Colosenses 1 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo el hermano,
2 a los santos de Colosas, hermanos fieles en Cristo. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre.
3 Damos gracias sin cesar a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por vosotros en nuestras oraciones,
4 al tener noticia de vuestra fe en Cristo Jesús y de la caridad que tenéis con todos los santos,
5 a causa de la esperanza que os está reservada en los cielos y acerca de la cual fuisteis ya instruidos por la palabra de la verdad, el Evangelio,
6 que llegó hasta vosotros. El cual fructifica y crece entre vosotros lo mismo que en todo el mundo, desde el día en que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en la verdad;
7 tal como os la enseñó Epafras, nuestro querido consiervo y fiel ministro de Cristo, en lugar nuestro,
8 y nos informó también de vuestro amor en el Espíritu.
9 Por eso, tampoco nosotros dejamos de rogar por vosotros desde el día que lo oímos, y de pedir que lleguéis al pleno conocimiento de su voluntad con toda sabiduría e inteligencia espiritual,
10 para que procedáis de una manera digna del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda obra buena y creciendo en el conocimiento de Dios;
11 fortalecidos con toda fuerza según el poder de su gloria, para ser constantes y pacientes en todo; dando con alegría
12 gracias al Padre que os hizo capaces de participar en la herencia de los santos en la luz.
13 Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino de su Hijo querido,
14 en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados.
15 Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación,
16 porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, tronos, dominaciones, principados, potestades: todo fue creado por él y para él,
17 él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia.
18 Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia: Él es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo,
19 pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la plenitud,
20 y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo seres de la tierra y de los cielos.
21 Y a vosotros, que en otro tiempo erais extraños y enemigos, por vuestros pensamientos y malas obras,
22 os ha reconciliado ahora, por medio de la muerte en su cuerpo de carne, para presentaros santos, inmaculados e irreprensibles delante de Él;
23 con tal que permanezcáis sólidamente cimentados en la fe, firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que oísteis, que ha sido proclamado a toda criatura bajo el cielo y del que yo, Pablo, he llegado a ser ministro.
24 Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia,
25 de la cual he llegado a ser ministro, conforme a la misión que Dios me concedió en orden a vosotros para dar cumplimiento a la palabra de Dios,
26 al misterio escondido desde siglos y generaciones, y manifestado ahora a sus santos,
27 a quienes Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria,
28 al cual nosotros anunciamos, amonestando e instruyendo a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de presentarlos a todos perfectos en Cristo.
29 Por esto precisamente me afano, luchando con la fuerza de Cristo que actúa poderosamente en mí.

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Introducción a Colosenses

Efesios y Colosenses.
Las epístolas a los Efesios y a los Colosenses forman un grupo muy homogéneo: idéntica misión de Tíquico en Col_4:7 s y Efe_6:21 s; sorprendentes semejanzas de estilo y de doctrina entre Col Ef. Pablo se halla todavía preso, Col_4:3, Col_4:10, Col_4:18; Efe_3:1; Efe_4:1; Efe_6:20, y esta vez todos los indicios apuntan a Roma como lugar de su cautiverio (del 61 al 63), más bien que a Cesarea, donde no se explicaría debidamente la presencia de Marcos o de Onésimo, o a Éfeso, donde Lucas no parece haber estado junto a Pablo. Por lo demás, el cambio de estilo y el progreso de la doctrina exigen cierta distancia entre Col, Ef las «epístolas mayores» Co, Ga, Rm. En el intervalo ha surgido una crisis: Epafras, su representante apostólico, Col_1:7, ha venido de Colosas, que no fue evangelizada por el mismo Pablo, Col_1:4; Col_2:1, trayéndole informes alarmantes. Nada más enterarse, Pablo responde con la epístola a los Colosenses que entrega a Tíquico. Pero la reacción suscitada en su espíritu por el nuevo peligro, le hace ahondar más su pensamiento, y así como Rm le había servido para poner en orden las ideas de Ga, también ahora escribe una segunda epístola, prácticamente contemporánea de Col, en la cual estructura su doctrina conforme al nuevo punto de vista que acaba de imponerle la polémica. Esta admirable síntesis es nuestra epístola «a los Efesios». Esta denominación, que ni siquiera se halla textualmente garantizada, ver Efe_1:1, pudiera engañarnos. En realidad, Pablo no se dirige a los fieles de Éfeso, con quienes ha convivido tres años, Efe_1:15; Efe_3:2-4, sino más bien a los creyentes en general y más particularmente a las comunidades del valle del Lico, entre las cuales hace circular su carta, Col_4:16.

