Tito 1 Biblia Jerusalén (1998) | 16 versitos |
1 Pablo, siervo de Dios, apóstol de Jesucristo para llevar a los elegidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdad que es conforme a la piedad,
2 con la esperanza de vida eterna, prometida desde toda la eternidad por Dios que no miente,
3 y que en el tiempo oportuno ha manifestado su palabra por la predicación a mí encomendada según el mandato de Dios nuestro Salvador,
4 a Tito, verdadero hijo según la fe común. Gracia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Salvador.
5 El motivo de haberte dejado en Creta, fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené.
6 El candidato debe ser irreprochable, casado una sola vez, cuyos hijos sean creyentes, no tachados de libertinaje ni de rebeldía.
7 Porque el epíscopo, como administrador de Dios, debe ser irreprochable; no arrogante, no colérico, no bebedor, no violento, no dado a negocios sucios;
8 sino hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, piadoso, dueño de sí.
9 Que esté adherido a la palabra fiel, conforme a la enseñanza, para que sea capaz de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que la contradicen.
10 Porque hay muchos rebeldes, vanos habladores y embaucadores, sobre todo entre los de la circuncisión,
11 a quienes es menester tapar la boca, porque son hombres que trastornan familias enteras, enseñando por torpe ganancia lo que no deben.
12 Uno de ellos, profeta suyo, dijo: "Cretenses siempre mentirosos, malas bestias, vientres perezosos."
13 Este testimonio es verdadero. Por tanto repréndeles severamente, a fin de que conserven sana la fe,
14 y no den oídos a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.
15 Para los limpios todo es limpio; mas para los contaminados y no creyentes nada hay limpio, pues su mente y conciencia están contaminadas.
16 Profesan conocer a Dios, mas con sus obras le niegan; son abominables y rebeldes e incapaces de toda obra buena.

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Introducción a Tito

I y II Timoteo y Tito.
Estas cartas dirigidas a dos de los más fieles discípulos de Pablo, Hch_16:14; 2Co_2:13, ofrecen directrices para la organización y el régimen de las comunidades cristianas que se les han confiado. Por esta razón se las llama «pastorales» desde el siglo XVIII. Estas cartas presentan divergencias notables con las otras de Pablo. Difieren considerablemente en el vocabulario. Muchas palabras de uso frecuente en las anteriores epístolas no aparecen en éstas, y sí en cambio otras, y en gran proporción, que no figuran en las primeras. El estilo ya no es apasionado ni entusiasta, sino frío y burocrático. El modo de abordar los problemas ha cambiado. Pablo se limita a condenar las falsas doctrinas en lugar de oponerse a ellas con argumentos persuasivos. Finalmente es difícil situar estas cartas en el decurso de la vida de Pablo, tal como los Hechos nos la describen. Se comprende así que se cuestione la autenticidad de las Pastorales. Frecuentemente se explican estas diferencias invocando la edad avanzada de Pablo, que habría dejado más libertad a un secretario (quizás Lucas, 2Tm_4:11) y la deficiente información sobre los detalles de la vida de Pablo después de su liberación de la prisión romana. Pero muchos críticos rechazan estos argumentos por demasiado subjetivos, y sostienen que las Pastorales son obra de un discípulo de Pablo, de fines del siglo I, con el objeto de resolver problemas de una Iglesia bastante diferente. Esta hipótesis no es en absoluto imposible, pero no hay ningún testimonio que indique que existían ya las cartas pseudoepigráficas y que tuvieran alguna aceptación. 2Ts_2:2 y Apo_22:18 demuestran que los primeros cristianos veían la necesidad de distinguir los escritos auténticos de los falsos. Unos pocos críticos defienden una posición intermedia entre estos dos extremos: según ellos un cristiano, discípulo de Pablo, habría heredado las tres cartas personales conservadas por Timoteo y Tito hasta su muerte. Las completó añadiendo lo que creía que Pablo habría respondido a los nuevos problemas de la Iglesia. Las Pastorales no serían, pues, del Apóstol, pero contendrían fragmentos auténticos: por ejemplo 2Tm_1:15-18; 2Tm_4:9-15; Tit_3:12-14. Las dudas sobre la extensión y el numero de estos fragmentos restan valor a la hipótesis, carente de pruebas en apoyo de tal práctica editorial en aquella época.

