I Crónicas 5 Libro del Pueblo de Dios (Levoratti y Trusso, 1990) | 41 versitos |
1 Descendientes de Rubén, el primogénito de Israel. Rubén fue el primero en nacer, pero como profanó el lecho de su padre, su primogenitura fue entregada a los hijos de José, al hijo de Israel, y no fue inscrito en las genealogías como el primogénito.
2 Judá, en efecto, prevaleció entre sus hermanos y de él procede el Príncipe; pero la primogenitura pertenece a José.
3 Los descendientes de Rubén, el primogénito de Israel, fueron Henoc, Palú, Jesrón y Carmí.
4 El hijo de Joel fue Semaías; el hijo de Semaías, Gog; el hijo de Gog, Simei;
5 el hijo de Simei, Micá; el hijo de Micá, Reaías; el hijo de Reaías, Baal;
6 el hijo de Baal, Beerá, a quien Tiglat Piléser, rey de Asiria, llevó cautivo. Este era jefe de los Rubenitas.
7 Sus hermanos, agrupados por familias según sus genealogías, eran Ieiel, el primero, luego Zacarías,
8 y Belá, hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel. Estos habitaban en Aroer y se extendían hasta Nebo y Baal Meón.
9 También se extendían hacia el oriente, hasta el borde del desierto que limita con el río Eufrates, porque sus ganados se habían multiplicado en la tierra de Galaad.
10 En tiempos de Saúl combatieron contra los agareos, y estos cayeron en sus manos. Así ocuparon sus campamentos por toda la parte oriental de Galaad.
11 Los hijos de Gad habitaban frente a ellos en la tierra de Basán hasta Salcá.
12 Joel fue el primero que se estableció en Basán; Sefán, el segundo; luego lo hicieron Ianai y Safat.
13 Sus hermanos, agrupados por familias, fueron Micael, Mesulam, Sebá, Iorai, Iacán, Zía y Héber: siete en total.
14 Estos son los hijos de Abijáil, hijo de Jurí, hijo de Iaróaj, hijo de Guilad, hijo de Micael, hijo de Iesisai, hijo de Iajdó, hijo de Buz.
15 Así, hijo de Abdiel, hijo de Guní, era jefe de sus familias.
16 Ellos habitaban en Galaad, en Basán y sus poblados, y en todos los campos de pastoreo de Sarón, hasta sus confines.
17 Todos ellos fueron registrados en tiempos de Jotam, rey de Judá, y de Jeroboam, rey de Israel,
18 Los hijos de Rubén, los de Gad y la mitad de la tribu de Manasés, eran muy valientes, llevaban escudo y espada y manejaban el arco. Los que estaban adiestrados para la guerra formaban un ejército de cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta hombres.
19 Ellos combatieron contra los agareos, contra Ietur, Nafís y Nodab,
20 y Dios los ayudó, de tal manera que los agareos y todos los que estaban con ellos, cayeron en sus manos; en el combate invocaron a Dios y él les fue propicio, porque confiaban en él.
21 Así lograron capturar sus ganados -cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas, dos mil asnos- además de cien mil personas.
22 Como era Dios el que combatía a favor de ellos, dieron muerte a muchos enemigos y ocuparon su lugar hasta el exilio.
23 Los hijos de la mitad de la tribu de Manasés se establecieron en el país, desde Basán hasta Baal Hermón, Senir y la montaña del Hermón. Ellos eran muy numerosos.
24 Estos son los jefes de sus familias: Efer, Isei, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías y Iajdiel, hombres valientes y jefes famosos de sus respectivas familias.
25 Pero fueron infieles al Dios de sus padres, y se prostituyeron siguiendo a los dioses de los pueblos del país que Dios había destruido delante de ellos.
26 Por eso, el Dios de Israel suscitó contra ellos a Pul, es decir, a Tiglat Pileser, y este deportó a los rubenitas, a los gaditas y a la mitad de la tribu de Manasés, y los llevó a Jalaj, Jabor, Jará y al río Gozán, hasta el día de hoy.
27 Los descendientes de Leví fueron Gersón, Quehat, y Merarí.
28 Los hijos de Quehat fueron Amram, Ishar, Hebrón y Uziel.
29 Los hijos de Amram fueron Aarón, Moisés y Miriam. Los hijos de Aarón fueron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
30 Eleazar fue padre de Pinjás; Pinjás fue padre de Abisúa;
31 Abisúa fue padre de Buquí; Buquí fue padre de Uzí;
32 Uzí fue padre de Zerajías; Zerajías fue padre de Meraiot;
33 Meraiot fue padre de Amarías; Amarías fue padre de Ajitub;
34 Ajitub fue padre de Sadoc; Sadoc fue padre de Ajimáas;
35 Ajimáas fue padre de Azarías; Azarías fue padre de Iojanán;
36 Iojanán fue padre de Azarías, el cual ejerció el sacerdocio en el Templo que Salomón edificó en Jerusalén;
37 Azarías fue padre de Amarías; Amarías fue padre de Ajitub;
38 Ajitub fue padre de Sadoc; Sadoc fue padre de Salúm;
39 Salúm fue padre de Jilquías; Jilquías fue padre de Azarías;
40 Azarías fue padre de Seraías ; Seraías fue padre de Iehosadac;
41 Iehosadac fue al destierro, cuando el Señor deportó a los habitantes de Judá y de Jerusalén por medio de Nabucodonosor.

