I Pedro 3 Biblia Jerusalén (1998) | 22 versitos |
1 Igualmente, vosotras, mujeres, sed sumisas a vuestros maridos para que, si incluso algunos no creen en la palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres,
2 al considerar vuestra conducta casta y respetuosa.
3 Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas,
4 sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un espíritu dulce y sereno: esto es precioso ante Dios.
5 Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sumisas a sus maridos;
6 así obedeció Sara a Abrahán, llamándole Señor. De ella os hacéis hijas cuando obráis bien, sin tener ningún temor.
7 De igual manera vosotros, maridos, en la vida común sed comprensivos con la mujer que es un ser más frágil, tributándoles honor como coherederas que son también de la gracia de Vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculo.
8 En conclusión, tened todos unos mismos sentimientos, sed compasivos, amaos como hermanos, sed misericordiosos y humildes.
9 No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto; por el contrario, bendecid, pues habéis sido llamados a heredar la bendición.
10 Pues quien quiera amar la vida y ver días felices, guarde su lengua del mal, y sus labios de palabras engañosas,
11 apártese del mal y haga el bien, busque la paz y corra tras ella.
12 Pues los ojos del Señor miran a los justos y sus oídos escuchan su oración, pero el rostro del Señor contra los que obran el mal.
13 Y ¿quién os hará mal si os afanáis por el bien?
14 Mas, aunque sufrierais a causa de la justicia, dichosos vosotros. No les tengáis ningún miedo ni os turbéis.
15 Al contrario, dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza.
16 Pero hacedlo con dulzura y respeto. Mantened una buena conciencia, para que aquello mismo que os echen en cara, sirva de confusión a quienes critiquen vuestra buena conducta en Cristo.
17 Pues más vale padecer por obrar el bien, si esa es la voluntad de Dios, que por obrar el mal.
18 Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu.
19 En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados,
20 en otro tiempo incrédulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios, en los días en que Noé construía el arca, en la que unos pocos, es decir ocho personas, fueron salvados a través del agua;
21 a ésta corresponde ahora el bautismo que os salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo,
22 que, habiendo ido al cielo, está a la diestra de Dios, y le están sometidos los ángeles, las dominaciones y las potestades.

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Introducción a I Pedro

Primera epístola de San Pedro.
Dos epístolas católicas reivindican la paternidad de San Pedro. La primera, que lleva en el saludo el nombre del príncipe de los apóstoles, 1Pe_1:1, fue admitida sin oposición desde los comienzos de la Iglesia: utilizada probablemente por Clemente de Roma y ciertamente por Policarpo, es atribuida explícitamente a San Pedro a partir de Ireneo. El apóstol escribe desde Roma (Babilonia, 1Pe_5:13), donde se encuentra con Marcos a quien llama «su hijo». Aunque sabemos muy poco acerca del fin de su vida, una tradición bien atestiguada le hace venir efectivamente a la capital del imperio donde murió mártir bajo Nerón (¿64 ó 67?). Se dirige a los cristianos «de la Dispersión» precisando los nombres de cinco provincias, 1Pe_1:1, que prácticamente representan el conjunto del Asia Menor. Por lo que dice de su pasado, 1Pe_1:14, 1Pe_1:18; 1Pe_2:9 s; 1Pe_4:3, da a entender que se trata de convertidos de la gentilidad, si bien no se excluye la presencia de judeocristianos entre ellos. Por eso les escribe en griego; y si este griego, sencillo, pero correcto y armonioso, parece demasiado bueno para el pescador galileo, conocemos el nombre del discípulo-secretario que le pudo ayudar en su redacción: Silvano, 1Pe_5:12, a quien comúnmente se identifica con el antiguo compañero de San Pablo, Hch_15:22+.

El propósito de esta epístola es sostener la fe de sus destinatarios en medio de las tribulaciones que les asaltan. Se ha querido ver en ellas persecuciones oficiales como las de Domiciano o aun las de Trajano, lo que supondría una época muy posterior a San Pedro. Pero nada parecido exigen las alusiones de la epístola. Más bien se trata de violencias privadas, de injurias y calumnias que la pureza de vida de los convertidos les concita de parte de aquellos cuya conducta desarreglada abandonaron, 1Pe_2:12; 1Pe_3:16; 1Pe_4:4, 1Pe_4:12.