La insuficiencia de estas hipótesis hace pensar en un error metodológico cuando se toman las Pastorales como un conjunto unificado, por lo cual ciertas observaciones válidas para una carta, se las aplica a las demás, creando confusión. Por el contrario, el estudio detallado de cada una de las cartas demuestra una proximidad mayor entre 1 Tm y Tt que entre cualquiera de éstas y 2 Tm. Si se estudia esta última aisladamente, no existe ninguna objeción convincente que impida admitir que haya sido escrita por Pablo. Al tener como destinatario una persona, difiere de las cartas dirigidas a las iglesias, como la carta de Ignacio a la iglesia de Esmirna difiere de su carta a Policarpo, obispo de la misma iglesia. Si admitimos que 2Tm_4:6 no alude a una muerte próxima, 2 Tm se enmarca naturalmente en el final del cautiverio de Pablo en Roma, Hch_28:16 s, mientras esperaba su liberación. Y si admitimos la autenticidad de 2 Tm, el carácter heterógeneo de 1 Tm y Tt resulta más evidente dentro del corpus paulino. De modo particular, la visión del ministerio que en ellas se desarrolla contrasta vivamente con la dinámica misionera propia de Pablo, 1Tm_1:6-8; Flp_2:14-16. Lo que domina aquí es la preocupación por una conducta ciudadana respetuosa y sumisa, 1Tm_2:1-2; 1Tm_6:2; Tit_3:1-2, y las cualidades requeridas para los ministros son las propias de cualquier burócrata, 1Tm_3:1-13; Tit_1:5-9. Se ha producido, pues, una clara evolución en las iglesias paulinas. De una Iglesia entusiasta, inflamada por el Espíritu, se ha pasado a una comunidad organizada. El jefe carismático ha dejado su puesto a una direccción institucional; pero no hay todavía trazas del tipo de episcopado monárquico, atestiguado por Ignacio de Antioquía. La autoridad en la Iglesia es colegiada y los «epíscopos», 1Tm_3:2-5, tienen la misma función que los «presbíteros», 1Tm_5:17. Cada presbítero debe tener las cualidades de un «epíscopo», Tit_1:6-9. No conviene, pues, señalar para 1 Tm y Tt una fecha demasiado tardía dentro del siglo I.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:1+

[2] 1Ti_2:4; 2Ti_2:25; 2Ti_3:7

NOTAS

1 Este sobrescrito, vv. Tit_1:1-3, condensa toda una teología de la salvación y del apostolado.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_23:19+; 2Ti_2:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:7+; Rom_3:26

[2] 1Ti_1:1+, 1Ti_1:11

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_2:13+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_27:8 s

NOTAS

1:5 (a) Pablo habitualmente pone los fundamentos de la evangelización, y deja a otros el cuidado de completarla, ver 1Co_1:17; 1Co_3:6; 1Co_3:10; Col_1:7+; Rom_15:23+.

1:5 (b) Conforme a una costumbre heredada del antiguo Israel (Éxo_18:13; Núm_11:16; Jos_8:10; 1Sa_1:4; Isa_9:14 [Isa_9:15]; Eze_8:1, Eze_8:11, etc), y del Judaísmo (Esd_5:5; Esd_10:14; Jdt_6:16; Luc_7:3; Luc_22:66; Hch_4:5, etc; Josefo, Filón, etc. ), las primeras comunidades cristianas, tanto en Jerusalén (Hch_11:30; Hch_15:2; Hch_21:18) como en la Dispersión (Hch_14:23; Hch_20:17; Tit_1:5; 1Pe_5:1), tenían al frente un colegio de «presbíteros», ancianos (sentido etimológico) o notables. Los «epíscopos» (etim. «vigilantes», ver Hch_20:28) -término que no equivale todavía al actual de «obispos»- aparecen relacionados con los «diáconos» (Flp_1:1; 1Ti_1:1-13; Padres Apostólicos), en algunos textos parecen (Tit_1:5, Tit_1:7; Hch_20:17, Hch_20:28) prácticamente idénticos a los «presbíteros». Con todo, su título, que se encuentra en el mundo griego, pero puede ser también de origen semítico (ver el Mebaqquer de los Esenios; ver ya Núm_4:16; Núm_31:14; Jue_9:28; 2Re_11:15; 2Re_11:18; 2Re_12:11 [2Re_12:10], etc. ), más bien designa una función, un oficio, mientras que el de «presbítero» connota un estado, una dignidad. Puede ser que los epíscopos fueran designados, por turno quizá, en el colegio de los presbíteros para ejercer determinadas actividades, ver 1Ti_1:17. De todos modos, los presbíteros y epíscopos cristianos, no sólo eran encargados de la administración temporal, sino también de la enseñanza, 1Ti_1:2; 1Ti_5:17; Tit_1:9, y del gobierno, 1Ti_3:5; Tit_1:7, establecidos por los Apóstoles, Hch_14:23, o por sus representantes, Tit_1:5, mediante la imposición de manos, 1Ti_5:22; ver 1Ti_4:14+; 2Ti_1:6.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ti_3:2-7

[2] Pro_28:7

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ti_3:1 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Ti_2:24; 1Pe_5:2

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ti_1:10+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ti_4:1; 2Ti_3:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Ti_3:6; 1Ti_6:10

NOTAS

1:12 Cita, al menos en las primeras palabras, del poeta cretense Epiménides de Cnosos (siglo VI).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ti_1:10; 1Ti_1:4+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ti_4:4

NOTAS

1:15 Dicho proverbial que adquiere un matiz cristiano, Mat_15:10-20 p; Rom_14:14-23; ver Jua_13:10+; Heb_9:10; etc.