I Samuel 27 Biblia Jerusalén (1998) | 12 versitos |
1 David dijo para sí: "Algún día voy a perecer a manos de Saúl. Estaré a salvo y seguro en tierra de filisteos. Saúl dejará de perseguirme por todos los términos de Israel y escaparé de sus manos."
2 David se puso en marcha y pasó, con los seiscientos hombres que tenía, a Aquis, hijo de Maoc, rey de Gat.
3 Se asentó David con Aquis en Gat, él y sus hombres, cada cual con su familia; David con sus dos mujeres, Ajinoán de Yizreel y Abigail, mujer de Nabal, de Carmelo.
4 Se dio aviso a Saúl que David había huido a Gat y dejó de buscarlo.
5 Dijo David a Aquis: "Si he hallado gracia a tus ojos, que se me asigne un lugar en una de las ciudades del territorio y residiré en ella. ¿Por qué ha de morar tu siervo a tu lado, en la ciudad real?"
6 Aquel mismo día Aquis le asignó Sicelag; por eso Sicelag pertenece hasta el día de hoy a los reyes de Judá.
7 El número de días que moró David en territorio de los filisteos fue de un año y cuatro meses.
8 Subía David con su gente y hacía incursiones contra los guesuritas, los guirzitas y los amalecitas, pues éstos son los habitantes de la región, desde Telán, hasta Sur y hasta la tierra de Egipto.
9 Devastaba David la tierra y no dejaba con vida hombre ni mujer; se apoderaba de las ovejas y bueyes, asnos y camellos y vestidos, y se volvía para llevarlos a Aquis.
10 Aquis preguntaba: "¿Dónde habéis hecho hoy la incursión?", y David respondía: "Contra el Negueb de Judá, o contra el Negueb de Yerajmeel, o contra el Negueb de los quenitas."
11 David no dejaba llevar a Gat con vida hombres ni mujeres, pues decía: "No sea que den aviso contra nosotros y digan: "Esto ha hecho David."" De esta forma se comportó David todo el tiempo que moró en territorio de filisteos.
12 Aquis confiaba en David diciéndose: "Seguramente se ha hecho odioso a su pueblo Israel y será mi servidor para siempre."

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Introducción a I Samuel

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

27:1 Era un medio seguro de librarse de Saúl, pero esta aparente deserción al enemigo ponía a David en una situación falsa, de la que no saldrá más que a fuerza de habilidad, 1Sa_27:8-12, y con ayuda de las circunstancias, cap. 29.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_21:11-16 [1Sa_21:10-15]


NOTAS

27:6 (a) En la frontera del país de los filisteos, al noreste de Berseba. Aquis da la ciudad en feudo a David, contando con su tropa para vigilar el desierto vecino.

27:6 (b) Es decir, que era tierra del dominio del rey.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_29:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_17:8; 1Sa 15; Jos_13:2

NOTAS

27:8 (a) El sistema de guerra empleado por David es el de la «razzia» o algarada. Traducimos «incursiones» porque David tenía solamente tropa de a pie, mientras que las algaradas se hacían siempre con gente de a caballo.

27:8 (b) Este nombre, conservado por algunos mss griegos, aparece ya en 1Sa_15:4; hebr. dice «desde siempre» (me`olam).

NOTAS

27:10 El Negueb es la región escasamente habitada y mayormente de pastoreo que se extiende al sur de Palestina. Pertenece a la población de Judá y a sus aliados, como los quenitas, ver también 1Sa_30:14. David presenta como dirigidas contra éstos sus incursiones contra los bandidos del desierto, incursiones que en cambio le granjean las simpatías de los de Judá.