Jeremías  42 La Biblia de Nuestro Pueblo (2006) | 22 versitos |
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Entonces los capitanes, con Juan, hijo de Carej, y Yezanías, hijo de Hosayas, y todo el pueblo, del menor al mayor, acudieron al profeta Jeremías
2 y le dijeron:
– Acepta nuestra súplica y reza al Señor, tu Dios, por nosotros y por todo este resto; porque quedamos muy pocos de la multitud, como lo pueden ver tus ojos.
3 Que el Señor, tu Dios, nos indique el camino que debemos seguir y lo que debemos hacer.
4 El profeta Jeremías les respondió:
– De acuerdo; yo rezaré al Señor, su Dios, según me piden, y todo lo que el Señor me responda se lo comunicaré, sin ocultarles nada.
5 Ellos dijeron a Jeremías:
– El Señor sea testigo veraz y fiel contra nosotros si no cumplimos todo lo que el Señor, tu Dios, te mande decirnos.
6 Sea favorable o desfavorable, obedeceremos al Señor, nuestro Dios, a quien nosotros te enviamos, para que nos vaya bien, obedeciendo al Señor, nuestro Dios.
7 Pasados diez días, el Señor dirigió la palabra a Jeremías.
8 Éste llamó a Juan, hijo de Carej, a todos sus capitanes y a todo el pueblo, del menor al mayor,
9 y les dijo:
– Así dice el Señor, Dios de Israel, a quien me enviaron para presentarle sus súplicas:
10 Si se quedan a vivir en esta tierra,
los construiré y no los destruiré,
los plantaré y no los arrancaré;
porque me pesa el mal
que les he hecho.
11 No teman al rey de Babilonia,
a quien ahora temen;
no le teman
– oráculo del Señor–
porque yo estoy con ustedes
para salvarlos y librarlos de su mano.
12 Le infundiré compasión
para que los compadezca
y los deje vivir en sus tierras.
13 Pero si dicen:
No habitaremos en esta tierra
– desobedeciendo al Señor,
su Dios– ,
14 sino que iremos a Egipto,
donde no conoceremos la guerra,
ni oiremos el toque de trompetas,
ni pasaremos hambre de pan,
y allí viviremos,
15 entonces, resto de Judá,
escuchen la Palabra del Señor:
Así dice el Señor Todopoderoso,
Dios de Israel:
Si se empeñan en ir a Egipto
para residir allí,
16 la espada que ustedes temen
los alcanzará en Egipto,
el hambre que los asusta
se les pegará en Egipto
y allí morirán.
17 Todos los que se empeñen
en ir a Egipto para residir allí,
allí morirán por la espada,
el hambre y la peste,
y no quedará ni un superviviente
de todas las calamidades
que yo les enviaré.
18 Porque así dice
el Señor Todopoderoso,
Dios de Israel:
Como se derramó mi ira y mi cólera
sobre los habitantes de Jerusalén,
así se derramará mi cólera
sobre ustedes si van a Egipto.
Serán maldición y espanto,
desprecio y burla,
volverán a ver este lugar.
19 Esto dice el Señor, resto de Judá:
No vayan a Egipto.
Sépanlo bien,
porque yo se lo atestiguo hoy.
20 Cierto que se engañan a ustedes mismos cuando me envían al Señor, su Dios, pidiendo que rece por ustedes al Señor, su Dios, y que les comunique todo lo que dice el Señor, su Dios, para cumplirlo.
21 Yo se lo he comunicado hoy, y no quieren obedecer al Señor, su Dios, que me ha enviado a ustedes.
22 Pues ahora, sépanlo bien: Morirán a espada, de hambre y de peste en el sitio que eligen como residencia.

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Introducción a Jeremías 

JEREMÍAS

La época. Sobre la época del ministerio de Jeremías estamos bastante bien informados gracias a los libros de Reyes y Crónicas, algunos documentos extrabíblicos y el mismo libro de Jeremías. Es una época de cambios importantes en la esfera internacional, dramática y trágica para los judíos. Durante la segunda mitad del siglo VII a.C. Asiria declina rápidamente, se desmorona y cede ante el ataque combinado de medos y persas. Josías, rey de Judá (640-609 a.C.), aprovecha la coyuntura para afianzar su reforma, extender sus dominios hacia el norte y atraer a miembros del destrozado reino del norte.
También se aprovecha Egipto para extender sus dominios sobre Siria y contrarrestar el poder creciente de Babilonia. Los dos imperios se enfrentan; el faraón es derrotado y cede la hegemonía a Babilonia. Josías, mezclado en rivalidad, muere en 609 a.C. En Judá comienza el juego de sumisión y rebelión que acabará trágicamente. La rebelión de uno de los reyes, Joaquín (609-598 a.C.) contra el pago del tributo, provoca la primera deportación de gente notable a Babilonia y el nombramiento de un rey sumiso, Sedecías. La rebelión de éste, provoca el asedio, la matanza y la gran deportación (586 a.C.). Judá deja de existir como nación soberana.

