Colosenses 4 Biblia Jerusalén (1998) | 18 versitos |
1 Amos, dad a vuestros esclavos lo que es justo y equitativo, teniendo presente que también vosotros tenéis un amo en el cielo.
2 Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias;
3 orad al mismo tiempo también por nosotros para que Dios nos abra la puerta a la palabra, y podamos anunciar el misterio de Cristo, por cuya causa estoy yo encarcelado,
4 para darlo a conocer anunciándolo como debo.
5 Portaos prudentemente con los de fuera, aprovechando bien la ocasión.
6 Que vuestra conversación sea siempre amena, sazonada con sal, sabiendo responder a cada cual como conviene.
7 En cuanto a mí, de todo os informará Tíquico, el hermano querido, fiel ministro y compañero en el servicio del Señor,
8 a quien os envío expresamente para que sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones.
9 Y con él a Onésimo, el hermano fiel y querido, que es uno de los vuestros. Ellos os informarán de todo cuanto aquí sucede.
10 Os saludan Aristarco, mi compañero de cautiverio, y Marcos, primo de Bernabé, acerca del cual recibisteis ya instrucciones. Si va a vosotros, dadle buena acogida.
11 Os saluda también Jesús, llamado Justo; son los únicos de la circuncisión que colaboran conmigo por el Reino de Dios y que han sido para mí un consuelo.
12 Os saluda Epafras, que es uno de los vuestros, siervo de Cristo Jesús, que lucha siempre a favor vuestro en sus oraciones, para que seáis constantes y perfectos cumplidores de toda voluntad divina.
13 Yo soy testigo de lo mucho que se afana por vosotros, por los de Laodicea y por los de Hierápolis.
14 Os saluda Lucas, el médico querido, y Demas.
15 Saludad a los hermanos de Laodicea, a Ninfa y a la iglesia de su casa.
16 Una vez que hayáis leído esta carta entre vosotros, procurad que sea también leída en la iglesia de Laodicea. Y vosotros leed la de Laodicea.
17 Decid a Arquipo: "Considera el ministerio que recibiste en el Señor, para que lo cumplas."
18 El saludo va de mi mano, Pablo. Acordaos de mis cadenas. La gracia sea con vosotros.

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Introducción a Colosenses

Efesios y Colosenses.
Las epístolas a los Efesios y a los Colosenses forman un grupo muy homogéneo: idéntica misión de Tíquico en Col_4:7 s y Efe_6:21 s; sorprendentes semejanzas de estilo y de doctrina entre Col Ef. Pablo se halla todavía preso, Col_4:3, Col_4:10, Col_4:18; Efe_3:1; Efe_4:1; Efe_6:20, y esta vez todos los indicios apuntan a Roma como lugar de su cautiverio (del 61 al 63), más bien que a Cesarea, donde no se explicaría debidamente la presencia de Marcos o de Onésimo, o a Éfeso, donde Lucas no parece haber estado junto a Pablo. Por lo demás, el cambio de estilo y el progreso de la doctrina exigen cierta distancia entre Col, Ef las «epístolas mayores» Co, Ga, Rm. En el intervalo ha surgido una crisis: Epafras, su representante apostólico, Col_1:7, ha venido de Colosas, que no fue evangelizada por el mismo Pablo, Col_1:4; Col_2:1, trayéndole informes alarmantes. Nada más enterarse, Pablo responde con la epístola a los Colosenses que entrega a Tíquico. Pero la reacción suscitada en su espíritu por el nuevo peligro, le hace ahondar más su pensamiento, y así como Rm le había servido para poner en orden las ideas de Ga, también ahora escribe una segunda epístola, prácticamente contemporánea de Col, en la cual estructura su doctrina conforme al nuevo punto de vista que acaba de imponerle la polémica. Esta admirable síntesis es nuestra epístola «a los Efesios». Esta denominación, que ni siquiera se halla textualmente garantizada, ver Efe_1:1, pudiera engañarnos. En realidad, Pablo no se dirige a los fieles de Éfeso, con quienes ha convivido tres años, Efe_1:15; Efe_3:2-4, sino más bien a los creyentes en general y más particularmente a las comunidades del valle del Lico, entre las cuales hace circular su carta, Col_4:16.

