Eclesiástico 40 Biblia Jerusalén (1998) | 30 versitos |
1 Penoso destino se ha asignado a todo hombre, pesado yugo grava sobre los hijos de Adán, desde el día en que salen del seno materno, hasta el día de su regreso a la madre de todos.
2 El objeto de sus reflexiones, la ansiedad de su corazón es la espera angustiosa del día de la muerte.
3 Desde el que está sentado en un trono glorioso hasta el que yace humillado en la ceniza y el polvo;
4 desde el que lleva púrpura y corona hasta el que se cubre con harapos; todos conocen la ira y la envidia, la turbación y la inquietud, el miedo a la muerte, el resentimiento y la discordia.
5 Y mientras descansa en el lecho, los sueños nocturnos alteran sus pensamientos.
6 Descansa un poco, apenas un instante, y ya en sueños o en vigilia, se ve turbado por sus propias visiones, como si fuese un fugitivo que huye del combate,
7 que al sentirse libre, se despierta, sorprendido de su infundido temor.
8 Éste es el destino de toda criatura, del hombre hasta la bestia, pero para los pecadores es siete veces peor:
9 muerte, sangre, discordia, espada, adversidades, hambre, tribulación, azote.
10 Todo esto fue creado para los malvados, y por su culpa se produjo el diluvio.
11 Todo cuanto viene de la tierra a la tierra vuelve, todo cuanto viene del agua en el mar desemboca.
12 Sobornos e injusticias desaparecerán, pero la fidelidad subsistirá por siempre.
13 Las riquezas de los injustos se secarán como un torrente, son como un gran trueno que estalla en la tormenta.
14 Cuando él abre las manos, se alegra, así los transgresores desaparecerán por completo.
15 La estirpe de los impíos tiene pocas ramas, las raíces impuras sólo encuentran piedra áspera.
16 Caña que crece en el agua o al borde del río será arrancada antes que las otras hierbas.
17 La caridad es como un paraíso de bendición, y la limosna permanece para siempre.
18 Dulce es la vida del que se basta a sí mismo y del trabajador, pero todavía más la de quien encuentra un tesoro.
19 Tener hijos y fundar una ciudad perpetúan el nombre, pero todavía más la mujer de conducta intachable.
20 El vino y la música alegran el corazón, pero todavía más el amor a la sabiduría.
21 La flauta y la cítara hacen el canto suave, pero todavía más la lengua dulce.
22 Gracia y belleza el ojo desea, pero todavía más el verdor de los campos.
23 Amigo y compañero se encuentran a su hora, pero todavía más la mujer y su marido.
24 Hermano y protector ayudan en la desgracia, pero todavía más salva la limosna.
25 Oro y plata aseguran el paso, pero todavía más se estima el consejo.
26 La riqueza y la fuerza dan confianza, pero todavía más el temor del Señor. Al que teme al Señor nada le falta, no necesita buscar otra ayuda.
27 El temor del Señor es un paraíso de bendición, protege más que cualquier otro escudo.
28 Hijo, no lleves vida de mendigo, más vale morir que mendigar.
29 Hombre que suspira por mesa ajena vive una vida que no es vida. Deshonra su boca con comida ajena, pero el instruido y educado se guarda de ello.
30 La mendicidad es dulce en la boca del descarado, pero en sus entrañas es un fuego abrasador.

Patrocinio

 
 

Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

Patrocinio

Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_3:16-19; Job_7:1 s; Job_14:1-2+

[2] Job_1:21+

NOTAS

40 Esta exposición sobre la miseria universal contrasta con el cap. precedente. No hay incoherencia en el pensamiento de Ben Sirá. Esta miseria tiene explicación, puesto que es consecuencia del pecado, Sir_40:10.

40:1 «regreso» griego 248, hebr.; «inhumación» texto recibido.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_28:65-67; Job_7:4; Ecl_2:23; Ecl_8:16

NOTAS

40:5 Según el hebr. (dudoso) y el contexto, puede entenderse: el sueño le trae otras ideas no menos penosas. Ver Ecl_2:22-23.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_39:25; Sir_39:29


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Sir_41:10; Gén_3:19; Sal_146:4; Ecl_1:7

NOTAS

40:11 Hebr. «y cuanto de arriba viene, arriba vuelve», ver Ecl_12:7.

NOTAS

40:14 Texto difícil. Quizá se trata del justo cuya generosidad es fuente de alegría.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_23:25; Sab_4:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_8:11-12

NOTAS

40:16 Hebr.: «antes de toda lluvia».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_40:27

NOTAS

40:17 Hebr.: «La piedad jamás vacilará y la limosna permanece por siempre.»

NOTAS

40:19 Hebr. añade entre los dos esticos: «pero más que ambas cosas el hallazgo de la sabiduría. Ganado y plantaciones hacen ser floreciente».

NOTAS

40:20 «la música»; hebr.: «los licores». -«a la sabiduría» omitido por hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_17:17; Sir_29:8+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_40:17


NOTAS

40:29 Hebr.: «es una tortura interior para el hombre instruido».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_20:12-14