Eclesiástico 43 Libro del Pueblo de Dios (Levoratti y Trusso, 1990) | 33 versitos |
1 Orgullo del cielo es la limpidez del firmamento, y la bóveda celeste es un magnífico espectáculo.
2 El sol, cuando aparece, proclama a su salida qué admirable es la obra del Altísimo.
3 Al mediodía reseca la tierra, ¿y quién puede resistir su ardor?
4 Se atiza el horno para la forja, pero tres veces más abrasa el sol las montañas; él exhala los vapores ardientes y con el brillo de sus rayos enceguece los ojos.
5 ¡Qué grande es el Señor que lo ha creado! A una orden suya, él emprende su rápida carrera.
6 También la luna, siempre en el momento preciso, marca las épocas y señala los tiempos.
7 Su curso determina las fiestas: es un astro que decrece después de su plenilunio.
8 De ella recibe su nombre el mes; ella crece admirablemente en sus ciclos, es la insignia de los ejércitos acampados en las alturas, que brilla en el firmamento del cielo.
9 La gloria de los astros es la hermosura del cielo, un adorno luminoso en las alturas del Señor:
10 por la palabra del Santo, se mantienen en orden y no defeccionan de sus puestos de guardia.
11 Mira el arco iris y bendice al que lo hizo: ¡qué magnífico esplendor!
12 El traza en el cielo una aureola de gloria; lo han tendido las manos del Altísimo.
13 A una orden suya cae la nieve, y él lanza los rayos que ejecutan sus decretos;
14 es así como se abren las reservas y las nubes vuelan como pájaros.
15 Con su gran poder, condensa las nubes, que se pulverizan en granizo.
16 a su vista, se conmueven las montañas, [17 a] el fragor de su trueno sacude la tierra;
17 [16 b] por su voluntad sopla el viento sur, [17 b] el huracán del norte y los ciclones.
18 Como bandada de pájaros, él esparce la nieve y, al bajar, ella se posa como la langosta; el resplandor de su blancura deslumbra los ojos y el espíritu se embelesa al verla caer.
19 Como sal sobre la tierra, él derrama la escarcha y, al congelarse, ella se convierte en espinas punzantes.
20 Sopla el viento frío del norte y el hielo se congela sobre el agua, se posa sobre toda masa de agua y la reviste como de una coraza,
21 Otro viento devora las montañas, abrasa el desierto y consume la hierba como un fuego.
22 Una niebla repentina pone remedio a todo eso, y el rocío refresca después del viento abrasador.
23 Conforme a su designio, él dominó el Abismo, y allí plantó las islas.
24 Los que navegan por el mar cuentan sus peligros y sus relatos nos parecen increíbles:
25 allí hay cosas extrañas y maravillosas, animales de todas clases y monstruos marinos.
26 Gracias a él, su mensajero llega a buen puerto, y por su palabra se ordenan todas las cosas.
27 Por mucho que digamos, nunca acabaremos; en una sola palabra: él lo es todo.
28 ¿Dónde hallar la fuerza para glorificarlo? Porque él es el Grande, superior a todas sus obras,
29 Señor temible y soberanamente grande: su poder es admirable.
30 ¡Glorifiquen al Señor, exáltenlo cuanto puedan, y él siempre estará por encima! Para exaltarlo, redoblen sus fuerzas, no se cansen, porque nunca acabarán.
31 ¿Quién lo ha visto, para poder describirlo? ¿Quién la alabará conforme a lo que es?
32 Hay muchas cosas ocultas más grandes todavía, porque sólo hemos visto algunas de sus obras.
33 El Señor ha hecho todas las cosas y a los hombres buenos les dio la sabiduría.

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Introducción a Eclesiástico


Segundo Libro de los Macabeos

El segundo libro de los MACABEOS no es la continuación del primero, sino en parte paralelo a él, ya que se refiere a los mismos acontecimientos del período comprendido entre el 175 y el 160 a. C., tomados de un poco más atrás y relatados en un estilo diferente. Como lo señala su autor (2. 23), él se limitó a resumir una obra mucho más extensa, redactada en cinco volúmenes por Jasón de Cirene, un ferviente judío de sólida formación helenista. Todo parece indicar que este resumen se llevó a cabo en Alejandría, poco después del 124 a. C.
Este Libro pertenece a un género literario muy difundido en aquella época, denominado "historia dramática" o "patética", en el cual la narración de los hechos históricos se convierte en un medio para conmover, entusiasmar o edificar al lector. Eso explica el empleo de ciertos recursos "efectistas", destinados a suscitar la adhesión o la repulsa, como son el lenguaje declamatorio y ampuloso, los epítetos hirientes, el tono mordaz con que se trata a los adversarios y la acentuada predilección por los elementos maravillosos.
A lo largo de toda su obra, que es una especie de "panegírico religioso", el autor trata de inculcar el amor y la devoción hacia el Templo de Jerusalén, centro de la vida del Pueblo judío. Esta idea ya está presente en las "Cartas" que figuran al comienzo del Libro e imprime su sello al plan que ha guiado la composición del mismo. De hecho, la historia relatada en él se desarrolla en cinco actos centrados alrededor del Templo, y al final del Libro se deja clara constancia de que para Judas y sus hombres "lo primero y principal era el Templo consagrado" (15. 18).
La forma explícita con que este Libro afirma la resurrección de los muertos y la claridad con que destaca el valor de la oración por los difuntos y de la intercesión de los mártires, le han merecido una especial acogida por parte de la Iglesia.



CARTAS A LOS JUDÍOS DE EGIPTOY PRÓLOGO DEL AUTOR

Al comienzo del Libro, el autor transcribe dos cartas escritas por los judíos de Jerusalén. En la primera, estos exhortan a sus hermanos de Egipto a celebrar en unión con ellos la fiesta de la Dedicación del Templo. Dicha carta está fechada en el 124 a. C., es decir, en el cuadragésimo aniversario de la Purificación del Santuario realizada por Judas Macabeo (164 a. C.).
La segunda es anterior y bastante más extensa. Aunque no lleva fecha, parece que fue escrita pocos días antes de la Dedicación del Templo en el 164 a. C., con el fin de poner de relieve la importancia de la Fiesta que se iba a celebrar dentro de poco (1. 18). Después de un breve relato sobre la muerte de Antíoco IV Epífanes, en esta carta se evocan los hechos portentosos que acompañaron a la restauración del Templo en la época de Nehemías. La mayor parte de los datos están tomados de escritos apócrifos o de tradiciones populares, que no pueden ser considerados como documentos históricos. Las dos cartas van seguidas de un Prólogo, donde el autor explica sus intenciones y su método de trabajo.

Fuente: Libro del Pueblo de Dios (San Pablo, 1990)

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