Apocalipsis  1 Biblia Hispanoamericana de la Nueva Evangelización (Sociedad Bíblica, 2015) | 20 versitos |
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Prólogo (1:1-3)

Esta es la revelación º que Dios confió a Jesucristo en relación con los inminentes sucesos que era preciso poner en conocimiento de sus servidores. El ángel enviado por el Señor se la comunicó por medio de signos a Juan, su servidor.
2 Y Juan es testigo de que todo lo que ha visto es palabra de Dios y testimonio de Jesucristo. º
3 ¡Dichoso quien lee y dichosos los que prestan atención a este mensaje profético y cumplen lo que en él está escrito! Porque la hora final está al caer.
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I.— SIETE CARTAS PARA SIETE IGLESIAS (1:4—3:22)

Presentación y saludo

Juan a las siete iglesias de la provincia de Asia º. Gracia y paz de parte del que es, del que era y del que está a punto de llegar; de parte de los siete espíritus que rodean su trono, º
5 y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los resucitados y el dominador de todos los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha liberado con su muerte º de nuestros pecados, º
6 al que ha hecho de nosotros un reino y nos ha constituido sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por siempre. Amén. º
7 ¡Miren cómo viene entre las nubes! Todos lo verán, incluso quienes lo traspasaron, y todas las naciones de la tierra prorrumpirán en llanto por su causa. Sí. Amén. º
8 “Yo soy el Alfa y la Omega º —dice el Señor Dios— el que es, el que era y el que está a punto de llegar, el dueño de todo”. º
9

Visión de Cristo glorioso

Yo soy Juan, hermano de ustedes; unido a Jesús, participo con ustedes en el sufrimiento y en la espera paciente del Reino. Me hallaba desterrado en la isla de Patmos º por haber proclamado la palabra de Dios y por haber dado testimonio de Jesús,
10 cuando el día del Señor º caí en éxtasis y oí a mi espalda una voz poderosa, como de trompeta,
11 que ordenaba: — Escribe en un libro todo lo que veas y envíalo a estas siete iglesias º: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.
12 Volví la cabeza para ver quién me hablaba; al volverme vi siete candeleros de oro º,
13 y en medio de ellos vi una especie de figura humana, vestida con larga túnica y una banda de oro ciñéndole el pecho. º
14 Los cabellos de su cabeza eran blancos como la lana blanca y como nieve; su mirada, como llama de fuego;
15 sus pies, semejantes al bronce que se está fundiendo en el horno; y su voz, como fragor de aguas caudalosas.
16 En su mano derecha tenía siete estrellas y de su boca salía una cortante espada de dos filos y su rostro era como el sol cuando brilla con todo su resplandor. º
17 Apenas lo vi, caí fulminado a sus pies; pero él me tocó con su mano derecha y me dijo: — No temas; yo soy el primero y el último. º
18 Yo soy el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo en mi poder las llaves de la muerte y del abismo º. º
19 Escribe, pues, lo que has visto, lo que está sucediendo y lo que sucederá después.
20 En cuanto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro, las siete estrellas son los ángeles º de las siete iglesias y los siete candeleros son las siete iglesias.

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Introducción a Apocalipsis 

INTRODUCCIÓN


1. El libro y sus peculiaridades


Este último libro del NT y de la Biblia lleva por título la palabra griega con que comienza: apocalipsis, que significa “revelación”. En algunas iglesias cristianas se le denomina precisamente así: el libro de la Revelación. Revelar significa retirar el velo que oculta una cosa; en nuestro caso alude a la acción por la que Dios, a través de su Hijo Jesucristo, “descubre” a los suyos los misteriosos planes y proyectos con que va llevando a buen puerto la historia de la salvación.


Apocalipsis (en adelante se utilizará preferentemente la abreviatura Ap) es un libro al mismo tiempo desconcertante y seductor, tanto por su contenido como por su forma literaria. Se ha escrito de él que parece un libro para locos y para artistas. Y realmente los artistas se han inspirado muchísimo en él. Pero no hay que llamarse a engaño: Ap es ante todo y sobre todo un libro para creyentes cristianos, un libro en el que se corona y sintetiza de modo admirable el mensaje que Dios ha tenido a bien comunicar — revelar — a la humanidad. Aparentemente está dirigido a “las siete iglesias” (Apo 1:11). En realidad el número “siete” es número que indica plenitud, totalidad, y, por tanto, es toda la Iglesia la destinataria del libro. Un libro que, por otra parte, no fue aceptado de la misma manera por todas las iglesias cristianas de los primeros siglos. Mientras que las iglesias de Occidente lo incluyeron desde el principio en la lista de libros sagrados del NT, las de Oriente, en particular las de Siria y Palestina, no lo hicieron hasta bien entrado el siglo V.


