Eclesiástico 11 Libro del Pueblo de Dios (Levoratti y Trusso, 1990) | 34 versitos |
1 La sabiduría del humilde le hace erguir la frente, y lo hace sentar en medio de los poderosos.
2 No alabes a un hombre por su buena presencia ni desprecies a nadie por su aspecto.
3 La abeja es pequeña entre los animales que vuelan, pero lo que produce es más dulce que todo.
4 No te gloríes de la ropa que te cubre ni te enorgullezcas en los días de gloria, porque las obras del Señor son admirables y están ocultas a los ojos de los hombres.
5 Muchos tiranos se sentaron en el suelo y el que menos lo pensaba se ciñó la diadema.
6 Muchos potentados se hundieron en el deshonor y hombres ilustres cayeron en manos de otros.
7 No censures antes de averiguar: reflexiona primero, y luego reprocha.
8 No respondas antes de escuchar y no interrumpas cuando otro habla.
9 No discutas sobre lo que no te corresponde ni te entrometas en las disputas de los pecadores.
10 Hijo mío, no pretendas hacer demasiadas cosas: si lo haces, no quedarás libre de culpa. Si pretendes demasiado, no lo alcanzarás y aunque quieras huir, no escaparás.
11 Hay quien se esfuerza, se fatiga y se apura, y tanto más desprovisto se ve.
12 Otro es débil, necesitado de ayuda, falto de fuerza y lleno de privaciones; pero el Señor lo mira con bondad y lo levanta de su humillación;
13 el Señor le hace erguir la frente y muchos quedan maravillados a causa de él.
14 Bienes y males, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Señor.
15 [La sabiduría, la ciencia y el conocimiento de la Ley vienen del Señor; el amor y el camino de las buenas obras proceden de él.]
16 [La necedad y la oscuridad han sido creadas para los pecadores; los que se complacen en el mal envejecen en él.]
17 el don del Señor permanece con los buenos y su benevolencia les asegura el éxito para siempre.
18 Un hombre se enriquece a fuerza de empeño y ahorro, ¿y qué recompensa le toca?
19 Cuando dice: Ya puedo descansar, ahora voy a disfrutar de mis bienes", él no sabe cuánto tiempo pasará hasta que muera y deje sus bienes a otros.
20 Sé fiel a tu obligación, entrégate a ella, y envejece en tu oficio.
21 No admires las obras del pecador: confía en el Señor y persevera en tu trabajo, porque es cosa fácil a los ojos del Señor enriquecer de un solo golpe al indigente.
22 La bendición del Señor es la recompensa de los buenos, y en un instante él hace florecer su bendición.
23 No digas: "¿Qué me hace falta? ¿Qué bienes puedo esperar todavía?".
24 No digas: "Ya tengo bastante; ¿qué males pueden sobrevenirme aún?".
25 En los días buenos se olvidan los malos, y en los malos, se olvidan los buenos.
26 Porque es fácil para el Señor, en el día de la muerte, retribuir a cada hombre según su conducta.
27 Una hora de infortunio hace olvidar la dicha, y las obras de un hombre se revelan al fin de su vida.
28 No proclames feliz a nadie antes que llegue su fin, porque sólo al final se conoce bien a un hombre.
29 No hagas entrar a cualquiera en tu casa, porque el falso tiende muchas emboscadas.
30 El corazón del soberbio es como una carnada, igual que un espía, espera que des un mal paso.
31 Está al acecho para deformar el bien en mal y es capaz de manchar las cosas más limpias.
32 Una chispa enciende muchos carbones y el pecador tiende emboscadas sangrientas.
33 Cuídate del malhechor, porque él engendra maldades, no sea que te deje manchado para siempre.
34 Alberga a un extraño, y te traerá complicaciones, y hará de ti un extraño para tus propios parientes.

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Introducción a Eclesiástico


Segundo Libro de los Macabeos

El segundo libro de los MACABEOS no es la continuación del primero, sino en parte paralelo a él, ya que se refiere a los mismos acontecimientos del período comprendido entre el 175 y el 160 a. C., tomados de un poco más atrás y relatados en un estilo diferente. Como lo señala su autor (2. 23), él se limitó a resumir una obra mucho más extensa, redactada en cinco volúmenes por Jasón de Cirene, un ferviente judío de sólida formación helenista. Todo parece indicar que este resumen se llevó a cabo en Alejandría, poco después del 124 a. C.
Este Libro pertenece a un género literario muy difundido en aquella época, denominado "historia dramática" o "patética", en el cual la narración de los hechos históricos se convierte en un medio para conmover, entusiasmar o edificar al lector. Eso explica el empleo de ciertos recursos "efectistas", destinados a suscitar la adhesión o la repulsa, como son el lenguaje declamatorio y ampuloso, los epítetos hirientes, el tono mordaz con que se trata a los adversarios y la acentuada predilección por los elementos maravillosos.
A lo largo de toda su obra, que es una especie de "panegírico religioso", el autor trata de inculcar el amor y la devoción hacia el Templo de Jerusalén, centro de la vida del Pueblo judío. Esta idea ya está presente en las "Cartas" que figuran al comienzo del Libro e imprime su sello al plan que ha guiado la composición del mismo. De hecho, la historia relatada en él se desarrolla en cinco actos centrados alrededor del Templo, y al final del Libro se deja clara constancia de que para Judas y sus hombres "lo primero y principal era el Templo consagrado" (15. 18).
La forma explícita con que este Libro afirma la resurrección de los muertos y la claridad con que destaca el valor de la oración por los difuntos y de la intercesión de los mártires, le han merecido una especial acogida por parte de la Iglesia.



CARTAS A LOS JUDÍOS DE EGIPTOY PRÓLOGO DEL AUTOR

Al comienzo del Libro, el autor transcribe dos cartas escritas por los judíos de Jerusalén. En la primera, estos exhortan a sus hermanos de Egipto a celebrar en unión con ellos la fiesta de la Dedicación del Templo. Dicha carta está fechada en el 124 a. C., es decir, en el cuadragésimo aniversario de la Purificación del Santuario realizada por Judas Macabeo (164 a. C.).
La segunda es anterior y bastante más extensa. Aunque no lleva fecha, parece que fue escrita pocos días antes de la Dedicación del Templo en el 164 a. C., con el fin de poner de relieve la importancia de la Fiesta que se iba a celebrar dentro de poco (1. 18). Después de un breve relato sobre la muerte de Antíoco IV Epífanes, en esta carta se evocan los hechos portentosos que acompañaron a la restauración del Templo en la época de Nehemías. La mayor parte de los datos están tomados de escritos apócrifos o de tradiciones populares, que no pueden ser considerados como documentos históricos. Las dos cartas van seguidas de un Prólogo, donde el autor explica sus intenciones y su método de trabajo.

Fuente: Libro del Pueblo de Dios (San Pablo, 1990)

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Notas

Eclesiástico 11,1-36

14. Algunos manuscritos añaden v. 15: "La sabiduría, la ciencia y el conocimiento de la Ley vienen del Señor; el amor y el camino de las buenas obras proceden de él. 16: La necedad y la oscuridad han sido creadas para los pecadores; los que se complacen en el mal envejecen en él".