Eclesiástico 51 Biblia Jerusalén (1998) | 30 versitos |
1 Te doy gracias, Rey y Señor, te alabo, oh Dios mi salvador, a tu nombre doy gracias.
2 Porque fuiste mi protector y mi auxilio, y libraste mi cuerpo de la perdición, del lazo de una lengua traicionera, de los labios que urden mentiras; frente a mis adversarios fuiste mi auxilio y me liberaste,
3 por tu inmensa misericordia y tu nombre glorioso, de las dentelladas de los que iban a devorarme, de la mano de los que buscaban mi vida, de las muchas tribulaciones que he sufrido,
4 de las llamas sofocantes que me envolvían, de un fuego que yo no había encendido,
5 de las entrañas del abismo, de la lengua impura, de la palabra mentirosa,
6 - calumnia de una lengua injusta ante el rey -. Yo estaba a punto de morir, mi vida tocaba el abismo profundo.
7 Por todas partes me asediaban y nadie me auxiliaba, buscaba a alguien que me ayudara y no había nadie.
8 Entonces me acordé, Señor, de tu misericordia, y de tus obras que son desde siempre, de que tú sostienes a los que esperan en ti, y los salvas de la mano de enemigos.
9 Y desde la tierra elevé mi plegaria, supliqué ser librado de la muerte.
10 Clamé al Señor, padre de mi Señor: "No me abandones en el día del peligro, cuando mandan los orgullosos, y estoy indefenso. Alabaré tu nombre sin cesar, cantaré himnos de acción de gracias."
11 Y mi oración fue escuchada, pues tú me salvaste de la perdición, y me libraste de aquel mal momento.
12 Por eso te daré gracias y te alabaré, bendeciré el nombre del Señor.
13 Cuando aún era joven, antes de viajar por el mundo, busqué sinceramente la sabiduría en la oración.
14 A la puerta del templo la pedí, y la busqué hasta el último día.
15 Cuando floreció como racimo maduro, mi corazón se alegró. Entonces mi pie avanzó por el camino recto, desde mi juventud seguí sus huellas.
16 Incliné un poco mi oído y la recibí, y me encontré con una gran enseñanza.
17 Gracias a ella he progresado mucho, daré gloria a quien me ha dado la sabiduría.
18 Pues he decidido ponerla en práctica, me he dedicado al bien y no quedaré defraudado.
19 He luchado para obtenerla, he observado la práctica de la ley, he tendido mis manos hacia el cielo y he lamentado haberla ignorado.
20 Hacia ella he orientado mi vida, y en la pureza la he encontrado. Desde el principio me dediqué a ella, por eso no quedaré defraudado.
21 Mis entrañas se conmovieron al buscarla, por eso he hecho una buena adquisición.
22 En recompensa el Señor me dio una lengua, y con ella le alabaré.
23 Acercaos a mí, los ignorantes, e instalaos en mi escuela de sabiduría.
24 ¿Por qué os tenéis que privar por más tiempo, si estáis tan sedientos de ella?
25 He abierto la boca para decir: Adquiridla sin dinero;
26 someted vuestro cuello a su yugo y recibid instrucción: está ahí, a vuestro alcance.
27 Ved con vuestros ojos lo poco que he trabajado y qué descanso tan grande he encontrado.
28 No escatiméis dinero para recibir instrucción, pues con ella adquiriréis gran cantidad de oro.
29 Alegraos en la misericordia del Señor, no os avergoncéis de su alabanza.
30 Realizad vuestras obras antes del momento final y él os dará a su tiempo vuestra recompensa. [Firma:] Sabiduría de Jesús, hijo de Sirá.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_15:2; Sal_120:2

NOTAS

51:2 Hebr.: «Fortaleza de mi vida, 2 porque tú has librado mi alma de la muerte, has preservado mi carne de la fosa, y has salvado mi pie del abismo, me has protegido de la calumnia del pueblo y del lazo, etc.»



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_103:8; Éxo_34:6

[2] Sal_35:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_16:33+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_25:6


NOTAS

51:9 Hebr.: «y desde las puertas del abismo supliqué».

NOTAS

51:10 Esta expresión hace pensar en una interpretación cristiana introducida en el texto griego. Pero quizá se trata sólo de una traducción fantaseada de un texto mal conservado. Ver, sin embargo, Sal_2:7; Sal_110:1 (LXX). -Hebr.: «Yo proclamé: Señor, tú eres un padre y el héroe de mi salvación.»

NOTAS

51:12 El hebr. inserta aquí un salmo de alabanza análogo al Sal 136 y al semoneh `esreh (dieciocho bendiciones en uso en el Judaísmo), ver también Sir_36:1-17 :
«Alabad a Yahvé porque es bueno, porque es eterno su amor.
Alabad al Dios de las alabanzas, porque es eterno su amor.
Alabad al guardián de Israel, porque es eterno su amor.
Alabad al creador del universo, porque es eterno su amor.
Alabad al redentor de Israel, porque es eterno su amor.
Alabad al que reúne a los dispersos de Israel, porque es eterno su amor.
Alabad al que edifica su ciudad y su Templo, porque es eterno su amor.
Alabad al que edifica su ciudad y su Templo, porque es eterno su amor.
Alabad al que hace florecer el poder de la casa de David, porque es eterno su amor.
Alabad al que ha elegido para sacerdotes a los hijos de Sadoc, porque es eterno su amor. Alabad al escudo de Abrahán, porque es eterno su amor.
Alabad a la roca de Israel, porque es eterno su amor. Alabad al fuerte de Jacob, porque es eterno su amor. Alabad al que eligió a Sión, porque es eterno su amor.
Alabad al Rey de reyes, porque es eterno su amor. Él exalta el poder de su pueblo y la alabanza de todos sus fieles, los hijos de Israel, el pueblo que está junto a él. Aleluya».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_6:18; Sir_15:2 s; Sir_34:9-12; Sab_8:2

NOTAS

51:13 Es un poema alfabético, ver Pro_31:10+, en el hebreo, cuyo texto por desgracia está mal conservado.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_25:5; Sal_26:3


NOTAS

51:17 Hebr.: «Su yugo era un honor para mí, al que me enseñó daré gracias.»

NOTAS

51:18 Hebr.: «y no me apartaré cuando la haya encontrado».

NOTAS

51:19 Hebr.: «Mi alma la ha abrazado y no he vuelto mi rostro. Mi mano abrió sus puertas, he... y la he contemplado.»

NOTAS

51:20 Hebr.: «por eso no la abandonaré».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_8:11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_55:1; Pro_4:5; Pro_4:7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_30:11-14

NOTAS

51:26 Hebr. lit. «la carga» en vez de «la instrucción», y añade al final: «y el que a ella se consagra la encontrará».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_16:16; Mat_13:44-46

NOTAS

51:28 Este v. parece en contradicción con Sir_51:25. Además, los sabios antiguos tenían a mucha honra enseñar gratuitamente. Es decir que el texto probablemente está mal conservado. Desgraciadamente, el hebr., en muy mal estado, no ofrece ninguna ayuda.

NOTAS

51:30 (a) Hebr. añade: «Bendito sea Yahvé por siempre, y sea su nombre alabado de generación en generación.»

51:30 (b) Hebr.: «Hasta aquí las palabras de Simeón, hijo de Jesús, llamado Ben Sirá. Sabiduría de Simeón, hijo de Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirá. Bendito sea el nombre de Yahvé ahora y por siempre.»