II Pedro  3 Biblia Jerusalén (1998) | 18 versitos |
1 Esta es ya, queridos, la segunda carta que os escribo; en ambas, con mi exhortación, quiero despertar en vosotros el recto criterio.
2 Acordaos de las predicciones de los santos profetas y del mandamiento de vuestros apóstoles que es el mismo del Señor y Salvador.
3 Sabed ante todo que en los últimos días vendrán hombres llenos de sarcasmo, guiados por sus propias pasiones,
4 que dirán en son de burla: "¿Dónde queda la promesa de su Venida? Pues desde que murieron los Padres, todo sigue como al principio de la creación."
5 Porque ignoran intencionadamente que hace tiempo existieron unos cielos y también una tierra surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios,
6 y que, por esto, el mundo de entonces pereció inundado por las aguas del diluvio,
7 y que los cielos y la tierra presentes, por esa misma palabra, están reservados para el fuego y guardados hasta el día del Juicio y de la destrucción de los impíos.
8 Mas una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Señor un día es como mil años y, mil años, como un día.
9 No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión.
10 El Día del Señor llegará como un ladrón; en aquel día, los cielos, con ruido ensordecedor, se desharán; los elementos, abrasados, se disolverán, y la tierra y cuanto ella encierra se consumirá.
11 Puesto que todas estas cosas han de disolverse así, ¿cómo conviene que seáis en vuestra santa conducta y en la piedad,
12 esperando y acelerando la venida del Día de Dios, en el que los cielos, en llamas, se disolverán, y los elementos, abrasados, se fundirán?
13 Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia.
14 Por lo tanto, queridos, en espera de estos acontecimientos, esforzaos por ser hallados en paz ante él, sin mancilla y sin tacha.
15 La paciencia de nuestro Señor juzgadla como salvación, como os lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada.
16 Lo escribe también en todas las cartas en las que habla de esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente - como también las demás Escrituras - para su propia perdición.
17 Vosotros, pues, queridos, estando ya advertidos, vivid alerta, no sea que, arrastrados por el error de esos disolutos, os veáis derribados de vuestra firme postura.
18 Creced, pues, en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

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Introducción a II Pedro 

Segunda epístola de San Pedro.
Sin lugar a dudas la segunda epístola se presenta también como de San Pedro. El apóstol, en efecto, se nombra a sí mismo en el saludo, 2Pe_1:1, después alude al anuncio de Jesús referente a su muerte, 2Pe_1:14, dice haber sido testigo de la Transfiguración, 2Pe_1:16-18, y, finalmente, alude a una primera carta, 2Pe_3:1, que parece ser 1 P.

Si escribe por segunda vez a los mismos lectores, lo hace con una doble finalidad: prevenirles contra los falsos doctores, 2, y responder a la inquietud causada por el retraso de la Parusía, 3. Esos falsos doctores y esa inquietud pueden, en rigor, concebirse hacia el fin de la vida de San Pedro. Pero existen otras consideraciones que ponen en duda la autenticidad y sugieren una fecha más tardía. El lenguaje presenta notables diferencias con el de 1 P. Todo el cap. 2 es una repetición, libre pero manifiesta, de la epístola de Judas. La colección de las epístolas de Pablo parece ya formada, 2Pe_3:15 s. Al grupo apostólico se le pone al nivel del grupo profético y el autor habla como si no formara parte de él, 2Pe_3:2. Estas dificultades justifican dudas que aparecieron ya en la antigüedad. No sólo no se ha comprobado con certeza el uso de la epístola antes del siglo III, sino que incluso algunos la rechazaban, como lo atestiguan Orígenes, Eusebio y Jerónimo. Por ello, no pocos críticos modernos rechazan también su atribución a San Pedro, y es difícil quitarles la razón. Pero si un discípulo posterior se respaldó en la autoridad de Pedro, quizá tuviera algún derecho a hacerlo, o por pertenecer a los círculos dependientes del apóstol, o bien incluso porque utilizaba un escrito procedente de él, aun adaptándolo y completándolo con la ayuda de Judas. Esto no era forzosamente cometer una falsificación, ya que los antiguos tenían ideas muy diferentes de las nuestras sobre la propiedad literaria y la legitimidad de servirse de seudónimos.