La interpretación, cuyas líneas generales acabamos de trazar, respeta la tradición que atribuye Col Ef a Pablo y tiene muchos visos de probabilidad. Pero a partir del s. XIX se ha puesto en duda la autenticidad de estas dos epístolas. Su estilo pesado y repetitivo les parece a algunos impropio de Pablo; las ideas teológicas, en particular las que se refieren al Cuerpo de Cristo, a Cristo, Cabeza del cuerpo y de la Iglesia universal, no son las mismas que aparecen en las cartas anteriores; los errores con los que se enfrentan son posteriores a Pablo, pertenecen más bien al gnosticismo del siglo II. Estas objeciones son serias. Están formuladas por numerosos críticos, incluidos algunos católicos. Pero no son irrefutables. De hecho, en lo que se refiere a Col, hoy día la balanza se inclina más bien a favor de la autenticidad, y esto por buenas razones. Pues no solamente se encuentran en ella las ideas fundamentales de Pablo, sino que las nuevas se explican de manera satisfactoria, por las circunstancias referidas anteriormente. Lo mismo podemos decir de Ef, aun cuando en ésta la duda subsiste. Entre los argumentos a favor de la autenticidad paulina, hay que notar: 1. Ef es obra de un autor dotado de un pensamiento creador, no de alguien que utiliza las ideas de otro. 2. El estilo lento, rico, a veces pesado, de Col Ef, que contrasta con las discusiones rápidas, nerviosas de las cartas anteriores puede explicarse porque Pablo se está abriendo a nuevos y más amplios horizontes. 3. El estilo de las cartas anteriores no es del todo coherente y en ellas encontramos dos ejemplos de este estilo tardío, contemplativo y casi litúrgico en Rom_3:23-26 y 2Co_9:8-14. La verdadera dificultad viene de los numerosos pasajes en que Ef parece repetir las expresiones de Col en forma bastante servil y desmañada; pero esto puede obedecer a que Pablo no solía escribir íntegramente sus cartas, y es posible que en la redacción de Ef haya permitido a un discípulo una intervención más considerable que la de costumbre. Hay que reconocer, sin embargo, que las observaciones 2 y 3 cuadrarían mejor con la hipótesis de un posible autor distinto de Pablo, dotado de una capacidad creadora parecida a la de Pablo, pero dispuesto a repetir servilmente frases enteras de otras cartas paulinas. La dificultad de encontrar un autor tan híbrido para Efesios es una de las principales razones que han impulsado a algunos críticos a suponer que Colosenses, de la que están tomadas la mayoría de las frases, no era tampoco de Pablo. Partiendo, pues, de que la hipótesis más probable es la que admite la autenticidad paulina de estas dos epístolas, mas no la única posible, podríamos reconstruir el origen paulino de Col Ef de la siguiente manera: Los errores en Colosas, contra los que escribe Pablo, no son todavía los de los gnósticos del siglo II, sino más bien ideas que se encuentran habitualmente entre los judíos esenios. El peligro provenía de especulaciones fundamentalmente judías, Col_2:16, sobre las potencias celestes o cósmicas a las que se atribuía el poder de dirigir la marcha del cosmos. Los Colosenses exageraban tanto su importancia que comprometían la supremacía de Cristo.

El autor de la carta acepta el planteamiento del problema sin poner en duda la actividad de tales potencias; incluso las equipara con los ángeles de la tradición judía, ver Col_2:15. Pero lo hace precisamente para situarlas en su justo lugar en el gran plan de la salvación. Las potencias han desempeñado su papel como intermediarios y administradores de la Ley. Hoy en día ese papel ha concluido. El Cristo Kyrios, al instaurar el orden nuevo, tomó en sus manos el gobierno del mundo. Su exaltación celeste le ha elevado por encima de las potencias cósmicas a las que ha despojado de sus antiguos atributos, Col_2:15. Y él, que ya las dominaba en virtud de la primera creación, a título de Hijo, imagen del Padre, las domina definitivamente como cabeza de ellas en la nueva creación, en la que ha asumido en sí todo el pléroma, es decir, toda la plenitud del Ser, de Dios y del mundo en Dios, Col_1:13-20. Los cristianos, liberados de esos «elementos del mundo», Col_2:8, Col_2:20, por su unión con la cabeza y por la participación de su plenitud, Col_2:10, ya no tienen por qué colocarse bajo la tiranía por medio de observancias anticuadas e ineficaces, Col_2:16-23. Unidos por el bautismo con Cristo muerto y resucitado, Col_2:11-13, ellos son los miembros de su cuerpo y sólo de él, como de su cabeza vivifante, reciben su nueva vida, Col_2:19. Sin duda, esta salvación cristiana es siempre lo que primordialmente interesa al autor, pero las exigencias de la polémica le han llevado a precisar la extensión cósmica de la obra de Cristo, integrando en ella junto a la humanidad salvada, ese vasto cosmos que es su marco, cosmos que se encuentra igualmente colocado, en forma indirecta, bajo la depedencia del único Señor. De ahí la ampliación del tema del «Cuerpo de Cristo», esbozado ya anteriormente, 1Co_12:12+, con la novedad de la insistencia en Cristo como cabeza; de ahí la ampliación cósmica de la obra de la salvación; de ahí el horizonte dilatado en que a Cristo se le considera más bien en su triunfo celeste, mientras la Iglesia en su unidad colectiva se va edificando hacia él; de ahí, en fin, el relieve más acentuado de la escatología ya realizada, ver Efe_2:6+.

