Sabiduría 18 Biblia Jerusalén (1998) | 25 versitos |
1 Sin embargo, una magnífica luz brillaba para tus santos. Los egipcios, que oían su voz sin distinguir su figura, los felicitaban por no haber padecido como ellos;
2 les daban las gracias porque no se vengaban de los agravios recibidos y les pedían perdón por su conducta hostil.
3 Tú, en cambio, preparaste una columna de fuego, como guía para el viaje desconocido y como sol inofensivo para la gloriosa travesía.
4 Bien merecían verse privados de luz y prisioneros de las tinieblas quienes tuvieron encarcelados a tus hijos, que habían de dar al mundo la luz incorruptible de la Ley.
5 A los que habían decretado matar a los niños de los santos, salvándose uno solo, abandonado, les arrebataste en castigo una multitud de hijos y los hiciste perecer juntos en las aguas impetuosas.
6 Aquella noche fue previamente anunciada a nuestros padres, para que se animasen, sabiendo bien en qué juramentos habían creído.
7 Tu pueblo esperaba la salvación de los justos y la destrucción de los enemigos,
8 pues con lo que castigaste a los adversarios nos glorificaste, llamándonos a ti.
9 Los santos hijos de los buenos ofrecían sacrificios en secreto y establecían unánimes esta ley divina: que los santos compartirían los mismos bienes y peligros, cantando previamente las alabanzas de los antepasados.
10 Les respondía el grito disonante de los enemigos y cundían los lamentos de los que lloraban a sus hijos.
11 El esclavo y el amo sufrían idéntico castigo, y el plebeyo padecía la misma pena que el rey.
12 Todos por igual tenían cadáveres incontables con un mismo tipo de muerte. No había vivos suficientes para enterrarlos, porque en un instante pereció lo mejor de su raza.
13 Los que no creían en nada a causa de las artes mágicas, ante la muerte de los primogénitos acabaron por reconocer que aquel pueblo era hijo de Dios.
14 Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera,
15 tu palabra omnipotente se lanzó desde los cielos, desde el trono real, cual guerrero implacable, sobre la tierra condenada, empuñando la espada afilada de tu decreto irrevocable;
16 y cuando se detuvo, todo lo llenó de muerte; tocaba el cielo mientras pisaba la tierra.
17 Entonces les sobresaltaron de repente sueños y visiones terribles, les sobrevinieron terrores imprevistos;
18 tendidos por todas partes y medio muertos, daban a conocer la causa de su muerte,
19 pues sus sueños perturbadores se lo habían predicho, para que no pereciesen sin conocer la razón de su desgracia.
20 También alcanzó a los justos la prueba de la muerte y una multitud pereció en el desierto, pero no duró mucho la cólera;
21 pues un hombre irreprochable se apresuró a salir en su defensa con las armas de su ministerio: la oración y el incienso expiatorio. Se enfrentó a la ira y puso fin a la desgracia, demostrando que era tu servidor.
22 Y venció la indignación no con su fuerza corporal, ni con el poder de las armas, sino que sometió al ejecutor del castigo con la palabra, recordando los juramentos y las alianzas hechos a los antepasados.
23 Cuando los muertos yacían amontonados, unos sobre otros, se puso en medio, detuvo a la cólera y le cerró el paso hacia los que aún vivían.
24 Llevaba el mundo entero sobre su vestido talar, los nombres gloriosos de los padres en cuatro hileras de piedras talladas y tu majestad en la diadema de su cabeza.
25 Ante esto, el exterminador retrocedió atemorizado, pues era suficiente una sola prueba de tu cólera.

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Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_10:23

NOTAS

18:1 A los hebreos se les supone aquí mezclados con los egipcios, ver Éxo_11:4-7; Éxo_12:12-13, Éxo_12:29-36.



NOTAS

18:2 También podría traducirse: «les pedían por favor que salieran», ver Éxo_10:24; Éxo_11:8; Éxo_12:33.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_13:21-22+; Sab_10:17; Sal_121:6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_11:16

[2] Isa_2:3; Isa_2:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo 1:22—2:10

[2] Éxo_12:29; Éxo_12:30

[3] Éxo_14:26-28

NOTAS

18:5 (a) Alegando otro ejemplo de la correspondencia entre el pecado y el castigo, ver Sab_11:16, el autor anuncia a la vez el exterminio de los primogénitos y el desastre del mar Rojo (Sab_18:5). Pero su atención se fija a continuación en el primer episodio.

18:5 (b) Esta conexión se apoya quizá en Éxo_4:22-23. Anteriormente, Sab_11:6-7, el decreto infanticida se invocaba para justificar la plaga del Nilo trocado en sangre.