La interpretación, cuyas líneas generales acabamos de trazar, respeta la tradición que atribuye Col Ef a Pablo y tiene muchos visos de probabilidad. Pero a partir del s. XIX se ha puesto en duda la autenticidad de estas dos epístolas. Su estilo pesado y repetitivo les parece a algunos impropio de Pablo; las ideas teológicas, en particular las que se refieren al Cuerpo de Cristo, a Cristo, Cabeza del cuerpo y de la Iglesia universal, no son las mismas que aparecen en las cartas anteriores; los errores con los que se enfrentan son posteriores a Pablo, pertenecen más bien al gnosticismo del siglo II. Estas objeciones son serias. Están formuladas por numerosos críticos, incluidos algunos católicos. Pero no son irrefutables. De hecho, en lo que se refiere a Col, hoy día la balanza se inclina más bien a favor de la autenticidad, y esto por buenas razones. Pues no solamente se encuentran en ella las ideas fundamentales de Pablo, sino que las nuevas se explican de manera satisfactoria, por las circunstancias referidas anteriormente. Lo mismo podemos decir de Ef, aun cuando en ésta la duda subsiste. Entre los argumentos a favor de la autenticidad paulina, hay que notar: 1. Ef es obra de un autor dotado de un pensamiento creador, no de alguien que utiliza las ideas de otro. 2. El estilo lento, rico, a veces pesado, de Col Ef, que contrasta con las discusiones rápidas, nerviosas de las cartas anteriores puede explicarse porque Pablo se está abriendo a nuevos y más amplios horizontes. 3. El estilo de las cartas anteriores no es del todo coherente y en ellas encontramos dos ejemplos de este estilo tardío, contemplativo y casi litúrgico en Rom_3:23-26 y 2Co_9:8-14. La verdadera dificultad viene de los numerosos pasajes en que Ef parece repetir las expresiones de Col en forma bastante servil y desmañada; pero esto puede obedecer a que Pablo no solía escribir íntegramente sus cartas, y es posible que en la redacción de Ef haya permitido a un discípulo una intervención más considerable que la de costumbre. Hay que reconocer, sin embargo, que las observaciones 2 y 3 cuadrarían mejor con la hipótesis de un posible autor distinto de Pablo, dotado de una capacidad creadora parecida a la de Pablo, pero dispuesto a repetir servilmente frases enteras de otras cartas paulinas. La dificultad de encontrar un autor tan híbrido para Efesios es una de las principales razones que han impulsado a algunos críticos a suponer que Colosenses, de la que están tomadas la mayoría de las frases, no era tampoco de Pablo. Partiendo, pues, de que la hipótesis más probable es la que admite la autenticidad paulina de estas dos epístolas, mas no la única posible, podríamos reconstruir el origen paulino de Col Ef de la siguiente manera: Los errores en Colosas, contra los que escribe Pablo, no son todavía los de los gnósticos del siglo II, sino más bien ideas que se encuentran habitualmente entre los judíos esenios. El peligro provenía de especulaciones fundamentalmente judías, Col_2:16, sobre las potencias celestes o cósmicas a las que se atribuía el poder de dirigir la marcha del cosmos. Los Colosenses exageraban tanto su importancia que comprometían la supremacía de Cristo.

El autor de la carta acepta el planteamiento del problema sin poner en duda la actividad de tales potencias; incluso las equipara con los ángeles de la tradición judía, ver Col_2:15. Pero lo hace precisamente para situarlas en su justo lugar en el gran plan de la salvación. Las potencias han desempeñado su papel como intermediarios y administradores de la Ley. Hoy en día ese papel ha concluido. El Cristo Kyrios, al instaurar el orden nuevo, tomó en sus manos el gobierno del mundo. Su exaltación celeste le ha elevado por encima de las potencias cósmicas a las que ha despojado de sus antiguos atributos, Col_2:15. Y él, que ya las dominaba en virtud de la primera creación, a título de Hijo, imagen del Padre, las domina definitivamente como cabeza de ellas en la nueva creación, en la que ha asumido en sí todo el pléroma, es decir, toda la plenitud del Ser, de Dios y del mundo en Dios, Col_1:13-20. Los cristianos, liberados de esos «elementos del mundo», Col_2:8, Col_2:20, por su unión con la cabeza y por la participación de su plenitud, Col_2:10, ya no tienen por qué colocarse bajo la tiranía por medio de observancias anticuadas e ineficaces, Col_2:16-23. Unidos por el bautismo con Cristo muerto y resucitado, Col_2:11-13, ellos son los miembros de su cuerpo y sólo de él, como de su cabeza vivifante, reciben su nueva vida, Col_2:19. Sin duda, esta salvación cristiana es siempre lo que primordialmente interesa al autor, pero las exigencias de la polémica le han llevado a precisar la extensión cósmica de la obra de Cristo, integrando en ella junto a la humanidad salvada, ese vasto cosmos que es su marco, cosmos que se encuentra igualmente colocado, en forma indirecta, bajo la depedencia del único Señor. De ahí la ampliación del tema del «Cuerpo de Cristo», esbozado ya anteriormente, 1Co_12:12+, con la novedad de la insistencia en Cristo como cabeza; de ahí la ampliación cósmica de la obra de la salvación; de ahí el horizonte dilatado en que a Cristo se le considera más bien en su triunfo celeste, mientras la Iglesia en su unidad colectiva se va edificando hacia él; de ahí, en fin, el relieve más acentuado de la escatología ya realizada, ver Efe_2:6+.

