión debatida es si los caps.15 y 16 son una añadidura posterior. Especialmente el último, con sus numerosos saludos, habría sido primitivamente una esquela destinada a la iglesia de Éfeso. Pero el cap. 15, a pesar de algunos manuscritos, no puede separarse del cuerpo de la epístola; y los que mantienen la autenticidad del cap. 16 advierten que Pablo no dirige nunca saludos a personas de comunidades en las que él no ha trabajado. Esto habría suscitado envidias, al tratar de forma diversa a algunos miembros de un grupo en el que todos sus componentes le eran conocidos. La lista de nombres del cap. 16 indica que el escrito iba dirigido a una iglesia que Pablo no había fundado, lo que excluye que su destinataria sea la iglesia de Éfeso. En cuanto a la doxología Rom_16:25-27, las características de su estilo no constituyen motivo suficiente para rechazar su autenticidad, pero sí pueden sugerir una fecha posterior.

Mientras las epístolas a los Corintios contraponían el Cristo Sabiduría de Dios a la vana sabiduría del mundo, las epístolas a los Gálatas y a los Romanos contraponen el Cristo Justicia de Dios a la justicia que los hombres pretendían conseguir por sus propios esfuerzos. Allí el peligro provenía del espíritu griego, con su orgullosa confianza en la razón; aquí proviene del espíritu judío, con su orgullosa confianza en la Ley. Algunos judaizantes vinieron a decir a los fieles de Galacia que no podían salvarse si no practicaban la circuncisión, poniénose así bajo el yugo de la Ley, Gál_5:2 s. Pablo se opone con todas sus fuerzas a este retroceso que haría inútil la obra de Cristo, Gál_5:4. Sin negar el valor de la economía antigua, le asigna los justos límites de etapa provisional en el conjunto del plan de salvación, Gál_3:23-25. La Ley de Moisés, buena y santa en sí, Rom_7:12, hizo que el hombre conociera la voluntad de Dios, pero sin comunicarle la fuerza interior para cumplirla; por lo mismo, no consiguió más que hacerle consciente de su pecado y de la necesidad que tiene de la ayuda de Dios, Gál_3:19-22; Rom_3:20; Rom_7:7-13. Pues bien, esa ayuda de pura gracia, prometida en otro tiempo a Abrahán antes del don de la Ley Gál_3:16-18; Rm 4, acaba de ser concedida en Cristo Jesús: su muerte y su resurrección han obrado la destrucción de la vieja humanidad, viciada por el pecado de Adán, y la creación de una humanidad nueva de la que él es el prototipo, Rom_5:12-21. El hombre, unido a Cristo por la fe y animado de su Espíritu, recibe ya gratuitamente la verdadera justicia y puede vivir según la voluntad divina, Rom_8:1-4. Cierto que su fe ha de florecer en obras buenas; pero esas obras realizadas por la fuerza del Espíritu, Gál_5:22-25; Rom_8:5-13, ya no son las obras de la Ley en que ponían orgullosamente su confianza los judíos. Son obras realizables por todos los que creen, aun cuando hayan venido del paganismo, Gál_3:6-9, Gál_3:14; Rom_4:11. Así pues, la economía mosaica, que tuvo su valor de etapa preparatoria, ha caducado ya. Los judíos, que pretenden mantenerse en ella, se colocan fuera de la verdadera salvación. Dios ha permitido su ceguera para hacer posible el acceso de los gentiles. Sin embargo, no pierden definitivamente su vocación primera, porque Dios es fiel: algunos de ellos, el «pequeño resto» anunciado por los profetas, han creído; los demás se convertirán algún día, Rm 9-11. En adelante, los fieles de Cristo, sean de origen judío o gentil, deben estar totalmente unidos en la caridad y en la ayuda mutua, Rom 12:1-15:13. Estas son las grandes perspectivas que, esbozadas en Ga, se amplían en Rm nos proporcionan admirables exposiciones sobre el pasado pecador de toda la humanidad, Rom 1:18-3:20, y la lucha interior en cada hombre, Rom_7:14-25, la gratuidad de la salvación, Rom_3:24 y passim, la eficacia de la muerte y de la resurrección de Cristo, Rom_4:24 s; Rom_5:6-11, participadas por la fe y el bautismo, Gál_3:26 s; Rom_6:3-11, el llamamiento a todos los hombres para que se hagan hijos de Dios, Gál_4:1-7; Rom_8:14-17, el amor lleno de sabiduría del Dios justo y fiel que dirige todo el plan de la salvación con sus diferentes etapas, Rom_3:21-26; Rom_8:31-39. Las perspectivas escatológicas persisten: estamos salvados en esperanza, Rom_5:1-11; Rom_8:24; mas, al igual que en las epístolas a los Corintios, se subraya la realidad de la salvación ya comenzada: se posee ya el Espíritu de la Promesa a título de primicias, Rom_8:23, el cristiano vive desde ahora en Cristo, Rom_6:11, y Cristo vive en él, Gál_2:20.

