I Samuel 30 Biblia Jerusalén (1998) | 31 versitos |
1 Cuando David y sus hombres llegaron al tercer día a Sicelag, los amalecitas habían hecho una incursión contra el Negueb y contra Sicelag, y habían irrumpido en Sicelag y la habían incendiado.
2 Se llevaron a las mujeres que había allí, a pequeños y grandes, pero no mataron a nadie, sino que se los llevaron cautivos y se fueron por su camino.
3 Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad, vieron que estaba incendiada y que sus mujeres, hijos e hijas habían sido llevados.
4 David y las tropas que con él estaban alzaron su voz y lloraron hasta quedar sin aliento.
5 Habían sido llevadas las dos mujeres de David, Ajinoán de Yizreel y Abigail, mujer de Nabal, de Carmelo.
6 David se hallaba en grave apuro porque la gente hablaba de apedrearlo, pues el alma de todo el pueblo estaba llena de amargura, cada uno por sus hijos y sus hijas. Pero David halló fortaleza en Yahvé su Dios.
7 Dijo David al sacerdote Abiatar, hijo de Ajimélec: "Acércame el efod." Abiatar acercó el efod a David.
8 Consultó David a Yahvé diciendo: "¿Debo perseguir a esta banda? ¿Le daré alcance?" Le contestó: "Persíguela, porque de cierto la alcanzarás y librarás a los cautivos."
9 Partió David con los seiscientos hombres que tenía y llegaron al torrente Besor.
10 Continuó David la persecución con cuatrocientos hombres; doscientos se quedaron, pues estaban demasiado fatigados para atravesar el torrente Besor.
11 Encontraron en el campo a un egipcio y lo llevaron a David. Le dieron pan, que él comió, y agua para beber.
12 Diéronle también un trozo de pan de higos secos y dos racimos de pasas. Cuando hubo comido, recobró su espíritu, pues había estado tres días y tres noches sin comer pan ni beber agua.
13 David le preguntó: "¿A quién perteneces y de dónde eres?" Respondió: "Soy un muchacho egipcio, esclavo de un amalecita, pero mi dueño me abandonó porque me puse enfermo hace tres días.
14 Hemos hecho una incursión contra el Negueb de los quereteos y el de Judá, y contra el Negueb de Caleb, y hemos incendiado Sicelag."
15 Díjole David: "¿Podrías guiarme hacia esa banda?" Respondió: "Júrame por Dios que no me matarás y que no me entregarás en manos de mi dueño, y te guiaré hacia esa banda."
16 Les guió, y los hallaron desparramados por todo el campo, comiendo, bebiendo y bailando por el gran botín que habían tomado en tierra de filisteos y en tierra de Judá.
17 David los batió desde el alba al anochecer; sólo se salvaron de entre ellos cuatrocientos jóvenes, que montaron en camellos y huyeron.
18 Salvó David todo lo que los amalecitas habían capturado. También rescató David a sus dos mujeres.
19 Nada les faltó, ni pequeño ni grande, ni sus hijos, ni sus hijas, ni el botín, nada de cuanto les habían capturado. David se lo llevó todo.
20 Tomó David todo el ganado menor. Y llevaron el ganado mayor delante de aquel rebaño, diciendo: "Éste es el botín de David."
21 Llegó David donde los doscientos hombres que, demasiado fatigados para seguirle, se habían quedado en el torrente Besor. Salieron al encuentro de David y de la gente que venía con él; se acercaron David y la tropa y les saludaron.
22 Pero todos los perversos y malvados de entre los hombres que habían ido con David, contestaron: "A los que no han venido conmigo no se les dará el botín que hemos salvado, sino sólo su mujer y sus hijos; que lo tomen y se vayan."
23 David dijo: "No hagáis así, hermanos míos, con lo que Yahvé nos ha concedido. Nos ha guardado y ha entregado en nuestras manos a esa banda que vino contra nosotros.
24 ¿Quién os dará la razón en este caso? Porque: Ésta es la parte del que baja a la batalla y ésta la parte del que se queda con la impedimenta. Se partirá por igual."
25 Y desde aquel día en adelante lo estableció como decreto y norma para Israel, hasta el día de hoy.
26 Llegó David a Sicelag y envió parte del botín a los ancianos de Judá, sus compañeros, diciendo: "Aquí tenéis un presente del botín tomado a los enemigos de Yahvé",
27 a los de Betul, a los de Ramot del Négueb, a los de Yatir,
28 a los de Aroer, a los de Sifmot, a los de Estemoa,
29 a los de Racal, a los de las ciudades de los yerajmeelitas, a los de las ciudades de los quenitas,
30 a los de Jormá, a los de Borasán, a los de Atac,
31 a los de Hebrón y a todos los lugares por donde anduvo David con sus hombres.

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Introducción a I Samuel

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_27:3



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_2:28+


NOTAS

30:9 El texto hebr. añade: «y los demás se quedaron», glosa tomada de 1Sa_30:10.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_27:10


NOTAS

30:14 Los quereteos están emparentados con los filisteos, y David reclutará entre ellos una parte de su guardia, 2Sa_8:18; 2Sa_15:18; etc.

NOTAS

30:22 Los que hablan lo hacen como si cada uno de ellos fuese el único vencedor, olvidando así la solidaridad con los otros y con David. Este último les interpela empleando la palabra «hermanos» (1Sa_30:23).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_31:27


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos 15; Jos 19

NOTAS

30:27 «Betul» conj.; «Betel» hebr., pero la ciudad debe encontrarse, al igual que las otras, en el sur de Judá, como es precisamente el caso de Betul, ver Jos_19:4; 1Cr_4:30.

NOTAS

30:31 Es un modo de pagar la hospitalidad recibida y, sobre todo, de hacerse amigos que llevarán a David al trono, 2Sa_2:4. Las ciudades mencionadas están localizadas al sur de Hebrón.