Eclesiástico 16 Biblia Jerusalén (1998) | 30 versitos |
1 No desees una multitud de hijos malvados, no te goces de tener hijos impíos.
2 Aunque sean muchos, no te alegres, si no tienen temor del Señor.
3 No confíes en que vivan muchos años, ni te creas seguro porque son muchos; que más vale uno que mil, y morir sin hijos que tenerlos impíos.
4 Un solo hombre inteligente poblará una ciudad, pero la raza de los sin ley quedará desolada.
5 Muchas cosas como éstas vieron mis ojos, y cosas aún más graves oyeron mis oídos.
6 En la reunión de los pecadores se encendió el fuego, contra la nación rebelde se inflamó la ira.
7 No perdonó a los antiguos gigantes, que se rebelaron seguros de su fuerza.
8 No perdonó a los vecinos de Lot, a los que aborrecía por su orgullo.
9 No se apiadó de la nación corrompida, de los que alardeaban de sus pecados.
10 El mismo trato recibieron los seiscientos mil de a pie que se habían reunido con el corazón endurecido.
11 Aunque sólo hubiera un rebelde, sería asombroso que quedara impune; pues el Señor sabe compadecerse y también castigar, es poderoso cuando perdona y cuando se indigna.
12 Tan grande como su misericordia es su severidad, y juzga al hombre según sus obras.
13 No dejará escapar al pecador con su rapiña, ni que le falle la paciencia al piadoso.
14 Reservará un sitio para el que hace limosna, cada uno recibirá según sus obras.
15 [Dios endureció al faraón para que no le reconociese, a fin de que sus acciones fuesen reconocidas bajo el cielo.]
16 [Toda la creación conoce su piedad.]
17 No digas: "Me esconderé del Señor, ¿quién se acordará de mí allá arriba? Entre la gran muchedumbre pasaré desapercibido, pues ¿quién soy yo en la inmensa creación?"
18 Mira el cielo y más allá del cielo, el abismo y la tierra se estremecen cuando él los visita.
19 Los montes y los cimientos de la tierra tiemblan de espanto bajo su mirada.
20 Pero el hombre no piensa en estas cosas, ¿quién reflexiona sobre sus caminos?
21 Como la tempestad que el hombre no ve venir, la mayoría de sus obras se hacen en secreto.
22 "¿Quién anuncia las obras de justicia?, ¿quién las espera? ¡La alianza está lejos!"
23 Así discurre el insensato; el estúpido y el descarriado sólo piensan necedades.
24 Hijo, escúchame y aprende sabiduría, aplica tu corazón a mis palabras.
25 Te enseñaré la doctrina con mesura, con precisión te transmitiré el saber.
26 Cuando al principio el Señor creó sus obras, les asignó a cada una su puesto.
27 Las puso en orden para siempre, desde sus orígenes y por todas las edades. No sienten hambre ni cansancio, y eso que nunca abandonan su tarea.
28 Ninguna se topa con la otra, jamás desobedecen su palabra.
29 Después el Señor miró a la tierra y la colmó de sus bienes.
30 Cubrió su faz con toda clase de vivientes, y todos, cuando mueren, vuelven a ella.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_17:21; Pro_19:13



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_4:1

NOTAS

16:3 «porque son muchos»; var. «de su lugar» (o «destino»). Después de «muchos», el hebr. añade: «porque no tendrán un porvenir feliz», y después de «uno»: «que haga la voluntad de Dios».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_3:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_11:1; Núm_16:1-30


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_6:1-7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_19:1-29


NOTAS

16:9 Los antiguos habitantes de Canaán.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_12:37; Sir_46:8

NOTAS

16:10 Se tiene presente Éxo_12:37 o Núm_11:21. Estos hombres murieron en el desierto y no entraron en Canaán, Núm_14:20-23.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_5:6; Éxo_34:6-7


NOTAS

16:14 (a) Hebr.: «Hay un salario para todo el que practica la justicia».

16:14 (b) Griego 248, hebr. y sir. añaden: «15 Dios endureció al faraón para que no le reconociese, a fin de que sus acciones fuesen conocidas bajo el cielo. 16 Toda la creación conoce su piedad» (ver Sir_12:6 y Mat_5:45).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_139:7-12; Jer_23:24; Amó_9:2-3

NOTAS

16:17 Así trataban Adán y Caín de ocultarse de la faz del Señor, Gén_3:10; Gén_4:9.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_18:8 [Sal_18:7]; Job_37:1-7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_11:33

NOTAS

16:21 Hebr.: «20 Tampoco de mí se preocupa, y mis caminos ¿quién los considera? 21 Si yo peco, nadie me ve, y si miento en secreto, ¿quién puede saberlo?» El discurso del pecador prosigue así hasta Sir_16:22, ya que Sir_16:18 y Sir_16:19 son meramente incidentales.

NOTAS

16:22 El que hace objeción parece querer decir que la retribución se hace esperar y no es segura. Acerca del sentido de la palabra alianza (o pacto), ver Sir_14:12+. -Hebr. para este estico: «¿Quién las espera?, porque lejos está el decreto.»

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_1:23

NOTAS

16:24 Aquí, es el escriba quien habla y no la Sabiduría personificada.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén 1

NOTAS

16:26 «(el Señor) creó» en ktisei conj. según el hebr.; «en el juicio» en krisei griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_43:20-25


NOTAS

16:28 Se trata de los astros; la regularidad de sus movimientos ha llamado la atención de Ben Sirá.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_1:24-25; Gén_3:19; Sal_104:29