Proverbios 6 Libro del Pueblo de Dios (Levoratti y Trusso, 1990) | 35 versitos |
1 Hijo mío, si te has hecho garante de tu prójimo y has estrechado tu mano en favor de otro,
2 si te has enredado con tus palabras y te has dejado atrapar por tu propia boca,
3 entonces, hijo mío, obra sí para librarte, ya que has caído en las manos de tu prójimo: ve a echarte a sus pies e importúnalo,
4 no concedas descanso a tus ojos ni reposo a tus párpados;
5 líbrate como una gacela de la red y como un pájaro de la mano del cazador.
6 Fíjate en la hormiga, perezoso, observa sus costumbres y aprende a ser sabio:
7 ella, que no tiene jefe ni capataz ni dueño.
8 se provee de alimento en verano y junta su comida durante la cosecha.
9 ¿Hasta cuándo estarás recostado, perezoso, cuándo te levantarás de tu sueño?
10 "Dormir un poco, dormitar otro poco, descansar otro poco de brazos cruzados":
11 así te llegará la pobreza como un salteador y la miseria como un hombre armado.
12 Es un infame, un malvado, el que tiene la boca llena de perversidad;
13 guiña el ojo, toca con los pies, hace una seña con los dedos:
14 en su corazón depravado maquina el mal, siempre está sembrando discordias.
15 Por eso, llegará su ruina de repente, será destrozado de improviso y sin remedio.
16 Hay seis cosas que detesta el Señor, y siete que son para él una abominación;
17 los ojos altaneros, la lengua mentirosa y las manos que derraman sangre inocente;
18 el corazón que trama proyectos malignos, los pies rápidos para correr hacia el mal,
19 el falso testigo que profiere mentiras, y el que siembra discordias entre hermanos.
20 Observa, hijo mío, el precepto de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre.
21 Átalos a tu corazón constantemente, anúdalos a tu cuello.
22 Que ellos te guíen mientras caminas, que velen sobre ti cuando estás acostado, y conversen contigo cuando despiertas.
23 Porque el precepto es una lámpara, la enseñanza, una luz, y las reglas de la instrucción, un camino de vida,
24 a fin de preservarte de una mala mujer y de la lengua seductora de una extraña.
25 No codicies su hermosura en tu corazón ni te dejes cautivar por sus miradas.
26 Porque el precio de una prostituta es un mendrugo de pan, pero una mujer casada anda a la pesca de una vida lujosa.
27 ¿Puede un hombre ponerse fuego en el pecho sin que se inflame su ropa?
28 ¿Se puede caminar sobre brasas sin quemarse los pies?
29 Eso le pasa al que se acuesta con la mujer de su prójimo: el que la toque no quedará impune.
30 ¿Acaso no se desprecia al ladrón, aunque robe para sacar su apetito cuando tiene hambre?
31 Una vez descubierto, paga siete veces y tiene que entregar todos los bienes de su casa.
32 El que comete adulterio es un insensato, se arruina a sí mismo el que obra así:
33 lo que conseguirá son golpes e ignominia, y su oprobio nunca se borrará.
34 Porque los celos enfurecen al varón, y no tendrá compasión en el día de la venganza;
35 no aceptará ninguna compensación, ni querrá saber nada aunque quieras darle más.

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Introducción a Proverbios


Proverbios

El libro de los PROVERBIOS reúne varias colecciones de refranes, comparaciones, máximas, enigmas y alegorías, puestas en su mayoría bajo la autoridad de "Salomón, hijo de David, rey de Israel" (1. 1). Tal atribución se debe a que la tradición israelita consideraba a aquel célebre rey como el "sabio" por excelencia. Según el primer libro de los Reyes, él "pronunció tres mil maximas" ( 1Ki_5:12 ) y su sabiduría "superaba la de todos los Orientales y toda la sabiduría de Egipto" ( 1Ki_5:10 ).
Dentro de esta amplia gama de géneros literarios, la expresión más frecuente y característica es el aforismo o dicho breve y agudo, que encierra una verdad útil para la vida. En algunos pasajes del libro de los Proverbios -como en otros Libros sapienciales del Antiguo Testamento- se perciben notables influencias de la antigua sabiduría egipcia y oriental, e incluso se encuentran en él varias sentencias de dos sabios extranjeros ( 1Ki_30:1-14 ; 1Ki_31:1-9 ). Esto pone de manifiesto el aprecio que tenia Israel por aquella sabiduría ancestral y su capacidad para asimilarla creativamente, haciéndola compatible con las exigencias de su propia fe.
La visión teológica expresada en el Libro es relativamente sencilla. El Señor es el Creador del mundo y todo lo ha hecho con sabiduría. Las huellas de esa sabiduría divina han quedado grabadas en cada una de sus obras. Por lo tanto, aquel que ponga todo su empeño en abrir los ojos a la realidad que lo rodea, encontrará el camino que lo lleva a la vida y lo libra de la muerte. Lo importante es buscar el orden establecido por Dios en el mundo y vivir en conformidad con él. Pero la adquisición de la sabiduría presupone ciertas condiciones morales. Una actitud específicamente sapiencial es prestar atención a las advertencias y exhortaciones de los sabios, que son los portadores de una experiencia acumulada a través de los siglos.
El ideal de estos sabios es descubrir y enseñar el arte de vivir bien. Lo que más les preocupa es guiar al individuo hacia la felicidad y el éxito en esta vida. Ningún aspecto de la actividad humana es indigno de su atención. De ahí que las personas de toda condición social encuentren en los Proverbios consejos adecuados a su edad o profesión: reyes, jueces y comerciantes, hombres y mujeres, pobres y ricos, jóvenes y ancianos. Con frecuencia se alude a las relaciones entre padres e hijos, entre marido y mujer, entre patrones y servidores. Su reflexión se extiende al ámbito religioso, moral, político y social, con el fin de encontrar para cada circunstancia una norma práctica fundada en la sabiduría.
El lector cristiano puede quedar sorprendido por el carácter aparentemente "profano" de la mayor parte de los consejos dados en el libro de los Proverbios, especialmente en las dos colecciones salomónicas (10. 1 - 22. 16; 25 - 29). Pero esta impresión pierde mucho de su fuerza si se tiene en cuenta la totalidad del Libro. Este se abre y se cierra con una alusión al "temor del Señor" ( I . 7; 31. 30), entendido como una actitud a la vez filial y reverencial con respecto a Dios, que no sólo es el Creador del mundo sino también el Dios de la Promesa y de la Alianza. El "temor de Dios", es el principio y la coronación de la sabiduría por la que debe regirse toda la conducta humana.
Otro aspecto desconcertante es el énfasis puesto en el propio interés y en el éxito personal como motivaciones del comportamiento moral. Estas motivaciones, lo mismo que la idea de una retribución meramente terrena de las acciones humanas, han quedado superadas por el Evangelio. Pero hay otras riquezas de los Proverbios que mantienen plena vigencia. El amor a la sabiduría, la preocupación por encontrarla y llevarla a la práctica en circunstancias concretas de la vida, la fe en la justicia de Dios y en el gobierno divino del mundo son valores permanentes, asumidos por el Cristianismo. De hecho, el Nuevo Testamento contiene numerosas citas del libro de los Proverbios: entre ellas, merece destacarse la que se refiere a la actitud paternal con que Dios corrige a sus hijos (Heb. l2. 5-6).

Fuente: Libro del Pueblo de Dios (San Pablo, 1990)

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Notas

Proverbios 6,1-35

1. Ver 27. 13.

10. Ver 24. 33-34.