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Introducción a I Crónicas


Primer Libro de las Crónicas

Después de la caída de Jerusalén, en el 587 a. C., una buena parte de la población de Judá fue deportada a Babilonia, hasta que Ciro el Persa autorizó el regreso de los desterrados a su país de origen. Así comenzó para Israel una nueva etapa, y los repatriados tuvieron que emprender la ardua tarea de reconstruir la comunidad nacional y religiosa. Esta grave crisis constituyó un verdadero desafío para la comunidad judía. El profeta Natán había prometido a David una dinastía eterna. Pero ¿qué valor podía tener esa promesa, si ya la monarquía no era mas que un recuerdo del pasado? Otros profetas habían anunciado a Israel un futuro glorioso. ¿Cómo dar crédito a esos anuncios en las miserables condiciones presentes?
El peso de estos interrogantes exigía una reinterpretación de toda la historia de Israel. De esta necesidad surgieron los libros de las CRÓNICAS, que en realidad son una sola obra y forman una unidad con los libros de Esdras y Nehemías. Su autor fue un levita de Jerusalén, que escribió hacia el 300 a. C. Esta nueva síntesis histórica abarca desde Adán hasta el retorno a Jerusalén del "Resto" de Judá. Pero únicamente dos etapas de la historia bíblica son tratadas con cierta detención: el reinado de David y su dinastía y la restauración de la comunidad judía. Los cincuenta años del destierro son pasados por alto, y sólo unas cuantas listas genealógicas cubren los siglos que van desde los comienzos de la humanidad hasta David.
Según el Cronista, Dios confió a la dinastía davídica el trono de Jerusalén, que es "el trono de la realeza del Señor sobre Israel" ( 1Ch_28:5 ). Durante los reinados de David y Salomón, el Reino de Dios tuvo su más perfecta realización. Pero los sucesores de estos dos primeros reyes no estuvieron a la altura de la misión que el Señor les había encomendado. Sólo tres de ellos -Josafat, Ezequías y Josías- siguieron los caminos de David. Los demás, a pesar de las apremiantes advertencias de los Profetas, se apartaron de esta línea de conducta, precipitando así a Israel en la ruina. La destrucción de Jerusalén y del Templo, la desaparición de la dinastía davídica y la deportación a Babilonia fueron el justo castigo de esas infidelidades, ya que para el Cronista no hay pecado sin castigo. Pero cuando todo parecía perdido, el Señor suscitó a un rey pagano, para liberar a los deportados y asegurar la continuidad del designio divino sobre Israel.
En la composición de su obra, el autor utilizó numerosas fuentes, bíblicas y extrabíblicas. Las genealogías de 1 Crón. 1-9 se inspiran en las tradiciones del Pentateuco. A partir del cap. 10, él reproduce narraciones enteras de los libros de Samuel y de los Reyes. Pero también emplea otros documentos que no tienen paralelos en la Biblia y a los que remite explícitamente. Aunque de ordinario cita sus fuentes textualmente, muchas veces las amplía, las abrevia o modifica, hasta el punto de que algunas narraciones adquieren un nuevo sentido. Todos estos retoques redaccionales están destinados a subrayar los temas por los que siente especial predilección: el Reino davídico, la Ciudad santa de Jerusalén, y el Templo con su "clero" y su culto.
El Cronista buscó en la historia y en los escritos sagrados de su Pueblo todo lo que podía servir de enseñanza para sus contemporáneos. En él se resume el esfuerzo de una comunidad que vive replegada sobre sí misma, ansiosa por descubrir en su propio pasado las raíces de su identidad y la cohesión necesaria para afrontar las presiones de un ambiente hostil. De esta manera, los libros de las Crónicas contribuyeron a mantener viva la esperanza del Pueblo que debía preparar la venida del Mesías.

Fuente: Libro del Pueblo de Dios (San Pablo, 1990)

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Notas