Eclesiástico 14 Biblia Jerusalén (1998) | 27 versitos |
1 Dichoso el hombre que no resbala con su boca, ni sufre remordimientos por sus pecados.
2 Dichoso aquel cuya conciencia nada le reprocha, ni ha perdido la esperanza.
3 No es buena la riqueza para el tacaño, y al envidioso, ¿de qué le sirve el dinero?
4 El que amontona a costa de sí mismo, para otros amontona, de sus bienes otros disfrutarán.
5 El que es tacaño consigo mismo, ¿con quién es generoso?, ni siquiera consigue disfrutar de sus propios bienes.
6 Nadie es peor del que se tortura a sí mismo, ésa es la paga de su maldad.
7 Y si alguna vez hace el bien, lo hace por descuido, y al final descubrirá su maldad.
8 El hombre envidioso es perverso, desvía la mirada y desprecia a los demás.
9 El avaro nunca está satisfecho con su suerte, pues la avaricia seca el alma.
10 El avaro hasta el pan escatima, y en su propia mesa pasa hambre.
11 Hijo, en cuanto te sea posible, trátate bien, y presenta dignamente tus ofrendas al Señor.
12 Recuerda que la muerte no puede tardar, y que el pacto del abismo no te ha sido revelado.
13 Antes de morir, haz el bien a tu amigo, según tus posibilidades, sé generoso con él.
14 No te prives de pasar un día feliz, no dejes escapar un deseo legítimo.
15 ¿No dejarás a otros el fruto de tu trabajo y de tus fatigas, para que se lo repartan a suertes?
16 Da y recibe, disfruta de ello, porque en el abismo no hay que esperar satisfacciones.
17 Todo ser viviente envejece como un vestido, porque la ley eterna es: hay que morir.
18 Como las hojas de un árbol frondoso, que unas caen y otras brotan, así las generaciones de carne y sangre: unas mueren y otras nacen.
19 Toda obra corruptible desaparece, y su autor se va con ella.
20 Dichoso el hombre que se dedica a la sabiduría, y razona con su inteligencia.
21 Dichoso el hombre que medita sobre sus caminos, y reflexiona sobre sus secretos.
22 Como un cazador sale en su busca, y se pone al acecho en sus caminos.
23 Se asoma a sus ventanas, y a sus puertas escucha.
24 Acampa muy cerca de su casa, y clava la estaca en sus muros.
25 Monta su tienda junto a ella, y se instala en su albergue apacible.
26 Pone sus hijos a su abrigo, y bajo sus ramas se cobija.
27 A su sombra se protege del calor, y habita al reparo de su gloria.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_19:16; Sir_25:8

NOTAS

14:1 Así cantan muchos salmos la felicidad de los corazones puros, ver Sal 1; 32; 41; 119; 128, en contraposición a los «dichosos» de este mundo. Es ya el anuncio de las bienaventuranzas evangélicas, Mat_5:1-12.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_5:9 [Ecl_5:10]; Ecl_6:2


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_12:16-21; Job_27:16-17; Pro_13:22


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_11:17


NOTAS

14:8 De los que tienen necesidad de su ayuda.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_6:23

NOTAS

14:9 «la avaricia», lit. «el mal ojo», conj.; «la mala iniquidad» griego (confusión entre `ayin (ojo) y `awon (iniquidad), pero el texto hebreo que conocemos es diferente).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_16:33+

NOTAS

14:12 Probablemente el decreto que fija la fecha de la muerte, ver Isa_28:15, Isa_28:18.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_2:24


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_9:10


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_1:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_9:6; Apo_14:13

NOTAS

14:19 Hebr.: «Todas sus obras están condenadas a la corrupción, y la acción de sus manos le seguirá», es decir, le seguirá en la corrupción. Apo_14:13 traspone este pensamiento: las obras siguen al hombre en el esplendor de la nueva vida. Estas reflexiones son para Cohélet motivo de asombro e incluso de escándalo. Ben Sirá no ve en ello más que una lección de desprendimiento.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_8:32-35


NOTAS

14:21 Ver Sal 119, especialmente Sal_119:15, Sal_119:23, Sal_119:148, sobre la felicidad que procura la meditación de la Ley. Aquí el objeto del estudio es la sabiduría que, sobre todo, se descubre en los proverbios y las máximas de los sabios.

NOTAS

14:24 Para fijar su propia tienda. -Se emplean varias imágenes para caracterizar la búsqueda de la sabiduría: la del cazador que la persigue, la del espía que intenta sorprender sus palabras, la del nómada que acampa a su sombra.

NOTAS

14:27 Esta «gloria» (hebr. «refugio») designa aquí quizás la nube que manifestaba la presencia de Yahvé, ver Éxo_16:10; Éxo_24:16+. Es la sekinah («Presencia») de la literatura rabínica.