Estas perspectivas se repiten en la epístola a los Efesios. Pero el esfuerzo polémico para asignar su puesto a las potencias ha producido sus frutos, Efe_1:20-22, y las miradas más bien se dirigen a la Iglesia, cuerpo de Cristo que se dilata con las dimensiones del universo nuevo, «plenitud del que lo llena todo en todo», Efe_1:23. En esta contemplación suprema que es como la cumbre de su obra, el autor reitera muchos temas antiguos para ordenarlos en la síntesis más vasta a que ha llegado. Vuelve a considerar especialmente los problemas de la epístola a los Romanos, esa otra obra cumbre que coronaba la etapa anterior de su pensamiento. No sólo evoca en breves palabras los resúmenes de aquélla sobre el pasado pecador de la humanad y sobre la gratuidad de la salvación por Cristo, Efe_2:1-10, sino que también reconsidera el problema de los judíos y de los gentiles que anteriormente le angustiaba, Rm 9-11. Y en esta ocasión lo hace a la serena luz de la escatología realizada en el Cristo celeste: en adelante, los dos pueblos se le presentan unidos, reconciliados en un solo hombre nuevo, y caminando de común concierto hacia el Padre, Efe_2:11-22. Este acceso de los gentiles a la salvación de Israel en Cristo es el gran «misterio», Efe_1:9; Efe_3:3-6, Efe_3:9; Efe_6:19; Col_1:27; Col_2:2; Col_4:3, cuya contemplación le inspira acentos inimitables sobre la infinita sabiduría que se despliega en este misterio, Efe_3:9 s; Col_2:3, sobre la caridad insondable de Cristo que en él se manifiesta, Efe_3:18 s, sobre la elección enteramente gratuita que ha hecho de él el ministro de ese misterio, Efe_3:2-8. Este plan de salvación se ha desarrollado por etapas conforme a los designios eternos de Dios, Efe_1:3-14, que culminan en los desposorios de Cristo con la humanidad salvada que es la Iglesia, Efe_5:22-32.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:1+

[2] Hch_16:1+



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_9:13+

NOTAS

1:2 Adic. (Vulg. ): «y del Señor Jesucristo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Efe_1:15-16

[2] |Flm_1:4-5

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_13:13+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Efe_1:13; Gál_1:6+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:16; 1Ts_2:13; Hch_14:3; Hch_20:24; Hch_20:32; 2Co_6:1

NOTAS

1:7 Var. (Vulg. ): «servidor vuestro».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_13:1+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Efe_1:15

[2] Col_3:10+

[3] Rom_12:2+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_2:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_26:18; Efe_1:11-13; 1Pe_2:9

NOTAS

1:12 «os (var:. «nos») ha hecho capaces de». -La herencia es la salvación, reservada en otro tiempo a Israel, y a la que también ahora son llamados los gentiles; ver Efe_1:11-13. Los santos son los cristianos, llamados desde ahora a vivir en la luz de la salvación, Rom_6:19+; Rom_13:11-12+, o los ángeles que viven con Dios en la luz escatológica. Ver Hch_9:13+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_8:12+; Gál_1:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Efe_1:6-7; Rom_3:24+

NOTAS

1:14 Adic. (Vulg. ): «por su sangre», ver Efe_1:7.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_7:26

[2] Col_1:18+; Rom_8:29; Heb_1:3; Jua_1:3

NOTAS

1:15 Pablo cita aquí un primitivo himno cristiano, Col_3:16, compuesto de dos estrofas, vv. Col_1:15, Col_1:16 ae y vv. Col_1:18 bc, Col_1:19-20 a, que celebraba el papel de Cristo en la primera y en la nueva creación, 2Co_5:17. En los vv. Col_1:16 bcd, Col_1:20 b, desarrolla el significado de «todas las cosas», por reacción contra la preeminencia que los colosenses daban a los ángeles, Col_2:18.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_1:10

