Eclesiástico 32 Biblia Jerusalén (1998) | 24 versitos |
1 ¿Te hacen presidir la mesa? No te engrías, sé uno más entre todos; atiéndeles primero y luego siéntate.
2 Cuando hayas cumplido tu deber, toma asiento, para alegrarte con ellos y recibir la corona de la cortesía.
3 Habla, anciano, que eso te corresponde, pero hazlo con discreción y sin estorbar la música.
4 Durante la audición, no hables en exceso, no te hagas el sabio a destiempo.
5 Sello de rubí en montura de oro, es la música en un banquete.
6 Sello de esmeralda en montura de oro, es la melodía con vino delicioso.
7 Habla, joven, si es necesario, dos veces a lo sumo, si se te pregunta.
8 Resume tu discurso, di mucho en pocas palabras, sé como quien sabe y al mismo tiempo calla.
9 Entre los grandes no pretendas igualarte a ellos, si otro está hablando, no hables tú también.
10 El relámpago precede al trueno, así la gentileza al hombre modesto.
11 Llegada la hora levántate, no te entretengas, ve corriendo a casa, no te hagas el remolón.
12 Allí, diviértete y haz lo que te guste, pero no peques con palabras insolentes.
13 Y por todo esto bendice a tu Creador, al que te colma de sus bienes.
14 El que teme al Señor acepta la instrucción, los que madrugan por él encuentran su favor.
15 El que busca la ley se llena de ella, pero al hipócrita le sirve de tropiezo.
16 Los que temen al Señor son justificados, sus buenas acciones brillan como la luz.
17 El pecador rechaza la corrección, siempre encuentra excusas para hacer su voluntad.
18 El hombre sensato no olvida la reflexión, el malvado y el orgulloso no tienen miedo a nada.
19 No hagas nada sin aconsejarte, y no te arrepentirás de tus acciones.
20 No vayas por caminos escabrosos, y no tropezarás con las piedras.
21 No te fíes de un camino inexplorado,
22 y de tus hijos guárdate.
23 En todos tus actos confía en ti, que también esto es guardar los mandamientos.
24 El que confía en la ley observa los mandamientos, y el que confía en el Señor no sufrirá ningún daño.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

32:1 La institución de los banquetes suntuosos con un «anfitrión» escogido a suerte o por elección (ver 2Ma_2:27; Jua_2:8) parece haberse difundido en Palestina por influencia de los griegos o romanos. Los rabinos pondrán en guardia a los judíos piadosos contra estas costumbres; Ben Sirá se limita a recomendar los buenos modales.



NOTAS

32:2 Respecto de las coronas en los banquetes, ver Isa_28:1-4; Sab_2:8.

NOTAS

32:3 El término puede designar la música o el canto, o bien cualquier manifestación de arte: poesía, representación dramática, etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_15:33; Pro_18:12


NOTAS

32:12 Hebr.: «en el temor de Dios y no en el desprendimiento».

NOTAS

32:16 «son justificados... luz»; hebr. «comprenden la justicia y hacen salir de la oscuridad sus pensamientos».

NOTAS

32:17 Hebr.: «violenta la ley».

NOTAS

32:18 Hebr.: «El sabio no oculta la sabiduría; el orgulloso y el impío no guardan la Ley».

NOTAS

32:19 O: «y no te arrepentirás cuando hagas algo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_13:3; Pro_16:17; Pro_22:5; Deu_4:9; Pro_19:16; Sal_23:3 s

NOTAS

32:23 «vela sobre ti» según el hebr.