Eclesiástico 31 Biblia Jerusalén (1998) | 31 versitos |
1 El insomnio del rico acaba con su salud, sus preocupaciones ahuyentan el sueño.
2 Las preocupaciones le impiden dormir, como una enfermedad grave le quita el sueño.
3 El rico se afana para acumular riquezas, y cuando descansa, se harta de placeres.
4 El pobre se afana para encontrar sustento, y cuando descansa, cae en la miseria.
5 Quien ama el oro, no quedará exento de culpa, quien anda tras el lucro, en él se extraviará.
6 Muchos se arruinaron a causa del oro, y se encontraron cara a cara con la ruina.
7 Es una trampa para los que le ofrecen sacrificios, todos los insensatos quedan atrapados en ella.
8 Dichoso el rico de conducta intachable que no corre tras el oro.
9 ¿Quién es? Vamos a felicitarle, pues ha hecho maravillas en su pueblo.
10 ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? Será para él motivo de gloria. ¿Quién pudo transgredir la ley y no la transgredió, hacer mal y no lo hizo?
11 Sus bienes se consolidarán, y la asamblea proclamará su bondad.
12 ¿Te has sentado en una mesa opulenta? No abras la boca de par en par, y digas: "¡Cuántas cosas hay aquí!"
13 Recuerda que es mala cosa la avidez, no hay nada peor que ella, pues por cualquier cosa llora.
14 No alargues la mano para coger lo que otro mira, ni te lances sobre el mismo plato que él.
15 Juzga al prójimo como a ti mismo, y reflexiona siempre antes de actuar.
16 Come con educación lo que te pongan delante, no seas glotón y no quedarás mal.
17 Termina el primero por educación, no seas comilón y no te despreciarán.
18 Si estás sentado entre muchos invitados, no alargues tu mano antes que ellos.
19 ¡Poca cosa le basta a un hombre bien educado!, y así cuando está en la cama no resopla.
20 A estómago moderado, sueño saludable, se levanta temprano y tiene dominio de sí. Insomnio, vómitos y cólicos esperan al hombre insaciable.
21 Si te viste obligado a comer demasiado, levántate, ve a vomitar y quedarás tranquilo.
22 Escúchame, hijo, y no me desprecies, al final comprenderás mis palabras. En todo lo que hagas sé moderado, y no cogerás ninguna enfermedad.
23 Al que es espléndido en los banquetes, todos le alaban, y la fama de su generosidad es duradera.
24 Al que es tacaño en los banquetes, la ciudad le critica, y la fama de su tacañería es duradera.
25 Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino.
26 El horno prueba el temple del acero, así el vino los corazones en una riña de orgullosos.
27 El vino es vida para el hombre, siempre y cuando se beba con medida. ¿Qué es la vida para quien le falta el vino? Fue creado para alegrar al hombre.
28 Alegría del corazón y regocijo del alma es el vino bebido a tiempo y con medida.
29 Amargura del alma, el vino bebido con exceso por incitación o desafío.
30 La embriaguez enfurece al insensato hasta hacerle caer, debilita sus fuerzas y le ocasiona heridas.
31 En un banquete no reprendas a tu vecino, no te burles de él, si se pone alegre. No le digas nada que pueda ofenderle, ni le molestes reclamándole dinero.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

31:2 «impiden (dormir)» hebr.; «llaman (al sueño)» griego.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_28:20

NOTAS

31:5 «(quien anda tras) el lucro en él se extraviará» hebr.; «(el que anda tras) la corrupción, de ella se llenará» griego.

NOTAS

31:6 Hebr.: «ponían su confianza en las perlas, no han conseguido escapar a la desgracia ni salvarse del día de la ira».

NOTAS

31:7 Gramaticalmente, se trata del oro, pero el autor piensa quizás en el ídolo; esto justificaría la lectura «sacrifican» de 2 mss y lat. (texto recibido: «los que están locos»); hebr. «es una trampa para el necio».

NOTAS

31:8 En hebreo «la riqueza», mammôn, palabra de origen arameo, frecuente en los escritos rabínicos, y ver Mat_6:24; Luc_16:9, Luc_16:11, Luc_16:13.

NOTAS

31:11 Alusión probable a la costumbre de proclamar en las sinagogas los nombres de los bienhechores de la comunidad. -Lat.: «toda la asamblea (ekklesia) de los santos publicará sus beneficios».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_23:1-3; Pro_23:6-8


NOTAS

31:13 «por cualquier cosa» hebr.; «de toda cara» griego.

NOTAS

31:15 Hebr.: «y piensa en lo que tú mismo detestas».

NOTAS

31:16 «con educación» hebr.; omitido por griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_13:25


NOTAS

31:21 «ve a vomitar» lit. «vomítalo lejos» mss griegos, hebr.; «en medio de la comida» (?) texto recibido.

NOTAS

31:22 «moderado» hebr.; «rápido» griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_20:1; Pro_23:20-21; Pro_23:29-35; Pro_31:4-7; Isa_5:22; Isa_28:1-4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_104:15

[2] Jue_9:13; 1Ti_5:23


NOTAS

31:29 «desafío» según el hebr. (trad. dudosa); «por un paso en falso» (?) griego.