Otra dificultad se ha suscitado contra la autenticidad de la epístola: el uso considerable que parece hacer de otros escritos del NT, especialmente de St, Rm Ef, y que sorprende tanto más cuanto que, en cambio, parece utilizar poco el Evangelio. Sin embargo, las reminiscencias evangélicas, aun siendo discretas, son numerosas; y si estuvieran más subrayadas, no faltaría quien dijera que un seudónimo trató así de hacerse pasar por Pedro. En cuanto a las relaciones con Santiago y Pablo, no deben exagerarse. Ninguno de los temas específicamente paulinos (valor transitorio de la Ley judía, cuerpo de Cristo, etc.) aparece en la epístola. Y muchos de los temas que igualmente se consideran «paulinos», porque nos son conocidos sobre todo por las epístolas de Pablo, en realidad no son más que el fondo común de la primitiva teología cristiana (valor redentor de la muerte de Cristo, fe y bautismo, etc.). Los trabajos de la crítica reconocen cada vez más formularios de catequesis primitivos, florilegios de textos del AT, que pudieron ser utilizados paralelamente por los diversos escritos en cuestión, sin que entre ellos existiera dependencia directa. Y si, a pesar de ello, subsiste aún cierto número de casos concretos en que 1 P parece que, efectivamente, se inspira en Rm o en Ef, esto puede admitirse sin rechazar la autenticidad: San Pedro no poseía la envergadura teológica de San Pablo, y muy bien pudo recurrir a los escritos de este último, sobre todo cuando se dirigía, como aquí, a círculos de influencia paulina. Tampoco se debe olvidar que su secretario Silvano fue discípulo de ambos apóstoles. Finalmente, es de justicia señalar, junto a estas afinidades paulinas, las conexiones que algunos intérpretes han creído descubrir entre 1 P y otros escritos de ambiente petrino como el segundo Evangelio o los discursos de Pedro en los Hechos.

La epístola normalmente es anterior a la muerte de Pedro, en 64 ó 67, aunque es posible que Silvano no la concluyera hasta algunos años más tarde, según las directrices y bajo la autoridad de aquél. Hasta sería esto probable si estuviera comprobado que la epístola es un mosaico y combinación de fragmentos diversos, entre ellos una homilía de origen bautismal, 1:13-4:11. Pero estas elucubraciones no pueden pasar del nivel de la conjetura.

Este escrito, de tendencia esencialmente práctica, no deja de contener una aceptable riqueza doctrinal. Hay en él un resumen admirable de la teología cristiana común a la época apostólica, de un calor emocionante en su sencillez. Una de las ideas maestras es la paciencia activa en las tribulaciones, con Cristo como modelo, 1Pe_2:21-25; 1Pe_3:18; 1Pe_4:1 : como él, los cristianos deben sufrir con paciencia activa, felices si sus tribulaciones provienen de su fe y de su santa conducta, 1Pe_2:19 s; 1Pe_3:14; 1Pe_4:12-19; 1Pe_5:9, no oponiendo al mal sino el bien, la caridad, la obediencia a los poderes públicos, 1Pe_2:13-17, y la dulzura con todos, 1Pe_3:8-17; 1Pe_4:7-11, 1Pe_4:19. Un pasaje difícil ha sido entendido diversamente por los intérpretes, 1Pe_3:19 s; ver 1Pe_4:6, según que en la «predicación» de Cristo hayan visto un anuncio de salvación o de castigo, y en los «espíritus encarcelados» hayan reconocido o a los impíos muertos en tiempo del diluvio, o bien a los ángeles caídos de la tradición bíblica y apocalíptica. De todos modos, este episodio de la vida del Señor está bien situado en el momento de su muerte, y es uno de los principales lugares teológicos del dogma del Descenso a los infiernos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_5:22-24; Col_3:18

[2] 1Co_7:12-16; 1Pe_1:25



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_3:16 s; 1Ti_2:9-15

NOTAS

3:4 Lit.: «el hombre oculto del corazón».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_18:12

[2] Gál_4:28

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_5:25-33; Col_3:19

NOTAS

3:7 «coherederas que son»; Var.: «coherederos que sois». -«de la gracia de Vida»; Var.: «de la diversa gracia de vida», ver 1Pe_4:10. -Los dos esposos han recibido el mismo don de la gracia, que exige de ambos respeto y entrega en el amor, ver Efe_5:33; Col_3:19 y hace posible y eficaz la oración en común.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_12:14-18

[2] Mat_5:38 s,43s

NOTAS

3:8 (a) Esta última exhortación resume todas las anteriores: fraternidad, 1Pe_2:17; armonía de los corazones, ver Rom_12:9-13, etc. ; perdón de los enemigos, Mat_5:44; 1Ts_5:15; Rom_12:14, Rom_12:17-21.