Estas perspectivas se repiten en la epístola a los Efesios. Pero el esfuerzo polémico para asignar su puesto a las potencias ha producido sus frutos, Efe_1:20-22, y las miradas más bien se dirigen a la Iglesia, cuerpo de Cristo que se dilata con las dimensiones del universo nuevo, «plenitud del que lo llena todo en todo», Efe_1:23. En esta contemplación suprema que es como la cumbre de su obra, el autor reitera muchos temas antiguos para ordenarlos en la síntesis más vasta a que ha llegado. Vuelve a considerar especialmente los problemas de la epístola a los Romanos, esa otra obra cumbre que coronaba la etapa anterior de su pensamiento. No sólo evoca en breves palabras los resúmenes de aquélla sobre el pasado pecador de la humanad y sobre la gratuidad de la salvación por Cristo, Efe_2:1-10, sino que también reconsidera el problema de los judíos y de los gentiles que anteriormente le angustiaba, Rm 9-11. Y en esta ocasión lo hace a la serena luz de la escatología realizada en el Cristo celeste: en adelante, los dos pueblos se le presentan unidos, reconciliados en un solo hombre nuevo, y caminando de común concierto hacia el Padre, Efe_2:11-22. Este acceso de los gentiles a la salvación de Israel en Cristo es el gran «misterio», Efe_1:9; Efe_3:3-6, Efe_3:9; Efe_6:19; Col_1:27; Col_2:2; Col_4:3, cuya contemplación le inspira acentos inimitables sobre la infinita sabiduría que se despliega en este misterio, Efe_3:9 s; Col_2:3, sobre la caridad insondable de Cristo que en él se manifiesta, Efe_3:18 s, sobre la elección enteramente gratuita que ha hecho de él el ministro de ese misterio, Efe_3:2-8. Este plan de salvación se ha desarrollado por etapas conforme a los designios eternos de Dios, Efe_1:3-14, que culminan en los desposorios de Cristo con la humanidad salvada que es la Iglesia, Efe_5:22-32.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Efe_6:18-20; Rom_12:12; 1Ts_5:6, 1Ts_5:17 s



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_15:30+

[2] 1Co_16:9+

[3] Rom_16:25+

NOTAS

4:3 Var.: «de Dios», ver Col_2:2.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Efe_5:15

[2] 1Co_5:12+; Efe_5:16; 2Co_6:2+; Sab_8:9

NOTAS

4:6 «sazonada con sal»; imagen frecuente entre los antiguos. Ver Mar_9:50.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Efe_6:21

[2] Hch_20:4+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Flm_1:10+

NOTAS

4:8 Tíquico era el portador de la carta.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Flm_1:23 s; Hch_19:29+

[2] Hch_12:12+

NOTAS

4:10 Sobre Aristarco, ver Hch_19:29+. Sobre Marcos, Hch_12:12+. «Jesús, llamdo el Justo» no aparece en ninguna otra parte: su sobrenombre era común entre judíos y prosélitos, ver Hch_1:23; Hch_18:7. El colosense Epafras (distinto del Epafrodito de Filipos, Flp_2:25; Flp_4:18), es el discípulo a quien Pablo había confiado la evangelización de Colosas, Col_1:7; ver Hch_19:10+. Lucas es el autor del tercer Evangelio y de los Hechos; compañero de Pablo en la última parte del tercer viaje, Hch_20:5, y en el viaje a Roma, Hch_27:1, sigue al lado de Pablo en la prisión, ver Flm_1:24, y allí se encontrará también durante la segunda cautividad, 2Ti_2:11. Sobre Demas, ver Flm_1:24 y 2Ti_4:10. Ninfa es desconocido (quizá se trate de una mujer). Arquipo, v. Col_4:17, es, sin duda, el hijo de Filemón, Flm_1:2; se ignora la naturaleza de su ministerio.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_15:30

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_16:5+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ts_5:27

[2] 1Ti_4:13

NOTAS

4:16 Las cartas de Pablo debían ser leídas en presencia de todos los hermanos, 1Ts_5:27, y luego enviadas a las regiones vecinas, ver 2Co_1:1. La carta que los colosenses recibirán de Laodicea es, sin duda, nuestra epístola a los Efesios.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Flm_1:2

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Ts_3:17; 1Co_16:21; Gál_6:11; Efe_3:2+

NOTAS

4:18 Adic. (Vulg. ): «Amén», ver Flp_4:23.