Eclesiástico 1 Libro del Pueblo de Dios (Levoratti y Trusso, 1990) | 65 versitos |
1 Toda sabiduría viene del Señor, y está con él para siempre.
1 Muchas e importantes enseñanzas nos han sido transmitidas
2 ¿Quién puede contar la arena de los mares, las gotas de la lluvia y los días de la eternidad?
2 por la Ley, los Profetas y los otros Escritores que los han seguido,
3 ¿Quién puede medir la altura del cielo, la extensión de la tierra, el abismo y la sabiduría?
3 por los cuales se debe elogiar a Israel a causa de su instrucción y su sabiduría.
4 Antes que todas las cosas fue creada la sabiduría y la inteligencia previsora, desde la eternidad.
4 Pero es un deber para los que leen esos Libros, no sólo adquirir ciencia personalmente,
5 El manantial de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas, y sus canales son los mandamientos eternos.
5 sino también poder ser útiles a los de afuera,
6 ¿A quién fue revelada la raíz de la sabiduría y quién conoció sus secretos designios?
6 con la palabra y los escritos.
7 ¿A quién se le manifestó la ciencia de la sabiduría y quién comprendió la diversidad de sus caminos?
7 Por eso, mi abuelo Jesús, después de haberse aplicado intensamente a la lectura
8 Sólo uno es sabio, temible en extremo: el Señor, que está sentado en su trono.
8 de la Ley,
9 El mismo la creó, la vio y la midió, y la derramó sobre todas sus obras:
9 de los Profetas
10 la dio a todos los hombres, según su generosidad, y la infundió abundantemente en aquellos que lo aman.
10 y de los otros Libros de los antepasados,
11 El temor del Señor es gloria y motivo de orgullo, es gozo y corona de alegría.
11 en los que adquirió una gran competencia,
12 El temor del Señor deleita el corazón, da gozo, alegría y larga vida.
12 se decidió también él a escribir algo sobre temas de instrucción y sabiduría.
13 Todo terminará bien para el que teme al Señor, él será bendecido en el día de su muerte.
13 de manera que los hombres deseosos de aprender, aplicándose a estas disciplinas,
14 El principio de la sabiduría es el temor del Señor: ella es creada junto con los fieles en el seno materno.
14 hicieran mayores progresos en la manera de vivir conforme a la Ley.
15 Por lo tanto, ustedes están invitados
15 Anidó entre los hombres para siempre y permanecerá fielmente con su descendencia.
16 La plenitud de la sabiduría es el temor del Señor y ella los embriaga con sus frutos:
16 a leer esto
17 les colma la casa de bienes preciosos y con sus productos llena sus graneros.
17 con benévola atención,
18 y a mostrarse indulgentes
18 La corona de la sabiduría es el temor del Señor: ella hace florecer el bienestar y la buena salud.
19 allí donde pudiera parecer que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación,
19 El Señor la vio y la midió, hizo llover la ciencia y el conocimiento, y exaltó la gloria de los que la poseen.
20 no hemos logrado acertar en alguna expresión.
20 La raíz de la sabiduría es el temor del Señor y sus ramas son una larga vida.
21 El temor del Señor aleja los pecados: el que persevera en él aparta la ira divina.
21 Porque lo que está expresado en hebreo no conserva su misma fuerza
22 cuando se lo traduce a otra lengua.
22 Un arrebato indebido no puede justificarse, porque el ímpetu de la pasión lleva a la propia ruina.
23 Y esto no sucede sólo aquí,
23 El hombre paciente soporta hasta el momento oportuno, pero al fin se llenará de gozo:
24 sino que la misma Ley, los Profetas
24 él reserva sus palabras hasta el momento oportuno, y los sabios de muchos proclamarán su inteligencia.
25 En los tesoros de la sabiduría están los enigmas de la ciencia, pero el pecador aborrece la religiosidad.
25 y los demás Libros
26 Si deseas la sabiduría, observa los mandamientos, y el Señor te la dará abundantemente.
26 presentan diferencias notables cuando se los lee en el original.
27 Porque el temor del Señor es sabiduría e instrucción: a él le agradan la fidelidad y la mansedumbre.
27 Ahora bien, en el año 38 del rey Evergetes,
28 No seas reacio al temor del Señor ni te acerques a él con doblez de corazón.
28 cuando yo vine a Egipto y me quedé allí,
29 No seas hipócrita delante de los hombres y presta atención a tus palabras.
29 descubrí un ejemplar de esta valiosa instrucción,
30 No te exaltes a ti mismo, no sea que caigas y atraigas sobre ti el deshonor: el Señor revelará tus secretos y te humillará en medio de la asamblea, por no haberte acercado al temor del Señor y porque tu corazón está lleno de falsedad.
30 y juzgué extremadamente necesario aportar mi dedicación y esfuerzo a traducir ese Libro.
31 He consagrado muchos desvelos y ciencia,
32 durante este período,
33 hasta llevar a buen término y publicar este Libro,
34 para aquellos que, en el extranjero, están deseosos de aprender,
35 a fin de ajustar sus costumbres a una vida conforme a la Ley.

