I Samuel 15 Biblia Jerusalén (1998) | 35 versitos |
1 Samuel dijo a Saúl: "Yahvé me ha enviado para ungirte rey de su pueblo Israel. Escucha, pues, las palabras de Yahvé:
2 Esto dice Yahvé Sebaot: He decidido castigar a Amalec por lo que hizo a Israel, cortándole el camino cuando subía de Egipto.
3 Ahora, vete y castiga a Amalec, consagrándolo al anatema con todo lo que posee; no tengas compasión de él, mata hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos."
4 Convocó Saúl al pueblo y le pasó revista en Telán: doscientos mil infantes y diez mil hombres de Judá.
5 Avanzó Saúl hasta la ciudad de Amalec y se emboscó en el barranco.
6 Dijo Saúl a los quenitas: "Marchaos, apartaos de los amalecitas, no sea que os haga desaparecer con ellos, pues os portasteis con benevolencia con todos los israelitas cuando subían de Egipto"; y los quenitas se apartaron de los amalecitas.
7 Batió Saúl a los amalecitas desde Javilá, en dirección de Sur, frente a Egipto.
8 Capturó vivo a Agag, rey de los amalecitas, y pasó a todo el pueblo a filo de espada en cumplimiento del anatema.
9 Pero Saúl y la tropa perdonaron a Agag y a lo más escogido del ganado mayor y menor, las reses cebadas y los corderos y todo lo bueno. No quisieron consagrarlo al anatema. Sólo consagraron al anatema toda la hacienda vil y sin valor.
10 Le fue dirigida la palabra de Dios a Samuel diciendo:
11 "Me arrepiento de haber hecho rey a Saúl, porque se ha apartado de mí y no ha ejecutado mis órdenes." Se conmovió Samuel y estuvo clamando a Yahvé toda la noche.
12 Se levantó Samuel por la mañana al encuentro de Saúl. Avisaron a Samuel: "Saúl ha ido a Carmelo, se ha erigido un monumento y después ha seguido y ha bajado a Guilgal."
13 Llegó Samuel donde Saúl y éste dijo: "Bendito seas de Yahvé. Ya he ejecutado la orden de Yahvé."
14 Pero Samuel preguntó: "¿Y qué son esos balidos que vienen a mis oídos y esos mugidos que oigo?"
15 Respondió Saúl: "Los hemos traído de Amalec porque el pueblo ha perdonado lo mejor del ganado mayor y menor para ofrecerlo en sacrificio a Yahvé tu Dios. Cuanto a lo demás, lo hemos entregado al anatema."
16 Pero Samuel dijo a Saúl: "Basta ya. Deja que te anuncie lo que Yahvé me ha revelado esta noche." Él le dijo: "Habla."
17 Entonces Samuel dijo: "Aunque tú te crees pequeño, ¿no eres acaso el jefe de las tribus de Israel? Yahvé te ha ungido rey de Israel.
18 Yahvé te ha enviado por el camino y te ha dicho: "Vete, y consagra al anatema a estos pecadores, los amalecitas, hazles la guerra hasta el exterminio".
19 ¿Por qué no has escuchado la voz de Yahvé? ¿Por qué te has lanzado sobre el botín y has hecho lo que desagrada a Yahvé?"
20 Saúl respondió a Samuel: "¡Yo he escuchado la voz de Yahvé! He seguido el camino por el que me envió, he traído a Agag, rey de los amalecitas, y he entregado a éstos al anatema.
21 Del botín, el pueblo ha tomado el ganado mayor y menor, lo mejor del anatema, para sacrificarlo a Yahvé, tu Dios, en Guilgal."
22 Pero Samuel dijo: "¿Acaso se complace Yahvé en los holocaustos y sacrificios tanto como en la obediencia a la palabra de Yahvé? Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros.
23 Como pecado de hechicería es la rebeldía, crimen de terafim la contumacia. Porque has rechazado la palabra de Yahvé, él te rechaza para que no seas rey."
24 Saúl dijo a Samuel: "He pecado conculcando la orden de Yahvé y tus palabras, porque tuve miedo al pueblo y le escuché.
25 Ahora, pues, perdona mi pecado, por favor, y vuelve conmigo para que adore a Yahvé."
26 Pero Samuel respondió a Saúl: "No iré más contigo; ya que has rechazado la palabra de Yahvé, Yahvé te ha rechazado para que no seas rey de Israel."
27 Y como Samuel se volviera para marcharse, le asió Saúl el extremo del manto, que se desgarró,
28 y Samuel dijo: "Hoy te ha desgarrado Yahvé el reino de Israel y se lo ha dado a otro mejor que tú."
29 Pues la Gloria de Israel no miente ni se arrepiente, porque no es un hombre para arrepentirse.
30 Saúl dijo: "He pecado, pero, con todo, te ruego que me honres ahora delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel y vuelvas conmigo para que adore a Yahvé tu Dios."
31 Volvió Samuel con Saúl y éste adoró a Yahvé.
32 Después dijo Samuel: "Traedme a Agag, rey de los amalecitas". Agag se acercó a él, ligero, pues se decía: "Se ha alejado la amargura de la muerte."
33 Samuel dijo: "Como tu espada ha privado a las mujeres de sus hijos, así entre las mujeres, privada de su hijo será tu madre", y Samuel descuartizó a Agag ante Yahvé en Guilgal.
34 Partió Samuel para Ramá, y Saúl subió a su casa en Guibeá de Saúl.
35 Samuel no vio más a Saúl hasta el día de su muerte. Y lloraba Samuel por Saúl, pero Yahvé se había arrepentido de haberle hecho rey de Israel.