La relación de Ap con el AT salta a la vista. Es verdad que no podemos hablar de citas explícitas — prácticamente no hay ninguna — , pero las citas implícitas y las alusiones son abundantísimas. Los libros más utilizados son Éxodo, Ezequiel y Daniel; lo que no debe sorprender si tenemos en cuenta que estos tres libros describen tres singulares experiencias de opresión sufridas por el pueblo israelita: esclavitud en Egipto, destierro en Babilonia, persecución en la época seléucida. Y el género literario al que pertenece Ap surgió — como diremos en seguida — para confortar al pueblo en momentos de tribulación.


Digamos, finalmente, que desde antiguo se ha relacionado a Ap con el cuarto evangelio, atribuyendo ambas obras al mismo autor, el apóstol Juan. En un apartado ulterior nos plantearemos la cuestión del autor de Apocalipsis. Constatemos únicamente aquí que las diferencias de estilo, de ambientación general y de contenido teológico en nada favorecen la unidad de autor. Pero no hay que descartar la pertenencia a una misma tradición a través de redactores vinculados a comunidades de origen joánico.


2. Género literario


Tanto el título del libro como determinados recursos literarios y una parte importante de su contenido nos encaminan claramente hacia “el género apocalíptico”. La literatura apocalíptica surge en Israel como un desarrollo particular de la corriente profética con el fin principal de alimentar y fortalecer la esperanza del pueblo en momentos especialmente críticos y difíciles. Para ello se hace eco de una serie de revelaciones divinas expresadas a través de visiones simbólicas y referidas a los planes misteriosos de Dios sobre la historia de la humanidad. Este tipo de literatura tiene sus antecedentes bíblicos en algunos textos proféticos de Isaías (Isa 24:1-23Isa 27:1-13; Isa 34:1-17Isa 35:1-10), Ezequiel (Eze 38:1-23Eze 39:1-29), Joel (Joe 3:1-17) y Zacarías (Zac 9:1-17Zac 14:1-21). El libro de Daniel constituye su más eximio representante en el AT, pero es sobre todo en la literatura apócrifa extrabíblica de los siglos II a. C. al II d. C. donde el género “apocalipsis” conoce un florecimiento extraordinario.


El libro de Apocalipsis tiene sin duda mucho en común con este género literario. Sin embargo, presenta también notables diferencias que lo acercan al género literario “profecía”. De hecho, el mismo autor califica a su obra como mensaje profético (Apo 1:3; Apo 22:7; Apo 22:10; Apo 22:18-19; ver Apo 10:11), se incluye a sí mismo entre los profetas (Apo 10:7; Apo 22:6; Apo 22:9) y describe su vocación según el modelo de la vocación profética (Apo 1:8-19; Apo 10:8-11). Además, una parte importante del libro (Apo 2:1-29Apo 3:1-22) se aproxima más a la predicación profética que al discurso apocalíptico. En cuanto a los rasgos característicos de la literatura apocalíptica (presencia masiva de visiones, lenguaje simbólico, perspectiva universal y cósmica, concepción pesimista y determinista de la historia presente), tienen, por supuesto, su reflejo en Ap, pero han sido profundamente revisados y reinterpretados a la luz del acontecimiento Jesucristo.


Por otra parte, abundan en el libro las resonancias litúrgicas. La visión inicial del libro se localiza en “el día del Señor”, aludiendo sin duda a la especial celebración litúrgica que tenía lugar en este día (Apo 1:10); el saludo de Apo 1:4-6 parece el de quien preside la celebración; en Apo 1:3 se sugiere la presencia de uno que lee y otros que escuchan. Los cps. Apo 2:1-29Apo 3:1-22 constituyen una especie de liturgia penitencial encaminada a que las iglesias — la Iglesia — se conviertan; igualmente los cps. Apo 4:1-11Apo 5:1-14 ofrecen toda la apariencia de una liturgia celeste según el esquema de las liturgias judías. Hay alusiones más o menos veladas a celebraciones cultuales: el bautismo (Apo 7:14; Apo 22:14) y la cena del Señor (Apo 2:17; Apo 3:20; Apo 12:6). Se mencionan numerosos gestos y objetos de claro contenido litúrgico. La misma conclusión del libro con el Maranatha final — ¡Ven, Señor Jesús! — parece evocar la celebración de una liturgia de la comunidad que adora (Apo 22:17-20).


