Eclesiástico 23 Biblia Jerusalén (1998) | 27 versitos |
1 ¡Oh Señor, padre y dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios, no permitas que me hagan caer!
2 ¿Quién aplicará el látigo a mis pensamientos, y a mi corazón la disciplina de la sabiduría, para que no queden impunes mis faltas, ni se pasen por alto mis pecados?
3 No sea que mis errores aumenten, y abunden mis pecados; no sea que yo caiga ante mis adversarios, y el enemigo se burle de mí.
4 Señor, padre y Dios de mi vida, no permitas que mis ojos sean altaneros,
5 y aparta de mí los malos deseos.
6 Que la sensualidad y la lujuria no se apoderen de mí, no me dejes caer en pasiones vergonzosas.
7 Escuchad, hijos, mi enseñanza, el que la guarda no caerá en la trampa.
8 El pecador se enreda en sus propios labios el calumniador y el soberbio también tropiezan en ellos.
9 No acostumbres a jurar, () ni te habitúes a nombrar al Santo.
10 Porque, igual que un criado continuamente vigilado no quedará libre de golpes, así el que jura y nombra a Dios a todas horas no se verá libre de pecado.
11 El hombre que mucho jura, se llena de maldad, y no se apartará de su casa el látigo. Si se descuida, su pecado le cae encima; si jura a la ligera, peca dos veces; si jura en falso, no será perdonado, y su casa se llenará de desgracias.
12 Hay palabras equiparables a la muerte, ¡que no se oigan nunca en la heredad de Jacob! Pues los piadosos rechazan estas cosas, y no se revuelcan en los pecados.
13 No acostumbres tu boca a groserías indecentes, pues hay palabras que son pecado.
14 Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te sientes entre los poderosos, no sea que te olvides en su presencia, y, comportándote como un necio, llegues a desear no haber nacido y a maldecir el día de tu nacimiento.
15 El hombre habituado a insultar no se corregirá en toda su vida.
16 Dos clases de gente multiplican sus pecados, y una tercera provoca la ira divina:
17 El sensual que arde como el fuego: no se apagará hasta consumirse; el lujurioso con su propio cuerpo: no cejará hasta que el fuego le abrase; para el lujurioso cualquier pan es dulce: no descansará hasta que haya muerto.
18 El que es infiel a su esposa y dice para sí: "¿Quién me ve?; la oscuridad me envuelve, las paredes me encubren, nadie me ve, ¿qué he de temer? El Altísimo no se acordará de mis pecados".
19 Sólo teme los ojos de los hombres; no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más brillantes que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran los rincones más ocultos.
20 Antes de ser creadas, el Señor conocía todas las cosas, y, después de acabadas, todavía las conoce.
21 En las plazas de la ciudad ese hombre será castigado, será detenido donde menos lo esperaba.
22 Así también la mujer que ha sido infiel a su marido y le ha dado como heredero el hijo de otro hombre.
23 Primero, ha desobedecido a la ley del Altísimo, segundo, ha faltado a su marido, tercero, se ha prostituido en adulterio al tener hijos de otro hombre.
24 A ésta la llevarán ante la asamblea, e investigarán sobre sus hijos.
25 Sus hijos no echarán raíces, sus ramas no darán frutos.
26 Dejará un recuerdo maldito, y su infamia no se borrará.
27 Los que vengan después de ella reconocerán que nada es mejor que el temor del Señor, nada más dulce que guardar sus mandamientos.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_141:5



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_131:1


NOTAS

23:8 «es atrapado por» algunos mss; «es abandonado a» texto recibido.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:34 s; Mat_23:20 s; Stg_5:12


NOTAS

23:10 Traducción dudosa. Puede también entenderse: «un criado continuamente sometido a tortura necesariamente lleva sus señales».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_5:1-4 [Ecl_5:2-5]

NOTAS

23:11 No cumpliendo su juramento. El autor considera tres casos de gravedad creciente: juramento hecho sinceramente pero no cumplido, juramento hecho a la ligera, juramento falso.

NOTAS

23:12 Según el contexto, se trata de impureza en palabras. Pero el texto es vago y no permite precisar con exactitud la falta de que se trata.

NOTAS

23:14 «cuando» conj.; «porque» griego. -«te olvides» sir.; «(le) olvides» griego; «(Dios) te olvide» lat.

NOTAS

23:16 Proverbio numérico, ver Pro_30:15+, pero cuya estructura no está muy clara.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_15:3; Pro_15:11; Pro_17:3; Pro_24:12


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_8:22 s

NOTAS

23:20 (a) Este conocimiento anterior a la creación, es precisamente la sabiduría divina, Pro_8:22+.

23:20 (b) Dios sigue velando sobre el mundo después de la creación.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_2:16; Pro_5:2-20; Pro_6:24-35; Pro_7:5


NOTAS

23:27 Griego 248 y lat. añaden: «28 Honra grande es servir a Dios, y serle agradable es prolongar los días».