Eclesiástico 13 Biblia Jerusalén (1998) | 26 versitos |
1 El que toca la pez, se queda pringado, el que anda con un soberbio, acabará siendo como él.
2 No cargues un peso demasiado grande para ti, no andes con gente más fuerte y más rica que tú. ¿Cómo se puede juntar el cántaro con la olla? Chocará con ella y se romperá.
3 El rico ofende y encima se irrita, el pobre es ofendido y encima se excusa.
4 Si le eres útil, te utilizará, si eres torpe, te abandonará.
5 Si tienes bienes, se juntará contigo, y te exprimirá sin mucho esfuerzo.
6 Si tiene necesidad de ti, tratará de engañarte, te sonreirá y te dará esperanzas; te dirá buenas palabras y dirá: ¿Qué necesitas?
7 Te avergonzará en sus banquetes, te arruinará dos, tres veces, y acabará burlándose de ti. Y después, si te ve, te dejará a un lado, y meneará la cabeza, mofándose de ti.
8 Procura no dejarte embaucar, que no te humillen por tu insensatez.
9 Si te invita un poderoso, manténte a distancia, así te llamará con más insistencia.
10 No te acerques mucho, no sea que te rechace, ni te quedes muy lejos, no sea que le pases inadvertido.
11 No pretendas hablar con él de igual a igual, ni te fíes de sus muchas palabras, pues con su palabrería te pondrá a prueba, y con una sonrisa, te examinará.
12 Es un despiadado que no guarda sus palabras, no te ahorrará ni golpes ni cadenas.
13 Vigila y ponte en guardia, porque caminas junto a tu propia ruina.
14 [Oyendo tales cosas despierta de tu sueño; ama a Dios toda tu vida e invócale para tu salvación.]
15 Todos los animales aman a los de su especie, y todo hombre ama a su prójimo.
16 Todo los animales se unen con los de su especie, y todo hombre se une a su semejante.
17 ¿Cómo puede convivir el lobo con el cordero? Lo mismo ocurre con el pecador y el piadoso.
18 ¿Qué paz puede haber entre la hiena y el perro, entre el rico y el pobre?
19 Los asnos salvajes son presa de los leones en el desierto, así los pobres son presa de los ricos.
20 El soberbio aborrece la humildad, así el rico aborrece al pobre.
21 Cuando el rico se tambalea, sus amigos lo sostienen, pero cuando el humilde cae, sus amigos lo rechazan.
22 Cuando el rico resbala, muchos lo cogen en sus brazos, y si dice estupideces, le dan la razón. Cuando el pobre resbala, le hacen reproches, y si habla con sensatez, no le hacen caso.
23 Habla el rico y todos callan, y ponen sus palabras por las nubes. Habla el pobre y dicen: ¿Quién es éste? y si se equivoca, lo echan por tierra.
24 Buena es la riqueza adquirida sin pecado, mala es la pobreza en boca del impío.
25 El corazón del hombre hace cambiar su rostro, sea para el bien, sea para el mal.
26 Un rostro alegre revela un buen corazón, inventar proverbios es un ejercicio difícil.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

13:2 Comparación clásica que ya se encuentra en Esopo.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_18:23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_23:1-3


NOTAS

13:8 «en tu alegría» griego. -Hebr.: «Cuida mucho de no ser demasiado insolente (?) ni te parezcas a los insensatos.»

NOTAS

13:10 Expresión chocante de la moderación reflexiva y no desprovista de malicia que caracteriza a Ben Sirá. -El consejo evangélico de Luc_14:8-10, con el que uno se sentiría inclinado a comparar esta máxima, no tiene exactamente ni el mismo contenido ni el mismo motivo.

NOTAS

13:13 Griego 248 y lat. añaden: «14 Oyendo tales cosas despierta de tu sueño; ama a Dios toda tu vida e invócale para tu salvación.»

NOTAS

13:18 Para Ben Sirá, el precepto de no tratar más que con sus iguales es prolongación de la armonía de la naturaleza y por lo mismo está conforme con el orden divino. No es absoluta la condena de la riqueza, ver Sir_13:24, pero el autor quiere impedir que el pobre se deje seducir por el rico que puede aplastarle.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_19:4; Pro_19:7

NOTAS

13:21 Este v. hay que entenderlo en sentido metafórico, probablemente referido al tema de la lengua (ver Sir_14:1 y continuación).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_14:20


NOTAS

13:24 O quizá: «en comparación con la impiedad» (hebr.: «en comparación con la insolencia»). -La riqueza no es un defecto, sino solamente un peligro.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_15:13


NOTAS

13:26 No se entiende bien cómo enlaza este estico con el precedente, pero el texto no es seguro. Hebr.: «meditación y preocupación: pensamientos tristes».