Así pues, resumiendo, el libro de Ap, con un lenguaje ciertamente apocalíptico en un elevado tanto por ciento, se nos presenta como una revelación de alcance profético. Una revelación que tiene lugar en un marco litúrgico y que presenta a Jesucristo como aquel en quien, a través de su muerte y su resurrección, se ha hecho ya verdadera y definitiva la victoria de Dios sobre todos los poderes que intentan dominar la historia del mundo y de la humanidad.


3. Marco histórico


¿Qué circunstancias concretas rodearon la composición de este escrito tan singular? Una antigua tradición ha venido atribuyéndolo, aunque no de forma totalmente unánime, al apóstol Juan. Lo habría escrito en los últimos años de su vida y encontrándose desterrado en la isla de Patmos (en pleno mar Egeo, más o menos a la altura de las ciudades de Éfeso y Mileto) con motivo de la persecución desencadenada contra los cristianos por el emperador Domiciano en los años 91-96 d. C., que fueron los últimos de su reinado. Los destinatarios serían los cristianos situados en la órbita de esta persecución, a los que el autor quiere transmitir un mensaje de esperanza en la victoria definitiva de las fuerzas del bien — Dios Padre y Jesucristo, el Señor — sobre los poderes del mal.


En la actualidad, sin embargo, la mayoría de los estudiosos se resiste a identificar al autor de Ap con el apóstol Juan. El Juan de Apo 1:1; Apo 4:9 sería más bien un cristiano perteneciente, eso sí, a los círculos joánicos, que escribe su obra al amparo del nombre y de la autoridad del apóstol. Un procedimiento bien conocido entre los escritores antiguos, especialmente entre los autores de “apocalipsis”, y que no puede tacharse de fraude o falsificación; simplemente el autor real establece una relación ideal con un personaje célebre del pasado al que admira profundamente y al que, en consecuencia, presenta como el auténtico autor del escrito.


En todo caso, sea quien sea el autor real, los destinatarios del libro sí parecen ser creyentes amenazados por la persecución y sometidos a múltiples pruebas. El marco de la persecución de Domiciano, al que hemos aludido más arriba, tiene efectivamente muchas probabilidades a su favor; el testimonio de Ireneo de Lyon al respecto es un dato más que debe tenerse en cuenta. Pero no deben descartarse peligros y amenazas procedentes también de dentro, es decir, de círculos cristianos que se han apartado de la verdadera fe y que están hostigando a quienes se han mantenido fieles. En cuanto al lugar donde pudo ser redactado Ap, cabría pensar en el entorno de las ciudades a las que el autor dirige las cartas de la primera parte del libro.


4. Contenido y mensaje del libro


El propio autor de Ap sugiere que su libro es algo así como un evangelio eterno que es preciso anunciar a los habitantes de la tierra (Apo 14:6). Es la “buena noticia” de que el reino de Dios se ha hecho realidad en Jesucristo, único Señor de la historia y único Salvador de la humanidad (Apo 5:5-14; Apo 11:15-17; Apo 12:10; Apo 19:11-16). Los que reconocen a Cristo como tal Señor y Salvador participan ya de su victoria y conforman el nuevo pueblo de Dios (Apo 7:9-17; Apo 14:1-5; Apo 15:2-4; Apo 19:1-9; Apo 20:4-6). Los que lo rechazan, están destinados a la perdición (Apo 6:15-17; Apo 9:20-21; Apo 17:8-14; Apo 18:9-19; Apo 19:19-21; Apo 20:7-9).


La Iglesia, por su parte, como nuevo pueblo de Dios, está definitivamente asociada a la persona y a la obra de Cristo; participa de su destino profético, martirial, triunfante y glorioso; debe incorporar a su existencia una serie de actitudes morales y espirituales que la colocan en permanente estado de éxodo y, por tanto, de esperanza (Apo 11:17-18; Apo 12:10-12; Apo 19:7-9; Apo 22:17; Apo 22:20).