La epístola a los Romanos representa, pues, una de las más bellas síntesis de la doctrina paulina. No se trata, sin embargo, de una síntesis completa, no contiene toda su doctrina. El interés primordial que le otorgó la controversia luterana sería perjudicial si nos hiciera olvidar el complemento de las otras epístolas que la integran en una síntesis más vasta.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_36:27+



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:7+

NOTAS

8:2 (a) Var.: «me liberó», «nos liberó».

8:2 (b) Al régimen del pecado y de la muerte, Pablo contrapone el nuevo régimen del Espíritu, ver Rom_3:27+. La palabra espíritu designa aquí o bien la misma persona del Espíritu Santo (más claramente en el v. Rom_8:9), o bien el espíritu del hombre renovado por esta presencia, ver Rom_5:5+ y Rom_1:9+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_13:23-39; Hch_15:10-11; Rom_6:10+; Gál_3:13; 2Co_5:21; Heb_2:14-18

NOTAS

8:3 La ley mosaica, simple norma exterior, no era principio de salvación, Rom_7:7+. Sólo Cristo, destruyendo la carne en su persona mediante su muerte, ha podido destruir el pecado que reinaba en la carne.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_3:31+; Rom_9:30-31+; Rom_10:4

NOTAS

8:4 Esta justicia de la ley, cuyo cumplimiento sólo es posible por la unión con Cristo por la fe, se resume en el mandamiento del amor, ver Rom_13:10; Gál_5:14 y ya Mat_22:40. Ver Rom_7:7+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_5:16-23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_6:21; Gál_6:8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Jn_2:15-16

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:5-6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_3:5-6; 1Co_3:23+

[2] Rom_5:12+

NOTAS

8:10 Por causa del pecado, Rom_5:12+, el cuerpo está destinado a la muerte física y es instrumento de muerte espiritual; pero el Espíritu es vida, fuerza de resurrección; ver nota siguiente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:4+

[2] Rom_6:4+, Rom_6:8-11

NOTAS

8:11 La resurrección de los cristianos se halla en estrecha dependencia de la de Cristo, 1Ts_4:14; 1Co_6:14; 1Co_15:20; 2Co_4:14; 2Co_13:4; Rom_6:5; Efe_2:6; Col_1:18; Col_2:12; 2Ti_2:11. Y el Padre los resucitará a su vez por el mismo poder y el mismo don del Espíritu, ver Rom_1:4+. Esta transformación se prepara desde ahora en una vida nueva que hace de ellos hijos (v. 14), a imagen del Hijo, Rom_8:29+, incorporación a Cristo resucitado que se realiza por la fe, Rom_1:16+, y el bautismo, Rom_6:4+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_6:3; Gál_6:8; Efe_4:22-24

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_4:4-7

[2] Gál_5:18; Jua_1:12

NOTAS

8:14 Más que simple «maestro interior», el Espíritu es el principio de una vida propiamente divina en Cristo, ver Rom_5:5+; Gál_2:20.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_15:15; 1Jn_4:18

[2] Rom_5:5+; Gál_4:6

NOTAS

8:15 La misma oración de Cristo en Getsemaní, Mar_14:36+.

NOTAS

8:16 O (Vulg. ): «testifica a nuestro espíritu».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_3:16, Gál_3:26-29; Apo_21:7; Luc_22:28-30; Luc_24:26; Flp_3:10-11; 1Pe_4:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_3:5; Rom_5:2-5; 2Co_4:17

[2] Col_3:3-4; 1Jn_3:2

NOTAS

8:19 El mundo material, creado para el hombre, participa de su mismo destino. Maldito a causa del pecado del hombre, Gén_3:17, actualmente se halla en un estado violento: caducidad, v. Rom_8:20, cualidad de orden moral ligada al pecado del hombre, esclavitud de la corrupción, v. Rom_8:21, cualidad de orden físico. Mas, como el cuerpo del hombre, destinado a la gloria, también él es objeto de redención, vv. Rom_8:21, Rom_8:23; también él tendrá su parte en la libertad del estado glorioso, vv. Rom_8:21, Rom_8:23. La filosofía griega quería liberar el espíritu de la materia considerada como mala; el cristianismo libera la materia misma. Igual extensión de la salvación al mundo no humano (especialmente al mundo angélico) en Col_1:20; Efe_1:10; 2Pe_3:13; Apo_21:1-5. Sobre la nueva creación, ver 2Co_5:17+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_3:17; Gén_6:20+; Ose_4:3+

NOTAS

8:20 Es decir, probablemente, el hombre por su pecado. Otros: Dios por su autoridad vindicativa; o también: Dios como Creador.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Pe_3:12-13; Apo_21:1

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_5:2-5; Flp_3:20-21; Rom_3:24+; Rom_7:24+

NOTAS

8:23 Adic.: «la adopción filial», que aquí tendría matiz escatológico, pero ver v. Rom_8:15.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_5:2+

NOTAS

8:24 Lit.: «fuimos salvados esperando», o «en esperanza». Se trata de la salvación escatológica, ver Rom_5:1-11.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_5:7; Heb_11:1

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Stg_4:3, Stg_4:5+; Rom_5:5+; Rom_8:15