3:8 (b) «humildes»; Vulg.: «modestos, humildes».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_6:28

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_34:13-17 [Sal_34:12-16]

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:10

[2] Isa_8:12; Mat_10:26-31; Pro_3:25; Isa_8:13

NOTAS

3:14 Om.: «ni os turbéis».

NOTAS

3:15 «Señor»; Var.: «Dios». -«esperanza»; adic.: «y fe». -Los cristianos dan testimonio de que pertenecen a Cristo, ver Luc_12:11-12; 1Ti_1:12-15; 2Ti_2:17, frente a los gentiles que ignoran toda esperanza, Efe_2:12; 1Ts_4:13. Tuvieron ocasión para ello en las persecuciones locales

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_5:6; Rom_6:10; Heb_9:26-28; Hch_3:14+

[2] Isa_53:11; 1Pe_2:21-24; Rom_1:3-4+

NOTAS

3:18 (a) Todo este pasaje, 3:18—4:6, contiene los elementos de una antigua profesión de fe: muerte de Cristo, 1Pe_3:18; bajada a los infiernos, 1Pe_3:19; resurrección, 1Pe_3:21 d; asiento a la derecha de Dios, 1Pe_3:22; juicio de los vivos y los muertos, 1Pe_4:5.

3:18 (b) Om.: «a Dios» -«los pecados»; Vulg.: «nuestros pecados».

NOTAS

3:19 Probable alusión al descenso de Cristo al Hades, ver Mat_16:18+, entre su muerte y su resurrección, Mat_12:40; Hch_2:24; Hch_2:31; Rom_10:7; Efe_4:9; Heb_13:20, a donde fue «en espíritu», ver Luc_23:46, o mejor según el Espiritu, Rom_1:4+, estando muerta su «carne» en la cruz, Rom_8:3. Los «espíritus encarcelados» a los que «predicó», (o «anunció») la salvación son, según algunos, los demonios encadenados de que habla el libro de Henoc (algunos, corrigiendo el texto, atribuyen incluso esta predicación a Henoc, y no a Cristo): de hecho fueron entonces sometidos a su dominio de Kyrios, v 22; ver Efe_1:21; Flp_2:8-10, en espera de su sometimiento definitivo, 1Co_15:24. Otros ven en ellos a los espíritus de los difuntos que, castigados con el diluvio, son con todo llamados por la «paciencia de Dios» a la vida, ver 1Pe_4:6. Mat_27:52 contiene una alusión análoga a la liberación por Cristo, entre su muerte y su resurrección, de los «santos», es decir, de los justos que le esperaban, ver Heb_11:39; Heb_12:23, para entrar en pos de él en la «Ciudad santa» escatológica. Este descenso de Cristo a los infiernos es uno de los artículos del Símbolo de los Apóstoles.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Pe_3:9

[2] Gén_7:7; 2Pe_2:5

[3] Col_2:12-13; Rom_6:4+; Heb_10:22 s

NOTAS

3:21 (a) Lit.: «el antitipo», es decir, la realidad prefigurada por el «tipo» (ver 1Co_10:6+). Este tipo es aquí el paso a través del agua, mediante el arca

3:21 (b) El agua del diluvio que permitió salvarse a unas pocas personas, simboliza la economía de la antigua Ley cuyas prescripciones rituales no conseguían generalmente más que una purificación completamente exterior y «carnal». Por el contrario, ninguna limitación para la eficacia del bautismo que obra la regeneración del alma

3:21 (c) Formulado por el neófito en el momento de su bautismo. También se traduce: «la petición».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_1:20-21; Hch_2:33+

[2] Col_2:15+

NOTAS

3:22 (a) Adic. (Vulg. ): «aceptando la muerte para hacernos herederos de la vida eterna».

3:22 (b) Las «dominaciones y las potestades» designaban a funcionarios del poder civil, Luc_20:20; Luc_12:11; Tit_3:1. Se compara la corte celestial con una corte humana, Col_2:10; Col_2:15; Efe_3:10. Estas «dominaciones» se hallaban especialmente encargadas de funciones judiciales, y ello explica el papel de acusador que ejercía Satán ante Dios, Jb 1; Zac_3:1-5; Apo_12:7-12. Por el contrario, se podrá designar a Jesús como nuestro «abogado» ante Dios, 1Jn_2:1-2.