Apocalipsis, pues, constituye en conjunto un magnífico canto al poder soberano de Dios que conduce sabiamente los hilos de la historia, una espléndida revelación del papel que corresponde a Cristo en el desarrollo de este drama, y una urgente y apasionada invitación a una Iglesia perseguida y atribulada para que tome conciencia del momento concreto en que vive y sepa interpretarlo correctamente.


5. Pistas de interpretación y lectura


La complejidad literaria del libro de Ap y el misterioso contenido de buena parte de él, han dado lugar a distintas corrientes de interpretación, no siempre acertadas.


— Una primera tendencia ha pretendido leer Ap como “historia”. El libro — dicen — se reduce a una descripción en clave simbólica de la historia contemporánea del autor (problemas en el seno de las iglesias cristianas, persecución por parte de los poderes políticos, previsión de una pronta ruina del imperio romano). Hay, sin duda, aspectos verdaderos en esta línea de interpretación, pero necesita ser completada.


— Una segunda tendencia lee Ap como “profecía”, en el sentido popular del término, que es el de predicción del futuro. Ha sido la lectura más extendida entre el pueblo cristiano. A ella pertenecen las identificaciones concretas de sucesos o personajes de la historia con los consignados en el libro; y en ella se dan cita los “milenarismos” de todos los tiempos. Hay que ser cautos con este tipo de identificaciones, pues pueden traicionar fácilmente el pensamiento del autor y el significado último de los símbolos.


— Se ha propuesto un tercer tipo de lectura que puede calificarse como “lectura escatológica”: el mundo del más allá ha invadido, a partir de la resurrección de Cristo, el mundo presente y lo ha sometido a un proceso de transformación. Es una línea de interpretación válida, al menos en parte, que parece responder a una de las perspectivas profundas del autor.


— Y finalmente, hay una lectura-interpretación de Ap como “teología de la historia”. Interesa sobre todo el sentido teológico de “lo que sucede” o “va a suceder”, interesa la contemplación profunda de los sucesos históricos que afectaban a la Iglesia de aquel momento (y que son como anticipo de los que afectarán a la Iglesia de todos los tiempos) a la luz del juicio eterno de Dios en Cristo. Esta línea de interpretación ha sido desarrollada ampliamente en los últimos tiempos y en cierta manera engloba y utiliza lo que tienen de válido las otras tres.


En todo caso, para una lectura correcta y provechosa de Ap, es de importancia capital la comprensión adecuada de los símbolos tan masivamente presentes en el libro. El mismo autor proporciona algunas pistas para su interpretación. Al lector le corresponde dejarse impresionar por su fuerza, extraer de cada símbolo su contenido teológico sin quitarle su poder de evocación, contrastar permanentemente los símbolos con los distintos momentos y situaciones de la historia de la Iglesia y de la vida del propio lector. Precisamente, los símbolos permiten que el lenguaje de Ap, a primera vista exotérico e intemporal, mantenga un valor a la vez universal y concreto para el creyente de todos los tiempos.


6. Estructura


Se discute si Ap es una obra homogénea o más bien el resultado de aglutinar varias piezas de diversa procedencia e independientes en su origen. Considerando el texto en su estado actual se han propuesto dos modelos principales de estructura:


a) Según el primer modelo, Ap consta de dos partes desiguales en extensión, una de carácter más profético (Apo 1:4Apo 3:22) y otra más cercana al género apocalíptico (Apo 4:1Apo 22:5), precedidas de una Introducción (Apo 1:1-3) y seguidas de una conclusión (Apo 22:6-21) en las que resaltan el tono solemne y las resonancias litúrgicas. En la segunda parte — la más extensa — podemos distinguir cinco secciones o momentos que desarrollan de principio a fin todo el proceso de la historia de la salvación a través de un sugerente juego de septenarios: siete sellos, siete ángeles que tocan siete trompetas, siete ángeles con siete copas llenas de la ira de Dios, siete visiones referidas al triunfo definitivo de Cristo sobre todas las fuerzas negativas de la historia.


b) Un segundo modelo de estructura articula el libro en siete partes: prólogo (Apo 1:1-3) y epílogo (Apo 22:6-21) más cinco septenarios organizados de manera concéntrica. Primer septenario: siete cartas para siete iglesias (Apo 1:4Apo 3:22). Segundo septenario: los siete sellos (Apo 4:1Apo 8:1). Tercer septenario: las siete trompetas (Apo 8:2Apo 14:20). Cuarto septenario: las siete copas (Apo 15:1Apo 19:10). Quinto septenario: las siete visiones (Apo 19:11Apo 22:5).