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Introducción a I Samuel

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

15 Este capítulo desconoce la primera repulsa de Saúl, 1Sa_13:8-15, y condena solamente a Saúl, no a la institución real. Pero sí subraya la oposición, inherente a la monarquía israelita, entre la política profana y las exigencias de Yahvé, oposición que se manifiesta en la lucha entre reyes y profetas, aquí entre Saúl y Samuel; más tarde entre Ajab y Elías, Ezequías e Isaías, Sedecías y Jeremías.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_17:8-16; Deu_25:17-19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_6:17+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_10:29+; Éxo_17:8+


NOTAS

15:9 El anatema es la ofrenda hecha a Yahvé de todo el botín cobrado por la victoria. Pero Saúl y el pueblo incumplieron el anatema que debía alcanzar a todos los seres vivos. Ofrecer lo mejor del botín en sacrificio (1Sa_15:15) no responde a la prescripción. Saúl ha obrado sin tomar en serio la orden de Yahvé, y ése es el drama: su falta consiste en haber elegido, por complacer al pueblo, una manera distinta de honrar a Yahvé. Entre Yahvé, que le ha elegido, y el pueblo, que le ha aclamado y reconocido, Saúl ha buscado un compromiso, sin decidirse exclusivamente por Yahvé.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_6:7


NOTAS

15:12 Ciudad al sur de Hebrón, ver 1Sa_25:2 s. Su emplazamiento se encuentra en la ruta de Saúl, del Négueb hacia Guilgal.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_5:21-25+; Ose_6:6

NOTAS

15:22 Samuel no condena el culto sacrificial en general. Pero lo que agrada a Yahvé es la obediencia interior, no el rito externo sin más. Practicar sólo el rito contra la voluntad de Yahvé es rendir homenaje a otro dios, es caer en la idolatría, evocada aquí por la hechicería y los terafim, idolillos a los que se confiaba la custodia de las casas y los bienes, ver Gén_31:19, Gén_31:30 s; 1Sa_19:13.

NOTAS

15:23 La condena de los terafim como medio de sortilegio no aparece hasta una época tardía.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_11:11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_11:30 s; Jer_18:1+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_23:19; 1Sa_15:11


NOTAS

15:29 Inciso teológico citando Núm_23:19.

NOTAS

15:30 La repulsa de Saúl por parte de Yahvé no se verificará inmediatamente, y Saúl continúa ejerciendo la dignidad real. Samuel acepta confirmar la autoridad de Saúl, presentándose con él en el santuario.

NOTAS

15:32 Como no se le ha aplicado el anatema, Agag cree haber escapado de la muerte.

NOTAS

15:33 Samuel ejecuta lo que tendría que haber sido hecho por Saúl.

NOTAS

15:35 Ver, sin embargo, 1Sa_19:22-24, de tradición diferente.