18:5 (c) También se relaciona este episodio con el decreto infanticida en el libro de los Jubileos (48:14) y en un comentario rabínico.

NOTAS

18:6 Los israelitas del tiempo del Éxodo, Éxo_11:4-7, o mejor los Patriarcas, a quienes Dios había prometido que libraría a sus descendientes de la servidumbre de Egipto, Gén_15:13-14; Gén_46:3-4.

NOTAS

18:8 El exterminio de los primogénitos de Egipto, la celebración de la Pascua y el Éxodo designaban definitivamente a Israel como pueblo de Dios, ver Deu_7:6+.

NOTAS

18:9 (a) Es decir, los descendientes de buena casta, de un linaje santo; también puede traducirse: «los santos hijos de los bienes», es decir, los herederos de los bienes prometidos a los Padres. -A la Pascua se le llama sacrificio, Eze_12:27; Deu_16:2, Deu_16:5. A este sacrificio se le llama «secreto» porque fue celebrado dentro de las casas, Éxo_12:46.

18:9 (b) El autor se imagina ya la primera Pascua a semejanza de las Pascuas posteriores, en que se cantaba el Hal.lel, Sal 113-118.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_11:6; Éxo_12:30


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_11:5; Éxo_12:29


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_33:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_4:22; Deu_1:31+; Ose_11:1

NOTAS

18:13 Con su fe en los artificios de la magia, los egipcios habían esperado hasta entonces que sus magos acabarían venciendo a Moisés, ver Éxo_7:11-13; Éxo_8:3 [Éxo_8:7], Éxo_8:14 [Éxo_8:18]; Éxo_9:11, que al parecer se valía de una magia contraria. Esta vez, Dios hiere directamente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_11:4; Éxo_12:29


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_19:11-13

[2] Apo_19:15

NOTAS

18:15 La muerte de los primogénitos, atribuida directamente a Dios por Éxo_11:4; Éxo_12:12, Éxo_12:23, Éxo_12:27, Éxo_12:29, acompañado del Exterminador, Éxo_12:23, se convierte en obra de la Palabra divina. Ésta era representada ejecutando los juicios ya en Isa_11:4; Isa_55:11; Jer_23:29; Ose_6:5. En esta evocación dramática, el autor se inspira, para Sab_18:16 b, en 1Cr_21:15-27, y acaso también en Homero (Ilíada IV, 443). El conjunto adquiere significación apocalíptica y la Palabra de juicio prefigura no la Encarnación del Verbo (contrariamente al uso que ha hecho la liturgia de este texto), sino el aspecto temible de su segunda venida. Se relaciona con esto 1Te_5:2-4; Apo_19:11-21.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_4:13-15

NOTAS

18:17 Lo que sigue no guarda relación alguna con el relato del Éxodo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_17:6-15 [Núm_16:41-50]; 1Co_10:8

NOTAS

18:20 En castigo del motín que siguió a la sanción de Coré, Datán y Abirón, Núm_17:6-15 [Núm_16:41-50]. Es una especie de paréntesis en la serie de antítesis.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_17:11 [Núm_16:46]; Núm_17:12 [Núm_16:47]

NOTAS

18:21 (a) Aarón «irreprochable» porque, elegido por Yahvé, permaneció fiel a él.

18:21 (b) Lit.: «el sacrificio expiatorio del incienso». Añadiendo la «oración», no mencionada por el relato bíblico, el texto trasforma al sumo sacerdote en intercesor, ver 2Ma_3:31; 2Ma_15:12; Sal_99:6; Heb_7:25.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_32:11-13

NOTAS

18:22 (a) «la indignación» ton jolon conj.; «la muchedumbre» ton ojlon texto recibido.

18:22 (b) O la oración mencionada, Sab_18:21, o una palabra imperativa que reduce a la impotencia al agente del castigo, llamado más adelante, Sab_18:25, el exterminador.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_28:17-21; Éxo_28:29

[2] Éxo_28:36

NOTAS

18:24 El autor se representa a Aarón revestido de un traje que le baja hasta los talones, con el efod y el pectoral de las doce piedras grabadas con los nombres de los «Padres» (los doce hijos de Jacob), ver Éxo_28:6 s; Éxo_39:2 s, y en la cabeza la flor de oro de la «diadema» que lleva la inscripción «consagrado a Yahvé», Éxo_28:36 s; Éxo_39:30 s. Estas insignias de la dignidad de sumo sacerdote reciben aquí un simbolismo cósmico que al parecer era habitual en los medios judíos helenizados.

NOTAS

18:25 Quizás un ángel, como el de 1Cr_21:15-16. Ver Éxo_12:23 y 1Cr_10:10.