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_11:20+

NOTAS

8:27 Siguiendo a Jesús, Mat_6:5+; Mat_14:23+, y conforme a la costumbre de los primeros cristianos, Hch_2:42+, Pablo recomienda la oración constante, Rom_12:12; Efe_6:18; Flp_4:6; Col_4:2; 1Ts_5:17+; 1Ti_1:8; 1Ti_5:5; ver 1Co_7:5. Él mismo ruega sin descanso por sus fieles, Efe_1:16; Flp_1:4; Col_1:3; Col_1:9; 1Ts_1:2; 1Ts_3:10; 2Ts_1:11; Flm_1:4, como igualmente les pide que rueguen por él, Rom_15:30; 2Co_1:11; Efe_6:19; Flp_1:19; Col_4:3; 1Ts_5:25; 2Ts_3:1; Flm_1:22; Heb_13:18, y los unos por los otros, 2Co_9:14; Efe_6:18; sobre la oración por los hermanos pecadores y enfermos, ver 1Jn_5:16; Stg_5:13-16. Además de las gracias de progreso espiritual, estas oraciones piden la remoción de los obstáculos externos, 1Ts_2:18 y 1Ts_3:10; Rom_1:10, e interiores, 2Co_12:8-9, así como el bien del orden social, 1Ti_1:1-2. Pablo insiste mucho sobre la oración de acción de gracias, 2Co_1:11+; Efe_5:4; Flp_4:6; Col_2:7; Col_4:2; 1Ts_5:18; 1Ti_1:1, que debe seguir a toda acción, Efe_5:20; Col_3:17, especialmente a la comida, Rom_14:6; 1Co_10:31; 1Ti_1:3-5; con ella empieza él mismo todas sus cartas, Rom_1:8, etc. , y quiere que penetre las relaciones de los cristianos entre sí, 1Co_14:17; 2Co_1:11; 2Co_4:15; 2Co_9:11-12. La oración de acción de gracias y de alabanza es el alma de las asambleas litúrgicas, 1Co 11-14, en las que los hermanos se edifican mutuamente por medio de cánticos inspirados, Efe_5:19; Col_3:16. Porque la oración cristiana tiene su origen en el Espíritu Santo, Pablo, más que reiterar los temas sapienciales tradicionales sobre las condiciones y la eficacia de la oración, ver Stg_1:5-8; Stg_4:2-3; Stg_5:16-18; 1Jn_3:22; 1Jn_5:14-16, insiste en la garantía que supone la presencia del Espíritu de Cristo en el cristiano, haciéndole orar con disposiciones de hijo, Rom_8:15, Rom_8:26-27; Gál_4:6; ver Efe_6:18; Jud_1:20, mientras el mismo Cristo, a la derecha del Padre, intercede por nosotros, Rom_8:34; ver Heb_7:25; 1Jn_2:1. En consecuencia, el Padre otorga su favor en forma sobreabundante, Efe_3:20. Los cristianos son los que invocan el nombre de Jesucristo, 1Co_1:2; ver Rom_10:9-13; 2Ti_2:22; Stg_2:7; Hch_2:21+; Hch_9:14; Hch_9:21; Hch_22:16. Sobre la actitud exterior en la oración, ver 1Co_11:4-16; 1Ti_1:8.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_1:4-14

[2] Stg_1:12

[3] Hch_13:48+

NOTAS

8:28 Var. (Vulg. ): «Sabemos que para los que aman, todo concurre al bien, para aquellos... ».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Flp_3:21; 1Co_15:49; Col_1:18

NOTAS

8:29 Cristo, imagen de Dios en la primera creación, Col_1:15+; ver Heb_1:3, por una nueva creación, 2Co_5:17+, ha venido a restituir a la humanidad caída el esplendor de esa imagen divina que el pecado había empañado, Gén_1:26+; Gén_3:22-24+; Rom_5:12+. Y lo hace imprimiéndole la imagen aún más hermosa de hijo de Dios (aquí), que restablece al «hombre nuevo» en la rectitud del juicio moral, Col_3:10+, y le concede el derecho a la gloria que el pecado le había hecho perder, Rom_3:23+. Esta gloria que el hijo posee en propiedad como Imagen de Dios, 2Co_4:4, penetra más y más en el cristiano, 2Co_3:18, hasta el día en que su mismo cuerpo se reves[chtirá de ella a imagen del hombre «celeste», 1Co_15:49.

NOTAS

8:30 Dios todo lo ha ordenado a la gloria que tiene destinada para sus elegidos: en orden a esa gloria son llamados a la fe y justificados por el bautismo, y de ella se hallan ya revestidos anticipadamente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_13:1+

[2] Isa_50:7-9

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_22:16; Jua_3:16; Rom_5:6-11; 2Co_5:14-21; 1Jn_4:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Zac_3:1 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_50:8

[2] Hch_2:23; Sal_110:1; Heb_7:25+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_44:23 [Sal_44:22]; 1Ts_3:4; 2Ti_3:12

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_16:33

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_1:21+

NOTAS

8:39 «Potestades», «altura», «profundidad» designan sin duda las fuerzas misteriosas del cosmos, más o menos hostiles al hombre, según la concepción de los antiguos. Ver Efe_1:21; Efe_3:18.