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Introducción a Eclesiástico


Segundo Libro de los Macabeos

El segundo libro de los MACABEOS no es la continuación del primero, sino en parte paralelo a él, ya que se refiere a los mismos acontecimientos del período comprendido entre el 175 y el 160 a. C., tomados de un poco más atrás y relatados en un estilo diferente. Como lo señala su autor (2. 23), él se limitó a resumir una obra mucho más extensa, redactada en cinco volúmenes por Jasón de Cirene, un ferviente judío de sólida formación helenista. Todo parece indicar que este resumen se llevó a cabo en Alejandría, poco después del 124 a. C.
Este Libro pertenece a un género literario muy difundido en aquella época, denominado "historia dramática" o "patética", en el cual la narración de los hechos históricos se convierte en un medio para conmover, entusiasmar o edificar al lector. Eso explica el empleo de ciertos recursos "efectistas", destinados a suscitar la adhesión o la repulsa, como son el lenguaje declamatorio y ampuloso, los epítetos hirientes, el tono mordaz con que se trata a los adversarios y la acentuada predilección por los elementos maravillosos.
A lo largo de toda su obra, que es una especie de "panegírico religioso", el autor trata de inculcar el amor y la devoción hacia el Templo de Jerusalén, centro de la vida del Pueblo judío. Esta idea ya está presente en las "Cartas" que figuran al comienzo del Libro e imprime su sello al plan que ha guiado la composición del mismo. De hecho, la historia relatada en él se desarrolla en cinco actos centrados alrededor del Templo, y al final del Libro se deja clara constancia de que para Judas y sus hombres "lo primero y principal era el Templo consagrado" (15. 18).
La forma explícita con que este Libro afirma la resurrección de los muertos y la claridad con que destaca el valor de la oración por los difuntos y de la intercesión de los mártires, le han merecido una especial acogida por parte de la Iglesia.



CARTAS A LOS JUDÍOS DE EGIPTOY PRÓLOGO DEL AUTOR

Al comienzo del Libro, el autor transcribe dos cartas escritas por los judíos de Jerusalén. En la primera, estos exhortan a sus hermanos de Egipto a celebrar en unión con ellos la fiesta de la Dedicación del Templo. Dicha carta está fechada en el 124 a. C., es decir, en el cuadragésimo aniversario de la Purificación del Santuario realizada por Judas Macabeo (164 a. C.).
La segunda es anterior y bastante más extensa. Aunque no lleva fecha, parece que fue escrita pocos días antes de la Dedicación del Templo en el 164 a. C., con el fin de poner de relieve la importancia de la Fiesta que se iba a celebrar dentro de poco (1. 18). Después de un breve relato sobre la muerte de Antíoco IV Epífanes, en esta carta se evocan los hechos portentosos que acompañaron a la restauración del Templo en la época de Nehemías. La mayor parte de los datos están tomados de escritos apócrifos o de tradiciones populares, que no pueden ser considerados como documentos históricos. Las dos cartas van seguidas de un Prólogo, donde el autor explica sus intenciones y su método de trabajo.

Fuente: Libro del Pueblo de Dios (San Pablo, 1990)

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Notas

Eclesiástico 1,1-40

5. Este versículo, lo mismo que los vs. 7 y 21 faltan en los mejores manuscritos.

6. Ver Job_28:12-23; Pro_8:22-31; Bar_3:20-32.

15. Ver 24. 7-14; Pro_8:3; Bar_3:37-38.