[2] Efe_1:21+

[3] 1Co_8:6+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_1:24; Efe_1:22-23; Efe_5:23 s

[2] Pro_8:22

[3] 1Co_15:20; Apo_1:5

NOTAS

1:18 Sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo, ver 1Co_12:12+. Cristo es su cabeza por su prioridad en el tiempo (v. 18; él es el primer resucitado) así como por su función de Principio en el orden de la salvación, v. Col_1:20.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_2:9+

NOTAS

1:19 Palabra de interpretación difícil, en la que muchos ven indicada la plenitud de la divinidad como en Col_2:9. Pero aquí se puede pensar más bien en la idea muy bíblica del universo «lleno» de la presencia creadora de Dios, ver Isa_6:3; Jer_23:24; Sal_24:1; Sal_50:12; Sal_72:19; Sab_1:7; Sir_43:27, etc. , idea por otra parte muy difundida en el mundo grecorromano por el panteísmo estoico. Para Pablo, la Encarnación, coronada por la Resurrección, ha puesto a la naturaleza humana de Cristo a la cabeza no sólo del género humano, sino también de todo el universo creado, asociado en la salvación, como lo había estado en el pecado, ver Rom_8:19-22; 1Co_3:22; 1Co_15:20-28; Efe_1:10; Efe_4:10; Flp_2:10; Flp_3:21; Heb_2:5-8. Ver Col_2:15+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_1:10; Efe_2:14, Efe_2:16

[2] Flp_2:8

NOTAS

1:20 (a) Por Cristo y para Cristo, en paralelismo con el final del v. Col_1:16. Otra interpretación refiere el segundo «él» al Padre y traduce: «para reconciliar consigo», ver Rom_5:10; 2Co_5:18.

1:20 (b) Esta reconciliación universal engloba a todos los espíritus celestes, lo mismo que a todos los hombres. Pero no significa la salvación individual de todos, sino la salvación colectiva del mundo por su vuelta al orden y a la paz en la sumisión perfecta a Dios. Los individuos que no entren por la gracia en este nuevo orden, entrarán por la fuerza, ver Col_2:15; 1Co_15:24-25 (los espíritus celestes) y 2Ts_1:8-9; 1Co_6:9-10; Gál_5:21; Rom_2:8; Efe_5:5 (los hombres).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_2:1 s; Efe_4:18-19

NOTAS

1:21 Extraños a Dios y enemigos suyos, como lo sugieren el contexto y el paralelo Efe_4:18, más que extraños a Israel, como lo precisará Efe_2:12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_2:14-16

[2] 1Co_1:8+; Efe_5:27+

NOTAS

1:22 «su», e. d. , de su Hijo. El cuerpo individual (de carne) de Cristo es el lugar donde se realiza la reconciliación, porque reúne en sí virtualmente a todo el género humano, ver Efe_2:14-16, cuyo pecado ha tomado sobre sí, 2Co_5:21. La «carne» es el estado del cuerpo sometido al pecado, ver Rom_8:3; Rom_7:5+; Heb_4:15.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_1:5 s

[2] Mar_16:15

[3] Efe_3:7

NOTAS

1:23 Es decir, a todos los hombres.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_7:4; 2Co_12:10

[2] Col_2:1

[3] Rom_8:17-18; 2Co_4:8-10; Flp_3:10

[4] Col_1:18+

NOTAS

1:24 Col no dice en absoluto que Cristo no haya llevado a cabo todo lo que tenía que realizar (Col_1:19-20, Col_1:22; Col_2:9-10, Col_2:13; Col_3:1) ni que no haya sufrido lo bastante, como para que el Apóstol tenga que llevar a su plena realización los sufrimientos redentores por la Iglesia: porque en tal caso, la mediación de Cristo no sería perfecta, y la Epístola no se cansa de decir lo contrario. Lo que Pablo debe llevar a cabo es su propio itinerario apostólico, que él llama «tribulaciones de Cristo en mi carne» y que reproduce el de Cristo, en su manera de vivir y de sufrir por y para el anuncio del Evangelio y la Iglesia.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_3:6; Gál_2:8

[2] Rom_15:19

[3] Rom_16:25+; Efe_3:10+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_9:13+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_3:4

NOTAS

1:27 Los gentiles se hallaban anteriormente como excluidos de la salvación, reservada entonces a Israel; por eso estaban «lejos de Cristo» y «sin esperanza», Efe_2:12. El designio del plan divino, su «misterio», finalmente revelado, es llamarles también a ellos a la salvación y a la gloria celeste mediante la unión con Cristo. Ver Efe_2:13-22; Efe_3:3-6.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_2:6

[2] Efe_4:13+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Flp_2:13; Flp_4:13; 2Ts_1:11