El profeta Jeremías. Pocas personalidades del Antiguo Testamento nos resultan tan conocidas y próximas como el profeta Jeremías, nacido en Anatot, pueblo de la tribu de Benjamín, a mediados del siglo VII a.C. A Jeremías lo conocemos a través de los relatos, de las confesiones en las que se desahoga con Dios, por sus irrupciones líricas en la retórica de la predicación. Comparado con el «clásico» Isaías, lo llamaríamos «romántico». Como sus escritos (36,23s), Jeremías es el «profeta quemado».
Su itinerario profético, que comienza con su vocación en 627 a.C., es trágico y conmovedor. Tras una etapa de ilusión y gozo en su ministerio, sucede la resistencia pasiva del pueblo, y activa y creciente de sus rivales, entre los que se encuentran autoridades, profetas y familiares. Su predicación es antipática y sus consignas impopulares. En su actuación, va de fracaso en fracaso; su vocación llega a hacerse intolerable, necesitando la consolación de Dios.
Se siente desgarrado entre la nostalgia de los oráculos de promesa y la presencia de los oráculos de amenaza que Dios le impone; entre la solidaridad a su pueblo, que le empuja a la intercesión, y la Palabra del Señor que le ordena apartarse y no interceder; entre la obediencia a la misión divina y la empatía con su pueblo. Con ojos lúcidos de profeta, contempla el fracaso sistemático de toda su vida y actividad, hasta hacerle exclamar en un arrebato de desesperación: «¡Maldito el día en que nací!... ¿Por qué salí del vientre para pasar trabajos y penas y acabar mis días derrotado?» (20,14-18).
Nuestro profeta es como un anti-Moisés. Se le prohíbe interceder. Tiene que abandonar la tierra y marchar forzado a Egipto, donde seis años después muere asesinado a manos de sus propios compatriotas. De su muerte trágica se salva un libro, y en ese libro pervive la personalidad de Jeremías con un vigor excepcional. Su vida y pasión parece en muchos aspectos una anticipación de la de Cristo.

El libro de Jeremías. Jeremías es un poeta que desarrolla con gran originalidad la tradición de sus predecesores; sobresale su capacidad de crear imágenes y de trascender visiones simples y caseras. El estilo de la poesía se distingue por la riqueza imaginativa y la intensidad emotiva. La prosa narrativa, siguiendo la gran tradición israelita de brevedad, inmediatez e intensidad, es de lo mejor que leemos en el Antiguo Testamento, haciendo de la obra una de las más asequibles para al lector de hoy.
Se suelen repartir los materiales del libro en tres grandes grupos: 1. Oráculos en verso, subdivididos en: oráculos para el pueblo y el rey, confesiones del profeta (10,18-12,6; 15,10-21; 17,14-18; 18, 18-23; 20,7-18), oráculos contra naciones paganas (25 y 46-51). 2. Textos narrativos con palabras del profeta incorporadas. 3. Discursos en prosa elaborados en estilo deuteronomista (7,1-8,3; 11,1-14; 16,1-13; 17,19-27; 18,1-12; 21,1-10; 22,1-5; 25,1-14; 34,8-22; 35,1-19).

Mensaje religioso de Jeremías. Jeremías es un profeta que vive en su propia carne el drama de una fidelidad absoluta a Dios y una absoluta solidaridad con el pueblo rebelde y desertor a quien, fiel a su vocación profética, tiene que anunciar la catástrofe a la que le llevan sus pecados.
Su fidelidad y continuo contacto con Dios, sellados por el sufrimiento, llevará a la conciencia del pueblo la necesidad de un nuevo tipo de relación con el Señor, más íntima y personal, más enraizada en el corazón de las personas que en una alianza jurídica y externa. Esta relación de obediencia es el culto que Dios desea y que deberá manifestarse en juzgar según derecho y en la defensa de la causa del huérfano y del pobre.

Fuente: La Biblia de Nuestro Pueblo (Liturgical Press, 2006),

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Notas

Jeremías  42,1-22Consulta a Jeremías. Reaparece Jeremías en escena, esta vez para ser consultado por los que han huido de Jerusalén. La respuesta de Jeremías (9-22) mantiene el tono de sometimiento a Babilonia como única garantía de sobrevivencia. Jeremías conoce la política internacional y sabe que aliarse con Egipto equivale a morir a manos del poderoso de turno. En el fondo, Jeremías siempre temió volver a Egipto, porque sería recorrer el camino de retorno a la misma suerte de los antiguos israelitas en aquel país, sería algo así como un antiéxodo.