Por lo demás, para nuestra fe basta con que la epístola haya sido recibida firmemente por la Iglesia como canónica y que, por tanto, represente una herencia auténtica de la época apostólica. Por este hecho queda garantizada su doctrina, en la cual podemos poner de relieve en particular: la vocación cristiana a «hacernos partícipes de la naturaleza divina», 2Pe_1:4, la definición del carácter inspirado de las Escrituras, 2Pe_1:20 s, la seguridad de la Parusía que ha de venir, a pesar del retraso y de la incertidumbre de su día, y el anuncio, tras la destrucción del mundo por el fuego, de un nuevo mundo donde habitará la justicia, 2Pe_3:3-13.

El problema central que la epístola aborda es la teodicea, es decir el juicio justo de Dios, contra aquellos que dicen que no hay providencia ni existe juicio en Dios, ni vida en el más allá, ni recompensa o castigo después de la muerte, ideas todas ellas divulgadas por epicúreos paganos y judíos, y refutadas también por apologistas filosóficos (por ej. Plutarco) y rabínicos. Es en este contexto en el que el autor inspirado contempla el problema del retraso de la Parusía. La epístola se dirige a lectores de cultura mixta, a la vez bíblica y grecorromana, y por tanto pertenecientes a una iglesia urbana. El conocimiento de su propia cadena de autoridad, el carácter sagrado de sus propias tradiciones, evangélicas, paulinas y apostólicas («Judas»), el afán por establecer una armonía coherente y una interpretación normativa de estas tradiciones recibidas (2Pe_1:12-15) son otros tantos indicios de que la epístola data de mediados del siglo II d. de J. C. Este escrito se nos ofrece, pues, como un ejemplo interesante de la fidelidad radical, en una situación transformada, al mensaje central de Jesús, la próxima venida del reino de Dios (Mar_1:15+).

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Jud_1:17

NOTAS

3:1 Probable referencia a 1 P.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Pe_1:18-20

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Jud_1:18; 1Ti_4:1+; 2Pe_1:16; 2Pe_2:1

NOTAS

3:3 (a) Esta predicción se refiere más lógicamente a la enseñanza apostólica, Hch_20:29; 2Ti_2:1-5, que a las predicciones del AT. Encaja mejor en el lugar en que se encuentra en Jud_1:18.

3:3 (b) La existencia misma de los herejes es por tanto una prueba de la proximidad de los últimos días, Mat_24:24; Hch_20:29-31; 2Ts_2:3-4; 2Ts_2:9; 1Ti_1:1 etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_5:19

NOTAS

3:4 Los fieles de la primera generación.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_1:2, Gén_1:6-9

NOTAS

3:5 Dios creó el mundo con su palabra, Gen 1. La palabra desempeñará un papel análogo en la catástrofe final. Dios no tiene por qué someterse a la supuesta inmutabilidad de las leyes del universo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gen 7-9; Mat_24:38-39

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_3:12+

[2] Rom_2:6+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_90:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_35:19; Luc_18:7; Hab_2:2-3

[2] Rom_2:4-5; 1Pe_3:20

NOTAS

3:9 Otra explicación de los supuestos retrasos de la Parusía; la misericordia divina, ver Sab_11:23; Sab_12:8+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_24:43 p; 1Ts_5:2

[2] Mat_24:29+; Apo_20:11; Apo_21:1

NOTAS

3:10 «se consumirá» corr.: «será descubierta» griego. -Esta destrucción del mundo por el fuego es tema corriente entre los filósofos de la época grecorromana, como en los apocalipsis judíos o algunos documentos de Qumrán, ver 1Co_3:15; 2Ts_1:7; Dan_7:9.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_3:19-20

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_34:4; Isa_65:17; Isa_66:22; Apo_21:1; Apo_21:27; Isa_60:21; Rom_8:19+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Jud_1:24

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ti_1:15-16

NOTAS

3:16 (a) ¿Cuáles son esos puntos difíciles? Sin duda, entre otros, la Venida del Señor de la que aquí se trata. Pero algunos otros problemas se debatían en las iglesias, donde eran conocidas las cartas de Pablo.

3:16 (b) Lit.: «El resto de las Escrituras» a las que aquí se compara la colección de las epístolas constituida y conocida. Es uno de los primeros indicios de una equivalencia entre escritos cristianos y los libros del AT; ver 1Ma_12:9; 1Ts_5:27+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_2:1

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_16:27+