Fuente:

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Notas

Apocalipsis  1,1— revelación: Lit. apocalipsis. Ver Introducción al libro.


Apocalipsis  1,2Apo 1:9; Apo 6:9; Apo 20:4; (ver Apo 12:17; Apo 19:10).
Apocalipsis  1,4— la provincia de Asia: ver notas a Rom 16:5 y 1Pe 1:1. En Apo 1:11 se nombran explícitamente estas siete iglesias, asentadas en otras tantas ciudades de dicha provincia romana. Éfeso era la metrópoli.
Apocalipsis  1,4Apo 1:8; Apo 4:8; (ver Apo 11:17; Apo 16:5); Apo 3:1; Apo 4:5; Apo 5:6; (ver Isa 11:2).
Apocalipsis  1,5Apo 2:13; Apo 3:14; (ver Apo 19:11); Sal 89:27; Sal 89:37; (ver Isa 55:4); Col 1:18.
Apocalipsis  1,5— nos ha liberado con su muerte: Aparte de que el texto griego dice lit. con su sangre, según variante de bastantes mss. habría que traducir: ha lavado nuestros pecados con su sangre.
Apocalipsis  1,6Apo 5:10; Apo 20:6; Éxo 19:6; Isa 61:6; 1Pe 2:5-9.
Apocalipsis  1,7Dan 7:13; Zac 12:10; (ver Jua 19:37); Mat 24:30; Mar 13:26; Luc 21:27; (ver Apo 14:14).
Apocalipsis  1,8Apo 4:8; Apo 11:17; Apo 15:3; Apo 16:7; Apo 16:14; Apo 19:6; Apo 19:15; Apo 21:22.
Apocalipsis  1,8— el Alfa y la Omega: Son la primera y la última letra del alfabeto griego. La idea, pues, que se quiere expresar es la de principio y fin (ver Apo 21:6; Apo 22:13).
Apocalipsis  1,9— Patmos: Se trata de una pequeña isla en el mar Egeo a unos 100 kilómetros de distancia al oeste de Éfeso. Era utilizada por los romanos como lugar de destierro y de prisión; por tanto, aunque el texto no lo diga directamente, lo más probable es que Juan se encontrara allí en situación de prisionero.
Apocalipsis  1,10— el día del Señor. Sólo aquí en todo el NT se utiliza esta expresión para referirse al primer día de la semana. Ver Hch 20:7 y 1Co 16:2.
Apocalipsis  1,11— siete iglesias: Ver nota a Apo 1:4. Puesto que el número siete tiene en la Biblia un alcance simbólico para expresar totalidad y perfección, en cierto sentido estas siete iglesias representan a toda la Iglesia cristiana.
Apocalipsis  1,12— candeleros de oro: Como se indica más adelante en Apo 1:20, simbolizan a las siete iglesias. Es una imagen inspirada en Éxo 25:31-40 y sobre todo en Zac 4:1-14.
Apocalipsis  1,13Dan 7:13; Dan 10:5-6; (ver Eze 1:28).
Apocalipsis  1,16Apo 19:15; Isa 49:2; Heb 4:12.
Apocalipsis  1,17Apo 2:8; Apo 22:13; (ver Apo 1:8); Isa 44:6; Isa 48:12.
Apocalipsis  1,18— abismo: El término utilizado por el texto griego es el hades (= lugar de tinieblas) y evoca el Hades de la mitología griega. Ver VOCABULARIO BÍBLICO.
Apocalipsis  1,18Heb 7:25.
Apocalipsis  1,20— los ángeles: Aquí y en los capítulos siguientes se trata, sin duda, de una expresión metafórica. Estos ángeles son, bien una personificación de las distintas iglesias a las que se dirige el autor, o bien los dirigentes espirituales de dichas comunidades cristianas.