Eclesiástico 43 Biblia Jerusalén (1998) | 33 versitos |
1 Orgullo de las alturas es el firmamento límpido, espectáculo celeste en una visión espléndida.
2 El sol cuando despunta proclama: "¡Qué admirable es la obra del Altísimo!"
3 Al mediodía reseca la tierra, ¿quién puede resistir ante su calor?
4 Para los trabajos de forja se atiza el horno, pero tres veces más el sol abrasa las montañas; despide vapores ardientes, ciega los ojos con el resplandor de sus rayos.
5 Grande es el Señor que lo ha creado, y cuya palabra dirige su rápida carrera.
6 También la luna: siempre puntual en sus fases, para marcar los tiempos, señal eterna.
7 La luna es quien señala las fiestas, astro que mengua después del plenilunio.
8 De ella reciben los meses su nombre; ella crece maravillosamente cuando cambia, como estandarte del ejército celeste que brilla en el firmamento del cielo.
9 Belleza del cielo es el resplandor de las estrellas, radiante ornamento en las alturas del Señor.
10 Se mantienen fijas según la palabra del Señor, y no abandonan su puesto de guardia.
11 Mira el arco iris y bendice a su Hacedor, ¡qué esplendor tan bonito!
12 Rodea el cielo con un arco de gloria, lo han tendido las manos del Altísimo.
13 Con una orden suya hace caer la nieve, según su decreto fulmina los rayos.
14 Por eso se abren sus depósitos, y las nubes vuelan como pájaros.
15 Con su grandeza condensa las nubes, y se desmenuzan las piedras de granizo.
16 a su vista se tambalean las montañas. Cuando quiere, sopla el viento del sur,
17 El estallido de su trueno estremece la tierra, el huracán del norte y los ciclones.
18 Como bandada de pájaros esparce la nieve, que se posa en el suelo como plaga de langostas. La belleza de su blancura deslumbra los ojos, y al verla caer el corazón se extasía.
19 Como sal derrama la escarcha sobre la tierra, y al helarse queda en forma de pinchos espinosos.
20 El viento frío sopla del norte, y el agua se convierte en hielo; se posa sobre todas las superficies acuosas, y las reviste como de una coraza.
21 Devora los montes, quema el desierto, y como el fuego consume todo lo que es verde.
22 Como remedio rápido para todo llega la niebla, y después del calor el rocío trae de nuevo la alegría.
23 Con su designio ha dominado el océano, y ha plantado islas en él.
24 Los que surcan el mar hablan de sus peligros, y nosotros nos maravillamos de lo que cuentan.
25 Allí hay criaturas raras y maravillosas, toda clase de animales y monstruos marinos.
26 Gracias a Dios su mensajero tiene éxito, y gracias a su palabra todo está en su sitio.
27 Podríamos decir mucho más y nunca acabaríamos. Mi conclusión es ésta: "Él lo es todo."
28 ¿Dónde hallar fuerza para glorificarle? ¡Él es más grande que todas sus obras!
29 Temible es el Señor, inmensamente grande, admirable en su poder.
30 Ensalzad al Señor con vuestra alabanza, todo cuanto podáis, que él siempre os superará; y al ensalzarle redoblad vuestra fuerza, no os canséis, que nunca acabaréis.
31 ¿Quién le ha visto para poder describirle?, ¿quién puede glorificarle como se merece?
32 Cosas más grandes que éstas aún permanecen ocultas, pues nosotros hemos visto sólo una parte de sus obras.
33 Porque el Señor lo ha hecho todo, y a los piadosos les ha dado la sabiduría.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_19:2-7 [Sal_19:1-6]; Gén_1:14-18; Sal_8:4 [Sal_8:3]

NOTAS

43 Comparar estas exposiciones líricas con las de Dan_3:52-90 [Dan_3:23] y las de Sal_19:5 s [Sal_19:4]; 136; 145; 148. -El texto es difícil, y el hebr., muy diferente, no ofrece mucha ayuda.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_89:38 [Sal_89:37]; Sal_104:19


NOTAS

43:7 Las dos grandes fiestas judías, la Pascua y la de las Tiendas, ver Éxo_23:14+, comenzaban el día del plenilunio (el 14 del mes) y duraban ocho días.

NOTAS

43:8 Ya sea porque la misma palabra hebrea (yareaj) sirve para designar la luna y el mes, ya porque la otra palabra que designa el mes (jodes) significa «novedad» (luna nueva).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Bar_3:33-35


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_9:3; Eze_1:28; Sir_50:7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_147:16-18; Job_38:22 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_29:8


NOTAS

43:17b Seguimos el orden del hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_7:12+; Sal_104:5 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_104:25 s; Sal_107:23 s


NOTAS

43:27 Ciertamente no en sentido panteísta. Para Ben Sirá todo viene de Dios, cuya trascendencia ha afirmado siempre, ver aquí Sir_43:28, y a quien todo pertenece.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_96:4; Sal_145:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:18


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_26:14; Sir_1:9-10; Sir_42:17